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NIETZSCHE NIETZSCHE Y EL VITALISMO Por vida se entiende de modo general el movimiento, el transcurrir, el
fluir constante, el devenir, ya que la realidad es cambio, evolución,
transformación. La razón que exige algo estable, fijo, inmutable, no puede captar ese
dinamismo. Se recurre entonces a las facultades irracionales: la intuición,
como captación directa de la realidad, la experiencia estética o la
experiencia mística. La realidad ya no se puede explicar con conceptos, sino sugerir con metáforas.
El conocimiento es ahora una experiencia, una vivencia. El vitalismo de Nietzsche constituye la corriente más externa dentro
de la filosofía de la vida. Influido por Sahopenhaver, distingue entre realidad
aparente, ficticia, que es el mundo de los fenómenos, de los seres finitos e
individuales, y uno viviente, primordial e infinito, y por eso dice: “Todos
los seres individuales son como olas momentáneas que se elevan y se hunden en
el gran mar de la vida”. La razón nos da el mundo de los fenómenos, equilibrado, sereno,
ordenado. La vida nos da la pasión, la contradicción, el caos, el cambio. Para aclarar esta relación entre esos dos principios, razón y vida,
recurre Nietzsche a la simbología mítica de los griegos: Dionisos y Apolo, que
son los dos dioses más significativos en la formación de la cultura griega. Nietzsche afirma que la tragedia clásica griega nos muestra los dos
principios que componen la realidad. En la tragedia griega anterior al siglo V
a. de C. el dios Dionisos representaba los valores de la vida. Dionisos es el
dios del vino, de la salud, de la fecundidad, es la imagen de la fuerza
instintiva, de la efervescente. El hombre dionisíaco vive en plena armonía con
la naturaleza. Por el contrario Apolo representa los valores de la razón, es el
dios de la luz, de la proporción, de la medida, del equilibrio y de la
serenidad. Su espíritu lo encontramos en la obra bella, equilibrada y perfecta.
El hombre apolinio enmascara la realidad sometiéndola a la razón. Nietzsche
considera que la Grecia presocrática no olvidó a ninguno de estos dioses: en
el equilibrio griego apolinio encontramos la pasión dionisíaca. En la tragedia
se manifestaban los dos órdenes de valores con oposición inconciliable: la
vida y la razón. La tragedia es una valiente aceptación de la vida a pesar del dolor
que comporta. En ella los sentimientos y pasiones luchan contra las normas
morales e intelectuales. Pero al llegar Sócrates y Platón comenzó la decadencia. Los elementos morales e intelectuales se impusieron y se inició el
predominio de lo que es lógico y racional, es decir, de los valores apolinios
por encima de los dionisíacos. Sócrates
prefirió la muerte a la lucha. Nietzsche se convirtió en el gran defensor de la actitud dionisíaca,
de la aceptación de la vida tal como es con el dolor y la muerte, criticando la
huida ante la vida, la renuncia a la vida, actitud que para él comienza con Sócrates
y continua con los cristianos, y con ellos toda la cultura occidental, ha
rechazado la vida o le ha tenido miedo. En la realidad hay dolor y destrucción, ahora bien, el camino
para enfrentarse a esta realidad no es la renuncia, ni el ascetismo, sino
el arte, un arte que afirma la vida en su plenitud. Este arte se había
manifestado en la tragedia griega, y en la filosofía de Heráclito, y luego en
el drama musical de Wagner, que es también un artista trágico en sus
primeras obras. Otros vitalistas son Dilthey, Ortega y Gasset y H. Bergson. VIDA Y OBRA DE NIETZSCHE Federico Guillermo Nietzsche nació en 1844 en Röcken (Prusia).
