La intención de la neolengua no era solamente proveer un medio de
expresión a la cosmovisión y hábitos mentales propios de
los devotos del Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de
pensamiento. Lo que se pretendía era que una vez la neolengua fuera
adoptada de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento
herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del
Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el
pensamiento depende de las palabras. Su vocabulario estaba construido de tal
modo que diera la expresión exacta y a menudo de un modo muy sutil a
cada significado que un miembro del Partido quisiera expresar, excluyendo todos
los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar a otros
sentidos por métodos indirectos. Esto se conseguía inventando
nuevas palabras y desvistiendo a las palabras restantes de cualquier
significado heterodoxo, y a ser posible de cualquier significado secundario.
Por ejemplo: la palabra libre aún existía en neolengua,
pero sólo se podía utilizar enafirmaciones como «este perro
está libre de piojos», o «este prado está libre de
malas hierbas». No se podía usar en su viejo sentido de
«políticamente libre» o «intelectualmente libre», ya
que la libertad política e intelectual ya no existían como
conceptos y por lo tanto necesariamente no tenían nombre. Aparte de la
supresión de palabras definitivamente heréticas, la
reducción. del vocabulario por sí sola se consideraba como un
objetivo deseable, y no sobrevivía ninguna palabra de la que se pudiera
prescindir. La finalidad de la neolengua no era aumentar, sino disminuir el
área del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo
el número de palabras al mínimo indispensable.
La neolengua se basaba en la lengua inglesa tal como ahora la conocemos, aunque
muchas frases de neolengua, incluso sin contener nuevas palabras, serían
apenas inteligibles para el que hablara el inglés actual. Las palabras
de neolengua se dividían en tres clases distintas, conocidas por los
nombres de vocabulario A, vocabulario B (también llamado de palabras
compuestas) y vocabulario C. Lo más simple sería discutir cada
clase separadamente, pero las peculiaridades gramaticales de la lengua pueden
ser tratadas en la sección dedicada al vocabulario A, ya que las mismas
reglas se aplicaban a las tres categorías.
El vocabulario A. El vocabulario A consistía en las palabras de
uso cotidiano: cosas como comer, beber, trabajar, vestirse, subir y bajar
escaleras, conducir vehículos, cuidar el jardín, cocinar y cosas
por el estilo. Se componía prácticamente de palabras que ya
poseemos -palabras como golpear, correr, perro, árbol, azúcar,
casa, campo--; pero en comparación con el vocabulario inglés de
hoy en día, su número era extremadamente pequeño, al mismo
tiempo que sus significados eran más rigurosamente restringidos. Todas
las ambigüedades y distintas variaciones de significado habían sido
purgadas. En tanto que fuera posible, una palabra de neolengua de este tipo
quedaba reducida simplemente a un sonido preciso que expresaba un concepto
claramente entendido. Hubiera sido totalmente inconcebible utilizar el
vocabulario A para propósitos literarios o para discusiones
políticas o filosóficas. Su intención era la de expresar
pensamientos simples y objetivos, casi siempre relacionados con objetos
concretos o acciones físicas.
La gramática de la neolengua tenía dos grandes peculiaridades.
La primera era una intercambiabihdad casi total entre las distintas partes de
la oración. Cualquier palabra de la lengua (en principio esto era
aplicable incluso a palabras abstractas como si o cuando) se
podía usar como verbo, nombre, adjetivo o adverbio. Entre la forma del
verbo y la del nombre, cuando eran de la misma raíz, no había
nunca ninguna variación y así esta regla por sí misma
suponía la destrucción de muchas de las formas arcaicas. La
palabra pensamiento, por ejemplo, no existía en neolengua. En su
lugar existía pensar, que hacía la función de verbo
y de nombre. Aquí no se seguía ningún principio
etimológico. En otros casos se conservaba el sustantivo original y en
otros casos el verbo. Incluso cuando un nombre y un verbo de significado
parecido no tenían una relación etimológica, con
frecuencia se suprimía el uno o el otro. No existía, por
ejemplo, una palabra como cortar, ya que su significado quedaba lo
suficientemente cubierto por el nombre-verbo cuchillo. Los adjetivos se
formaban añadiendo el sufijo lleno al nombre-verbo, y los
adverbios añadiendo demodo. Así, por ejemplo, rapidolleno
quería decir rapidez, y rapidodemodo significaba rápidamente. Se
conservaron algunos adjetivos de hoy en día como bueno, fuerte, grande,
negro, blando, pero en un número muy reducido. Por otra parte, su
necesidad era mínima, ya que se llegaba a cualquier significado
adjetival añadiendo lleno a un sustantivo-verbo. No se
conservaron ninguno de los adverbios hoy existentes exceptuando algunos que
acababan en demodo; la terminación demodo era invariable. La
palabra bien, por ejemplo, se sustituyó por buenmodo.
