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ANTROPOLOGIA
MEDIEVAL
SAN AGUSTIN - SANTO TOMAS
El pensamiento medieval se diferencia profundamente del modo de pensar griego
porque el filósofo medieval es un cristiano que razona a partir de su aceptación
de la fe cristiana. Las verdades de la fe son consideradas como principios
fundamentales que el filósofo tiene en cuenta en sus reflexiones. Esas verdades
son esencialmente dos: la creación de todas las cosas por Dios y la afirmación
de que el hombre es hijo de Dios. San Agustín y Santo Tomás las tendrán como
fondo de sus reflexiones. A partir de ellas organizan su filosofía.
La creación supone la posibilidad de que todo cuanto existe haya tenido
origen y no sea el resultado de la organización de un caos eterno, como
pensaban los griegos. La filiación divina otorga al hombre el lugar máximo
entre los seres ya que él es imagen de Dios. Su racionalidad y su libertad son,
por eso, particularmente valoradas.
Agustín de Hipona
San
Agustín (354-430) es el primer gran filósofo con los presupuestos cristianos
que acabamos de enunciar.
1. El hombre: cuerpo y alma
 | el hombre es un compuesto en el que se pueden distinguir el cuerpo
(materia) y el alma (espíritu). Se aparta así de la unión substancial
aristotélica y se aproxima más a la concepción dualista de Platón, sin
afirmarla claramente. El hombre puede definirse como un alma que se sirve de
un cuerpo. La acción que ella ejerce sobre él es lo que provoca la unión
de ambos. El cuerpo es la causa principal del mal y de las limitaciones del
hombre. Por él se produjo la «caída» en el pecado
 | el alma es activa y ejerce dos tipos de conocimiento: la ciencia o
razonamiento ordinario, por el que conocemos las cosas que afectan a los
sentidos; la sabiduría o razón superior por el que conocemos los
principios supremos de la razón (no contradicción, etc.) y las verdades
necesarias o verdades eternas (2+2 = 4, las esencias de las cosas, haz el
bien y evita el mal, etc.)
 | para conocer las verdades absolutas es necesario que Dios ilumine al alma.
La "iluminación" es la acción de Dios que da al alma la
capacidad natural de conocer las verdades eternas (absolutas). Dios depositó
esa capacidad en el alma en el momento de su creación
 | el origen del alma lo explicó S. Agustín de dos modos: en un principio
defendió el traducianismo, según el cual el alma es «transmitida» por
los padres a los hijos; más tarde defiende que Dios crea cada alma para
cada hombre (creacionismo). Él mismo admite la dificultad de explicar su
origen
 | en su obra "La ciudad de Dios" distingue dos tipos de sociedad o
pueblo: la «ciudad de Dios» que es la formada por los que anteponen el
amor de Dios a cualquier otro; la «ciudad terrenal» que es la formada por
los que anteponen el amor propio al amor de Dios. Ambas conviven juntas en
la tierra, pero Dios vela para que la historia vaya siendo encaminada a
realizarse como «ciudad celestial» (ese cuidado divino es el
"providencialismo"). El mayor de los bienes terrenos y sociales es
el de la paz que se define como «tranquilidad en el orden» |
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2. Dios y su realidad
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Dios debe existir porque el hombre "desea conocer la verdad" y
descubre que hay verdades eternas cuyo conocimiento sólo la realidad eterna
de Dios puede garantizar. Si Dios no existiese no habría garantía de un
conocimiento cierto porque todo sería contingente y cambiante. A su vez, el
hombre desea la felicidad y no la encuentra en nada de este mundo, ni en sí
mismo. Sólo la realidad de Dios puede colmar este deseo de felicidad. Es,
por tanto, en el interior del alma humana – en su deseo de verdad y de
felicidad – donde el hombre descubre que Dios existe (vía del
"interiorismo")
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todo fue creado por Dios siguiendo sus propias ideas que fueron el
ejemplo o prototipo que Él siguió para crear cada cosa (doctrina del
"ejemplarismo"). Cada ser es así una imagen de Dios. Estas «ideas
ejemplares» Dios las depositó en la materia en el origen del mundo y a
partir de ellas los seres se fueron generando en el tiempo: cada uno en su
momento, no por evolución. Las ideas de Dios son así razones seminales o
germinales a partir de las cuales la materia se fue configurando en la
multiplicidad de seres
Tomás de Aquino
Como en San Agustín, los presupuestos de la fe cristiana constituyen los
datos previos con los que razona Santo Tomás. Particularmente la afirmación de
Dios como creador y del hombre como hijo de Dios son convicciones básicas de su
filosofía.
Santo Tomás (1225-1274) parte de la certeza de que Dios existe, pero elabora
su filosofía para mostrar que su existencia y realidad es necesaria para poder
explicar el mundo, el hombre y todo cuanto experimentamos. Por eso, la Filosofía
y la Teología deben colaborar: la filosofía haciendo más comprensibles las
verdades de la fe y la teología iluminando las insuficiencias que la razón y
la filosofía no pueden solucionar.