Estudia filología clásica llegando a ser catedrático en la universidad de
Basilea (Suiza). Enfermó, dejó la cátedra y a los 35 años comenzó una vida
errante viajando a los Alpes y al Mediterráneo a causa de su salud. Sufrió una
parálisis progresiva y a partir de 1889 perdió la razón, muriendo en 1900. Se distinguen cuatro periodos en su obra, siguiendo sus propias
expresiones: OBRAS El
nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música
Consideraciones intempestivas OBRAS Humano,
demasiado humano.
Aurora
La gaya ciencia OBRAS Más allá
del bien y del mal. Preludio de una filosofía de futuro
La Genealogía de la moral
Crepúsculo de los Ídolos o como se filosofa con el martillo
El anticristo
Maldición contra el cristianismo
La voluntad de poder ESTILO DE SU OBRA E INFLUENCIAS En el subtítulo de Así habló Zaratrusta, un libro para todos y
para nadie, aparece reflejada la ambigüedad de sus obras y de su
pensamiento. No es sistemático, emplea habitualmente el aforismo y el poema,
por eso su estilo es atractivo pero la ausencia de un vocabulario bien definido
crea grandes problemas de comprensión. No usa razonamientos, ni deducciones, sino intuiciones rápidas, no
evita contradecirse y es violento. Utiliza mucho los símbolos y por ello es
imposible una interpretación unívoca de sus teorías. Por todo esto Nietzsche es uno de los más claros representantes del
irracionalismo moderno. La obra de Nietzsche influirá en los nacionalsocialismos que se
presentaron como la realización de la moral del superhombre, pero a su vez
influyó en las tendencias de izquierda radical porque proponía construir un
mundo nuevo. LA MUERTE DE DIOS Y EL
NIHILISMO Nietzsche no busca sustitutos a Dios. Para él la muerte de Dios es una
verdad amarga que necesita de un esfuerzo heroico para ser asumida. Dios representaba el sentido trascendente y objetivo del mundo y de la
vida. Partiendo de Platón ,el mundo de las Ideas que luego los cristianos
identificarán con Dios, es la convicción y fundamento del ser y del valor.
Toda la filosofía occidental hasta Kant siguieron esta idea. Ahora al desterrar
este fundamento metafísico, el hombre pierde algo importantísimo que le permitía
vivir con sentido. La primera consecuencia de la muerte de Dios es el nihilismo
o caída en la nada. Al suprimir a Dios nos quedamos sin fundamento. Con el
nihilismo, Nietzsche plantea que es necesario abandonar los antiguos valores,
las antiguas normas de la sociedad y del individuo que estaban presentes en la
tradición occidental. al abandonar los valores esenciales de la sociedad
burguesa, se entra en una etapa en la que no es posible realizar juicios de
valor ni pretender verdades fundamentales sino que es necesario buscar menos
puntos de referencia para sustituir a los tradicionales. El nihilismo es un sentimiento de estar arrojados y perdidos en un
mundo incomprensible y sin valor que ya no tiene fundamento. Ahora todo es inútil;
los valores se desvalorizan. Esta es la actitud del último hombre, que ya no
cree en nada, ya no realiza proyectos. En el ha desaparecido el entusiasmo y la
potencia creadora. Para él existir es absurdo. Éste es el aspecto negativo del
nihilismo que lleva a la destrucción de los fundamentos de la moral y metafísica
de occidente. Pero el nihilismo debe ser superado, asumiéndolo con todas sus
consecuencias. Entonces aparece la otra cara de la muerte de Dios, que se
convierte en un acto liberador y humanizador. Supone el fin de las barreras
morales, la desaparición de límites y condiciones. El hombre descubre que Dios era una creación humana y se siente capaz
de crear nuevos valores que potencien la vida en vez de anularla. Al renunciar a
Dios, un escalofrío de libertad recorre al hombre. Por tanto el nihilismo
negativo es el prólogo necesario para plantear un nuevo modo de pensar, es lo
que Nietzsche denominará filosofía del futuro, el modo de pensar del
superhombre. Ahora las referencias serán el sentido de la vida y la voluntad de
poder. Ø
Nihilismo q
sigue a la destrucción de los valores que habían estado vigentes hasta
