| EL ANARCOFEMINISMO EN CHILE,
AUNQUE EN REALIDAD, DA LO MISMO EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO
El anarcofeminismo es el nombre que se le
ha dado a la posición de las mujeres dentro del anarquismo. Es
la voz de las mujeres anarquistas. Las mujeres anarquistas compartimos
muchas cosas con el resto de las feministas, sobre todo, la denuncia del
sexismo. Pero nuestra voz no se alza sólo para reivindicar un “espacio
más amplio para la mujer”, nuestras letras y nuestras acciones
no están orientadas en un sentido de querer más poder para
las mujeres. Como anarquistas estamos en contra del poder, del poder en
todas sus expresiones, especialmente en aquella que hace que nuestras
sociedades estén divididas en clases sociales en las que unos son
los poseedores y otros somos los que no contamos más que con nuestra
fuerza laboral.
Anarcofeminismo es una “plataforma” que permite unir el cruce
entre las mujeres y el anarquismo. ¿Por qué se propone una
división en el anarquismo? En realidad no planteamos divisiones,
simplemente nos hacemos cargo de que las mujeres tenemos miradas y sensibilidades
particulares y que a partir de ellas encarnamos la anarquía de
una peculiar manera.
Como todo anarquista propugnamos que nuestra idea no es el caos sino “la
máxima expresión del orden”. Como todo anarquista
o libertario, nosotras nos oponemos al control y al sojuzgamiento de unos
sobre otros u otras. Como todo anarquista nosotras creemos en que es la
acción, directa, decidida y consciente, la que nos hará
avanzar en la destrucción del sistema capitalista y de las sociedades
de clases.
Sin embargo, pensamos que la “acción directa” no es
algo alejado de cada uno/a, no es tampoco la reivindicación de
aquellas acciones “terroristas” de los anarcos de comienzos
del siglo veinte, (aunque tampoco es su negación rotunda). Entendemos
que la acción directa es aquella que acciona desde el sentir libertario
que se opone a todo yugo y a toda opresión. Entendemos que en el
caso concreto de nosotras las mujeres, esa acción directa tiene
que ver con no seguir siendo objetos pasivos de la vida social, sino que
tomar posiciones directamente en nuestras vidas. Oponernos al patriarcado
y al capitalismo en concreto en nuestras vidas, no dejando que otros decidan
por nosotras, no dejando que “el padre”, “el novio”,
“el hermano”, “el jefe”, “el marido”....
nos ordene el kamino. Debemos ser fuertes, que no es lo mismo que ser
“poderosas”, debemos resistir todas aquellas acciones que
nos quieran mantener al margen de la dirección de nuestras propias
vidas. Y esto lo proponemos como mujeres pero también como anarquistas.
Nadie debiera de seguir permitiendo que otros decidan por nosotros, que
otros controlen nuestras existencias, que nos obliguen a vender nuestras
vidas por un sueldo para seguir manteniendo este sistema injusto que nos
tiene a todos y todas en la infelicidad.
Pensamos que debemos movernos en el cruce entre lo particular y lo social.
Accionar directamente en nuestras vidas, que son también sociales,
eso no quiere decir que sólo creamos en el cambio individual, pero
sí pensamos que es imprescindible un cambio en el sujeto libertario
particular, sin abandonar una perspectiva más macro. Sin lavarnos
las manos con la sociedad, para ello es necesario agitar nuestra idea,
y generar espacios de encuentro en el que se materialicen formas de ver
la vida distintas al capitalismo. En ese sentido pensamos que el veganismo
y el movimiento anarcopunk tiene mucho que aportar en la medida en que
se viven desde una resistencia al sistema capitalista, pero a la vez pensamos
que no podemos quedarnos en islas, aislados del resto de la sociedad.
Es necesario accionar en todas aquellas instancias en las que transcurre
nuestra vida social y sobre todo no dejar el sentir anarquista o libertario
una vez que hemos cumplido los treinta años...
En fin, compañeros, es sólo una mirada particular que propone
su visión desde el sentir de una mujer cuya fuerza viene de la
anarquía.
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