El círculo de Viena.

Pablo López

 

 

1. El círculo de Viena.

                        1.1 Los comienzos del Círculo de Viena.

                        1.2 La visión científica del mundo.

                        1.3 Principios filosóficos del Círculo de Viena.

1.4 El criterio empírico del significado.

 

En este tema se estudia el nacimiento de la moderna filosofía de la ciencia. En opinión de Mariano Artigas, “el nacimiento y desarrollo de la ciencia experimental a partir del siglo XVII ha estado frecuentemente acompañado de polémicas filosóficas, y no pocas posturas filosóficas de la época moderna han representado, en parte, intentos diversos de solucionar esas polémicas”[1]. Resolver las diferentes polémicas filosóficas han hecho que en la época reciente se constituyese “la filosofía de la ciencia como disciplina autónoma, que ha dado lugar a la aparición de un nuevo tipo de dedicación profesional”[2]

La aparición de este nuevo tipo de filósofo suele estar ligada a las actividades del círculo de Viena “que contribuyeron decisivamente a la consolidación de la filosofía de la ciencia como disciplina autónoma”[3]. Desde esas actividades surgieron nuevas figuras que, ancladas en las consideraciones iniciales de la filosofía neopositivista del Círculo intenta responder a la cuestión de qué es la actividad científica y cual es su racionalidad propia. Heredan de la visión positivista[4] que la ciencia es el paradigma de la objetividad y de la racionalidad.

Junto a la postura neopositivista crecen las figuras de otros pensadores. Entre esos nuevos filósofos se encuentra Karl Popper, cuya filosofía es también un intento de explicar el método científico y la racionalidad propia de la ciencia. Se convierte, tras alguno de los miembros del Círculo, en uno de los principales artífices de la consolidación de esta disciplina. A su sombra crecieron los principales filósofos de la ciencia del siglo XX y sus ideas constituyen siempre un paradigma, ya sea para seguirlas, ya sea para criticarlas.

Así, la filosofía de la ciencia se construye alrededor del Círculo de Viena y Karl Popper. Se convierten en el centro y el resto de pensadores reflejan sus posturas en la suyas y pretenden resolver, a su modo, los mismos problemas que trataban estos. Pues bien, en el presente tema se desarrollarán las ideas del Círculo de Viena y de Karl Popper como paradigmas de una disciplina filosófica nueva. Quedaría para otro trabajo relacionar su filosofía con el resto de seguidores. El método para desarrollar las ideas será: en primer lugar, se expondrá la génesis del Círculo y sus ideas principales; después, las ideas fundamentales de la filosofía popperiana y, por último, una visión crítica de ambas.

1. El Círculo de Viena.

La filosofía del siglo XX tiene varios hitos fundamentales. Uno de ellos nace a principios de siglos en Viena. Durante el siglo anterior, el XIX, la filosofía idealista se enfrento frontalmente con los intereses científicos. En ese punto, la filosofía parece desligarse de la ciencia y de las preocupaciones de ésta; poco a poco se ambas disciplinas van haciendo autónomas y no dependen tanto una de la otra. Los idealistas, que no parecen ir en contra de las pretensiones y los avances que desde el siglo XVII iban produciendo en las diferentes disciplinas científicas, dirigen la filosofía por caminos distintos a los científicos.

Ahora bien, esta separación es momentánea. Un nuevo movimiento filosófico está fraguando un modelo de comprensión del problema novedoso. Nace, entonces, lo que se ha llamado la moderna filosofía de la ciencia. Ésta se apoya en el creciente auge de las disciplinas científicas y su cada vez mayor influencia en el conocimiento del mundo y de la naturaleza. Eran pensadores fascinados por la fuerza de la experiencia en la comprobación y por el avance que ese método proporcionaba a las disciplinas científicas.

Junto con la predilección por las disciplinas científicas, hay también un auge de la lógica apoyada en las matemáticas, que convierten esta disciplina filosófica en el método adecuado para el conocimiento de la realidad y en una forma de verificación nueva. En este punto aparecen la figuras de Wittgenstein, Russell y Whitehead[5] que contribuyen al desarrollo de esta nueva lógica. Convierten las proposiciones del lenguaje en módulos a través de los cuales puede encerrarse la realidad. La verificación de éstas hace posible saber que proposiciones pueden ser dichas y tienen sentido y cuales no.