entonces. Es momento de duda, desorientación y pérdida de sentido. Ø
Nihilismo
visto como consecuencia del pensamiento platónico-cristiano. Es momento de
reflexión y distanciamiento de dicha tradición. Ø
Nihilismo
como punto de partida hacia una nueva realidad, hacia una nueva perspectiva del
ser y del hombre. Es el momento de la nueva valoración de la vida, de la
esperanza, de la aurora. El origen de la decadencia europea lo sitúa Nietzsche en Grecia. Parménides
reduce la realidad a lo racional y la explica mediante conceptos, pero los
conceptos detienen y matan la realidad, son fijos, abstractos, y por ello
detienen el devenir, petrifican y convierten en algo estable lo que jamás se
detiene, ya que la realidad es cambio, devenir. Pero fue Sócrates el gran corruptor, el gran negador de la esencia
griega, expresada en los poetas trágicos, el creador del hombre teórico, que
todo lo somete a la razón. Platón atribuirá a los conceptos socráticos las propiedades del ser
de Parménides y cometerá el gran fraude metafísico de crear un mundo ideal, más
allá del mundo sensible. Esta gran mentira fue una exigencia de la razón, que
necesitaba algo estable y absoluto. Platón presentó esta invención de la razón
como la auténtica morada del hombre, del reino de las verdades y valores
eternos iluminados por el bien. Cuanto más rechazase el hombre el mundo
sensible, más se aseguraba el otro. Toda la filosofía posterior estará guiada
por decisiones morales, por huidas que repudian este mundo y buscan el otro. Sobre esta metafísica y antropología platónica, el cristianismo
desarrollará una moral contranatural, una moral que se opone a la vida, que
castiga el cuerpo para salvar el alma. El cristianismo es una moral de muerte
porque con ella se produce la auténtica liberación del hombre. Es moral de
rebaño y de esclavos, pues la obediencia y la unidad son virtudes, mientras que
el orgullo es un pecado. Es una moral de débiles, de resentimiento y de
venganza. Frente a la moral cristiana opone Nietzsche una moral natural que
favorezca la vida, una moral de señores y de fuertes; es la moral del
superhombre. Por tanto Nietzsche rechaza un concepto de realidad fijo e inmutable,
pero también rechaza todos aquellos que dictan lo que debe entenderse por
verdad, en especial rechaza a los científicos y a los sacerdotes. Frente a la perspectiva de igualdad e uniformidad de la cultura
occidental, Nietzsche entiende el valor del individuo. El superhombre será un
individuo orgulloso de su singularidad, tendrá su propia idea de realidad, de
verdad y de valores morales. Así se reconoce el valor de la primitiva reflexión
de los presocráticos que no se guiaban por la razón ni por la verdad ética. En el pensamiento de Nietzsche la vida es fundamento de toda valoración
y por ello la vida es la medida del valor. Todos los valores son relativos a la
vida. Para Nietzsche la cultura europea ha desarrollado un sistema de valores
morales, ontológico y gnoseológicos que es necesario invertir para devolver el
vigor, la creatividad y la visión trágica de la vida de las épocas poderosas.
Es la inversión de todos los valores. En la Genealogía de la moral, Nietzsche critica la moral
vigente a partir del análisis etimológico y de la evolución histórica de los
conceptos morales. Dice que la investigación en diversos idiomas le condujo al siguiente
resultado: en las lenguas antiguas los conceptos bueno y malo se referían a los
hombres y no a las acciones. Lo bueno era lo aristocrático, lo noble, los
hombres de posición superior, los poderosos. Lo malo era lo simple, lo vulgar,
lo plebeyo. Estas dos denominaciones habían sido creadas por los nobles y
poderosos ya que eran ellos los que podían dar nombres. Más tarde aparecerá
otra contraposición. Bueno y malvado ya con carácter moral desplazará al
anterior como consecuencia de un hecho histórico: los considerados malos se
revelan, se llaman a sí mismo buenos y denominan malvados a los nobles. Esta
transmutación fue realizada por los judíos y continuada por los cristianos.
