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Manual
de los disturbios |
Este documento, abierto a ser debatido y mejorado,
pretende servir de guía elemental para activistas de izquierda
dispuestos a defender la libertad de expresión, manifestación
y rebelión. ”Si destrozamos todo entenderán que estamos nerviosos
y que queremos que las cosas cambien ya. Si hablamos amablemente los poderosos
se burlarán de nosotros... no tenemos ningún medio de expresión,
ahora esta es nuestra forma de hacer correr el mensaje”. La capucha es nuestra amiga.
Los medios de comunicación del poder criminalizan la capucha justamente
por su alta efectividad antirrepresiva. En algunas manifestaciones, los convocantes disponen de una ”comisión
legal”. Esta comisión la componen uno o varios abogados vinculados
a la organización. En caso de que los organizadores repartan octavillas
con los teléfonos de estos abogados, no dudes en coger una. En
cualquier caso lo más recomendable es apuntarse el teléfono
en el brazo u otro lugar del cuerpo por si la policía te cachea
y te quita lo que lleves encima o lo pierdas. La estrategia policial. Una vez que los antidisturbios tienen orden de cargar, en ocasiones la
línea policial se abalanza a golpes sobre los manifestantes desde
un solo lado; a veces desde varios a la vez para provocar el pánico.
Si la manifestación es masiva, pueden utilizar varias líneas
para “dividir el bloque en partes”. Otras veces simplemente
sacuden sus escudos con sus porras mientras avanzan lentamente. Todo depende de la estrategia represiva que tengan. En la mayoría
de los casos lo que buscan es la ”dispersión”, es decir,
que la gente corra presa del miedo y se disgregue. Aquí es importante mantener la calma y llamar a la calma (por
ejemplo, con los brazos levantados) a la gente que tengamos a nuestro
alrededor. Si observamos que la distancia entre los antidisturbios y los
manifestantes es prudente, llamar a la calma hace que la gente se tranquilice
y tome conciencia de que su situación inmediata no corre peligro,
pues es normal que en momentos de pánico se tienda a correr sin
detenerse a mirar atrás aunque la policía esté aún
a mucha distancia. La comunicación y cooperación en esos
momentos es muy importante. También se ha de tener en cuenta que
los antidisturbios son más lentos que nosotros, por su vestuario
y equipamiento. Cuánto más tiempo aguantemos si ceder terreno a la policía,
más cuotas de libertad estaremos expropiando al estado; tengamos
en cuenta que las cargas policiales no suponen otra cosa que un intento
de coartar nuestra libertad de expresión. Lo que expresamos en
las manifestaciones, la acumulación de fuerzas que supone, y el
mensaje que con ellas se quiere transmitir, se ven abortados salvajemente
por la represión policial. Los enfrentamientos callejeros no son
sino una respuesta enfurecida a esta represión y una defensa firme
de nuestra libertad de expresión. Cómo frenar el avance policial. Una vez iniciados los enfrentamientos, para aguantar la posición
los diferentes grupos de manifestantes pueden utilizar varios métodos: - Lanzamiento de objetos. Piedras, adoquines o escombros (sobre todo
las grandes ciudades están llenas de obras. Buscad un contenedor
de escombros). - Botellas. Es muy efectivo volcar los contenedores de botellas. Uno
de ellos proporciona ”munición” a decenas de manifestantes
durante aproximadamente un cuarto de hora. - Cócteles Molotov. Lo más fácil es utilizar una
botella de cristal de medio litro, llenar tres cuartas partes con gasolina,
cerrar bien la botella y atar una tira de trapo en el cuello del recipiente.
