Ruben Dario
A un cruzado caballero, garrido y noble garzón en el pelenque guerrero le clavaron un acero tan cerca del corazón
que el físico al contemplarle, tras verle y examinarle, dijo: “Quedará sin vida si se pretende sacarle el venablo de la herida”.
Por el dolor congojado, triste, débil, desangrado, después que tanto sufrió, con el acero clavado el caballero murió.
Pues el físico decía que en dicho caso, quien una herida tal tenía, con el venablo se moriría, sin el venablo también.
¿No comprendes , Asunción la historia que te he contado, la del garrido garzón con el acero clavado muy cerca de su corazón?
Pues el caso es verdadero; yo soy el herido, ingrata, y tu amor es el acero: ¡si me lo quitas, me muero; si me lo dejas, me mata!
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