Los sacerdotes llevados por el resentimiento rebelaron a los débiles contra los
fuertes y potenciaron una moral de igualdad frente a una moral de jerarquía.
Ellos invirtieron los valores. De este modo la moral surge como resultado del resentimiento. El
resentimiento creó los valores morales de occidente y es el responsable de un
hombre incurablemente mediocre, es decir, del nihilismo que amenazaba a
occidente Nietzsche da un sentido especial al término resentimiento, ya que en
su opinión el resentimiento surge cuando se vive dependiendo de algo exterior y
alejado, en una situación de obediencia irracional que desemboca en la
esclavitud. Por eso el comportamiento de los llamados esclavos está dirigido
por el resentimiento, el odio y el rechazo. Los esclavos viven dependiendo de algo extraño a sus propios
intereses. La moralidad de occidente está
en este caso y procede del odio y del resentimiento. Por el contrario la manera noble de valorar corresponde a la moral de
los señores. El modo noble de valorar es positivo. Depende sólo de sus propios
intereses. El modo noble de valorar está en relación con la voluntad de poder,
que es sinónimo de capacidad de crear la realidad y los valores. El superhombre
se caracteriza por la voluntad de poder y así creará su propia realidad y sus
valores sin aceptar normas impuestas ni fundamentos transcendentales. La
voluntad de poder no es la ley del más fuerte. Es el poder de los creadores, un
poder que sin su esfuerzo se adueña de la situación. La reflexión sobre la moral se encuentran presente en todas las etapas
del pensamiento de Nietzsche pero especialmente en las últimas. Zaratustra es
la figura simbólica que Nietzsche utiliza para exponer tres de sus teorías
fundamentales: el superhombre, la transmutación de todos los valores y la
voluntad de poder. Nietzsche cree que algunos elementos de la moral occidental tal como ha
sido configurada por la tradición judía socrático-platónica y cristiana se
han elaborado a partir de la contraposición buena o mala levantada sobre la
negación de los instintos vitales supeditándolos al saber racional. Nietzsche propone superar esos conceptos y devolver a los valores su
sentido originario, recuperando el valor bueno como expresión de la vida
ascendente, de los fuertes, y malo como expresión de la vida descendente, de
los débiles. El superhombre vivirá más allá del bien y del mal moral. Nietzsche quiere una moral natural que afirme los valores e instintos
de vida recuperando la primitiva inocencia moral porque el superhombre creará
su propia escala de valores para manifestar la voluntad de poder. El supremo error de la metafísica fue admitir un mundo verdadero
frente a un mundo aparente. Este error se corrige invirtiendo esos dos mundos y
quedándose con el aparente como el único. Esta división en dos mundos fue fruto de la decadencia del hombre que
necesitó de algo superior para sentirse seguro y tranquilo. Para Nietzsche sólo existe el devenir, lo terrenal, en donde nada
permanece. El hombre finge un Dios sustancia, un sujeto como base de sus hechos psíquicos
y a partir de este yo inventa la sustancialidad de las cosas y la idea de ser
que es un engaño gramatical y del lenguaje. Los conceptos y palabras necesitan una base inmutable y fija que
permita comprender los cambios y cualidades sensibles y así se llega al
concepto de ser, pero este ser fijo e inmutable no existe en la realidad. Nuestros conceptos filosóficos y científicos son falsificaciones más
o menos sutiles con las que pretendemos aprehender, es decir, hacer nuestro,
asimilar el devenir, el cambio, la evolución, introduciendo por debajo de su
corriente salvaje un soporte que nos permita asirlo, cogerlo, capturarlo. El
hombre con sus conceptos, con su pensamiento, falsea la realidad. Los conceptos
son sólo metáforas que nuestra capacidad de abstracción elabora, y que la
costumbre nos lleva a fijar y utilizar, pero que no nos dan la verdadera
realidad. La realidad es devenir, cambio, movimiento, mientras que las palabras y