Llevar a mano una pequeña botella sólo con gasolina. Segundos
antes de lanzar el molotov, mojar el trapo con la gasolina y encenderlo
con un mechero. Puede impresionar la llamarada del trapo, pero si cogemos
la botella con cuidado no nos quemaremos. Se puede usar un guante para
minimizar las posibilidades de accidente. Al lanzar la botella, se romperá
el cristal y la gasolina hará contacto con el fuego del trapo,
causando una explosión de un radio de un metro y medio a 2 metros,
aproximadamente. - Bloqueo de calles. Esto es efectivo sobre todo para obstaculizar el
avance de los furgones policiales. Puede servir cualquier cosa, cubos
de basura, papeleras, vallas de obras, etc. Pero tengamos en cuenta que
un furgón policial puede abrirse paso ante una barricada compuesta
por estos materiales ”livianos”, si se lo propone. Por eso,
lo más efectivo para este caso es cruzar coches: entre varios manifestantes
(mínimo 4 ó 5), agarrar el coche por uno de los extremos
(la parte delantera o trasera), contar ”uno, dos y tres” y
levantar. En cuatro o cinco veces que se repita este proceso el coche
habrá quedado en medio de una calle. Esto ralentiza el avance de
los furgones de antidisturbios y da tiempo a los manifestantes para pensar
y reorganizarse. - Quema de vehículos. Esto se realiza para retrasar aún
más el avance de la policía, si bien nosotros sólo
lo recomendamos en casos de extremo peligro para los activistas. La destrucción
de un coche puede afectar a personas (propietarios de estos) que se encuentran
en la misma condición de opresión que nosotros y ese no
es el objetivo. El objetivo es contrarrestar la represión policial.
En casos en que la integridad física de los activistas esté
en sumo peligro (momentos de violencia policial salvaje u operaciones
represivas a gran escala, como las desatadas en las cumbres antiglobalización)
entonces sí estaría legitimado. Por supuesto, van mucho
antes las personas que las cosas. - Descentralizar la acción. Otra de nuestras bazas es crear diferentes
focos autónomos de resistencia, desbordando el esquema represivo
de los antidisturbios. Si nos movemos a menudo en grupos pequeños
a los helicópteros policiales les cuesta más localizar los
puntos ”calientes”, lo que entorpece la comunicación
y coordinación de los agentes a pie. Esto nos da un tiempo valioso
para actuar. - Esquivar a la policía, atacar las estructuras capitalistas.
En ocasiones en que la represión policial es especialmente dura
e indiscriminada, conviene cambiar la táctica del enfrentamiento:
en vez de atacar a las unidades policiales, atacamos las estructuras capitalistas
más destacadas, como por ejemplo sucursales bancarias o comercios
pertenecientes a grandes empresas (Telefónica, McDonalds, ETTs,
etc). Un ejemplo de esto es lo que ocurrió durante la manifestación
contra el Día de la Hispanidad en Barcelona (12 de octubre 2002),
donde la policía fue totalmente desbordada. Tras las cargas policiales
los antifascistas se dividían en grupos pequeños, se disolvían
por calles aledañas cruzando coches y contenedores para frenar
el avance de los antidisturbios, y se volvían a reunir poco después
en una de las calles céntricas. Entonces disponían de varios
minutos para atacar ferozmente estructuras capitalistas mientras los antidisturbios
se reorganizaban y trataban de llegar hasta los activistas. La estrategia
se cambió: en vez de atacar a la policía se les bloqueó,
mientras los atacaban sedes del capital. Nuevamente el precio que pagó
el poder por reprimir una manifestación legítima fue alto.
Subrayamos la necesidad de cuidar mucho el no atacar al pequeño
comercio. Lo que expresamos con este tipo de enfrentamiento debe llegar
con claridad a la población y despertar su simpatía en lo
posible. La empresas de comunicación llaman a las sucursales bancarias
”símbolos”, si bien son más que eso. El capitalismo
no se desarrolla y fortalece por arte de magia; el orden establecido tiene
unos espacios físicos de funcionamiento, sin ellos, no podrían
hacer partícipes a los ciudadanos de su enriquecimiento. Si los
atacamos, no estamos haciendo desaparecer el capitalismo (eso es obvio),
sin embargo estos espacios se ven afectados y retrasamos la actividad
económica. Una hora o un día de retraso, es dinero que las
empresas pierden. La policía desaloja casas okupadas no porque sean ”símbolos”, sino porque forman parte de la estructura del movimiento anticapitalista. Y de la misma forma que tras un desalojo se puede producir otra okupación, tras un ataque a una sucursal bancaria, ésta es arreglada poco después con dinero (algo que a los capitalistas les sobra gracias a que disponen de todos estos espacios). En este caso, el objetivo es afectar todo lo posible la actividad económica como protesta por la represión, así como visibilizar quiénes son los responsables y los beneficiarios de esta economía capitalista de explotación y muerte. Aviso:
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