Además, a cualquier palabra -y esto, como principio, se aplicaba a
todas las palabras del idioma-, se le daba sentido de negación
añadiendo el prefijo in o se le daba fuerza con el. sufijo
plus, o para aumentar el énfasis, dobleplus. Así
por ejemplo, infrio, significaba «caliente», mientras que
plusfrio y doblepulsfrio significaban respectivamente «muy
frío» y «extraordinariamente frío».
También era posible, como en el inglés de hoy en día,
modificar el significado de casi todas las palabras con preposiciones afijas
como, ante, post, sobre, sub, etc. A base de este método fue
posible disminuir enormemente el vocabulario. Poniendo por caso la palabra
bueno, ya no habría necesidad de la palabra malo ya que el
significado requerido se expresaba tan bien o incluso mejor por inbueno.
Lo único necesario, en el caso de que dos palabras formaran una
pareja de significación opuesta, era decidir cuál suprimir.
Oscuridad, por ejemplo, podia ser reemplazada por inluz o luz por
inoscuro, según lo que se prefiera. La segunda
característica de la gramática de la neolengua era su
regularidad. Aparte de algunas excepciones abajo mencionadas, todas las
inflexiones seguían las mismas reglas. Así, en todos los verbos
el pretérito y el participio pasado eran el mismo y terminaban en ed
(En Inglés. En español acabarían con la misma letra o
segurían como los verbos regulares, ejemplo: robé, hace,
pensé, comer, comí. Los ejemplos ingleses robar, pensar en
español ya son verbos y no justifican el ejemplo). El
pretérito de pensar, pensé, de robar, robé, y así
en toda la lengua; todas las otras formas: mandó, dio, habló,
trajo, cogido, etc. fueron abolidas. Los plurales de hombre, buey, vida eran
hombres, bueys, vidas.
La única clase de palabras a las que todavía se les
permitía inflexiones irregulares eran los pronombres, los relativos, los
adjetivos demostrativos y los verbos auxiliares. Todos estos seguían su
uso antiguo excepto que «quien» había sido suprimido por
innecesario y los tiempos condicionales de deber, debería, habían
caído en desuso ya que habían sido cubiertos por
«haría, habría hecho». Había también
ciertas irregularidades en la formación de palabras creadas por la
necesidad del habla fácil y rápida.
Una palabra que fuese difícil de pronunciar o que podía
entenderse incorrectamente, se estimaba ipso
facto una mala palabra; así que ocasionalmente, por la
eufonía, se insertaban letras en una palabra o se conservaba una forma
arcaica. Pero esta necesidad tenía más relación sobre
todo con el vocabulario B. La razón de la importancia concedida a la
facilidad de la pronunciación, se aclarará más tarde en
este ensayo.
El vocabuiario B: El vocabulario B consistía en palabras que
habían sido construidas deliberadamente con propósitos
políticos. Es decir, palabras que no solamente tenían en todos
los casos implicaciones políticas sino que además poseían
la intención de imponer una deseable actitud mental en la persona que
las utilizaba. Sin una compresión total de los principios del Ingsoc era
difícil usar estas palabras correctamente. En algunos casos se
podían traducir a la vieja lengua o incluso a palabras tomadas del
vocabulario A, pero ello exigía una larga parrafada y siempre se
perdían ciertos énfasis. Las palabras del vocabulario B eran una
especie de taquigrafía verbal que a menudo englobaban toda una serie de
ideas expresadas en unas pocas sílabas y a la vez con un sentido
más exacto y más fuerte que en el lenguaje ordinario. Las
palabras B eran en todos los casos palabras compuestas. (Palabras compuestas
corno «hablarsubir» también se encontraban, claro está,
en el vocabulario A, pero no eran más que abreviaciones de conveniencia
y no tenían ideología de ningún color en especial).
