1.
El círculo de Viena.
1.1 Los comienzos del Círculo
de Viena.
1.2 La visión científica del
mundo.
1.3 Principios filosóficos
del Círculo de Viena.
1.4
El criterio empírico del significado.
En
este tema se estudia el nacimiento de la moderna filosofía de la ciencia.
En opinión de Mariano Artigas, “el nacimiento y desarrollo de la
ciencia experimental a partir del siglo XVII ha estado frecuentemente
acompañado de polémicas filosóficas, y no pocas posturas filosóficas
de la época moderna han representado, en parte, intentos diversos de
solucionar esas polémicas”.
Resolver las diferentes polémicas filosóficas han hecho que en la época
reciente se constituyese “la filosofía de la ciencia como disciplina
autónoma, que ha dado lugar a la aparición de un nuevo tipo de dedicación
profesional”
La
aparición de este nuevo tipo de filósofo suele estar ligada a las
actividades del círculo de Viena “que contribuyeron decisivamente a la
consolidación de la filosofía de la ciencia como disciplina autónoma”.
Desde esas actividades surgieron nuevas figuras que, ancladas en las
consideraciones iniciales de la filosofía neopositivista del Círculo
intenta responder a la cuestión de qué es la actividad científica y
cual es su racionalidad propia. Heredan de la visión positivista
que la ciencia es el paradigma de la objetividad y de la racionalidad.
Junto
a la postura neopositivista crecen las figuras de otros pensadores. Entre
esos nuevos filósofos se encuentra Karl Popper, cuya filosofía es también
un intento de explicar el método científico y la racionalidad propia de
la ciencia. Se convierte, tras alguno de los miembros del Círculo, en uno
de los principales artífices de la consolidación de esta disciplina. A
su sombra crecieron los principales filósofos de la ciencia del siglo XX
y sus ideas constituyen siempre un paradigma, ya sea para seguirlas, ya
sea para criticarlas.
Así,
la filosofía de la ciencia se construye alrededor del Círculo de Viena y
Karl Popper. Se convierten en el centro y el resto de pensadores reflejan
sus posturas en la suyas y pretenden resolver, a su modo, los mismos
problemas que trataban estos. Pues bien, en el presente tema se
desarrollarán las ideas del Círculo de Viena y de Karl Popper como
paradigmas de una disciplina filosófica nueva. Quedaría para otro
trabajo relacionar su filosofía con el resto de seguidores. El método
para desarrollar las ideas será: en primer lugar, se expondrá la génesis
del Círculo y sus ideas principales; después, las ideas fundamentales de
la filosofía popperiana y, por último, una visión crítica de ambas.
1.
El Círculo de Viena.
La
filosofía del siglo XX tiene varios hitos fundamentales. Uno de ellos
nace a principios de siglos en Viena. Durante el siglo anterior, el XIX,
la filosofía idealista se enfrento frontalmente con los intereses científicos.
En ese punto, la filosofía parece desligarse de la ciencia y de las
preocupaciones de ésta; poco a poco se ambas disciplinas van haciendo autónomas
y no dependen tanto una de la otra. Los idealistas, que no parecen ir en
contra de las pretensiones y los avances que desde el siglo XVII iban
produciendo en las diferentes disciplinas científicas, dirigen la filosofía
por caminos distintos a los científicos.
Ahora
bien, esta separación es momentánea. Un nuevo movimiento filosófico está
fraguando un modelo de comprensión del problema novedoso. Nace, entonces,
lo que se ha llamado la moderna filosofía de la ciencia. Ésta se apoya
en el creciente auge de las disciplinas científicas y su cada vez mayor
influencia en el conocimiento del mundo y de la naturaleza. Eran
pensadores fascinados por la fuerza de la experiencia en la comprobación
y por el avance que ese método proporcionaba a las disciplinas científicas.
Junto
con la predilección por las disciplinas científicas, hay también un
auge de la lógica apoyada en las matemáticas, que convierten esta
disciplina filosófica en el método adecuado para el conocimiento de la
realidad y en una forma de verificación nueva. En este punto aparecen la
figuras de Wittgenstein, Russell y Whitehead
que contribuyen al desarrollo de esta nueva lógica. Convierten las
proposiciones del lenguaje en módulos a través de los cuales puede
encerrarse la realidad. La verificación de éstas hace posible saber que
proposiciones pueden ser dichas y tienen sentido y cuales no.