El avance de las disciplinas científicas y el nacimiento de esta nueva concepción de la lógica hace que nazcan aires filosóficos nuevos. Sin la conjunción de estos dos parámetros en el tiempo, no era posible que surgiesen una nueva concepción del quehacer filosófico. Sólo falta que un grupo de personas se unan y crean que es posible realizar esos cambios. Y así es; un grupo de jóvenes filósofos, la mayoría de ellos provenientes de disciplinas científicas estaban dispuestos a poner en orden todo el conocimiento científico y descubrir la verdadera esencia de su método.

A primeros de siglo y durante el tiempo de entreguerras “la reflexión sobre el método científico recibe un impulso decisivo. Durante este periodo el centro principal de la filosofía de la ciencia es la Universidad de Viena donde un grupo de científicos y filósofos”[6] se reunían bajo la inspiración de la ciencia y el deseo de unificar el pensamiento científico. Todo parecía apuntar que la consolidación de la nueva forma de pensar requería un conjunto de personas dispuestas a secundar la misma idea y alguien capaz de unificar los nuevos criterios.

¿Quién fue el detonante de esta unión y la fuerza común? Dos pueden considerarse como los detonantes de la acción. El primer como inspirador intelectual. El grupo de jóvenes filósofos y científicos que se reunían desde 1910 “consideraban la filosofía positivista de Ernst Mach como muy importante  a pesar de la poca atención a la lógica”[7]. Por tanto, Mach puede considerarse como el primer motor intelectual  en el inicio a los jóvenes miembros del futuro círculo de Viena.

¿Quién es Ernst Mach? Físico alemán que vivió de 1838 hasta 1916. Ocupó la cátedra de Filosofía de las ciencias inductivas de la Universidad de Viena 1895 hasta 1901. Esta cátedra universitaria fue creada de modo especial para él. Publicó diversas obras de gran influencia como La mecánica: exposición histórico-crítica de su desarrollo en 1833; El análisis de las sensaciones, de 1886, y Conocimiento y error, de 1905. Se pueden resumir las tesis filosóficas fundamentales de Mach en dos puntos:

            a.- la ciencia es fenomenista. La ciencia está dedicada al estudio de los fenómenos, estos son lo único real. Sólo trata acerca de fenómenos y cualquier pretensión de ir más allá de la experiencia es imposible. Se trataría de una pretensión metafísica inadmisible para la ciencia.

            b.- La ciencia no se mueve entre parámetros de verdad y falsedad, sino que es un instrumento útil a través del cual se logra la adaptación biológica del hombre. Por tanto, propone una ciencia que no puede ir más allá de los fenómenos y que es una herramienta útil[8].

Pensaba, por tanto, que la ciencia era capaz de conocer los hechos, los fenómenos y servir de instrumento eficaz para la consolidación de la especie humana. Cualquier otra pretensión de cognoscitiva quedaba fuera del alcance de este “saber. Mediante la ciencia el hombre completa su adaptación porque ella es el instrumento necesario. Quizá, como luego vieron los miembros del Círculo, carecía de fuerza lógica, pero la propuesta era sumamente intuitiva.

En resumen, la concepción de la ciencia que expuso Mach, el avance de los nuevos modelos lógicos, con la influencia cada vez mayor del análisis lógico del lenguaje y el ambiente filosófico y científico de Viena son el caldo de cultivo que hace surgir el Círculo de Viena

1.1.- Comienzos del Círculo de Viena

La Universidad de Viena fue reuniendo a principios de siglo -tras la primera Guerra Mundial- un grupo de jóvenes profesores preocupados por las cuestiones de la ciencia y su alcance cognoscitivo. Herbert Feigl, que más tarde integraría el Círculo de Viena, narra este hecho de la siguiente manera: “un grupo de jóvenes doctores de filosofía, la mayoría de los cuales habían estudiado física, matemática y ciencias sociales se reunían los jueves para discutir sobretodo cuestiones de filosofía de la ciencia. En aquella época el positivismo de E. Mach constituía la principal inspiración de este pequeño grupo de estudiosos”[9]. Estaban atraídos por el positivismo y a la espera de que estas discusiones continuasen y fraguasen en una realidad nueva.

En 1922, Moritz Schlick ocupa la Cátedra de Filosofía de las ciencias inductivas que en su día fue creada para Mach. Schlick había llegado a la filosofía desde la física. En 1904 hizo un doctorado en física bajo la dirección de Max Planck y se graduó más tarde en filosofía. En 1918 publicó una de sus obras más importantes, Teoría general del conocimiento. Su influencia y prestigio fue creciendo y se vio rodeado pronto de un grupo de filósofos preocupado por las mismas cuestiones y seguros de que la clave de respuesta se encontraba, entre otros, en las propuestas filosóficas del empirismo.

