LOS PIOJOS EN OBRAS
Hoy
como ayer
10 de julio de
2000.-
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"Uoh
bamba, uoh bamba, uoh bamba, ouh bamba, eeóóó...", tronó en el estadio,
y el estadio tembló. "Dentro tuyo están las llaves, solas esperan tus
manos; tanto buscar para afuera y ahora te gana el desgano", cantó Andrés
Ciro y con él, los cinco mil piojosos de abajo, del costado, de allá arriba.
De la letra completa solo se acuerdan ellos; los otros, los que se acercaron por
la moda, hace cuatro años, la olvidaron, y por ahí sólo reconocen el
estribillo. Así arrancó el tramo final del concierto de Los Piojos en Obras.
Con la algarabía de las grandes fiestas populares. El reencuentro dejó un buen
saldo para tener en cuenta: que el extremo cuidado que tuvieron Los Piojos,
cuando se encontraron con que se habían puesto de moda, está rindiendo
excelentes frutos. Porque la conexión con su público de siempre continúa
intacta. Y que ellos, por un lado, siguen sin cambiar en esencia, y por el otro,
siguen ocupados en crecer, digna vocación que pueden tener los buenos artistas.
Los Piojos reaparecieron este fin de semana en Obras, después de siete meses de
silencio, y seguirán en el próximo (serán seis funciones a tope). Como en
este ciclo no hay disco para presentar -el nuevo saldrá a la luz recién en la
primavera-, el único pretexto visible sería el estreno del nuevo baterista,
Sebastián Cordero, quien ha pasado a ocupar el lugar del histórico Dany Buira.
Pero el pretexto podría ser solo eso. Lo importante es que la banda luce a
pleno: enérgica, compacta, con un buen tempo -Cordero entiende dónde está- y
con todas las luces. Y Los Piojosos de la popular y las plateas están como
siempre, astando sus gargantas como en la cancha, transpirando en ese horno que
es Obras cuando hay calor popular aunque sea invierno, agitando las banderas,
celebrando que siga habiendo en quiénes confiar.
Los
escasos estrenos que incluye el repertorio permiten alentar buenas expectativas
por el próximo disco. María y José es una sugestiva y emotiva
actualización del nacimiento de Jesús. aquello sucedió hace dos mil años y
lejos de Buenos Aires, pero que sigue pasando hoy y aquí, a pesar de los
pesares, según da a entender la canción que tiene destino de clásico piojoso.
Reggae Rojo & Negro, dedicado al pueblo cubano, y Luz de marfil son
los otros dos adelantos. Una novedad más fue el nuevo intermezzo percusivo, que
incluyó, con formación de parches murgueros, un sencillo encadenamiento de
bagualas y vidalas del norte argentino, con Vidala de la copla como
final. Otra vez Los Piojos bebiendo de la raíz. Cuando el público se aprenda
las coplas -no tardará en suceder- y se produzca el canto masivo, habrá que
invitar al show a Leda Valladares, para que vea, una vez más, que su obra de
toda la vida ha tenido sentido.