CHARLES BUKOWSKI versus HANK CHINASKY :Fragmento de PULP Simplemente me quedé allí sentado esperando.
Unos diez minutos después sentí Me
levanté y fui hacia el cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel
espejo charles bukowski
un hormigueo por todo el cuerpo. Fui capaz de mover la mano un
poquito.
Luego, otro poquito. Me llevé el vodka a los labios, conseguí
inclinar la
cabeza y me lo bebí todo. Puse el vaso en el suelo, me estiré
en la cama y
esperé de nuevo a que me entrara el sueño. Oí un disparo en la
calle y
comprendí que en el mundo todo iba bien. A los cinco minutos
estaba dormido.
Como todos los demás.
22
Me desperté
deprimido. Miré el techo, las grietas del techo. Vi en ellas un
búfalo que se lanzaba sobre algo. Pensé que era sobre mí.
Luego vi una
serpiente con un conejo en la boca. El sol entraba a través de
las rajas de
las persianas y formaba una esvástica en mi vientre. El agujero
del culo me
escocía. ¿Sería que tenía otra vez hemorroides? Tenía el
cuello rígido y la
boca me sabía a leche agria.
pero lo hice. Vi depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo
de los
ojos. Ojillos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un
jodido gato.
Tenía la carne floja. Parecía como si le disgustara ser parte
de mí. Las
cejas retorcidas para abajo parecían enloquecidas, unos pelos de
cejas
enloquecidas. Horrible. Tenía un aspecto asqueroso. Y ni
siquiera tenía
ganas de mover el vientre. Estaba atrancado. Me dirigí al
retrete a mear.
Apunté bien pero no sé por qué salió de lado y se estrelló
en el suelo.
Intenté apuntar mejor y meé toda la tapa del retrete que me
había olvidado
de levantar. Arranqué un buen pedazo de papel higiénico y lo
limpié. Limpié
el asiento. Eché el papel dentro de la taza y tiré de la
cadena. Fui a la
ventana, miré hacia afuera y vi una cagada de gato en el tejado
de la casa
de al lado. Luego me di la vuelta, busqué el cepillo de dientes,
apreté el
tubo. Salió demasiado. Rebasó el cepillo y cayó al lavabo. Era
verde. Era
como un gusano verde. Metí un dedo, cogí un poco, lo puse en el
cepillo y
empecé a cepillarme. ¡Dientes! ¡Vaya una maldita cosa! Tenemos
que comer y
comer y volver a comer. Somos asquerosos, condenados a nuestros
pequeños y
sucios hábitos. Comer y tirarse pedos y rascarse y
sonreír y marcharse de
vacaciones.
Terminé de cepillarme
los dientes y me volví a la cama. No me quedaba
ninguna energía, ningún ánimo. No era más que una chincheta.
Un pedazo de
linóleo.
Decicí quedarme en la
cama hasta mediodía. Quizá para entonces la mitad del
mundo se habría muerto y sería sólo la mitad de duro de
sobrellevar. Quizá
si me levantase a mediodía tendría mejor aspecto, me
encontraría mejor. Una
vez conocí a un tipo que no defecaba desde hacía días. Al
final simplemente
explotó. De verdad. La mierda le salió volando de la barriga.
Luego sonó el
teléfono. Lo dejé sonar. Nunca contesto al teléfono por la
mañana. Sonó 5 veces y luego paró. Ya. Estaba a solas conmigo.
Y como era
asqueroso, era mejor que estar con otra persona, con cualquier
persona de
las que andan por ahí con sus penosas triquiñuelas y juegos de
manos. Me
subí las mantas hasta el cuello y esperé.
Lo que hay que saber Van Gogh se cortó una oreja
y se la dio a una puta
que la tiró
extremadamente disgustada.
Van, las putas no quieren orejas
quieren dinero
supongo que ésa es la razón
por la que fuiste un pintor
tan grande:
no entendías
muchas cosas
más.