| La Revista "Rebeldía" es cumpleañera
y me ha pedido un texto para su aniversario. Yo les he respondido que ya
no hago textos, ahora produzco videos para el Sistema Zapatista
de Televisión Intergaláctica (SZTI), "la
única televisión que se lee".
Necios como son (por algo llevan ya dos años publicando), los de
"Rebeldía" han replicado diciendo que poseen la tecnología
necesaria para enlazarse con el SZTI y que basta con saber qué
programa se trasmite a la hora de su mesa redonda (que seguro es cuadrada)
para que un número indeterminado de jirafas, perdón, de
televidentes, se apersonen frente a la pantalla (o sea la cartulina) de
la televisión zapatista.
Así las cosas, nuestro selecto público (por el número,
se entiende) podrá ahora deleitarse con nuestro programa de finanzas
zapatudas que, como todo economista post moderno sabe, tiene como
ejes fundamentales los siguientes: la paga, el crédito, las cuentas
y un saldo.
Así que saquen sus calculadoras, sus ábacos y sus tablas
de multiplicar, porque ya en la cartulina, o sea que en la pantalla, aparece…
I.- LA PAGA.-
Ignoro si la Eva todavía atesora el video de "Escuela de Vagabundos"
y si aún suspira cuando Pedro Infante le canta al oído a
Miroslava. La Eva ya tiene 15 años y es, como decimos acá,
toda una soltera. Eso quiere decir que al aleteo de sus ojos se sienten
convocados vientos jóvenes que rondan su casa (cosa que, dicho
sea de paso, no le causa ningún entusiasmo a su papá).
Hace casi 10 años, cuando la Eva cumplía 4 y entraba en
5 (o sea que tenía 6 años), metió en un paliacate
sus pocas pertenencias y salió, junto con todo su pueblo, al exilio.
El 10 de febrero de 1995, de la mano de la traición de Ernesto
Zedillo (ése que, junto con dios, está en el altar del "cambio"
foxista), helicópteros artillados, tanques de guerra y tropas de
élite del ejército federal mexicano tomaron su pueblo, Guadalupe
Tepeyac y, violando el derecho internacional, irrumpieron en la sede del
Comité Internacional de la Cruz Roja, donde los pobladores tojolabales
se habían refugiado.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), como luego lo habría
de refrendar en el campamento de refugiados de Polhó, en los Altos
de Chiapas, tiene vocación por la buena mesa y los halagos gubernamentales
y no por la labor humanitaria, así que nada dijo. El neoconverso
a la democracia, Gustavo Iruegas (quien, en una borrachera con Bernal
y Del Valle, dio su memorable receta de "diálogo": "hay
que acabar a las comunidades zapatistas, sin ellas el EZLN no vale nada"),
entonces arquitecto de la política zedillista contra el EZLN, consoló
a la delegación de la Cruz Roja Internacional con una opípara
cena en un restaurante de lujo en la Ciudad de México.
Mientras los "próceres" del humanismo y la neutralidad
del Comité Internacional de la Cruz Roja cenaban con el asesino
desmemoriado, los pobladores de Guadalupe Tepeyac subían la montaña
e iniciaban lo que serían 7 años de exilio, mismos que no
habrían de terminar hasta que la movilización de "sociedades"
civiles nacionales e internacionales, en el marco de la Marcha del Color
de la Tierra, obligaron al gobierno de Fox a retirar el ejército
de esas tierras, posibilitando así el retorno de los autodenominados
"tepeyaqueros".
Pero dejemos al discípulo dilecto de George Castañeda
intentando engañar bobos con cenas y escritos con posiciones supuestamente
democráticas, y permitamos que la Cruz Roja Internacional acumule
ridículos y desprestigios en todo el planeta. Dejemos que en el
carnaval de arriba siga el intercambio de máscaras y la venta de
dignidades.
Dejemos eso y vayamos con la Eva. Ahora la Eva tiene 15 años y
serios problemas económicos por delante. Hace 10 años la
Eva no iba a la escuela y no tenía más problemas que lavar
ropa y cargar leña. Ahora va a la escuela y sus problemas no sólo
crecieron, también se complicaron. Sin embargo, no tienen qué
ver con la suma, la resta, la multiplicación y la división.
O bueno, sí, pero no en el salón de clases.
Resulta que la Eva no tenía la paga para conseguir un su cuaderno
y un su lapicero. Alguien le ha ofrecido regalárselos, pero la
Eva respondió con un: "Acaso estoy pidiendo que me den
lo que no tengo".
Nadie entendió entonces a la Eva. Tampoco cuando la vieron ocupándose,
hacendosa, en la cría de conejos. Mucho menos cuando pudo vender
dos conejos y conseguir un poco de paga. La sorpresa vino cuando, en lugar
de comprarse un su prensapelo, un su medio fondo o un su portapechitos,
la Eva se mandó a comprar un cuaderno nuevecito que tiene muchas
hojas: unas en blanco, otras con rayas y otras con cuadrícula.
