::una manera de regresar a casa::
El hex�gono y Jahr
Por Ren� Flores Rodr�guez

...fue cuando la mujer apag� la chimena haciendo girar la llave del gas, todo el cuarto parecio poblarse de manifestaciones espectrales que parecian haber aguardado la senal para salir de sus escondrijos y comenzar a ejercitar sus posibilidades metafisicas.

  La mujer busco con la mirada el
espejo y comprendio que el ciclo se habia completado.
Encendi� una de las velas que...


:: ir a: Jahr - Infancia ::

I

- Soy el pr�ncipe! Seguidme a la lucha! Todav�a hay algo que salvar!

- Y las armas?

- Tengo una idea- ve� inmediatamente un carruaje repleto de empaques de juguetes orientales de pl�stico- es todo lo que hay?, s�, alguien tuvo la idea antes (como siempre).

- C�mo enfrentaremos al enemigo? Siento otra idea venir, aparecen servilletas y peque�os cubos de agua, de pl�stico verde, seguidme a la lucha!, soy YO!, remojo las servilletas, pienso en la palabra �enemigo�, se presentan miles de aviones en el cielo de un bosque con pocos arboles, uno de ellos est� a mis pies, el enjambre permanece arriba, los contornos de sus alas son de varillas de metal que cohesionan muchos vidrios multicolores que son la verdadera piel de las aeronaves, se remojan miles de servilletas en las aguas de los cubos y se exprimen en el enemigo...
y de repente me percat� que me encontraba en ese cielo vac�o del sue�o, cuando se tiene la conciencia de estar atrapado en un sue�o y se tiene la conciencia suficiente para tratar de despertar, en mi caso lo hac�a con desesperaci�n. Comenc� a mover un pie, el otro, las manos, todo mi cuerpo en tensi�n, la quijada, cuando logr� mover el cuello ya era un hombre libre, ya pod�a salir de la c�rcel del sue�o diario a la carcel de la vida diaria.

  Me incorporo, comienzo a recordar todo, mi nombre, mis filiaciones, y no me lamento, s�lo pienso en que a veces no se piensa en nada m�s que en que no se piensa nada. Como justamente sucede ahora. El refrigerador vacio parecia ser el eco de todo. Tuve que romper la �ltima de mis costumbres que permanec�a intacta, desayunar dos huevos cada d�a, solo hab�a uno, bastante timido en la soledad de su caja.

  Me siento en la �nica silla del apartamento y enciendo un cigarrillo para encender la conciencia. Repaso todos los hechos, y no hay nada, todo ha sido mas bien sensaciones, si, eso. Fijo mi mirada en la pared por unos instantes y de nuevo siento su presencia, se que esta ahi... tras! tras! tras!, la puerta.

- Nombre?- me pregunto el uniformado con un tono de fastidio rutinario que de inmediato le hizo ganar mi simpatia.
- Eh... Jahr... solo Jahr.
- Supongo que no supo nada del incidente del restaurante verdad?-dijo mientras terminaba de pintarrajear mi nombre en una libreta amarilla y daba la espalda para comenzar a caminar a la siguiente puerta.
- Incidente?
- Si algun jodido le disparo a alguien en el lugar �ste, de la esquina...
- Le Bones?-pregunte al agente que ya utilizaba los nudillos para hacer resonar el port�n del vecino.

  Ya se saludaban la tarde y la noche cuando cruzaba los pasillos inmensos de la universidad, sentia en las suelas las piedras salpicadas por todo el camino. Los arboles parec�an callar algo, se mov�an al un�sono, mesidos por la palma de los vientos. Pensaba en que la vida es un rompecabezas enorme de forma irregular, formado de piezas que son rompecabezas a su vez,  y toda nuestra funci�n en la vida (ella) se reduce a la nada f�cil labor de resolverlo (es tan poco f�cil que nos lleva la vida completarlo y no nos permite seguir con las dem�s tareas), cada cosa es un peque�o rompecabezas, para lograr una amistad hay que encontrar las piezas y para entender un enigma lo mismo. Y todo indicaba que toda esta situaci�n que parec�a a primera vista algo aberrante, no era m�s que una continuaci�n de ese juego.

Habia un letrero que nos exigia: �Todos al poder� colgado del exterior del edificio al que entre. Segu� mi camino por los lugubres tuneles como de raton de campo de la facultad. Mientras caminaba frente a las puertas de varios salones peque�os escuch� un sonido clar�simo que proven�a de detr�s de la pared, met�lico, como cuando un anillo de plata cae sobre un plato de cobre.

  Cuando llegu� al salon indicado no encontr� a David Dabba sino solo una nota que no le�.