En 1924, dos de los jóvenes doctores que se venían reuniendo desde 1910, Feigl y Waismnan, se entrevistaron con él para proponerle que sea él quien dirija el grupo de debate. Schlick acepta su propuesta. Entonces comienzan sus coloquios los viernes en el seminario de la Cátedra de filosofía inductiva. Estos pueden ser considerados como los inicios del Círculo de Viena. El grupo de jóvenes doctores tenía ya una figura que les dirigiera y pusiera orden a sus pensamientos.

A la dirección de Schlick se une la lectura de la obra filosófica Tractatus logicus-philosophicus de Wittgenstein, publicada en 1922. Se trata de breves consideraciones numeradas acerca de la naturaleza de la lógica y se puede resumir en la siguiente expresión del prólogo “el libro trata de problemas de filosofía y muestra, al menos así lo creo, que la formulación de estos problemas descansa en la falta de comprensión de la lógica de nuestro lenguaje”[10]. Parece, por tanto, que la filosofía se encamina hacia la compresión lógica del lenguaje y que buena parte de los problemas filosóficos están relacionados con la cuestión del lenguaje que se emplea y e que modo éste es capaz de referirse a la realidad.

La lectura de Wittgenstein contribuyó a dotar a los miembros del círculo de la fuerza lógica que carecía la obra empirista de Mach. Para algunos, los miembros del Círculo realizaron una lectura redcucionista y demasiado simplista de las tesis Wittgenstenias. Pensaron que de algunas afirmaciones se podía deducir que, por ejemplo, todas las afirmaciones acerca de hechos se componen de afirmaciones de hechos simples, de tal manera que éstos pueden ser verificados. De este modo, los enunciados simples o atómicos tendrán sentido y, aquellos enunciados que no reúnan proposiciones elementales de ese tipos carecerán de él.

Esta perspectiva se ancla en algunos pasajes de la obra de Wittgenstein: Destacaré los siguientes:“si la proposición elemental es verdadera, el hecho atómico existe; si es falsa, el hecho atómico no existe”[11]; “la enumeración de todas las proposiciones elementales verdaderas describe el mundo completamente. El mundo está completamente descrito por la especificación de todas las proposiciones elementales más la indicación de cuáles son verdaderas y cuáles falsas”[12]; y por último, “la proposición es una proposición de verdad de las proposiciones elementales”[13].

Este conjunto de proposiciones, junto con otras, llevan a pensar que un lenguaje bien construido es aquel que, se pueda reducir a proposiciones elementales que resuman los hecho atómicos. Si esto no es posible, el lenguaje no es real y, por tanto, de eso no se puede hablar. Esto le lleva a afirmar que “la totalidad de las proposiciones verdaderas es la ciencia natural total”[14]. Parece, por tanto que la ciencia es el único lenguaje verdadero. Y ¿Qué sería  la filosofía? Ésta queda reducida a un puro análisis del lenguaje[15].

No es de extrañar, por tanto, que los miembros del círculo de Viena al leer los textos que acaban de citarse, viesen en ellos el análisis lógico necesario para sus pretensiones de elevar el conocimiento científico al único conocimiento verdadero. De esta forma le cuadro parece completarse y el puzzle parece completarse: estaban las ideas, existía un grupo, sólo faltaba que se diesen a conocer y se convirtiesen formalmente como grupo.

1.2.- La visión científica del mundo

Este último paso consiste en la formulación real de las propuestas que hasta ahora sólo se han enunciado. Victor Frank relata este último paso: “Hacia 1929 caímos en la cuenta de que estaba surgiendo una nueva filosofía con motivo de la colaboración que se estaba llevando a cabo en Viena. A todos los padres les gusta mostrar las fotografías de los nuevos hijos (...) Por lo tanto decidimos, en primer lugar, publicar una monografía sobre nuestro movimiento; más tarde organizar un debate y, por último, fundar una revista filosófica para difundir las ideas del grupo”[16]. La nueva filosofía estaba madura, sólo había que poner por escrito todo aquello que iba surgiendo en las reuniones.

