| El encuentro Eran el alba y el primer canto del gallo, cuando los dos hermanos se encontraron con los equipajes a la espalda en las puertas de su casa. Y el uno dijo: �Tu tambi�n abandonar�s a nuestro padre? Y el otro, como si no hubiese escuchado la pregunta replic� �Tu tambi�n abandonar�s a nuestro padre? Y echando sus bultos al suelo retornaron a sus habitaciones, mientras el anciano dorm�a en paz, como si el alba a�n estuviera lejana J. Diaz Herrera |
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