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PENSAMIENTO FILOSOFICO DE KANT
4.1. El giro copernicano
4.2. Juicios analíticos y juicios sintéticos
4.3. ESTÉTICA TRASCENDENTAL: la sensibilidad
4.4. ANALÍTICA TRASCENDENTAL: el entendimiento
4.5. DIALÉCTICA TRASCENDENTAL: la razón 4.6. Conclusión a la Crítica de la Razón Pura: La
metafísica no es una ciencia objetiva
La Se conoce con
el nombre de Ilustración (en alemán
Aufklärung, inglés Enlightenment,y francés Siècle
des Lumières) a un movimiento cultural de gran complejidad que aparece en
el siglo XVII en Inglaterra y que se desarrolla y cobra su auge en el siglo
XVIII en Francia, llegando hasta principios del XIX.. En líneas
generales podemos decir que los pensadores de la época consideraban que su misión
era iluminar la Humanidad rompiendo con las ancestrales tinieblas en las que
había estado sumida, tinieblas provocadas, según ellos por los prejuicios, la
superstición y el engaño. La Ilustración
se caracteriza por varios elementos, uno de ellos (lo consideraremos como el más
importante) la libertad, el ideal más
querido por los filósofos, podríamos resumirlo en una magnifica anécdota que
se atribuye a Voltaire, después de haber manifestado a otra persona que no
estaba de acuerdo con lo que le decía: “No estoy de acuerdo con su opinión, pero sería
capaz de combatir hasta entregar mi vida por defender el derecho que usted tiene
a exponerla” Marco político-social Hasta el siglo
XVIII los reyes tienen el poder y control absolutos, la mayor parte de la
estructura social continuaba siendo feudal, se trata de la Monarquía absoluta
(“El Estado soy yo - “Todo para el
pueblo pero sin el pueblo”). Las
arbitrariedades de los monarcas satisfacían y beneficiaban a las clases altas o
aristocráticas, surgiendo una nueva clase emergente, la burguesía, que quiere
tener los mismos derechos. Es la Revolución Francesa. El pensamiento
fundamental es: “Todos los hombres nacen iguales y con unos
derechos que les son naturales y que deben ser respetados” Montesquieu, con su Espíritu
de las leyes invoca ya la separación de los tres poderes, legislativo,
ejecutivo y judicial Durante este
tiempo se produce la independencia de EE.UU. en 1.776. Es la carta fundacional
de la Independencia la que va a servir de modelo para las futuras constituciones
de los derechos del hombre y de los ciudadanos, tomando como el aspecto
fundamental la dignidad de la persona, iniciándose con ello una jurisprudencia
particular que empezará eliminando el esclavismo. Un precedente
es un tal Cesar Beccaria que con su
tratado De los delitos y de las penas
afirmaba considerando que el delincuente, además de sufrir una sanción,
siempre humana y sin perdida de su integridad física y dignidad personal, debe
ser rehabilitado y reeducado, elevando su voz frente a la barbarie del sistema
penal existente (modelo presente en cualquier institución penitenciaria de la
Europa Comunitaria!). Por tanto,
cabe subrayar como substrato del pensamiento político de los ilustrados, en el
grito en defensa de lo que hoy llamamos los derechos humanos, base de una
sociedad democrática. El Contrato social
de Rousseau no es ni más ni menos
que un manifiesto democrático. Marco científico Hay que decir
que la admiración de los pensadores ilustrados por los avances experimentados
por la ciencia fue enorme, ya que veían en ella uno de los medios más fecundos
para liberar al hombre de la oscuridad y de los prejuicios, fuente de todos sus
males. Tanto el apoyo como el desarrollo de la ciencia en el dieciocho fueron
notables. Como ejemplo de ello tenemos en Matemáticas figuras como Bernoulli,
Lagrange y Euler. Pero quizás la
figura más relevante en el área de las matemáticas fue Leonardo Euler, con el que el análisis matemático llegará a un nivel no
alcanzado por ninguno de sus predecesores La Química
también progresa rápidamente. Es importante Black, con sus estudios sobre el calor y descubridor del CO2;
Watt descubridor de la máquina de vapor; Cavendish, descubridor del hidrógeno y realizador del famoso
experimento que demostró la ley de atracción universal newtoniana; Priestley,