  Al desandar mis pasos escuchaba el eco que me persigu�a con furia, volte� la vista casi a la salida y le� un letrero que dec�a en letras rojas grotescas: �Si tu no gritaras, yo no seria rojo�. Si supieran que tan facil es dejar de gritar...

                     
II � Me asomo a la ventana

  El cuerpo de Brisa me agradaba. Pero solo cuando estaba frio e inerte. Cuando no se retorc�a bajo de m�. Me excitaba cuando posaba para mi, ella colocaba la mirada un poco hacia arriba sin observarme, y elevaba los brazos como pidiendo el nuevo sol. La luz de la noche era en realidad azul cuando se reflejaba sobre su cuerpo blanco, marm�reo.

  Brisa permanec�a largos ratos as�, parada, fija, inm�vil, como un ed�n intocable, como la puerta de lo prohibido, y como lo prohibido perd�a toda su gracia cuando la alcanzaba y le pose�a. Nunca me hice a la idea de las humedades o de los besos. Me apartaba cuando me quer�a besar, ella pensaba que esa reacci�n m�a era alguna fase del jugueteo amoroso, y me abrazaba para que no pudiera huir, y me pasaba la lengua sobre mis labios. Y yo sent�a un ligero asco.

  Brisa Bauer anunciaba al mundo sus ansias de libertad individual permiti�ndose
�ser� ligeramente regordeta, lo suficiente para acentuar su atractivo. En la radio de mi habitaci�n se escuchaba a veces cierta canci�n de moda que dec�a: �Mujer de ojos negros, descansa y no hagas nada, porque es lo que haces mejor�. Los dos nos ve�amos a los ojos, pero ella pronto desviaba la mirada, fulminada de tanta y tanta miseria evidenciada repentinamente (la litost!). Y yo sabia que pronto mis poemas y mis dibujos ridiculos la dejar�an de atraer puntualmente a mi apartamento. Porque ella los poseer�a finalmente, descifrar�a su secreto.

  Sol�a tomarle sus cabellos casta�os entre mis manos mientras le hablaba de
Stendhal y de Licofrom. Ella me escuchaba emocionada y yo sentia cierta emocion tambien, y justos recorriamos casi riendo los paramos donde Ernestina pierde su virginidad a distancia, porque el amor le ha brotado de un desconocido al que solo conoce como un peque�o punto que observa impaciente y humeda desde la ventana de su palacio. Y yo trato de adelantarme a tu preguna y te respondo que lo que Ernestina ama es al amor, y s�lo necesita de una superficie a la cual proyectar todo su cosmos interior puesto en movimiento. Ernestina cree escuchar en el propio eco de su amor, la correspondencia de su amado (manzana de Ad�n que perpetuamente muerde todo el g�nero femenino!). Y vuelvo a tratar de adelantarme a tu pregunta, Brisa, mientras acaricio tus cabellos que rozan tu perfil hel�nico con tu mirada que me enloquece porque no me observa, el amor es cuesti�n de uno solo, dos son demasiados!


III
 
  Brisa no era un nombre verdadero politicamente, porque en la vida cotidiana era mas verdadero que su nombre civil, Sl�vica Heonninger, que no le traia ningun grato recuerdo, es mas, no recordaba nada del tiempo en que usaba su nombre originario.

  Todo le habia acontecido cuando ya utilizaba el nombre, mas evocativo, de Brisa, ella pensaba que de alguna manera era mas reflejo de su esencia que el otro, y no podia entender porque todas las personas se resignaban al nombre otorgado, impuesto antes incluso de nacer, veia con desden y alguna amargura secreta a todos, que lo llevaban a cuestas como algo pretendidamente personal, algo que ni siquiera ellos habian escogido. Y es que ante la pregunta Quien eres? Todos responden esa senal, esa muestra de imperialismo y de esclavitud que es el nombre otorgado.

  Cuando ella misma se decia Brisa se imaginaba recostada en algunos cojines, su cabello, resoplando, junto a alguna ventana de cualquier lugar, vestida de telas balancas blancas, observando con sus ojos verdes casi transparentes, a la camara, al testigo que la admiraba. De repente la camara parpadeaba y centraba su atencion en la ventana, que estaba a la derecha de los ojos fulgurantes de ella, y se veia un caballo, cafe, con listones blancos colgandole, estatico, como una fotografia perfecta, con volumen. Pero de nuevo volvia a los ojos de Brisa la accion, y es que todo era accesorio apartir de aquellos, agujeros de luz acueos, brillantes.

