2.3
La racionalidad: La Sociedad abierta.
3.
Valoración final
2.3.
La Racionalidad: La Sociedad abierta.
Popper
amplía su propuesta acerca de la ciencia no es sólo para esta, sino para
todo el conocimiento y, de modo especial, de cara a la solución de los
conflictos sociales de los que Popper nunca fue ajeno. En este sentido, la
propuesta que trae consiguo el criterio de demarcación se puede resumir
en la actitud propia de la ciencia. No tiene otra justificación que el
ser una actitud, la actitud propia de quien es consciente de sus límites
y no quiere dejar todo a una mera consideración subjetiva.
La
falsacionismo abre las puertas a la crítica, es decir, a la posibilidad
de que uno lleve razón y el otro no. Por tanto, estamos ante una actitud
y es esa actitud lo que permite ampliar esta tesis a otros campos. La única
diferencia es que la actitud propia de la actividad científica se
fundamentará en la contrastabilidad empírica de las teorías.
¿Qué
significa que estemos ante una actitud? La clave en la que se puede
resumir el llamado criterio de demarcación es la actitud racional. Para
hacer frente a esa vaguedad de los términos, la nueva definición tendrá
que ser amplia y, a su vez, debe de ser capaz de resolver el mayor número
de problemas con los cuales se enfrenta el ser humano. La conclusión es
clara: no podemos obtener una definición teórica; la racionalidad abarca
un campo mucho más amplio que la propia teoría y no puede ser reducida a
ésta. Por tanto, ante la imposibilidad de dar con una definición
plausible puramente teórica cree que conviene dar desde sus aspectos prácticos,
es decir, ver que significa mantener una postura racionalista o científica.
En
este aspecto, conectan la ciencia y la racionalidad. El criterio propuesto
por Popper deriva en una propuesta acerca del alcance de la racionalidad y
del racionalismo. Así, la preocupación por el método de la ciencia
deriva en su preocupación sobre el alcance de la razón para resolver los
diferentes conflictos, no sólo los científicos sino que todos.
En
efecto, el racionalismo, desde una definición teórica, al no supera
ciertos límites, lleva a Popper a recurrir a una caracterización práctica
del mismo. En esa caracterización práctica se debe de tener presente
todas las objeciones arriba realizadas. En ese sentido, la única salida
que cabe para el racionalismo parece ser una definición en virtud de una
actitud que cada uno debe de asumir. Esa actitud del racionalismo es la
siguiente: “El racionalismo es una actitud en la que predomina la
disposición a escuchar los argumentos críticos y a aprender de la
experiencia. Fundamentalmente consiste en admitir que yo
puedo estar equivocado y tú puedes tener razón y, con esfuerzo, podemos
acercarnos los dos a la verdad”.
Si
queremos saber que entiende Popper por racionalismo hay que tener en
cuenta este texto; en él quedan definidas sus ideas al respecto. Así
pues, analicemos dicho párrafo, intentando ver si Popper consigue su
objetivo de ampliar el concepto, teniendo en cuenta las límites a los que
antes se refería.
En
primer lugar, ser racionalista significa mantener una actitud, un modo de
enfrentarse a las realidades que nos rodean. Ser racionalista no se define
en función de una teoría de la racionalidad, sino por las consecuencias
prácticas de quienes se llaman a sí mismos racionalistas. Es defenderse
en el mundo de acuerdo a unos principios que constituyen a una persona en
racionalista. Son, precisamente, esos principios de actuación los que
diferencian a un racionalista de uno que no lo es.
Ser
racionalista es decidirse a serlo. Es mantener una postura, una actitud
ante los diferentes acontecimientos. Por tanto, no se es más racionalista
por emplear el intelecto como única forma de alcanzar y justificar los
conocimientos adquiridos; o, al revés, utilizar sólo la experiencia. Por
tanto, el racionalismo no es lo contrario al empirismo y desde su carácter
de actitud ese primer límite queda superado.
Y,
para corroborar esto vuelve a hacer hincapié en ese carácter global que
tiene la ciencia experimental. En ella, se utiliza el intelecto y la
experiencia. Ninguna por encima de la otra, sino en perfecta sintonía.
Dice así: “La actitud racional, o como quizá pudiera llamarse, la
actitud de la razonabilidad, es muy semejante a la actitud científica,
a la creencia de que en la búsqueda de la verdad necesitamos cooperación
y que, con la ayuda del raciocinio, podremos alcanzar con el tiempo algo
de objetividad.”
En
efecto, Popper piensa que no sólo utilizamos la razón, sino que en la búsqueda
de la verdad necesitamos de los demás. Por eso, subrayo la expresión
actitud de razonabilidad, para significar que en la búsqueda racional lo
importante es mantenerse dentro de ese discurso comunicativo que propicie
el acercamiento a la verdad. Por tanto, la racionalidad –el
racionalismo– están en función de aquel que se decide a serlo. Y, una
vez tomada la decisión, el racionalista empleará todos sus medios, tanto
el intelecto como la experiencia, para llegar a la verdad, convencido de
que por ese camino que él ha escogido se encuentra uno de lleno con la
verdad o por lo menos se encuentra más cercano a ella, a pesar de que
todavía no la haya alcanzado.