El
avance de las disciplinas científicas y el nacimiento de esta nueva
concepción de la lógica hace que nazcan aires filosóficos nuevos. Sin
la conjunción de estos dos parámetros en el tiempo, no era posible que
surgiesen una nueva concepción del quehacer filosófico. Sólo falta que
un grupo de personas se unan y crean que es posible realizar esos cambios.
Y así es; un grupo de jóvenes filósofos, la mayoría de ellos
provenientes de disciplinas científicas estaban dispuestos a poner en
orden todo el conocimiento científico y descubrir la verdadera esencia de
su método.
A
primeros de siglo y durante el tiempo de entreguerras “la reflexión
sobre el método científico recibe un impulso decisivo. Durante este
periodo el centro principal de la filosofía de la ciencia es la
Universidad de Viena donde un grupo de científicos y filósofos”
se reunían bajo la inspiración de la ciencia y el deseo de unificar el
pensamiento científico. Todo parecía apuntar que la consolidación de la
nueva forma de pensar requería un conjunto de personas dispuestas a
secundar la misma idea y alguien capaz de unificar los nuevos criterios.
¿Quién
fue el detonante de esta unión y la fuerza común? Dos pueden
considerarse como los detonantes de la acción. El primer como inspirador
intelectual. El grupo de jóvenes filósofos y científicos que se reunían
desde 1910 “consideraban la filosofía positivista de Ernst Mach como
muy importante a pesar de la
poca atención a la lógica”.
Por tanto, Mach puede considerarse como el primer motor intelectual
en el inicio a los jóvenes miembros del futuro círculo de Viena.
¿Quién
es Ernst Mach? Físico alemán que vivió de 1838 hasta 1916. Ocupó la cátedra
de Filosofía de las ciencias inductivas de la Universidad de Viena 1895
hasta 1901. Esta cátedra universitaria fue creada de modo especial para
él. Publicó diversas obras de gran influencia como La
mecánica: exposición histórico-crítica de su desarrollo en 1833; El
análisis de las sensaciones, de 1886, y Conocimiento
y error, de 1905. Se pueden resumir las tesis filosóficas
fundamentales de Mach en dos puntos:
a.- la ciencia es fenomenista.
La ciencia está dedicada al estudio de los fenómenos, estos son lo único
real. Sólo trata acerca de fenómenos y cualquier pretensión de ir más
allá de la experiencia es imposible. Se trataría de una pretensión
metafísica inadmisible para la ciencia.
b.- La ciencia no se mueve
entre parámetros de verdad y falsedad, sino que es un instrumento útil a
través del cual se logra la adaptación biológica del hombre. Por tanto,
propone una ciencia que no puede ir más allá de los fenómenos y que es
una herramienta útil.
Pensaba,
por tanto, que la ciencia era capaz de conocer los hechos, los fenómenos
y servir de instrumento eficaz para la consolidación de la especie
humana. Cualquier otra pretensión de cognoscitiva quedaba fuera del
alcance de este “saber. Mediante la ciencia el hombre completa su
adaptación porque ella es el instrumento necesario. Quizá, como luego
vieron los miembros del Círculo, carecía de fuerza lógica, pero la
propuesta era sumamente intuitiva.
En
resumen, la concepción de la ciencia que expuso Mach, el avance de los
nuevos modelos lógicos, con la influencia cada vez mayor del análisis lógico
del lenguaje y el ambiente filosófico y científico de Viena son el caldo
de cultivo que hace surgir el Círculo de Viena
1.1.-
Comienzos del Círculo de Viena
La
Universidad de Viena fue reuniendo a principios de siglo -tras la primera
Guerra Mundial- un grupo de jóvenes profesores preocupados por las
cuestiones de la ciencia y su alcance cognoscitivo. Herbert Feigl, que más
tarde integraría el Círculo de Viena, narra este hecho de la siguiente
manera: “un grupo de jóvenes doctores de filosofía, la mayoría de los
cuales habían estudiado física, matemática y ciencias sociales se reunían
los jueves para discutir sobretodo cuestiones de filosofía de la ciencia.
En aquella época el positivismo de E. Mach constituía la principal
inspiración de este pequeño grupo de estudiosos”.
Estaban atraídos por el positivismo y a la espera de que estas
discusiones continuasen y fraguasen en una realidad nueva.
En
1922, Moritz Schlick ocupa la Cátedra de Filosofía de las ciencias
inductivas que en su día fue creada para Mach. Schlick había llegado a
la filosofía desde la física. En 1904 hizo un doctorado en física bajo
la dirección de Max Planck y se graduó más tarde en filosofía. En 1918
publicó una de sus obras más importantes, Teoría
general del conocimiento. Su influencia y prestigio fue creciendo y se
vio rodeado pronto de un grupo de filósofos preocupado por las mismas
cuestiones y seguros de que la clave de respuesta se encontraba, entre
otros, en las propuestas filosóficas del empirismo.