1.Dios y el mundo (el Ser y los seres)
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lo que en primer lugar experimentamos es que el mundo y las cosas
existen, son algo. Pero algo que nace y perece, que puede o no existir: esto
quiere decir que los seres son contingentes. Pero si todo lo que existe
fuese contingente, eso supondría que no puede ser eterno, que no puede
existir desde siempre ya que parece lógicamente contradictorio un ser
contingente eterno. Por eso lo contingente exige lo necesario, una realidad
que necesariamente existe; que sea eterna. Lógicamente sólo un ser
necesario garantiza la existencia de lo contingente. En este razonamiento se
fundan las distintas vías que, desde puntos de vista distintos (movimiento,
causalidad, perfección, orden) conducen a la exigencia de que debe existir
un primer principio necesario, puesto que no es concebible una serie
infinita de seres contingentes
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Santo Tomás llama a esa realidad necesaria Ser; es «por sí mismo»
(eterno, infinito, inmutable). Por él todos los demás seres (entes, o más
simplemente cosas) son lo que son. Las cosas, los entes, participan del Ser,
pero no son el Ser: existen porque el Ser los hace posibles pero de modo
contingente: limitados en perfección, compuestos, cambiantes. Se distingue
en ellos una esencia (hombre, árbol, etc.) que se individualiza y
concretiza en cada ser existente (existencia: este hombre o este árbol
concretos). Pero no son «esencias» perfectas sino que participan del ser
según su esencia. En el Ser, su esencia y su existencia no son
distinguibles ya que es absoluto que no puede particularizarse
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decimos que el Ser y los seres "son", pero "analógicamente"
porque aunque coinciden en "ser algo", "lo que realmente
son" es infinitamente diferente en el uno y en los otros
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para Santo Tomás el Ser es Dios. Dios tiene todos los atributos del Ser
(necesario, simple – no compuesto –, inmutable, infinito en perfección).
Él es la causa de los seres (entes) a través de la creación. Por eso las
"criaturas" (seres) son y tienen perfecciones participadas del ser
y de las perfecciones divinas, pero sólo analógicamente: los atributos de
Dios "son" a su ser (infinito), como los del hombre
"son" al suyo (finito), aunque en ambos casos hablemos de que «son».
Como la existencia de Dios no es, para nosotros, evidente deben encontrarse
argumentos para demostrarla. (texto de la "Summa" sobre las vías
demostrativas de la existencia de Dios)
2. El hombre: unidad substancial de cuerpo y alma
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cuerpo y alma forman una unidad substancial, lo que quiere decir que uno
sin el otro son inconcebibles, en el orden actual de la creación divina. Se
unen sin intermedio alguno; se «impregnan» mutuamente: el alma está toda
en el cuerpo entero y en cada una de sus partes imponiendo unidad a todas
sus funciones. Con él y por él ejerce todas sus potencias. Éstas son, en
primer lugar y como en toda substancia viva las capacidades vegetativa,
sensitiva, apetitiva y locomotiva. La capacidad específica del hombre es la
intelectiva o racional que expresa la potencia más elevada del alma y, por
tanto, la de mayor grado en la escala de los seres vivos. Por ella el hombre
es «imagen de Dios». La capacidad intelectiva se manifiesta como capacidad
cognoscitiva y como capacidad apetitiva
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la capacidad cognoscitiva se ejerce, siguiendo a Aristóteles, a través
de dos tipos de conocimiento: sensible o de los sentidos (sensaciones) e
intelectual, específico del entendimiento, que es el conocimiento
propiamente dicho. Su proceso es el siguiente: a partir de los datos o
sensaciones que los sentidos captan (este libro, este árbol, este hombre
Juan) la imaginación forma una «imagen» mental de las cosas o sensaciones
y, a partir de ésta, el entendimiento elabora un concepto abstrayendo o
prescindiendo de lo que es específico de los objetos particulares (este
libro, árbol, hombre, concretos) y forjando un concepto universal o idea
(libro, árbol, hombre). En cuanto que el entendimiento es el que lleva a
cabo este proceso lo llama "entendimiento agente"; en cuanto que
él mismo es quien retiene los conceptos lo llama "entendimiento
paciente"
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el hombre, además de capacidad cognoscitiva, tiene capacidad apetitiva.
Ello supone: que es libre para elegir y «apetecer». La libertad es la
capacidad para apetecer el bien. Nadie, conscientemente, apetece el mal; de
hecho, hacer o apetecer el mal es debido a un fallo en el entendimiento que
no ha discernido bien, no en la voluntad-libertad
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el hombre lleva implícita en su substancia racional la «ley natural»
moral, reflejo de la ley divina, que le impone: «haz el bien y evita el mal».
Ésta se concretiza en cada hombre a través de la conciencia moral que
exige el ejercicio del entendimiento para encauzar debidamente la libertad.
Como es sociable por naturaleza, el hombre vivirá en sociedad sometido a
normas o leyes justas, que deben ser un reflejo de la ley natural, y cuyo único
objetivo es alcanzar el bien común de todos los ciudadanos. En el segundo
texto propuesto se formula con claridad el concepto de ley natural.
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