LOS CAZAFANTASMAS
10 de septiembre
de 2001.-
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Los Piojos en Olavarría, la ciudad que le dijo
no a los Redondos
Los Piojos se
presentaron en Olavarría, la ciudad en la que hace cuatro años fueron
prohibidos los Redonditos de Ricota, y derrotaron al fantasma del no se puede
aquí. Llenaron el estadio y fue una fiesta.
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Sucedió
en el estadio de Estudiantes de Olavarría, el multicampeón del básquet
argentino de las dos últimas temporadas, y ésa fue la novedad. Porque el
concierto que ofrecieron Los
Piojos
el sábado en esta ciudad del centro bonaerense conocida como La Capital del
Cemento -aquí están las imponentes fábricas del imperio Fortabat- bien podría
haber sido en Obras. O en cualquier otro estadio acostumbrado a recibir la
fiesta piojosa. Así de caliente fue el concierto. (Y así lucen las
grandes bandas. De local o de visitante, siempre con espíritu ganador).
Con el
pretexto de presentar formalmente Verde
paisaje del infierno,
su última obra, Los Piojos comandaron una fiesta de casi dos horas ante casi
cuatro mil personas, locales y visitantes de ciudades vecinas, que hicieron lo
suyo como si fueran habitúes de sus conciertos: encendieron bengalas, alzaron
los brazos en sincronía en Ay,
ay, ay,
transpiraron y corearon todos los temas, y confirmaron una vez más, por si
hiciera falta a esta altura, que el grupo es -a excepción de Los Redondos, que
están más allá de todo- el más popular de la escena rockera argentina en
todo el sentido del término. Lo cual debe entenderse como mucho, porque, por
ejemplo, quienes venden muchos discos no siempre llegan a ser verdaderamente
populares.
Y Los
Piojos el sábado también fueron cazafantasmas. Con la misma eficacia que tenía
Andrés Ciro Martínez para combatir cucarachas en los primeros tiempos del
grupo -así se ganaba la vida el cantante cuando vivir del rock era un sueño
parecido a una utopía-, Los Piojos atraparon al fantasma del aquí no se
puede que sobrevolaba esta ciudad desde hace cuatro años, cuando el todopoderoso
intendente local prohibió porque sí nomás un concierto de Los
Redonditos
y dejó con las ganas a miles y miles de ricotecos que habían llegado desde
distintas lugares del país. Ese fue el desafío extra para todos los
participantes de la fiesta del sábado. Para los músicos y para el público. Y
el desafío se ganó. Por goleada. Un trapo de los tantos que fueron colgados de
las tribunas del estadio, sintetizaba el fondo de la cuestión. Firmado por unos
seguidores de Los Piojos y los Redondos, decía: "La intolerancia es el
fruto de la ignorancia". Esa es la clave. Los olavarrienses que en su
momento se alegraron por la mano firme de su máxima autoridad municipal ante
los Redondos sin saber bien por qué, ahora deberán aceptar, les guste o no,
que el rock no es una peste. Y si alguna duda les queda, que les pregunten a los
pibes que fueron a la fiesta de Los Piojos.