En
1924, dos de los jóvenes doctores que se venían reuniendo desde 1910,
Feigl y Waismnan, se entrevistaron con él para proponerle que sea él
quien dirija el grupo de debate. Schlick acepta su propuesta. Entonces
comienzan sus coloquios los viernes en el seminario de la Cátedra de
filosofía inductiva. Estos pueden ser considerados como los inicios del Círculo
de Viena. El grupo de jóvenes doctores tenía ya una figura que les
dirigiera y pusiera orden a sus pensamientos.
A
la dirección de Schlick se une la lectura de la obra filosófica Tractatus
logicus-philosophicus de Wittgenstein, publicada en 1922. Se trata de
breves consideraciones numeradas acerca de la naturaleza de la lógica y
se puede resumir en la siguiente expresión del prólogo “el libro trata
de problemas de filosofía y muestra, al menos así lo creo, que la
formulación de estos problemas descansa en la falta de comprensión de la
lógica de nuestro lenguaje”.
Parece, por tanto, que la filosofía se encamina hacia la compresión lógica
del lenguaje y que buena parte de los problemas filosóficos están
relacionados con la cuestión del lenguaje que se emplea y e que modo éste
es capaz de referirse a la realidad.
La
lectura de Wittgenstein contribuyó a dotar a los miembros del círculo de
la fuerza lógica que carecía la obra empirista de Mach. Para algunos,
los miembros del Círculo realizaron una lectura redcucionista y demasiado
simplista de las tesis Wittgenstenias. Pensaron que de algunas
afirmaciones se podía deducir que, por ejemplo, todas las afirmaciones
acerca de hechos se componen de afirmaciones de hechos simples, de tal
manera que éstos pueden ser verificados. De este modo, los enunciados
simples o atómicos tendrán sentido y, aquellos enunciados que no reúnan
proposiciones elementales de ese tipos carecerán de él.
Esta
perspectiva se ancla en algunos pasajes de la obra de Wittgenstein:
Destacaré los siguientes:“si la proposición elemental es verdadera, el
hecho atómico existe; si es falsa, el hecho atómico no existe”;
“la enumeración de todas las proposiciones elementales verdaderas
describe el mundo completamente. El mundo está completamente descrito por
la especificación de todas las proposiciones elementales más la indicación
de cuáles son verdaderas y cuáles falsas”;
y por último, “la proposición es una proposición de verdad de las
proposiciones elementales”.
Este
conjunto de proposiciones, junto con otras, llevan a pensar que un
lenguaje bien construido es aquel que, se pueda reducir a proposiciones
elementales que resuman los hecho atómicos. Si esto no es posible, el
lenguaje no es real y, por tanto, de eso no se puede hablar. Esto le lleva
a afirmar que “la totalidad de las proposiciones verdaderas es la
ciencia natural total”.
Parece, por tanto que la ciencia es el único lenguaje verdadero. Y ¿Qué
sería la filosofía? Ésta
queda reducida a un puro análisis del lenguaje.
No
es de extrañar, por tanto, que los miembros del círculo de Viena al leer
los textos que acaban de citarse, viesen en ellos el análisis lógico
necesario para sus pretensiones de elevar el conocimiento científico al
único conocimiento verdadero. De esta forma le cuadro parece completarse
y el puzzle parece completarse: estaban las ideas, existía un grupo, sólo
faltaba que se diesen a conocer y se convirtiesen formalmente como grupo.
1.2.-
La visión científica del mundo
Este
último paso consiste en la formulación real de las propuestas que hasta
ahora sólo se han enunciado. Victor Frank relata este último paso:
“Hacia 1929 caímos en la cuenta de que estaba surgiendo una nueva
filosofía con motivo de la colaboración que se estaba llevando a cabo en
Viena. A todos los padres les gusta mostrar las fotografías de los nuevos
hijos (...) Por lo tanto decidimos, en primer lugar, publicar una monografía
sobre nuestro movimiento; más tarde organizar un debate y, por último,
fundar una revista filosófica para difundir las ideas del grupo”.
La nueva filosofía estaba madura, sólo había que poner por escrito todo
aquello que iba surgiendo en las reuniones.
En
1929, Rudolf Carnap (que había llegado a Viena en 1926), Neurath y Hahn
se encargaron de poner por escrito las ideas e iniciativas del grupo y la
nueva concepción que ellos tenían acerca de la realidad y la ciencia.