descubridor del oxígenos; Volta,
descubridor del metano; Scheele, descubridor
del cloro. Pero sobre todos ellos destacará Lavoisier,
cuyo Tratado elemental de Química es
la primera obra moderna sobre esta ciencia. En Biología,
Fisiología y Anatomía también los progresos son patentes. Citaremos los
nombres de Buffon, uno de los más
grandes naturalistas de todos los tiempos; Spallanzani,
importante por sus estudios sobre la generación espontánea; Linneo,
autor de Sistema de la naturaleza; Wolff,
fundador de la moderna embriología, Ingenhousz,
descubridor del proceso de respiración y nutrición de las plantas. marco filosófico Consideran
los pensadores del XVIII que la historia de la Humanidad en general y la
historia del pensamiento en particular, no había sido sino una época de
oscuridad, oscuridad que iba a ser desterrada gracias a la labor por ellos
emprendida. El
saber, es fruto de la razón y ella
va a ser la gran liberadora, pues si había esclarecido los enigmas de la mecánica
universal, de la misma manera la razón humana debería resolver todos los
problemas planteados al hombre. En
cierto modo podría calificarse esta concepción como una especie de
racionalismo. Sin embargo, hay notables diferencias. Para los racionalistas, la
razón es fundamentalmente una razón especulativa; para los ilustrados es una
razón volcada a la práctica. Si el poder de la razón es alabado por la
Ilustración, no es sólo porque pueda resolver los enigmas del universo, sino
porque, mediante el saber por ella originado, se puede modelar y dominar
adecuadamente la naturaleza y la vida humana. Gracias a la razón el
hombre será educado integral y perfectamente; gracias a la razón el
hombre podrá perfeccionarse, y gracias a la razón, se suprimirán los
prejuicios y supersticiones que angustian al espíritu humano. marco religioso Descartes ya
había dicho que para llegar a Dios había que partir de la mera razón,
rechazando con ella la posibilidad de acceso vía sensitiva, Newton, por el
contrario, intentaba mostrarnos el universo a partir de la materia y movimiento
como intento primero par llegar a Él. Hume negaba la posibilidad de explicar la
existencia de Dios partiendo de las impresiones. En fin, todo esto influye para
que los filósofos ilustrados fueran escépticos frente a la Revelación. Frente
al teísmo, abogan por el deísmo, o sea, la existencia de un Dios no providente
ni intervencionista. Podemos hablar ya, desde este momento de una moral
laica, independiente de la religión. Esta especie de
“religión natural”, consistirá
pues, en una religión carente de revelación, de misterios, de cualquier tipo
de elemento sobrenatural, tomada como base en la razón, derivada de la misma
naturaleza humana y constituida por cinco principios: la existencia de un ser
supremo, la necesidad de prestarle reverencia, la virtud como ideal ético, la
obligación de evitar el pecado y la creencia en una recompensa o castigo
ultraterrenos. No hay que
olvidar que existe una especie de materialismo ilustrado, contrario a la postura
de Berkeley quien anuló la sustancia material; es decir, aparecerán
una serie de pensadores que suprimirán la res
cogitans cartesiana, quedándose exclusivamente con la res
extensa. La Mettrie, Holbach y Condillac
son sus máximos representantes. el espíritu Es frecuente el
optimismo con que algunos pensadores observan el futuro. Ellos confían en la
capacidad de perfeccionamiento del hombre; toda la historia de la humanidad es
un continuado perfeccionamiento del hombre, es una continua lucha entre lo
racional y lo irracional entre la razón y la ignorancia, entre el bien y el
mal, entre el despotismo y la libertad entre la ignorancia y el saber. Condorcet
nos muestra así su optimismo exacerbado: “Llegará el momento en el que el sol no alumbre la
Tierra más que a hombres libres, los cuales no reconocerán más señora y
maestra que la Razón, y en el que los tiranos y esclavos no existirán más que
en la Historia y en los teatros”. En este clima
es natural que surgieran numerosas utopías como Viajes de Gulliver de J.