Consistían en dos o más palabras juntadas de un modo
fácilmente pronunciable. El resultado era siempre un verbo-nombre y se
utilizaba según las reglas normales. Pongamos un único ejemplo:
la palabra bienpensar, que significa de un modo general
«ortodoxia», o si uno quiere tomarla como verbo, «pensar de un
modo ortodoxo». Su declinación era la siguiente: nombre-verbo,
bienpensar; pretérito y participio pasado, bienpensado;
participio presente, bienpensante; adjetivo, bienpensadolleno;
adverbio, bienpensadamente; nombre verbal, bienpensado.
Las palabras B no se construían de acuerdo con ningún plan
etimológico. Las palabras podían ser de cualquier parte de la
lengua, se podían poner en un orden cualquiera y ser mutiladas de modo
que las hiciera de fácil pronunciación a la vez que indicaban su
derivación. En la palabra crimenpensar (pensamientocrimen), por
ejemplo, el pensar iba detrás mientras que en pensarpol
(Policía del Pensamiento) iba primero y en la última palabra,
policía había perdido las tres sílabas finales. Dada la
dificultad de asegurar la eufonía, las formaciones irregulares eran
más comunes en el vocabulario B que en el vocabulario A. Por ejemplo,
las formas adjetivadas de Miniver, Minipax y Minimor eran,
respectivamente, Miniverlleno, Minipaxlleno y Minimorlleno, simplemente
porque verdadlleno, pazlleno y amorlleno eran algo dfficiles de
pronunciar. En principio, de todos modos, todas las palabras B se modulaban
del mismo modo.
Algunas de las palabras B tenían significados muy sutiles, apenas
inteligibles para quien no dominara la lengua en su totalidad. Consideremos,
por eiempio, una frase típica del editorial del Times como
ésta: «Viejos pensadores incorazonsentir Ingsoc». El modo
más sencillo de entender esto en la Viejalengua sería: «Como
que se formaron con las ideas de antes de la Revolución, no pueden tener
una comprensión emocional de los principios del socialismo
Inglés». Pero ésta no es una traducción adecuada.
En primer lugar, para lograr captar el significado de la frase arriba
mencionada, habría que tener una idea clara de lo que se entiende por
Ingsoc. Y además, sólo una persona totalmente educada en el
Ingsoc podía apreciar toda la fuerza de la palabra corazonsentir, que
implicaba una ciega y entusiasta aceptación difícil de imaginar
hoy; de la palabra viejopensar, que estaba inextricablemente mezclada
con la idea de maldad y decadencia. Pero la función especial de ciertas
palabras de neolengua, de las que viejopensar era una, no era tanto
expresar su significado como destruirlos. Estas palabras, pocas en
número, por supuesto, habían extendido su significado hasta el
punto de contener, dentro de ellas mismas, toda una serie de palabras que como
quedaban englobadas por un solo término comprensivo, ahora podían
ser relegadas y olvidadas. La mayor dificultad con la que se encontraban los
compiladores del Diccionario de Neolengua no era inventar nuevas palabras, sino
la de precisar, una vez inventadas aquéllas, cuál era su
significado. Es decir, precisar qué series de palabras quedaban
invalidadas con su existencia. Tal como ya hemos visto con la palabra
libre, las palabras que en su día hubieran tenido un significado
herético, a veces se conservaban por conveniencia pero limpias de los
significados indeseables. Innombrables palabras como honor, justicia,
moralidad, internacionalismo, democracia, ciencia y religión simplemente
habían dejado de existir. Unas cuantas palabras hacían de
tapadera y, al encubrirlas, las abolían. Todas las palabras agrupadas
bajo los conceptos de libertad e igualdad, por ejemplo, se contenían en
una sola, bienpensar, mientras que todas las palabras reunidas bajo los
conceptos de objetividad y racionalismo quedaban comprendidas en la
única palabra viejopensar. Mayor precisión hubiera sido
peligrosa. Lo que se requería de un miembro del Partido era un punto de
vista similar al de los antiguos hebreos que sabían, sin saber mucho
más, que todas las naciones aparte de la suya adoraban a «dioses
falsos». No necesitaban saber que estos dioses se llamaban Baal, Osiris,
Moloch, Ashtaroth, etc. Probablemente cuanto menos supiesen sobre ellos, mejor
para su ortodoxia. Conocían a Jehová y sus mandamientos;
sabían, por lo tanto, que todos los dioses con otros nombres y atributos
eran dioses falsos. De manera parecida, el miembro del Partido sabía lo
que constituía la correcta norma de conducta, y de un modo
increíblemente vago y general lo que podía apartarle de ella. Su
vida sexual, por ejemplo, estaba totalmente regulada por las dos palabras de
neolengua sexocrimen (inmoralidad sexual) y buensexo (castidad).