  Era un recuerdo que pululaba por la mente de Brisa, a veces lo sonaba, a veces lo pensaba al mediodia, a veces en anos no lo sentia, a veces diario, pero que siempre le tocaba a la puerta cuando Jahr le pedia que posara para el, Brisa lo hacia con toda seriedad, recreando la imagen de su cabeza y proyectandola hacia Jahr, que hacia las veces del espectador-admirador, a veces Jahr volteaba a la ventana que Brisa tenia a sus espaldas, y pensaba que lo hacia para ver el caballo cafe con los listones blancos, y sentia que Jahr era el amante que mas le entendia, y sus ojos se encendian casi dejando escapar algo de luz.

  La infancia de Brisa, fue judia, y como nina judia ella vivia en una enorme casa, de la que ya no recordaba nada, excepto por un boton, era el boton del interfon que estaba en su cuarto, mediante el cual se comunicaba con el mundo, expresaba sus deseos con esa confianza de las personas a las que nunca se les ha negado nada, con esa dulzura hasta cuando andaba molesta. Ese tono nunca lo perdio, por eso cuando lo decia a Jahr, que le hablaba de personas raras, y de historias que a ella no le producian en lo absoluto nada sino solo aburricion:

- callate, ya deja de decir estupideces.

  El la miraba enloquecido, de ternura, y de incomprension, y la deseaba por sobre todas las cosas.

- te quiero hacer el amor porque no te comprendo - decia Jahr, mientras se entregaba en cada fibra y glandula al placer de los sentidos, que tanto negaba, pero que tanto buscaba. Era para Jahr una manera de afianzarse en la realidad que percibian unos sentidos en los que no confiaban, hacerle el amor a algo que no entendia, a Brisa, ese afan del hombre de descubrir las cosas por dentro y por fuera.

  Cuando Brisa le hablaba asi, cuando le llamaba estupido y se reia de los extasis de Jahr, no lo hacia porque hubiera descubierto que eso lo exctaba a el, ni siquiera por saborear el placer de insultar a lguien cercano, sino que era algo automatico, que ella no premeditaba, era como un resorte de su personalidad, de su infancia de nina judia con un boton que era su tunel al exterior, eso lo decia cuando no entendia lo que escuchaba. Como cuando los balbuceos inintelegibles del hijo del chofer le llegaban al oido, ella le ordenaba (con esa dulzura implicita en su voz):

- Callate y quitate la ropa, no digas tonterias.

  Y el muchacho obedecia, magnetizado por el extrano poder que irradiaba Brisa y que el alcanzaba a percibir pero no a entender.

 
Jahr � Infancia


IV - La conquista sin deseo.

   Jahr arribo a este pais gracias al turismo. Venia a bordo de un cacharro que hacia las veces de submarino. Era un arcaico submarino sovi�tico cuya �nica funci�n en sus d�as de utilidad era patrullar los mares mundiales siendo se�uelo para ahuyentar la atenci�n enemiga, aventarla muy lejos de la gloriosa armada roja. Era una nave peque�a, negra, y sombr�a. Constaba de un solo tunel claustrof�bico, que ten�a a los lados rejas que quer�an ser camas, donde dorm�a la tripulacion. Hab�a un cuarto de esp�a y un cuarto secreto cuya quietud solo pod�a ser molestada por funcionarios de alto grado pol�tico (aunque nunca alguno de ellos puso pie en el submarino se�uelo, la alta jerarquia no se los permit�a).

  La nave hab�a sido adquirida por la ciudad de
Cabrito, y ser�a anclado permanentemente en la bah�a de la ciudad para regocijo de oleadas de jubilados sin prop�sito. Jahr acompa�aba a la tripulaci�n rusa, y desde el periscopio ve�a el alboroto en el muelle protestante.

  Un marinero rubio, que habia
conseguido estar dentro de la tripulacion del submarino como canje por unas vacaciones que nunca habian sido pagadas por la burocracia rusa. Se llamaba Jaroslov y nunca en su vida habia respirado el aire enrarecido de un submarino ni el aire comprimido de las ciudades del enemigo tampoco. Ese fue uno de los que se asomaba al periscopio cuando llegaban a las fanfarrias capitalistas del muelle. Y con el submarino negro ahi, armado solo con un periscopio que se atascaba y con una tripulaci�n que no sent�a nada, y con el puerto capitalista ahi, disparandoles fuegos pirot�cnicos y risas de ancianos, a Jaroslov s�lo se le ocurri� decir:

- Que fr�a esta la guerra de nuestro lado verdad?

