JAIME
SABINES
Lento, amargo
animal...
Lento, amargo animal
que soy, que he
sido,
amargo desde el
nudo de polvo y agua y viento
que en la primera
generación del hombre pedía a Dios.
Amargo como esos
minerales amargos
que en las noches
de exacta soledad
-maldita y arruinada
soledad
sin uno mismo-
trepan a la
garganta
y, costras de silencio,
asfixian, matan,
resucitan.
Amargo como esa
voz amarga
prenatal, presubstancial,
que dijo
nuestra palabra,
que anduvo nuestro camino,
que murió
nuestra muerte,
y que en todo momento
descubrimos.
Amargo desde dentro,
desde lo que no
soy,
-mi piel como
mi lengua-
desde el primer
viviente,
anuncio y profecía.
Lento desde hace
siglos,
remoto -nada hay
detrás-,
lejano, lejos,
desconocido.
Lento, amargo animal
que soy, que he
sido.
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