a las mujeres
migrantes:
Mi
paisito gigante.
Mi querido paisito gigante enfermo de fuga.
Olvídate ya del olvido que ya es tiempo.
Sacúdete la indiferencia
que es asquerosa cómplice del verdugo despiadado.
Date cuenta México que es sangre la que te baña,
sangre la que escurre por tus orillas.
Hora es ya que cures tus heridas
y tu enfermedad Fuga,
tu enfermedad Huída.
México que te escapas para ti mismo
y que muchas veces es para no volver.
México lindo, corazón mío, piel mía, tierra
sagrada.
Vuelve la mirada, vuelve el recuerdo a tus mujeres.
Mujeres de manos chicas, corazones grandes;
mujeres de piel tierra y ojos morenos
que ya no lloran
porque no hay llanto que calme tanto dolor.
Mujeres de trenzas negras, brazos creadores,
senos cálidos y humildes,
sonrisa franca y triste.
Tus mujeres, las mismas mujeres
humilladas por la miseria,
por la realidad cruda.
Ellas que trabajan su tierra que nada da,
les oprime el pecho al ver a sus hijos e hijas con hambre,
la angustia de la pobreza.
Porque déjame decirte México
que en tus rincones no hay comida,
no hay libros, no hay palabra
y en las casas se cuela el frío.
En tus rincones
los niños se mueren de diarrea
y sus familias
no pueden costear un entierro.
Mujeres hace 500 años muertas ya
y muertas todavía;
y así muertas como andan
enamoradas están de la vida,
por eso luchan, por eso caminan.