En 1929, Rudolf Carnap (que había llegado a Viena en 1926), Neurath y Hahn se encargaron de poner por escrito las ideas e iniciativas del grupo y la nueva concepción que ellos tenían acerca de la realidad y la ciencia. Publicaron, entonces, lo que se conoce como el manifiesto del Círculo de Viena bajo el título de La concepción científica del mundo. En él se anunciaban también las actividades que iban a desarrollar para dar a conocer sus ideas y desarrollarlas. No era, sin más, una pretensión intelectual, sino que afectaba a sus vidas; se puede decir que era su proyecto vital.

El conjunto de actividades que allí proponían consistía en todo un programa de acción para difundir esta propuesta. Entre otras destacaron la realización de un Congreso anual cuya primera edición fue en 1930 en Praga. La edición de una revista; en 1930 se fundó la revista del Círculo con el título Erkenntnis (conocimiento) bajo la dirección de Carnap y Reichenback[17]. En ella se publicarían los artículos de los jóvenes doctores y así se podían ir difundiendo las ideas propias del círculo. Por último, la publicación de una especie de enciclopedia donde se publicasen libros y las ideas fundamentales que manifestaran la concepción científica del mundo que ellos pregonaban.

Al mismo tiempo que manifestaban y exponían las actividades que querían desempeñar, expusieron las ideas fundamentales y las líneas programáticas del movimiento. Estas ideas se pueden resumir en los tres siguientes puntos:

            1. Constitución de una ciencia unificada que abarcase todos los conocimientos proporcionados por las diferentes ciencias desde la física pasando por el resto de ciencias naturales hasta llegar a las ciencias sociales.

            2. El método para llevar a cabo esta ciencia unificada no es otro que el análisis lógico, siguiendo en este punto las ideas que Wittgenstein había expuesto y que los miembros del Círculo seguían.

            3. Como resultado del empleo de dicho método para conseguir la ciencia unificada se desprenden las dos siguientes consecuencias: la eliminación de cualquier referencia a la metafísica, ya que no se pueden llegar al conocimiento de aquello que esté más allá de la experiencia, y una clarificación de los conceptos y de las teorías de la ciencia empírica, así como de los fundamentos de la matemática.

En resumen, el manifiesto de 1929 sirve como constitución e inicio de las actividades de una concepción filosófica anclada en el empirismo clásico, pero con la novedad del logicismo y positivismo de las ciencias. Veamos ahora cuales son las tesis o principios filosóficos de esta nueva filosofía.

1.3.- Principios filosóficos del Círculo de Viena.

Una vez descrito los inicios y antecedentes del Círculo hay que ver cuales son los principios de esta nueva concepción, que no sólo parece ser científica sino que se convierte en una concepción del mundo. Y es ese su primer principio. Los miembros del círculo compartían una inquietud común: no querían sin más publicar, sino que querían dar a conocer cual es la verdadera concepción del mundo y, por tanto, una verdad concreta, el sentido de todo.

Apoyándose en esa pretensión y deseo está el segundo punto: la defensa del método científico como único camino para el conocimiento de la realidad. De ahí, nace la defensa de las ciencias experimentales como las únicas que pueden explicar la realidad. La experiencia y las proposiciones elementales de la ciencia son el único lenguaje verdadero.

De hecho, la aparición de una nueva lógica capaz de unir la ciencia y de dar consistencia lógica al método resulta fundamental para las pretensiones del círculo. Las explicaciones de Wittgenstein en el Tractatus sobre la validez de las diferentes proposiciones científicas y del lenguaje son el camino a través del cual desarrollar la concepción científica y hacer realidad la ciencia unificada.

¿Cómo explicar el método científico para dar con la concepción científica del mundo? Sólo a través de las proposiciones del lenguaje científico, es decir, las proposiciones científicas deben de resumir perfectamente la realidad y el modo de saber como la construyen es la verificación directa de cada una de las proposiciones. La verificación directa sólo es posible si las proposiciones miden, de hecho, los fenómenos, lo que realmente se da. El avance y la definición del método es encontrar cual es el criterio lógico que permite discernir las proposiciones elementales con los fenómenos.

De ahí, nace uno de los principios esenciales del pensamiento del círculo de Viena: el criterio empírico de significado. Con él se puede saber y verificar las proposiciones esenciales del saber filosófico y construir el conocimiento del mundo desde su concepción científica. Esta postura se conoce como empirismo lógico. En esta postura, el fundamento del conocimiento está en la experiencia sensible, como el resto de los empiristas. Ahora bien, cambia que este tipo de empirismo justifica su experiencia en el análisis lógico del lenguaje y en las proposiciones que realmente tienen sentido.

