JAIME
SABINES
UNO ES EL
HOMBRE...
Uno es el hombre.
Uno no sabe nada
de esas cosas
que los poetas,
los ciegos, las rameras,
llaman “misterio”,
temen y lamentan.
Uno nació
desnudo, sucio,
en la humedad directa,
y no bebió
metáforas de leche,
y no vivió
sino en la tierra
(La tierra que es
la tierra y el cielo
como la rosa pero
piedra).
Uno apenas es una
cosa cierta
que se deja vivir,
morir apenas,
y olvida cada instante,
nuevo, lo sorprenda.
Uno es algo que
vive,
algo que busca pero
encuentra,
algo como hombre
o como Dios o yerba
que en el duro saber
lo de este mundo
halla el milagro
en actitud primera.
Fácil el
tiempo ya, fácil la muerte,
fácil y rigurosa
y verdadera
toda intención
de amor que nos habita
y toda soledad que
nos perpetra.
Aquí está
todo, aquí. Y el corazón aprende
-alegría
y dolor- toda presencia;
el corazón
constante, equilibrado y bueno,
se vacía
y se llena.
Uno es el hombre
que anda por la tierra
y descubre la luz
y dice: es buena,
la realiza en los
ojos y la entrega
a la rama del árbol,
al río, a la ciudad,
al sueño,
a la esperanza y a la espera.
Uno es ese destino
que penetra
la piel de Dios
a veces,
y se confunde en
todo y se dispersa.
Uno es el agua de
la sed que tiene,
el silencio que
calla nuestra lengua,
el pan, la sal,
y la amorosa urgencia
de aire movido en
cada célula.
Uno es el hombre -lo han llamado hombre-
que lo ve todo abierto,
y calla, y entra.
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