conceptos son fijos e inmutables y por tanto no penetran nunca en el origen, en
la auténtica esencia de las cosas. Los conceptos filosóficos y científicos se desarrollan dentro de un
sistema pero estos sistemas están condicionados por la funcionalidad de una
gramática. Por ello el propio lenguaje a veces nos engaña. Hemos de tener en
cuenta que pensamiento y lenguaje se refieren a las cosas del mundo en que
vivimos, y éstas no son fijas ni inmutables, ni siguen normas gramaticales. En el lenguaje lógico, matemático moral y religioso es una ficción
de la razón. Solo el lenguaje metafórico y artístico puede darnos algo de la
realidad. Respecto a la verdad, Nietzsche posee una concepción utilitarista y
perspectivista. La teoría perspectivista de Nietzsche está basada en tres
puntos: Ø
No acepta
la división del mundo en apariencia y realidad. El mundo de los sentidos, la
apariencia, es la única base del conocimiento. Ø
La verdad
no es algo que tenga valor en sí mismo y se corresponda con la realidad. La
verdad posee sólo un valor pragmático. Ø
No existen
hechos o realidades absolutas, sino solamente perspectivas de las cosas. La
verdad o falsedad es una perspectiva posible. No existe una realidad única que
pueda ser conocida por la ciencia. Nietzsche afirma radicalmente el valor del mundo que nos dan los
sentidos, el mundo de las apariencias, del devenir, de la vida. Por todo esto
dirá que algo es verdadero si sirve al desarrollo de la vida, si sigue el
instinto vital y aumenta la voluntad de poder. Lo que importa no es la verdad o falsedad de un juicio, sino si ese
juicio favorece o no a la vida. El valor para el vida es criterio
decisivo para aceptar un juicio o teoría. Por eso dice Nietzsche que
“la verdad es aquella clase de error son el que una determinada especie de
seres vivos no podrían vivir”. Nuestra razón nos da una visión de conjunto de la realidad, nos da
conceptos estables. Esto es sólo apariencia, error, pero nos es útil y se
impone por la costumbre. Las verdades absolutas no existen. Cada teoría es un punto de vista
sobre lo real, pero existen otros puntos de vista igualmente válidos. El hombre nuevo, el superhombre, conocerá el devenir y se dará cuenta
de que la razón humana jamás podrá abarcar la realidad con sus categorías y
conceptos.
EL SUPERHOMBRE El hombre es un animal no fijado, es defectuoso porque tiene que
hacerse a sí mismo dentro de la libertad. Pero el hombre corre el peligro de
fijarse, de convertirse en animal doméstico, perdiendo la voluntad de poder, el
deseo de superación constante que es su principal valor. El último hombre (el europeo), ha superado a Dios pero se ha quedado
en el nihilismo negativo. Es el hombre que vive el triste final de una
civilización cuyos valores ya están muertos, es un hombre transformado en
vegetal, el hombre de la vida moderna que sólo busca la comodidad, el placer
cotidiano, sin plantearse metas ni ideales. Es el hombre europeo del siglo XIX
según Nietzsche. Es necesario superar esta situación y seguir por un camino
ascendente. Es necesario creer en el superhombre. El superhombre es una
esperanza, un puente, un estar en camino. Es la superación de Dios y del
nihilismo, es la afirmación de la vida como voluntad de poder, es creador de
nuevos valores y aniquilador de los antiguos. Es el que da sentido a la vida
humana pero fundamentándose sólo en este mundo terrenal. El superhombre tiene en sí mismo la fuente de todo valor y de toda
verdad. Posee el sentido de la tierra, se comporta como un ser amoral con la
inocencia de un niño, se aparta de la multitud y crea su propia moral. El superhombre no es una raza nueva, sino una nueva forma de ser
hombre, aceptando el devenir, el pasar, el morir. Característica del superhombre es la voluntad de poder que significa
capacidad de imponerse, de no someterse a nada. El deseo de ser más, de vivir más,
de autosuperarse, de demostrar fuerza creciente, ya que todo esto es vida
ascendente. El superhombre está más allá del bien y del mal. El es su propia
norma. En la moral tradicional los débiles han elevado a virtudes sus miserias.