Swift, en la que nos muestra la historia de Europa con sus crímenes,
guerras, pasando a una sociedad idílica, el país de los Huyhnhnms, los
caballos filósofos, que llevan una vida feliz y virtuosa, gobernada por la razón
y la justicia. la Enciclopedia Ya hemos dicho
que los pensadores ilustrados tenían una gran admiración por la ciencia. La
ciencia, como producto de la razón humana,
iba a ser la gran salvadora de la Humanidad, la supresora de las cadenas
de la ignorancia que tenían esclavizados a los hombres, esclavitud tanto psíquica
como física, pues podían estar sometidos a la ignorancia propia o al
despotismo de los monarcas absolutistas. Pero para ello
era necesario que fuese conocida por el pueblo, por las masas, era preciso
difundir la cultura, hacerla asequible. Por consiguiente nació la idea de la
Enciclopedia, es decir, de un
libro en el que de manera inteligible, clara y resumida se expusiera todos los
logros alcanzados en materia científica hasta entonces. Después de muchos
avatares (sólo cabe pensar la rapidez con que progresa la ciencia en aquel
momento, y la dificultad de ir “actualizándo” esos logros, añadiendo a
esta dificultad el que todo este trabajo se hacía de manera manual cuasi
artesanal, pues todavía no se había inventado el bolígrafo y menos aún el
ordenador!) la obra se publicó finalmente, constando de 33 volúmenes. El más
bello juicio sobre esta obra quizás sea la de Cabanis,
también un ilustrado que la calificó de Santa
Confederación contra el fanatismo y la tiranía Los grandes
motores de la Enciclopedia fueron Diderot
y D’Alembert.
ant es un pensador ilustrado, vive por tanto, este espíritu,
y como tal intenta transmitirlo. En su obra¿Qué es la Ilustración? nos dice: “La
Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La
incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía
de otro. Esta incapacidad es el culpable porque su causa no reside en la falta
de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella
sin la tutela de otro. ¡sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia
razón!: he aquí el lema de la ilustración” Biografía Enmanuel Kant
(1.724 - 1.804) nació en Königsberg (actualmente Kaliningrado). Hijo de un
talabartero, se educó en un ambiente de estrecho luteranismo y acusado tono
pietista. Aunque al final de su vida se distanció bastante de la Iglesia, la
formación que recibió de ella influyó fuertemente en su espíritu. De
constitución débil, se matriculó en la Universidad de su ciudad natal. En
1.755 obtuvo el grado de doctor en filosofía, y al mismo tiempo la habilitación
para la docencia. Tuvo que ganarse la vida durante varios años dando clases
particulares y ejerciendo de auxiliar universitario hasta que en 1.770 consiguió
el nombramiento de profesor ordinario de Lógica y Metafísica en la misma
universidad donde había estudiado. A partir de este momento se dedicó por
completo a la enseñanza y a la investigación filosófica sin apenas salir de
su ciudad natal. Murió dejando tras sí una obra que le sitúa entre los
primeros pensadores de la humanidad. Podemos
considerar entre sus obras más notables, la Crítica
de la Razón Pura, Crítica de la Razón Práctica y la Crítica del Juicio. oooooooooooooooooooooooo0000000ooooooooooooooooooooooooo Antes de
abordar el tema específico que nos concierne, es interesante, y creemos de
necesidad, hacer unas observaciones pertinentes, sin las cuales, cabría la
posibilidad de, si no malinterpretar la filosofía de Kant, sí considerarla
como teórica, como epistemológica, o como gnoseológica exclusivamente. Todo el
pensamiento de Kant, surge debido a las motivaciones específicas en las que se
encuentra la filosofía y la sociedad de su época, dentro del marco de la
Ilustración. El punto de arranque, el punto de partida kantiano es el mismo que
el del pensamiento moderno: la Razón. Pero a Kant le llegan una serie de
interpretaciones diversas sobre la Razón, tanto teóricas como prácticas; en síntesis,
los problemas con los que Kant va a enfrentarse son tres: el estatuto*
de las ciencias experimentales,
el estatuto del conocimiento, y el deber ser del hombre o el problema
moral. Empecemos pues,
viendo las influencias en el pensamiento de Kant, cómo le surgen y cómo se
preocupa por hallar la solución a tantos problemas. Serán cuatro las
corrientes o ideologías en el siglo XVIII y que incidirán en Kant: Newton Nos encontramos
en la primera etapa de su vida, conocida como etapa precrítica. Newton es para
él la figura de máximo prestigio en el terreno de las ciencias fisico-matemáticas
y un maestro al que se debe imitar. Es un hecho que la fisico-matemática de
Newton, siendo una ciencia de la experiencia, está regida por principios matemáticos
que garantizan su necesidad y universalidad. ¿Cómo es posible esto? se
preguntará Kant y que luego se verá obligado a contestar en la Crítica de la
Razón Pura. El racionalismo Desde el punto
de vista filosófico, los autores que dejan más huella en el Kant precrítico
son los racionalistas Leibniz y Wolff, puesto que fue educado en sus enseñanzas.