De esta teoría se desprende que cualquier concepción filosófica que mantenga una actitud metafísica no es más que la construcción de mitos y teorías filosóficas que no tienen razón de ser y que sucumben ante el avance de la ciencia. Las proposiciones de la metafísica, por ejemplo, no pueden ser verdaderas porque no pueden verificarse según el criterio anunciado. De esta manera, la filosofía se constituye en el análisis de las proposiciones lógicas verdaderas.

¿Qué sería, entonces, de las proposiciones metafísicas que no consiguiesen reducir sus proposiciones a proposiciones elementales? En palabras de Carnap “la metafísica posee un contenido lo que ocurre es que este no es teorético. Las (pseudo) proposiciones de la metafísica no sirven para la descripción de relaciones objetivas, ni existentes (caso en el cual serían proposiciones verdaderas), ni inexistentes (caso en el cual -por lo menos-serían proposiciones falsas); ellas sirven para la expresión de una actitud emotiva ante la vida”[1]. Tanto la ciencia como la filosofía se fundamentan en ese criterio empírico de significado.

La metafísica queda reducida a expresiones subjetivas de la vida, o, como bien ha dicho Artigas “podría calificarse como poesía intelectual útil para la expresión de sentimientos subjetivos pero incapaz de expresar verdaderamente situaciones objetivas”[2]. Sólo es verdadero la ciencia ya que sólo sus proposiciones pueden ser verdaderas porque pueden responder según el criterio de significado fijado.

1.4.- El criterio empírico de significado.

Este criterio puede ser definido de la siguiente forma: una afirmación acerca de los hechos sólo tendría significado si existiese un camino o procedimiento empírico para comprobarla. Schlick habla de este principio o criterio de la siguiente manera: “el principio de que el sentido de toda proposición se halla totalmente contenido en su verificación mediante lo dado. Una proposición posee un significado enunciable, sólo cuando muestra una diferencia comprobable entre la situación de que sea verdadera y de que sea falsa”[3].

El sentido de las proposiciones sólo es posible si se da su verificación empírica. En este sentido, la filosofía tiene una función distinta de las que se podía entender y estará al servicio de ese criterio. Schlick define esta función de la siguiente manera: “la actividad mediante la cual se descubre o determina el sentido de los enunciados : esa es la filosofía. Por medio de la filosofía se aclaran las proposiciones, por medio de la ciencia se verifican”[4]. Es la actividad que sirve de apoyo a la verificación empírica.

Al mismo tiempo que sirve para explicar una nueva filosofía, eleva la ciencia experimental a el grado máximo del saber. La racionalidad humana solo es posible dentro de la racionalidad científica. Sólo hay objetividad en la ciencia, ya que es en el método de la ciencia donde cabe la verificación de sus proposiciones. El resto de disciplinas, incluida la metafísica no están encaminadas a la verdad, sino a expresar sentimientos, emociones y, a lo máximo ideas subjetivas.

La filosofía se salva porque se convierte en una actividad dedicada al análisis lógico del lenguaje. Es la herramienta que posibilita la verdad de la ciencia, ya que es la única disciplina que es capaz de discernir entre proposiciones con sentido (verdaderas) y proposiciones sin sentido (falsas). De tal modo, que la filosofía será la actividad que clarifique la realidad. Esa filosofía es la neopositivista, el empirismo lógico como camino para alcanzar la verdad.

***

Hasta aquí las consideraciones acerca de la filosofía del círculo de Viena. La herencia de su pensamiento llega hasta nuestros días, si bien no con la fuerza que tuvieron. El Círculo quedó formalmente disuelto en 1938. La razón fue el avance del nazismo y los problemas políticos del momento. Antes, en 1936, sufrió un duro golpe con la muerte de Schlick a manos de un alumno cuando salía de trabajar en la Universidad

Sin embargo, sus ideas perduraron, si bien no en las proposiciones concretas tal y como fueron realizadas en su momentos. De esas ideas, destaca su concepción antimetafísica de la realidad y del mundo y la difusión del cientificismo y empirismo lógico[5] como fundamento del conocimiento.

Ambas ideas han ido creciendo a lo largo del siglo XX convirtiéndose ya en lugar común y fundamento de una forma de pensar. Quizá sus proposiciones y afirmaciones filosóficas no calaron, pero su propósito último si que ha dejado su huella.

 

 
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