Débiles son los enfermos, los apocados, los pobres y por eso sus virtudes son
humildad, obediencia, compasión. El superhombre impondrá la moral de los señores, que son los fuertes,
los dominadores, los que confían en sí mismos, no tienen simpatías ni compasión,
son soberbios y arrogantes. Esta moral transformará al hombre que domesticado
por el cristianismo es mezquino, mediocre, prudente, servil y perezoso y le
devolverá su esencia, la voluntad de poder. En el primer discurso de Zaratustra expone las tres metamorfosis del
espíritu que indican el camino del hombre hacia el superhombre: el espíritu se
convierte en camello, el camello en león y el león en niño. El camello, animal que soporta pesadas cargas, simboliza a los que
obedecen ciegamente se arrodillan y reciben su carga, soportan obligaciones
sociales y obedecen a la ley moral y a los valores tradicionales. Dicen: “yo
debo”. El camello que quiere ser más se transforma en león, animal que se
deshace de cargas opresoras. Simboliza el nihilista que rechaza los valores
tradicionales y se libera de yugos y lucha. Dice: “yo quiero”. Pero el león tiene que transformarse en niño para vivir libre de
prejuicios y crear una nueva tabla de valores. El niño es inocencia y olvido.
Es capaz de crear cosas nuevas y está más allá del bien y del mal. Es
libertad verdadera, vive la existencia como una aventura y un juego. Es natural,
dice sí a la vida. El superhombre es la síntesis del mensaje de Nietzsche y representa al
hombre nuevo que surge tras la crítica a los valores de la cultura occidental
que Nietzsche se propone destruir a lo largo de toda su obra. EL ETERNO RETORNO Es un concepto complejo, parece tener su origen en los presocráticos,
especialmente en Heráclito. Es la vuelta de, la repetición rítmica de las
cosas de este mundo. Zaratustra es el profeta del eterno retorno y nos dice que en este
mundo todo se repite como en un juego o en una danza. Eterno retorno significa que todo, incluida nuestra vida se repetirá
exactamente igual por toda la eternidad en sucesivos ciclos, a cada uno de los
cuales llama Nietzsche “el gran año del devenir”. El tiempo es un círculo,
el ahora se repetirá eternamente. El pasado ocurrirá de nuevo en el futuro. El
futuro ya ocurrió en el pasado. Esta revelación del eterno retorno tiene dos caras: puede ser un
insoportable suplicio o una gran esperanza. Visto desde el pasado, el eterno retorno es una teoría fatalista. Si
todo retorna, todo esfuerzo y decisión es inútil, porque lo que va a suceder
ya ha sucedido antes. Incluso la esperanza del superhombre es absurda ya que
siempre retornará el hombre. Pero visto hacia el futuro, el eterno retorno da sentido a toda decisión
actual, ya que nos llevará a pensar que lo que decidimos ahora, lo decidiremos
eternamente. Cada instante cobra dimensión de eternidad. En la dimensión ontológica, el eterno retorno enlaza con el deseo de
permanencia y eternidad que todo hombre lleva consigo. El mundo y la vida pasan
pero luego se repetirán eternamente. Nietzsche niega la inmortalidad
transcendente, pero acepta la eternidad inmanente del mundo y de la vida. La filosofía de Nietzsche es también como un eterno retorno, vuelve
continuamente sobre los mismos temas y siempre llega a un mismo punto: la
afirmación de la vida como lo más importante del hombre. |