El sexocrimen cubría infracciones de todo tipo:
fornicación, adulterio, homosexualidad y otras perversiones y,
además, el coito normal practicado por placer. No había
necesidad de nombrarlos separadamente, ya que todos eran igualmente culpables y
merecían la muerte. En el vocabulario C, que consistía en
palabras técnicas y científicas, existía la necesidad de
dar nombres especializados a ciertas aberraciones sexuales, pero el ciudadano
normal no las necesitaba. Éste sabía lo que se quería
decir buensexo, es decir, el coito normal entre marido y mujer con el
solo propósito de engendrar hijos y sin placer físico por parte
de la mujer; todo lo demás era sexocrimen. En neolengua era casi
imposible seguir un pensamiento herético más allá de la
percepción de su carácter herético; a partir de este punto
faltaban las palabras necesarias. Ninguna palabra en el vocabulario B era
ideológicamente neutral. Muchas eran eufemismos. Palabras como, por
ejemplo, gozocampo (campo de trabajos forzados) o Minipax
(Ministerio de la Paz, es decir, Ministerio de la Guerra) significaban
exactamente lo opuesto de lo que parecían indicar. Algunas palabras,
por otro lado, traducían una franca y despreciativa comprensión
por la naturaleza real de la sociedad de Oceanía. Por ejemplo,
prolealimento significaba la porquería de entretenimiento y
falsas noticias que el Partido daba a las masas. Otras palabras además
eran ambivalentes, teniendo la connotación de «bueno» cuando
eran aplicadas al Partido y de «malo» cuando eran aplicadas al
enemigo. Pero además había gran cantidad de palabras que a
primera vista parecían meras abreviaciones y que extraían su
color ideológico no de su significado sino de su estructura. Hasta
donde fuera posible todo lo que pudiera tener un significado político de
cualquier tipo entraba en el vocabulario B. Los nombres de organizaciones,
grupos de personas, doctrinas, países o instituciones o edificios
públicos, habían quedado recortados de forma muy sencilla, es
decir, una sola palabra fácilmente pronunciable con el menor
número de sílabas y que conservaba la derivación original.
En el Ministerio de la Verdad, por ejemplo, el Departamento de Registro donde
trabajaba Winston Smith se llamaba Regdep, el Departamento de
Ficción se llamaba Ficdep, el Departamento de Teleprogramas se
llamaba Teledep, etc. La finalidad no era sólo ganar tiempo.
Incluso en las primeras décadas del siglo veinte, las palabras y frases
abreviadas habían sido uno de los rasgos característicos del
lenguaje político y era notorio que la tendencia a usar abreviaturas de
este tipo era más marcada en países y organizaciones
totalitarias. Ejemplos de ello son palabras tales como Nazi, Gestapo,
Comintern, Imprecorr y Agitrop. Al principio esta práctica
se había adoptado instintivamente, pero en neolengua se utilizaba con un
propósito consciente. Habían observado que abreviando un nombre
se estrechaba y alteraba sutilmente su significado, perdiendo la mayoría
de asociaciones de ideas que de otra manera habría mantenido. Las
palabras Internacional Comunista, por ejemplo, evocan la imagen
polifacético de solidaridad humana, banderas rojas, barricadas, Karl
Marx y la Comuna de París. La palabra Comintern, por otro lado,
sólo sugiere una organización tupida y cerrada, con una doctrina
concreta. Se refiere a algo tan fácilmente reconocible y limitado en su
propósito como una silla o una mesa. Comintern es una palabra que
se puede pronunciar casi sin pensar, mientras que Internacional Comunista,
es una frase en la que uno tiene que detenerse por lo menos unos momentos.