Por
otra parte, esa actitud se expresa mediante la frase en cursiva, yo
puedo estar equivocado y tú puedes tener razón y, con esfuerzo, podemos
acercarnos los dos a la verdad. En esta frase se contiene la definición
de lo que es un racionalista. Se trata de la actitud verdadera ante los
problemas que nos rodean. La frase cursiva es una radiografía de la actitud
racional que rige a toda aquel que quiera considerarse racionalista.
En
ella, lo que Popper quiere trasmitir es que lo primordial no es creerse en
posesión de la verdad, ni obtener una certeza objetiva, sino estar
dispuesto a admitir que son otras teorías y no las propias las que pueden
estar más cercanas a la verdad. Así, admitiendo esa cercanía, al
aprender de nuestros errores, nos acercamos a la verdad. Por consiguiente,
es tener la capacidad de confrontar nuestros argumentos con argumentos
distintos. La capacidad de oír y de aceptar argumentos críticos respecto
de nuestras propias teorías.
Con
esto, sale al frente de aquellos que diferencian la racionalidad en virtud
de las facultades racionales de cada individuo. No hay tal principio
autoritario que defina la razón, sino que el racionalista no es más que
nadie; no tiene mayor capacidad racional; no tiene una facultad más
amplia. No hay personas por encima de otras cuyas argumentaciones se
tengan que aceptar como verdaderas. Así, dice: “De acuerdo con nuestra
concepción, sin embargo, no sólo debemos nuestra razón a los demás,
sino que no nos es posible, en ningún caso, exceder a los demás en
razonabilidad en una forma que pudiera justificar alguna pretensión de
autoridad.”
Sin
embargo, lo que sí que hay en el racionalismo es la actitud de aprender
de nuestros errores; de aceptar las críticas de los demás; de no
sentirse en posesión de una certeza absoluta; es tener una actitud, un
talante ante la vida. La actitud
racional es la actitud de quienes usan su razón para acertar en las
diferentes facetas de la vida, sin creerse en la posesión absoluta de la
verdad. Al mismo tiempo esas capacidades racionales no difieren entre sí,
sino que todos somos capaces mediante argumentos críticos, sin que haya
preferencia de unos individuos sobre otros.
En
este sentido, el hecho de que tengamos que aprender de las críticas
propias o ajenas, hace que Popper nombre la actitud racional con otro término,
a saber, el de actitud crítica.
Tal nombre tiene sentido en la medida de que esta actitud busca la
confrontación de argumentos y de criterios. Por tanto, es la crítica de
unos a otros lo que nos hace progresar. Estamos expuestos a ser
criticados, a someter nuestras opiniones al juicio de los demás; este es
el sentido en el cual se puede llamar crítica.
En
este punto, conecta la racionalidad con su carácter interpersonal. Las
relaciones sociales son el hábitat donde tiene su verdadero sentido
entender la racionalidad como actitud, ya que mantener cualquier teoría
racionalmente está a expensas siempre de las críticas que se puedan
recibir desde cualquier parte. Y son, esas críticas, las que harán más
fuerte mi teoría, o me demostraran lo mucho que estaba equivocado. De
esta forma “El hecho de que la actitud racionalista tenga más en cuenta
el argumento que la persona que lo sustenta es de importancia
incalculable. El nos lleva a la conclusión de que debemos reconocer en
todo aquel con quien nos comunicamos una fuente potencial de raciocinio y
de información razonable; se establece así, lo que podría llamarse la
«unidad racional del género humano».”
Por
tanto, podemos concluir que la actitud
racional es la actitud que permite ejemplificar lo racional como el
punto de unión entre todos los hombres. Ser racionalista no significa
confiar en el desarrollo de las capacidades de unos pocos, sino estar de
una manera en el mundo y en comprender las relaciones humanas según la
racionalidad.
Al
mismo tiempo en función de dicha actitud Popper distingue dos tipos de
racionalismo. El primero, lo denomina con el nombre de «verdadero
racionalismo» y consiste en, “la conciencia de las propias
limitaciones; la modestia intelectual de aquellos que saben con cuanta
frecuencia yerran y hasta que punto dependen de los demás aún para la
posesión de este conocimiento”.
Este
verdadero racionalismo es el de quienes aceptan la actitud racional. Se
trata, por tanto, de la modestia ante nuestro conocimiento y de tener la
suficiente capacidad para reconocer nuestros propios errores. Así,
confrontar y criticar son de suma importancia de cara al acercamiento a la
verdad y al hecho de ser racionalistas.
