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Pablo Neruda
Oh dama sin corazón,
hija del cielo
auxíliame en esta solitaria
hora
con tu directa indiferencia
de arma
y tu frío sentido del
olvido.
Un tiempo total como un océano,
una herida confusa como un
nuevo ser
abarcan la tenaz raíz
de mi alma
mordiendo el centro de mi seguridad.
Qué espeso latido se
cimbra en mi corazón
como una ola hecha de todas
las olas,
y mi desesperada cabeza se
levanta
en un esfuerzo de salto y de
muerte.
Hay algo enemigo temblando en
mi certidumbre,
creciendo en el mismo origen
de las lágrimas
como una planta desgarradora
y dura
hecha de encadenadas hojas
amargas.