Contra la especulación financiera, la aplicación de la Tasa Tobin
La aplicación de un impuesto del 1 por mil a las operaciones financieras especulativas crearía un fondo de entre 15.000 y 250.000 millones de dólares diarios, que se podrían utilizar para estimular la producción y reactivar la economía en los países donde se encuentra estancada.
Las recientes movilizaciones
sociales antiglobalización que se han venido desarrollando estos últimos años
en medio mundo (Seattle, Praga, Niza) ha puesto sobre la mesa un concepto que
aunque es un gran desconocido de la opinión pública en general, ha conseguido
movilizar a los principales partidos de izquierda, y centro-izquierda en diversos
países: la Tasa Tobin.
A principios de la década de los 70, James Tobin, economista norteamericano
y premio Nobel de economía en 1981 puso sobre la mesa la necesidad de regular
el mercado financiero internacional y sobretodo las transacciones especulativas
en los mercados de divisas y que en la década de los noventa provocaron por
ejemplo fuertes crisis internacionales y nacionales en regiones como el Sudeste
Asiático (1997), Japón, Brasil o México. Su idea consistía en crear una tasa
que regulase estas transacciones con la obtención de unos fondos para mitigar
su impacto social a nivel mundial.
En 1972 nació lo que se llamó la Tasa Tobin, un impuesto que pretendía
aplicar un 1 por 1.000 sobre las transacciones financieras especulativas, concretamente
las realizadas en los mercados internacionales de divisas.
Los beneficios de la Tasa Tobin son cuantiosos ya que por una parte se
limitaría el volumen y el nivel especulativo de dichos mercados cambiarios y
con ello la posibilidad que un país se vea abocado a un crisis financiera por
culpa de dichos movimientos especulativos, es decir, salvaguardar a la población
de intereses internacionales, de otros países, o simplemente personales (por
ejemplo, George Soros). Asimismo la aplicación de esta tasa generaría a nivel
mundial un importante nivel de recursos financieros que se podrían destinar
a importantes fines sociales -fundamentalmente en los países del mal llamado
Tercer Mundo-, a paliar los efectos de catástrofes naturales que anualmente
impiden el crecimiento económico de muchos países, o a la reducción drástica
de la deuda externa de países de América Latina, África y Asia. La gestión de
estos fondos aún está por determinar, pero está claro que tendría que correr
a cargo de un organismo independiente y sobretodo internacional.
Es tal el volumen de dinero que se genera en los mercados de divisas que se
calcula que diariamente las operaciones en los mercados de divisas superan los
1,8 billones de dólares, con lo que aplicándosele la Tasa Tobin se
conseguiría entre 150.000 y 250.000 millones de dólares.
Organizaciones internacionales como ATTAC han conseguido sacar a la luz de nuevo
esta idea, poniéndola de nuevo a la vista de la opinión pública. ATTAC (Asociación
para la Tasación de las Transacciones financieras para la Ayuda al Ciudadano)
creada a iniciativa del Director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet,
es a día de hoy una potente organización internacional que pretende establecer
mecanismos democráticos de regulación y control de los mercados y del sistema
financiero internacional, cuyos objetivos, entre otros, se encuentra la aplicación
de la Tasa Tobin.
La política económica impulsada tanto desde el FMI y el Banco Mundial, y por
tanto -seamos realistas- desde los propios Estados Unidos estas últimas dos
décadas, han creado más bolsas de pobreza en todo el mundo -incluidos los propios
países ricos-, y aumentando considerablemente la distancia entre ricos y pobres.
Los nuevos retos de este siglo son marcados principalmente por un rechazo cada
vez mayor de la globalización económica. El FMI no ha logrado ni impedir la
crisis de la deuda del Tercer Mundo durante los años 80, ni las repetidas crisis
de la mundialización de los 90. Y lo que es peor aún, sus programas económicos
impuestos a determinados países para "sacarlos" de la crisis financiera donde
habían caído han fallado estrepitosamente tras dejar un coste social en la población
civil difícil de superar.
Tras los descalabros financieros internacionales de la década de los noventa
se recuperó la Tasa Tobin con la finalidad de regular por fin los mercados
financieros internacionales y así evitar o mitigar sus negativas consecuencias.
Diversos países del primer mundo debatieron, y debaten actualmente, su utilización,
y aunque hay avances, todavía hay bastante oposición frontal por parte de grupos
empresariales y económicos nacionales e internacionales en querer aplicarla.
Las cámaras de Estados Unidos, Brasil, Canadá y el Parlamento Europeo, entre
otros ya han debatido la Tasa Tobin, y por ahora han sido principalmente
los partidos conservadores lo que se oponen frontalmente a su aplicación por
considerarla inviable. A este respecto ya se han alzado las voces de personalidades
de renombre en el mundo de la finanzas que han avalado la aplicación de la Tasa
Tobin, ya que la mayor parte de los movimientos especulativos se realizan
en suelo de países del mal llamado Primer Mundo, con lo que sería factible su
aplicación.
Segio Maydeu Olivares