La
vaguedad de la definición no es determinante, ya que el objetivo que
Popper se marca es defender la racionalidad frente al irracionalismo. En
ese sentido, Popper sólo quiere definir sus intenciones, con la única
intención de poder resolver las ambigüedades y dar con una definición
de racionalismo que permita resolver las dudas de éste frente al
irracionalismo. Éste, será por tanto, el próximo punto a tratar, a
saber, como desde esta nueva definición sale el racionalismo a flote
frente a corrientes irracionalistas.
3.-
Valoración final
En
el pensamiento de estos autores está la clave de la filosofía de la
ciencia. El positivismo del Círculo de Viena ha marcado la filosofía y
su influencia ha ido más lejos. Hoy en día, es común pensar que la
metafísica está fuera de la ciencia y que la filosofía es una mera
herramienta conceptual. y, también, es común pensar que la racionalidad
es una actitud y que no se puede pretender hablar o decir con pretensión
de verdad absoluta. Ambos pensamientos se pueden anclar en los autores
vistos. De ellos se pueden destacar una serie de puntos que sirvan como
criterio, para enjuiciar la misma realidad.
1.
Tanto los miembros del Círculo de Viena como Popper pretenden solucionar
un mismo problema. Este consiste en la solución a lo que se ha llamado el
criterio de demarcación. Como se ha visto ese criterio sirve para poder
distinguir entre las teorías científicas y el resto de teorías y, de
modo especial, las teorías metafísicas. Esta pretensión es, quizá, más
acusada en los neopositivistas que en Popper, pero la consecuencia en
muchos casos es la misma.
2.
Ahora bien, la solución de ambos no es idéntica. Por un lado, la intención
de los neopositivistas es enterrar las teorías metafísicas y dejarlas al
margen de la ciencia. De ese modo, lo científico es lo objetivo y donde
cabe la verdad; y lo metafísico es el reino de la opinión y está fuera
del ámbito de la filosofía. Y reconocer este punto es construir la nueva
visión científica y dotar al mundo de una objetividad nueva, capaz de
construir un mundo nuevo.
3.
La solución de Popper al mismo problema no es idéntica, por mucho que
algunos neopositivistas se empeñen. Para el filósofo austriaco, la teorías
metafísicas inspiran, en algunos casos, el avance de la ciencia, aunque
no son teorías científicas propiamente dichas. La pretensión de Popper
es distinguir la teorías científicas de las teorías pseudocientíficas.
El criterio de la falsación es la clave para poder hacerlo. Con él,
distingue entre teorías científicas, que apoyan el método de ensayo y
error y las pseudocientíficas que no aceptarían ese método.
4.
Al mismo tiempo, la defensa del criterio popperiano se corresponde con una
teoría del conocimiento propia y con un modo de defensa de la
racionalidad. Los neopositivistas sólo pretender salvar la ciencia y
denostar la metafísica para construir una visión nueva del mundo. Popper
no. Sus problemas van más allá. Su teoría pretende ser al mismo tiempo
una defensa de un criterio racional que pueda servir para construir un
mundo mejor. Así, por un lado, soluciona los problemas de la ciencia y,
por otro dota al conjunto de la humanidad de un criterio que ayude a la
comprensión mutua. La actitud racional es la consecuencia del
falsacionismo para la comprensión del mundo y de los demás. Es, por
tanto, una respuesta ética que tiene que ver con los problemas de su
juventud. De ese modo, salvaguarda la razón de las pretensiones
irracionales y que mejor modo que hacerlo que apoyarlo en la ciencia y en
el conocimiento propio de ella. Esta visión ética
va mucho más allá de lo dicho aunque ha quedado expuesto.
5.
La filosofía de la ciencia tiene sus orígenes en estos autores. Desde su
filosofía se construye el pensamiento de esta disciplina. Unos, se
centraran en el neopositivismo y rechazarán toda la pretensión metafísica
tanto de la filosofía como en sí mismo considerado. Otros, para criticar
o responder a la pregunta por el criterio de demarcación y el método
científico desde el planteamiento popperiano.
6.
Desde el punto de vista crítico, la pretensión neopositivista no logra
salvar el escollo del criterio empírico. La ciencia es cada vez más
compleja y, como resalto luego Popper, los hechos están también cargados
de teoría. No cabe, por tanto, una verificación empírica de las teorías
ya que éstas no están compuestas por hechos puros. Y, en el caso de
Popper, elevar su método a teoría del conocimiento no logra salvar los
problemas del conocimiento y, además, elimina la verdad de él, ya que el
conocer aumenta hacia la verdad pero no llega a ella. El estudio de ambos
tipos de pensamiento puede servir para darnos cuenta de las lagunas de la
racionalidad moderna y la necesidad de reconstruir la metafísica, no solo
como un programa de investigación, sino conocimiento verdadero de la
realidad. Al mismo tiempo, la necesidad de la metafísica supone que el
sea necesario rescatar conceptos realistas que superen las lagunas del
saber moderno.