De ellos observó Kant que: a)
que la
metafísica era un sistema deductivo de verdades racionales que contenía los
primeros principios del conocimiento humano, b)
se
especulaba el ser de las cosas por puros conceptos, sin tener en cuenta cómo
los objetos se presentan en la experiencia, y c)
las
verdades de hecho tenían que supeditarse a las verdades de razón. Rousseau El tercer
influjo en su pensamiento provocando ya un conflicto con su mentalidad anterior,
es la que proviene de Rousseau. El mismo Kant ,
confiesa en 1.764 que había comenzado por poner todas sus esperanzas en las
ciencias, hasta el día en que la lectura de Rousseau le había convencido de
que los progresos de las ciencias y de las artes, no conseguían hacer que los
hombres fueran mejores ni más dichosos. Esa valoración desmesurada de la
ciencia, y las posturas antimetafísicas patentes, hacen que el hombre quede
sumergido en el mismo mar que baña la física: el mecanicismo, como la base de
todo materialismo, ¿Qué hay entonces sobre el valor autónomo del ámbito
moral, y de la libertad como rasgos específicos del ser humano? En Rousseau el
conflicto entre física y ética, mecanicismo natural y libertad moral y política
están presentes, y con ellas una serie de contradicciones y falta de matización
conceptual que Kant se verá obligado a solucionar (las dualidades razón teórica-razón
práctica, el conocer-pensar, fenómeno y noúmeno, y el hecho de que la
libertad no pueda demostrarse en el ámbito del conocimiento) Hume Es Hume, sin
embargo, quien había despertado a Kant del “sueño
dogmático*”
en que había estado sumido, y quien le lleva por otros derroteros nuevos frente
a la etapa anterior o precrítica. La experiencia es importante, y así lo había
visto Kant en la ciencia de Newton, pero la filosofía de Hume aboca a un
escepticismo del que es necesario salir. Según Kant ,
hay una serie de confusiones en el empirismo: a)
confunde
el origen o génesis del conocer con el fundamento o validación del mismo. b)
la razón
queda limitada en sus funciones. (Kant está de acuerdo en reducir las
pretensiones de la razón y limitar el conocimiento en su uso especulativo. No
tanto en el papel que desempeña la razón en el conocimiento de los hechos) c)
la
necesidad y universalidad de las leyes científicas quedaban en entredicho
(escepticismo) Estas y otras
dificultades harán que Kant se plantee la necesidad de hacer una crítica de la
razón, que fije sus límites frente a las pretensiones del racionalismo
y que investigue qué es lo que aporta en el conocimiento de la experiencia
que ha hecho posible una ciencia natural como la newtoniana. Es decir,
responder a la pregunta ¿qué puedo
saber?. Establecer y
justificar los principios de la acción y las condiciones de la libertad, es
decir, responder a la pregunta: ¿qué
debo hacer?. Delinear
proyectivamente el destino último del hombre y las condiciones y posibilidades
de su realización. Es decir, responder a la pregunta ¿qué me cabe esperar? Estas tres
preguntas, metafísica, moral y religión, surgen de los fines esenciales de la
Razón. De ahí que las tres preguntas puedan y deban ser recogidas en una
cuarta, de carácter antropológico, que las engloba: ¿qué es el hombre? Lo
que va a mostrarnos con evidencia que el proyecto total de la filosofía
kantiana, es el de una clarificación racional al servicio de una humanidad más
libre, más justa, más encaminada a la realización de los últimos fines. Hemos visto
anteriormente y muy sintéticamente, una serie de problemas con los que Kant va
