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Gerardo Cirianni




Un encuentro alrededor de los libros


Es probable que para quien ya es lector leer en voz alta resulte innecesario y hasta molesto. El silencio y la soledad suelen ser dos condiciones valoradas por quien ya sabe c�mo introducirse, de qu� manera viajar y cu�ndo salir de ese mundo de ideas y de emociones que llega de otro lugar y de otro tiempo.
Pero para quien solo ha tenido la experiencia de desplazarse por las letras, sin poder ir m�s all� de las mismas, esto es, tratando de interesarse en lo que el texto dice sin poder acceder a lo que el texto le dice, la experiencia de compartir
una lectura en voz alta puede ser absolutamente indispensable.

Pensar la lectura en voz alta como una forma de encuentro alrededor de los libros y de la lectura o como una alternativa para abrir actividades de escritura suele estar m�s all� de toda discusi�n. Pero adem�s, esta pr�ctica tiene otra serie de ventajas para todos los que participan de ella, en particular para los lectores iniciales, porque hace evidente el trabajo del lector.
No hay marcas en la escritura que indiquen el ritmo adecuado para la lectura de un texto. Tampoco existen normas fijas sobre el valor de cada signo de puntuaci�n. �Cu�nta suspensi�n implica, por ejemplo, una coma o un punto? No olvidemos que la lectura de los silencios es tan importante como la lectura de las palabras. La escritura tampoco tiene marcas que indiquen volumen de voz o intenci�n de lo que se afirma, se interroga o se ordena, para solo se�alar algunos ejemplos de lo que puede evidenciar la voz de quien lee. Un lector capaz de realizar un trabajo de ese tipo muestra que est� atribuyendo un sentido a lo que lee a partir de los indicios que percibe en la obra. Ese lector ha dado un salto de lo literal a lo interpretativo, y los que lo escuchan son testigos de ese hacer ignorado para quien leer es solo descifrar precariamente un conjunto de marcas.
Leer en voz alta permite distinguir entre aquello que es fijo �las palabras, la sintaxis, el tema, las ideas� y lo que siempre est� en fuga, lo que se escapa, eso que llamamos significaci�n. La voz de quien lee ayuda tambi�n a tender un puente entre la oralidad, siempre presente, siempre situada, y la escritura, siempre m�s distante, siempre reflejo de un tipo de pensamiento m�s modelado al que hay que saber ingresar.

La selecci�n de los textos a compartir ayuda a romper el prejuicio bastante extendido de que existe un conjunto de obras que �hay que leer� porque �son las mejores� porque indican �el avance� o �la madurez� del lector o porque tienen un car�cter formativo en s� y, por lo tanto, proporcionan un placer o goce superior. Las personas que est�n iniciando sus contactos con la lectura o las que a lo largo de su vida escolar solo se han relacionado con aquellos textos de lectura obligada, en general opinan negativamente de s� mismos como lectores.
Consideran que leen mal o que no leen o que no han le�do lo que �hay que leer�.
Cuando el docente o cualquier adulto mediador pone a disposici�n del grupo un poema, un cuento o una novela, no porque forme parte de un programa de estudio o porque su autor haya sido reconocido por el motivo que sea, sino porque conoce al grupo y sabe que la lectura de ese texto puede conmover, las cosas cambian radicalmente. Ya no habr� canon al que atenerse sino una bolsa del juglar siempre renovada, atenta a los intereses, a las oportunidades y a la sensibilidad de las personas con las que est� dispuesto a intercambiar, apoy�ndose en la lectura, ideas, sentimientos y emociones.

                                                                                                 


                                                                                                 Gerardo Cirianni
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