En la portada del cuaderno hay dibujada una Jirafa rosa cargando unos
libros y la Eva, que también se mandó comprar un lapicero
y un juego de plumines, le ha pintado un pasamontañas azul a la
Jirafa.
"Acaso los zapatistas usan pasamontañas azul",
le dice el Heriberto (su hermanito que ahora tiene 13 años) cuando
la Eva le muestra su cuaderno. La Eva vuelve a mirar su Jirafa y replica
"Acaso te estoy preguntando, si yo lo conseguí la paga
de mi cuaderno y yo le pongo el pasamontañas del color que se me
da la gana"
El Heriberto (que durante algunos años logró rehuir la escuela
argumentando que qué iba a hacer si el maestro le preguntaba algo,
porque él no sabía nada), está enojado, pero no con
la Eva. Bueno, no sólo con la Eva, sino con el mundo entero. Está
enojado porque no le dan un su caballo, a pesar de que ya ha demostrado
que, subido en una piedra, puede alcanzar con su pie el estribo. El Heriberto
se desespera, pero aprende, y no precisamente en la escuela.
Después de la respuesta de la Eva, el Heriberto va y se planta
frente a sus papás y les dice "Acaso estoy pidiendo que
me den lo que no tengo. Yo lo voy a juntar la paga y me voy a comprar
un mi caballo y lo voy a pintar de azul", y voltea a mirar a
la Eva como pidiendo apoyo.
La Eva sigue haciendo la tabla del 7 y, sin siquiera voltear a verlo,
le dice: "Acaso hay caballos azules".
"Hay", dice el Heriberto.
"No hay", dice la Eva.
"Hay", dice el Heriberto.
"No te doy dulce", dice la Eva.
"No hay" dice el Heriberto que comprende que debe ser
flexible y que, después de todo, todavía no tiene la paga
y a él le gustan los caballos negros porque, dice que el Sup le
dijo, "los caballos azules son para las niñas".
No le crean al Heriberto, los está mentirando. Yo no dije
que los caballos azules son para las niñas.
Lo pensé, pero no lo dije.
II.- EL CRÉDITO.
En las conquistas de territorios en los siglos pasados, los poderosos
buscaron siempre la coartada de la civilización. Civilizar no era
otra cosa que domesticar. El despojo de riquezas continentales se llamó
entonces "nacimiento de nuevas civilizaciones", y el fraude
humano que significó no se refiere sólo a que nunca han
podido demostrar que lo construido es mejor que lo destruido. También
y sobre todo, a que la "domesticación" fracasó.
Una y otra vez, en la historia que arriba se escribe, la "pacificación"
después de una guerra de conquista no era sino una definición
del nuevo status de los contrarios: unos ganaron, otros perdieron. Es
decir, unos domesticaron a otros. O en términos más llanos:
unos pasaron a mandar y otros a obedecer.
En los grandes trancos que la humanidad ha dado desde entonces, para la
historiografía del Poder las cosas no han cambiado mayormente:
siguen habiendo guerras, siguen habiendo vencedores y vencidos, siguen
las domesticaciones, y siguen quedando unos mandando y otros obedeciendo.
Una de las muchas consecuencias de esta manera de entender la historia
es que define los acontecimientos con resultados definitivos de triunfo
y derrota. En la historia de arriba no hay gradación en el éxito
obtenido: se vence o se es vencido.
Y en el reparto de gracias y desgracias, el Poder es tan magnánimo
como lo permita el pincel de quienes le adornan el rostro al de arriba
y al de abajo.
Así, el consuelo para el derrotado no es la revancha, sino la belleza.
De esta forma se construye la estética del derrotado: "Perdimos
sí, pero éramos tan hermosos"
Sin embargo la derrota no tiene ninguna belleza. La aparente hermosura
de la nostalgia que la adorna no ha sido construida desde abajo. Es sólo
una mala pintura para que nosotros, los derrotados de siempre sigamos
siempre derrotados, enamorados de la caída y convencidos de que
la victoria no nos pertenece porque su fealdad sólo atañe
al poderoso.
Lo que el Poder quiere es, simple y sencillamente, que volvamos a luchar
sí, pero sin otro objetivo que acumular esas bellezas que no son
sino la triste moneda de la derrota. Ahora tenemos los almacenes repletos
de ella, y sólo la podemos comercializar con otros como nosotros,
abajo.
En suma, en las finanzas de la desmemoria, el que gana cobra al contado,
el que pierde paga a crédito y largo plazo. El sistema bancario
del Poder sólo ofrece a los de abajo crédito para la derrota.
Mientras más crezca la cuenta de nuestras caídas, más
fastuosa será la bienvenida que recibamos en el sistema bancario
de la desesperanza.
