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PABLO NERUDA
A ti, amor, este día,
a ti te lo consagro.
Nació azul, con un ala
blanca en mitad del cielo,
llegó la luz
a la inmovilidad de los cipreses,
los seres diminutos
salieron a la orilla de una
hoja
o a la mancha del sol en una
piedra.
Y el día sigue azul
hasta que entre en la noche
como un río
y haga temblar la sombra con
sus aguas azules.
A ti, amor, este día.
Apenas, desde lejos, desde el
sueño,
lo presentí y apenas
me tocó con su tejido
de red incalculable,
yo pensé: es para ella.
Fue un latido de plata,
fue sobre el mar volando un
pez azul,
fue un contacto de arenas deslumbrantes,
fue el vuelco de una flecha
que entre el cielo y la tierra
atravesó mi sangre
y como un rayo recogí
en mi cuerpo
la desbordada claridad del
día.
Es para ti, amor mío.
Yo dije: es para ella.
Este vestido es suyo.
El relampago azul que se detuvo
sobre el agua y la tierra
a ti te lo consagro.
A ti, amor, este día.
Como una copa eléctrica
o una corola de agua temblorosa,
levántalo en tus manos,
bébelo con los ojos
y la boca,
derrámalo en tus venas
para que arda
la misma luz en tu sangre y
la mía.
Yo te doy este día
con todo lo que traiga:
las transparentes uvas de zafiro
y la ráfaga rota
que acerque a tu ventana
los dolores del mundo.
Yo te doy todo el día.
De claridad y de dolor haremos
el pan de nuestra vida,
sin rechazar lo que nos traiga
el viento
ni recoger sólo la luz
del cielo
sino las cifras ásperas
de la sombra en la tierra.
Todo te pertenece.
Todo este día con su
azul racimo
y la secreta lágrima
de sangre
que tú encontrarás
en la tierra.
Y no te cegará la oscuridad
ni la luz deslumbrante:
de este amasijo humano
están hechas las vidas,
y de este pan del hombre comeremos.
Y nuestro amor hecho de la luz
oscura
y de sombra radiante
será como este día
vencedor
que entrará como un
río
de claridad en medio de la
noche.
Toma este día, amada.
Todo este día es tuyo.
Se lo doy a tus ojos, amor mío,
se lo doy a tu pecho,
te lo dejo en las manos y en
el pelo,
como un ramo celeste.
Te lo doy para que hagas un
vestido
de plata azul y de agua.
Cuando llegue
la noche que este día
inundará
con su red temblorosa,
tiéndete junto a mí,
tócame y cúbreme,
con todos los tejidos estrellados
de la luz y la sombra
y cierra tus ojos entonces
para que yo me duerma.