Publicaron, entonces, lo que se conoce como el manifiesto del Círculo de
Viena bajo el título de La
concepción científica del mundo. En él se anunciaban también las
actividades que iban a desarrollar para dar a conocer sus ideas y
desarrollarlas. No era, sin más, una pretensión intelectual, sino que
afectaba a sus vidas; se puede decir que era su proyecto vital.
El
conjunto de actividades que allí proponían consistía en todo un
programa de acción para difundir esta propuesta. Entre otras destacaron
la realización de un Congreso anual cuya primera edición fue en 1930 en
Praga. La edición de una revista; en 1930 se fundó la revista del Círculo
con el título Erkenntnis (conocimiento) bajo la dirección de Carnap y
Reichenback.
En ella se publicarían los artículos de los jóvenes doctores y así se
podían ir difundiendo las ideas propias del círculo. Por último, la
publicación de una especie de enciclopedia donde se publicasen libros y
las ideas fundamentales que manifestaran la concepción científica del
mundo que ellos pregonaban.
Al
mismo tiempo que manifestaban y exponían las actividades que querían
desempeñar, expusieron las ideas fundamentales y las líneas programáticas
del movimiento. Estas ideas se pueden resumir en los tres siguientes
puntos:
1. Constitución de una
ciencia unificada que abarcase todos los conocimientos proporcionados por
las diferentes ciencias desde la física pasando por el resto de ciencias
naturales hasta llegar a las ciencias sociales.
2. El método para llevar a
cabo esta ciencia unificada no es otro que el análisis lógico, siguiendo
en este punto las ideas que Wittgenstein había expuesto y que los
miembros del Círculo seguían.
3. Como resultado del empleo
de dicho método para conseguir la ciencia unificada se desprenden las dos
siguientes consecuencias: la eliminación de cualquier referencia a la
metafísica, ya que no se pueden llegar al conocimiento de aquello que esté
más allá de la experiencia, y una clarificación de los conceptos y de
las teorías de la ciencia empírica, así como de los fundamentos de la
matemática.
En
resumen, el manifiesto de 1929 sirve como constitución e inicio de las
actividades de una concepción filosófica anclada en el empirismo clásico,
pero con la novedad del logicismo y positivismo de las ciencias. Veamos
ahora cuales son las tesis o principios filosóficos de esta nueva filosofía.
1.3.-
Principios filosóficos del Círculo de Viena.
Una
vez descrito los inicios y antecedentes del Círculo hay que ver cuales
son los principios de esta nueva concepción, que no sólo parece ser
científica sino que se convierte en una concepción del mundo. Y es ese
su primer principio. Los miembros del círculo compartían una inquietud
común: no querían sin más publicar, sino que querían dar a conocer
cual es la verdadera concepción del mundo y, por tanto, una verdad
concreta, el sentido de todo.
Apoyándose
en esa pretensión y deseo está el segundo punto: la defensa del método
científico como único camino para el conocimiento de la realidad. De ahí,
nace la defensa de las ciencias experimentales como las únicas que pueden
explicar la realidad. La experiencia y las proposiciones elementales de la
ciencia son el único lenguaje verdadero.
De
hecho, la aparición de una nueva lógica capaz de unir la ciencia y de
dar consistencia lógica al método resulta fundamental para las
pretensiones del círculo. Las explicaciones de Wittgenstein en el
Tractatus sobre la validez de las diferentes proposiciones científicas y
del lenguaje son el camino a través del cual desarrollar la concepción
científica y hacer realidad la ciencia unificada.
¿Cómo
explicar el método científico para dar con la concepción científica
del mundo? Sólo a través de las proposiciones del lenguaje científico,
es decir, las proposiciones científicas deben de resumir perfectamente la
realidad y el modo de saber como la construyen es la verificación directa
de cada una de las proposiciones. La verificación directa sólo es
posible si las proposiciones miden, de hecho, los fenómenos, lo que
realmente se da. El avance y la definición del método es encontrar cual
es el criterio lógico que permite discernir las proposiciones elementales
con los fenómenos.
De
ahí, nace uno de los principios esenciales del pensamiento del círculo
de Viena: el criterio empírico de significado. Con él se puede saber y
verificar las proposiciones esenciales del saber filosófico y construir
el conocimiento del mundo desde su concepción científica. Esta postura
se conoce como empirismo lógico. En esta postura, el fundamento del
conocimiento está en la experiencia sensible, como el resto de los
empiristas. Ahora bien, cambia que este tipo de empirismo justifica su
experiencia en el análisis lógico del lenguaje y en las proposiciones
que realmente tienen sentido.
