MAGDALENA MATTHEY
Sala SCD Plaza Vespucio, Jueves 19 agosto
LA FIESTA DE LA PRINCESA Y SUS PAJES

Atrasadísimo llegué ayer al 14 de vicuña, luego de una odisea que incluyó un panne del auto, el desconcierto de direcciones por los arreglos de vespucio y el atondolodramiento -mérito personal- que me llevó a meterme al estacionamiento del supermercado del lado.

La cosa es que el concierto había iniciado hace rato cuando entramos y nos encontramos a magdalena en el centro del escenario, semisentada en un taburete, con un vestido de princesa de los cuentos y acompañada en lo extenso del escenario por formales y elegantes músicos. Pero Magda no suele ser la de zapatitos de cristal, así es que bajo las polleras conserva sus pantalones y las zapatillas planas.

Magdalena canta, abarcando desde el susurro al vozarrón que emerge desde lo profundo de su pecho. Esa voz que nos tienta a clasificarla dentro de la música folklórica latinoamericana -por el guiño a otras grandes voces trasandinas- pero que ya desde la segunda canción nos barre los prejuicios al mostrar delicados matices que se mueven a la gitanía, al son o al afro, pero desde una propuesta personal y predominantemente popular.

Magdalena baila, aún sentada, se mueve de un lado a otro, interpreta, deja que sus brazos y sus dedos hagan también poesía, destaca sus músicos y los integra a su interpretación. Luego se para, camina, danza, se suelta completamente, lo pasa regio y transmite eso a su público, que a esas alturas lleva el ritmo con las palmas.

Los músicos -¿los pajes?- son absolutamente de primera. Cada arpegio de Simón González es un espectáculo en si mismo. Él acaricia la guitarra de un modo absolutamente maravilloso. Su padre, El Tilo, al otro lado del escenario apunta con guiños las entradas de cada músico. Le aplaudimos por sus certeros golpes a la batería y por la dirección, pero ciertamente le aplaudimos también y más fuerte porque sabemos que en todos esos arreglos, en el sonido final, en la producción, está su mano y su experiencia. Marcelo Aedo, certero. El resto, no me sé los nombres, impecables todos. Mención aparte para el pianista y su notable solo en Sybouney.

¿Es que hubo algo mal entre toda esta maravilla? Personalmente eché de menos la versión de guitarra de "Gente que va y que viene", esa que se cantaba a dúo con Alexis Venegas, y que luego de una reinvención caprichosa quedó convertida en "Mañana será otro día": una fiesta de percusiones afrolatinas que le dan finalmente el nombre al disco.

(volver)

Hosted by www.Geocities.ws

1