  El submarino ser�a �adecentado�, para ser apto de los d�lares del turismo local, que gracias a la nueva compra ya podr�a
a�adir entre su respetable colecci�n de la r�plica original de un gale�n espa�ol, de una de las naves del emperador de Jap�n y de una r�plica casi exacta de un Ferry Boat estadounidense, a la antigua amenaza, peligro de las profundidades, calamidad de no se cuantos almirantes aliados, azote de Sumatra y Guadalquivir, el submarino Sovi�tico Escorpi�n Rojo.

  Se le construir�a una tienda con souvenirs, ropa, y gorras que dec�an �Yo estuve en la amenaza sovi�tica� y que mostraban a un escorpi�n rojo mostrando las tenazas, titubeando, amenazante. Tienda, que por cierto nadie visito.

  Cuando Jahr asomo la cabeza fuera de la escotilla del Escorpi�n sinti� el vertigo de los reci�n nacidos, el viento fr�o de la bah�a de Cabrillo le sec� los ojos y sinti� que hab�a perdido algo dentro de el, se imagino una peque�a barcaza que da tumbos en los mares y que nunca llega a ning�n lado, sentimiento que tuvo que ser pausado debido a los golpes impacientes de Jaroslav que le daban en el trasero gritandole que se moviera de las escaleras.

  Cuando, ya en tierra firme, Jahr quiso recuperar
el sentimiento de extrav�o perdido debido a la imprudencia de su amigo, descubri� que ya no podia. Por mas esfuerzo que invocara. Y se sinti� como un feto algo abortado.

  Muchos sonidos y ruidos le rodeaban pero no pod�a descifrarlos, los rostros de la fiesta de recibimiento se ve�an en c�mara lenta como inaccesibles, sent�a carros pasar a su alrededor, ni�os corriendo y tropez�ndose con sus rodillas, los rostros sonre�an, callaban, gritaban y dud� que algo de aquello existiera. Y se acerc� a una mujer rubia de una brillante playera rosada, que alzaba los brazos con una copa hacia el submarino anclado, y le toc� un pecho. Pero ella no se inmut� y el no sinti� nada. Y el crey� confirmar alguna convicci�n interna, la de desconfianza en los sentidos. Y se sintio liberado, si todo es una ilusion y si todo lo que percibo realmente no existe, entonces soy libre, pero tambien demasiado liviano para poder conformar una esencia y en ese momento le vino a la cabeza aquella frase de �La insoportable levedad del ser�, y el estuvo de acuerdo. Al diablo Descartes, si no puedo tocar ni un pecho, entonces no existo!!

  Y se dio cuenta que la convicci�n en el cuerpo (en su existencia) era una forma contempor�nea de esclavitud. Y lo trat� de relacionar con aquellas palabras de alguna pintora lisiada que exclam� desde lo m�s profundo de su incredulidad hacia su cuerpo:

- Para que quiero piernas si tengo alas para volar!!!

  S�, eso es, el cuerpo no existe de verdad, eso ni nada. Y all�, parado, como protestando por la algarabia del muelle protestante que le rodeaba pero que no lograba envolverlo, repaso el orden de sus pensamientos desde que sali� del submarino hasta ese momento, en el que hacia su recuento. Y por primera vez, se percat� de la excesiva necesidad que tenia por que sus ideas fueran coherentes en su interior, de que tuvieran principio y fin, y que de todos sus sentimientos estuviesen plenamente justificados. Y tuvo que sentarse en la acera subyogado por el peso de tanta y tanta miseria descubierta en un instante. Y presenci� su
�itost.

  En el aire se escuchaba una melod�a que el no reconoc�a pero que un�a las voces de todos los que celebraban frente al submarino, en un canto colectivo casi social:

�We all live in our yellow submarine, yellow submarine, yellow submarine... Everyone of us has all we need, sky blue and sea of green in our yellow submarine...�
::plush magazine = en el interior de tu cabeza::
::bibliotecnia = pensamiento contemporáneo, arte y literatura::
::expresso = espacio en el exílio donde el placer auditivo aún es permitido. busca y encuentra las bandas, los mp3 y los reportajes sobre aquellos sonidos que alejan a la monotonía de tu existencia::
::múltiple = espacio para la experimentación multimedia, las imágenes móviles y la audición casi perpetua::
::alta vox = chat, radio-internet, un lugar para conversar. relájate un momento y empieza a hablar. el justo lugar para encontar otras voces::
::in situ = del traficante de software ilegal a las drogas de diseño, pasando por el pintor callejero y el transeúnte incógnito::
::cavernas = cuentos, poesía, ficciones, irreverencia y colaboraciones externas::
::nómada = los puntos de partida o de encuentro para poder continuar el viaje: links, websites, recomendaciones::
::fotograma = un espacio para el arte de las imágens en movimiento: cine independiente, directores, análisis y crítica::
Hosted by www.Geocities.ws

1