Del mismo modo. las asociaciones ideológicas que la palabra
Miniver evoca son menores y más controlables que las sugeridas
por Ministerio de la Verdad. Ésta era la razón del
hábito de abreviar siempre que fuera posible, así como
también el casi exagerado cuidado que dedicaban a facilitar la
pronunciación de las palabras. En neolengua, la obsesión de la
euforia pesaba más que cualquier otra consideración, salvo la
exactitud del significado. Si era necesario, siempre se sacrificaba la
regularidad de la gramática en aras de la euforia. Y con razón,
ya que lo que se requería, sobre todo por razones políticas, eran
palabras cortas y de significado inequívoco que pudieran pronunciarse
rápidamente y que despertaran el mínimo de sugerencias en la
mente del parlante. Las palabras del vocabulario B incluso ganaban en fuerza
por el hecho de ser tan parecidas. Casi invariablemente estas palabras
bienpensar, Minipax, prolealimento sexocrimem, gozocampo,Ingsoc,
corazonsentir, pensarpol y muchas otras eran palabras de dos o tres
sílabas con el acento tónico igualmente distribuido entre la
primera sílaba y la última. Su uso fomentaba una especie de
conversación similar a un cotorreo, a la vez roto y monótono; era
esto precisamente lo que pretendían. La intención era formar un
lenguaje, sobre todo el que versaba sobre materias no neutrales
ideológicamente, tan independiente como fuera posible de la conciencia.
En asuntos, de la vida cotidiana, sin duda era necesario, o algunas veces
necesario, reflexionar antes de hablar, pero un miembro del Partido, llamado a
emitir un juicio político o ético, debía ser capaz de
disparar las opiniones correctas tan automáticamente corno una
ametralladora las balas. Su entrenamiento lo preparaba para ello, el lenguaje
le daba un instrumento casi infalible y la textura de las palabras, con su
sonido duro y una especie de fealdad salvaje de acuerdo con el espiritu del
Ingsoc, acababan de completar el proceso. Además contribuía el
hecho de tener pocas palabras donde escoger. En relación con el
nuestro, el vocabulario de la neolengua era mínimo, y continuamente
inventaban nuevos modos de reducirlo. Desde luego, la neolengua difería
de la mayoría de otros lenguajes en que su vocabulario se
empequeñecía en vez de agrandarse. Cada reducción era una
ganancia, ya que cuanto menor era el área para escoger, más
pequeña era la tentación de pensar. En definitiva, se esperaba
construir un lenguaje articulado que surgiera de la laringe sin involucrar en
absoluto a los centros del cerebro. Este objetivo se explicita francamente en
la palabra de neolengua hablapato, que significa «cuacuar como un
pato»; como otras palabras de neolengua, hablapato era de
significado ambivalente. Si las opiniones cuacuadas eran ortodoxas,
sólo implicaban alabanza y cuando el Times se refería a
uno de los oradores del Partido como a un dobleplusbueno cuacuador
estaba emitiendo un caluroso y valioso cumplido.
El vocabulario C. El vocabulario C era complementario de los otros dos y
contenía totalmente términos científicos y
técnicos. Éstos se parecían a los términos
científicos en uso hoy en día y procedían de las mismas
raíces, pero se tomó el cuidado habitual para definirlos
rápidamente, y despojarlos de los significados indeseables. Se
atenían a las mismas reglas gramaticales que las palabras de los otros
dos vocabularios. Muy pocas palabras C tenían uso en las conversaciones
cotidianas o en el lenguaje político. Cualquier científico o
técnico podía encontrar todas las palabras necesarias en la lista
dedicada a su especialidad, pero sólo tenía una mínima
idea de las palabras de las otras listas. Solamente unas cuantas palabras eran
comunes a todas las listas y no existía un vocabulario que expresase la
función de la ciencia como actitud mental o como método
intelectual independiente de sus rarnas particulares. No había, de
hecho, palabra para designar la «Ciencia», quedando cualquier
significado que pudiera tener suficientemente cubierto por la palabra
Ingsoc.
Por lo que se ha explicado, podrá verse que en neolengua la
expresión de opiniones heterodoxas de bajo nivel era casi imposible.
