JAIME SABINES
ALGO
SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES
Primera parte
I
Déjame
reposar,
aflojar los
músculos del corazón
y poner a dormitar
el alma
para poder hablar,
para poder recordar
estos días,
los más
largos del tiempo.
Convalecemos
de la angustia apenas
y estamos débiles,
asustadizos,
despertando
dos o tres veces de nuestro escaso sueño
para verte en
la noche y saber que respiras.
Necesitamos
despertar para estar más despiertos
en esta pesadilla
llena de gentes y de ruidos.
Tú eres
el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que
este hachazo nos sacude.
Nunca frente
a tu muerte nos paramos
a pensar en
la muerte,
ni te hemos
visto nunca sino como la fuerza y la
alegría.
No lo sabemos
bien, pero de pronto llega
un incesante
aviso,
una escapada
espada de la boca de Dios
que cae y cae
y cae lentamente.
Y he aquí
que temblamos de miedo,
que nos ahoga
el llanto contenido,
que nos aprieta
la garganta el miedo.
Nos echamos
a andar y no paramos
de andar jamás,
después de medianoche,
en ese pasillo
del sanatorio silencioso
donde hay una
enfermera despierta de ángel.
Esperar que
murieras era morir despacio,
estar goteando
del tubo de la muerte,
morir poco,
a pedazos.
No ha habido
hora más larga
que cuando no dormías,
ni túnel
más espeso de horror y de miseria
que el que llenaban
tus lamentos,
tu pobre cuerpo
herido.
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