| Como se celebraba un cumplea�os de una persona muy querida por m�, acud� a su casa-quinta situada en Dique Luj�n. Hab�a demasiada gente de manera que cada tanto me alejaba para caminar tranquila por el parque, era uno de los �ltimos d�as del verano y se sent�a c�lido aunque ya pasaban de las seis de la tarde. Estaba en uno de esos momentos especiales donde se tienen los sentidos alertas y se vive cada instante como �nico. Mis pies enfilaron casi solos hacia la casa de recreo, all� en la amplia cocina varias mujeres se ocupaban de preparar las masitas y otras delicadezas para el t�; mientras otras se preparaban ya de las frescas ensaladas que se servir�an de noche. Me acerqu� a una de ellas, compa�era en un curso de danza y conversamos unos minutos. La observ� con su cara ancha de ascendencia ind�gena y su largo y lustroso cabello que se inclinaba suave, sobre el cuenco de madera mientras cortaba a mano un pu�ado de lechuga. De pronto, record� algo ya que levant� sus ojos que se iluminaron cuando me dijo - Maitri, mi hija Yamila v� duendes y �ngeles, me cont� que precisamente ac� hay muchos - ! qu� bueno! - exclam� y me fui r�pido para encontrar a la nena. Ya la hab�a visto fugazmente y la conoc�a de antes. Yamila tiene seis a�os y atrae apenas uno la v� porque emana paz como una fragancia exquisita. La encontr� enseguida como si me estuviera esperando y ambas partimos tomadas de la mano mientras le dec�a lo feliz que me har�a ver junto a ella duendecitos y gnomos. Nos internamos despacio dentro del parque, el c�sped h�medo bajo los pies descalzos era una delicia y nos d�bamos cuenta de la presi�n exacta que deb�amos dar al caminar para no herirlo de m�s. Con su manito en la m�a, Yamila [una r�plica perfecta de su mam� en chiquito] comenz� a descubrir y mostrarme los seres "casi" invisibles que habitaban el jard�n. �V�s esa hojita? - dijo al se�alarme con un dedito de su mano desocupada - ac� hay un duende de �ste tama�o - mostr�ndome un espacio de unos diez cent�metros entre su pulgar e �ndice. Yo aventur� un t�mido...�usa una ropita azul? - ante lo cual Yamila asinti� gozosa, !hab�a acertado! y entonces despacito con todo cuidado me llev� ante cada flor, hoja o tronquito ocupado y sinti�ndome m�s confiada le preguntaba antes y luego simplemente le comentaba - �ste tiene un bonete rojo - aqu�l viste todo de lila - y �ste otro �qu� tiene en las manos ?- y ella me respond�a- est� leyendo un libro - lo cual si realmente me fijaba ve�a que era rigurosamente cierto. Las dos nos sent�amos compenetradas por todo lo que nos rodeaba y sab�amos que form�bamos parte del Todo. M�s tarde lleg� el momento de las confidencias y nos revelamos los nombres de nuestros �ngeles. Luego me mostr� una estrella titilando en el cielo muy azul de la cual hab�a llegado a la Tierra. Curiosamente estaba pegada a otra que desde chica ejerc�a una atracci�n magn�tica en m�. Hizo se�as para que me inclinara a su nivel y me susurr� al o�do - soy una bruja buena y tambi�n una extraterrestre - qued� esperando quiz�s mi reacci�n pero no sucedi� demasiado ya que de alg�n modo ya lo sab�a. Despu�s me inform� que yo ven�a de la estrella vecina. Record� la nostalgia y melancol�a que me invad�a el pecho al mirarla desde muy chiquita; era un dolor semejante a un lamento profundo porque era ese mi hogar. Nos abrazamos y tuve la sensaci�n de estar abrazando una magnolia florecida; luego conmovidas retornamos lentamente a la gente y al bullicio. [Relato ver�dico] Maitri |
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