Era factible, claro está, emitir herejías de un tono muy crudo y
elemental, como una especie de blasfemia. Hubiera sido posible, por ejemplo,
decir el «Gran Hermano inbueno». Pero esta aseveración, que a
un oído, ortodoxo le sonaba como una manifiesta absurdidad, no
podría haber sido sostenida con argumentos racionales, ya que faltaban
las palabras necesarias. Sólo podían sostenerse ideas contrarias
al Ingsoc de una manera vaga y sin palabras, y formularlas en unos
términos muy genéricos que mezclaban y condenaban todo tipo de
herejías, sin definirlas particularmente. De hecho, sólo
podía utilizarse la neolengua para fines heterodoxos traduciendo de un
modo ilegítimo algunas de las palabras a la Viejalengua. Por ejemplo,
«Todos los hombres son iguales» era una afirmación posible en
neolengua, pero en el mismo sentido en que «Todos los hombres tienen el
pelo rojo» pudiera serlo en Viejalengua. No contiene ningún error
gramatical, pero expresa una no-verdad palpable como que todos los hombres son
de la misma estatura, peso o fuerza. El concepto de igualdad política
ya no existía y por lo tanto esta significación secundaria
había sido limpiada de la palabra igual. En 1984, cuando
Viejalengua era todavía el medio normal de comunicación,
teóricamente existía el peligro de que al usar palabras de
neolengua uno recordara sus significados originales. En la práctica no
era dificil, para alguien bien versado en el doblepensar, evitar que
esto ocurriera, pero dentro de dos generaciones se evitaría incluso la
posibilidad de este peligro. Una persona creciendo con neolengua como
único lenguaje, no sabría nunca que había tenido antes la
acepción de «igualdad política», o que
«libre» había significado anteriormente «intelectualmente
libre», del mismo modo que, por ejemplo, una persona que no hubiera
oído hablar nunca de ajedrez, podría saber los segundos
significados aplicables a la reina y a la torre. Por lo tanto, quedaría
descartada la posibilidad de cometer muchos crímenes y errores
simplemente porque no tenían nombre y, en consecuencia, son
inimaginables. Y era de esperar que con el paso del tiempo las
características que distinguían a la neolengua, se
volverían más y más acusadas: sus palabras irían
disminuyendo, sus significados cada vez más restringidos y más
remoto el peligro de utilizarlos impropiamente. Al desaparecer la Viejalengua
se habría roto el último lazo con el pasado. La historia ya se
había reescrito, pero algunos fragmentos de la vieja literatura
sobrevivían aquí y allá, imperfectamente censurados, y
mientras persistiera el conocimiento de la Viejalengua era posible leerlos. En
el futuro tales fragmentos, incluso si sobrevivieran, serían
inteligibles e intraducibles. Era imposible traducir un pasaje de Viejalengua
a Neolengua, salvo que se refiriera a algún proceso técnico, a
hechos de la vida cotidiana o bien fuese ya de tendencia ortodoxa
(bienpensante sería la expresión en neolengua). En la
práctica, esto suponía que ningún libro escrito antes de
1960 podía traducirse por completo. La literatura anterior a la
Revolución sólo podía estar sujeta a una traducción
ideológica, o sea, a una alteración tanto de las palabras como
del sentido. Tomemos por ejemplo el tan conocido pasaje de la
Declaración de la Independencia:
Entendemos que son verdades evidentes el que todos los hombres han sido creados
iguales, que han sido dotados por su Creador con ciertos derechos:
inalienables, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la
búsqueda de la felicidad. Y que, para asegurar estos derechos, se han
instituido entre los hombres los gobiernos, cuyo poder depende del
consentimiento de los Gobernados. Y que cuando cualquier forma de gobierno
perjudica estos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla e
instituir una nueva ...
Hubiera sido imposible traducir este párrafo a neolengua conservando el
sentido del original. La traducción más aproximada
consistiría en tragarse todo el pasaje como crimental. Una
traducción completa sólo podía ser ideológica, con
lo que las palabras de Jefferson se habrían convertido en un
panegírico sobre el gobierno absoluto.
Buena parte de la literatura del pasado ya se había transformado en
esto. Consideraciones de prestigio aconsejaban conservar el recuerdo de algunas
figuras históricas, poniendo al mismo tiempo algunas de sus grandes
acciones en relación con la filosofía del Ingsoc. Varios
escritores como Shakespeare, Milton, Swift, Byron, Dickens y otros estaban en
proceso de traducción. Una vez terminado este trabajo, sus escritos
originales, junto con el resto que hubiera sobrevivido de la literatura del
pasado, sería destruido. Estas traducciones eran un proceso lento y
difícil y no se esperaba que fueran tertninadas antes de la primera o
segunda década del siglo veintiuno. Había también gran
cantidad de literatura meramente utilitaria -manuales técnicos
indispensables y cosas por el estilo- que debían ser tratados del mismo
modo. Para dar tiempo a este trabajo preliminar, se fijó una fecha tan
lejana como el año 2050 para la adopción definitiva de la
neolengua.