De
esta teoría se desprende que cualquier concepción filosófica que
mantenga una actitud metafísica no es más que la construcción de mitos
y teorías filosóficas que no tienen razón de ser y que sucumben ante el
avance de la ciencia. Las proposiciones de la metafísica, por ejemplo, no
pueden ser verdaderas porque no pueden verificarse según el criterio
anunciado. De esta manera, la filosofía se constituye en el análisis de
las proposiciones lógicas verdaderas.
¿Qué
sería, entonces, de las proposiciones metafísicas que no consiguiesen
reducir sus proposiciones a proposiciones elementales? En palabras de
Carnap “la metafísica posee un contenido lo que ocurre es que este no
es teorético. Las (pseudo) proposiciones de la metafísica no sirven para
la descripción de relaciones objetivas, ni existentes (caso en el cual
serían proposiciones verdaderas), ni inexistentes (caso en el cual -por
lo menos-serían proposiciones falsas); ellas sirven para la expresión de
una actitud emotiva ante la vida”.
Tanto la ciencia como la filosofía se fundamentan en ese criterio empírico
de significado.
La
metafísica queda reducida a expresiones subjetivas de la vida, o, como
bien ha dicho Artigas “podría calificarse como poesía intelectual útil
para la expresión de sentimientos subjetivos pero incapaz de expresar
verdaderamente situaciones objetivas”.
Sólo es verdadero la ciencia ya que sólo sus proposiciones pueden ser
verdaderas porque pueden responder según el criterio de significado
fijado.
1.4.-
El criterio empírico de significado.
Este
criterio puede ser definido de la siguiente forma: una afirmación acerca
de los hechos sólo tendría significado si existiese un camino o
procedimiento empírico para comprobarla. Schlick habla de este principio
o criterio de la siguiente manera: “el principio de que el sentido de
toda proposición se halla totalmente contenido en su verificación
mediante lo dado. Una proposición posee un significado enunciable, sólo
cuando muestra una diferencia comprobable entre la situación de que sea
verdadera y de que sea falsa”.
El
sentido de las proposiciones sólo es posible si se da su verificación
empírica. En este sentido, la filosofía tiene una función distinta de
las que se podía entender y estará al servicio de ese criterio. Schlick
define esta función de la siguiente manera: “la actividad mediante la
cual se descubre o determina el sentido de los enunciados : esa es la
filosofía. Por medio de la filosofía se aclaran las proposiciones, por
medio de la ciencia se verifican”.
Es la actividad que sirve de apoyo a la verificación empírica.
Al
mismo tiempo que sirve para explicar una nueva filosofía, eleva la
ciencia experimental a el grado máximo del saber. La racionalidad humana
solo es posible dentro de la racionalidad científica. Sólo hay
objetividad en la ciencia, ya que es en el método de la ciencia donde
cabe la verificación de sus proposiciones. El resto de disciplinas,
incluida la metafísica no están encaminadas a la verdad, sino a expresar
sentimientos, emociones y, a lo máximo ideas subjetivas.
La
filosofía se salva porque se convierte en una actividad dedicada al análisis
lógico del lenguaje. Es la herramienta que posibilita la verdad de la
ciencia, ya que es la única disciplina que es capaz de discernir entre
proposiciones con sentido (verdaderas) y proposiciones sin sentido
(falsas). De tal modo, que la filosofía será la actividad que clarifique
la realidad. Esa filosofía es la neopositivista, el empirismo lógico
como camino para alcanzar la verdad.
***
Hasta
aquí las consideraciones acerca de la filosofía del círculo de Viena.
La herencia de su pensamiento llega hasta nuestros días, si bien no con
la fuerza que tuvieron. El Círculo quedó formalmente disuelto en 1938.
La razón fue el avance del nazismo y los problemas políticos del
momento. Antes, en 1936, sufrió un duro golpe con la muerte de Schlick a
manos de un alumno cuando salía de trabajar en la Universidad
Sin
embargo, sus ideas perduraron, si bien no en las proposiciones concretas
tal y como fueron realizadas en su momentos. De esas ideas, destaca su
concepción antimetafísica de la realidad y del mundo y la difusión del
cientificismo y empirismo lógico
como fundamento del conocimiento.
Ambas
ideas han ido creciendo a lo largo del siglo XX convirtiéndose ya en
lugar común y fundamento de una forma de pensar. Quizá sus proposiciones
y afirmaciones filosóficas no calaron, pero su propósito último si que
ha dejado su huella.