Sin embargo, algo no embona. Como si fueran piezas de rompecabezas en
un tablero equivocado, la resistencia a la domesticación y la rebeldía
contra la cadena de mando/obediencia, rompen con la lógica de una
historia impuesta y se niegan a adquirir el póster tridimensional
del hermoso ángel caído.
Cuando el Poder escribe la palabra "FIN", la resistencia agrega
el signo de interrogación que no sólo cuestiona el fin de
la historia, sino que, también, se niega a aceptar un mañana
que sólo lo incluye como derrotado. De esta forma, apostando a
transformar el futuro, la resistencia apuesta a cambiar el pasado.
La resistencia es así el doble vaivén de la mirada, el que
niega y el que afirma. El que niega el fin de la historia, y el que afirma
la posibilidad de rehacerla.
III.- LAS CUENTAS.-
Hacer realidad las cuentas en La Realidad no es sencillo. Sentado junto
a mí, Andrés está "enseñándome"
a contar. Manteniendo la respiración, Andrés empieza por
el uno y pasa sin dificultad hasta el 77. Al llegar ahí acelera
y, ya morado, termina con un "97, 98, 99 y siento
que ya no puedo más". Andrés me queda viendo.
Yo entiendo que tengo que felicitarlo (y, por supuesto, no debo hacer
notar que omitió los números del 37 al 66), así que
aplaudo discretamente.
El Andrés vive en La Realidad y tiene 7 años y está
entrado en 8. Nació el mismo día en que se firmaron los
primeros Acuerdos de San Andrés, donde el gobierno federal se comprometía
a reconocer, en la Constitución, los derechos y la cultura de los
pueblos indios de México.
Ahora estamos con el Andrés sentados a la orilla del arroyo donde
se bañan los caballos. Llegamos ahí corriendo, después
de tomar por asalto la tiendita "La Nana", en el Caracol de
La Realidad. Ahora podemos descansar, porque todavía falta para
que encuentren al Moy y le digan que "Vino el Sup con unos niños
y se llevaron los "Totis", las galletas "María",
los chicles y los refrescos y dijeron que van a pagar hasta cuando ganemos
la guerra", lo que no es sino una mentira flagrante, porque
no había refrescos.
Pensando que me ha conmovido con su "cuenta" hasta el cien,
Andrés me confiesa que tiene roto el bolsillo del pantalón
y que se le cayó todo su botín. Yo hago como que no vi que
lo escondió detrás de un arbusto y le convido de mis "Totis".
Con la boca repleta de frituras y en un tono mantecoso, Andrés
me dice que él, cuando sea grande, va a ser contador. Yo entiendo
que Andrés no quiere decir lo que quiere decir y le pregunto qué
va a contar.
"Estrellas", me dice, como si dijera "vacas".
"Mmh, pero ésas son muchas", le digo tratando
de orientarlo a una profesión más lucrativa.
Él dice "No importa, yo aquí voy a estar hasta
tarde".
Yo le iba a pedir que me firmara un autógrafo cuando llegan el
Olivio y el Marcelo a invitarme a cazar "gallinita de agua".
Yo les pregunto si no tienen miedo. Ellos se indignan.
"Ya somos grandes ya", me dicen-informan-advierten.
"¿Cuántos años tienen pues?",
les pregunto.
"Ya no alcanzan las manos para hacer la cuenta" me
dicen, así que yo debo deducir que tienen 11 años.
Viendo un rollo de galletas "Marías", el Olivio
me dice: "Oí Zup, en el Caracol ya llegaron ya los promotores
de salud".
"Sí", dice el Marcelo, "… ¡y
traen muchas inyecciones!".
Les di las galletas "Marías". De todos modos
a mí las que me gustan son las "pancrema".
El Olivio y el Marcelo prometieron avisarme cuando se vayan los promotores,
así que sigo escondido en la Ceiba, mientras el Andrés está
de guardia.
Aunque ya está oscuro, sé que sigue ahí. Claro escucho
que cuenta:
"35, 36, 57, 58, 59…".
De pronto se detiene y, hasta la copa de la Ceiba, avienta una pregunta:
"Oí Zup, las estrellas que se caminan, ¿cuentan
o no cuentan?
IV.- UN SALDO.
(In) definición financiera de la rebeldía: "Una
cantidad indefinida de jirafas que de pie sueñan que en su cuenta
aparecen estrellas feas y no hermosas derrotas. No son sujetas de crédito
y, sobre todo, ni se venden ni se compran. De rendirse mejor ni hablar".
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Noviembre del 2004. 20 y 10.
P.D.- Aquí termina nuestro programa de finanzas globalizadas. Siga
sintonizando el Sistema Zapatista de Televisión Intergaláctica,
"la única televisión que se lee".
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