a enfrentarse y una serie de preguntas que de alguna manera u otra se verá
obligado a contestar. Pero el hilo conductor que nos va a llevar por tales
recovecos no es otro que la Metafísica, “la
reina de todas las ciencias”, punto de partida y de llegada, tanto en la
dura y laboriosa obra de Kant , como no menos para nosotros, ardua y
sacrificante, debido al epígrafe: LA RESPUESTA (de Kant) AL PROBLEMA DE LA
METAFÍSICA. Introduzcámonos, pues en El tema "La
metafísica, conocimiento especulativo de la razón, enteramente aislado, que se
alza por encima de las enseñanzas de la experiencia, mediante meros conceptos
(no como la matemática mediante aplicación de los mismos a la intuición), y
en donde por tanto la razón debe ser su propio discípulo, no ha tenido hasta
ahora la fortuna de emprender la marcha segura de una ciencia; a pesar de ser más
vieja que todas las demás y a pesar de que subsistiría aunque todas las demás
tuvieran que desaparecer enteramente, sumidas en el abismo de una barbarie
destructora. Pues en ella tropieza la razón continuamente, incluso cuando
quiere conocer a priori (según pretende) aquellas leyes que la experiencia más
ordinaria confirma. En ella hay que deshacer mil veces el camino, porque se
encuentra que no conduce a donde se quiere; y en lo que se refiere a la
unanimidad de sus partidarios, tan lejos está aún de ella, que más bien es un
terreno que parece propiamente destinado a que ellos ejerciten sus fuerzas en un
torneo, en donde ningún campeón ha podido nunca hacer la más mínima
conquista y fundar sobre su victoria una duradera posesión. No hay duda alguna
de que su método, hasta aquí, ha sido un mero tanteo y, lo que es peor, un
tanteo entre meros conceptos. Ahora
bien, ¿a qué obedece que no se haya podido aún encontrar aquí un camino
seguro de la ciencia? ¿Es acaso imposible? Mas ¿por qué la Naturaleza ha
introducido en nuestra razón la incansable tendencia a buscarlo como uno de sus
más importantes asuntos? Y aún más ¡cuán poco motivo tenemos para confiar
en nuestra razón, si, en una de las partes más importantes de nuestro anhelo
de saber, no sólo nos abandona, sino que nos entretiene con ilusiones, para
acabar engañándonos! O bien, si sólo es que hasta ahora se ha fallado la
buena vía, ¿qué señales nos permiten esperar que en una nueva investigación
seremos más felices que lo han sido otros antes? Yo
debiera creer que los ejemplos de la matemática y de la física, ciencias que,
por una revolución llevada a cabo de una vez, han llegado a ser lo que ahora
son, serían bastante notables para hacernos reflexionar sobre la parte esencial
de la transformación del pensamiento que ha sido para ellas tan provechosa y se
imitase aquí esos ejemplos, al menos como ensayo, en cuanto lo permite su
analogía, como conocimientos de razón, con la metafísica. Hasta ahora se
admitía que todo nuestro conocimiento tenía que regirse por los objetos; pero
todos los ensayos, para decir a priori algo sobre éstos, mediante conceptos,
por donde sería extendido nuestro conocimiento, aniquilábanse en esa suposición.
Ensáyese pues una vez si no adelantaremos más en los problemas de la metafísica,
admitiendo que los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento, lo cual
concuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a priori de
dichos objetos, que establezca algo sobre ellos antes de que nos sean dados.
Ocurre con esto como con el primer pensamiento de Copérnico quien, no
consiguiendo explicar bien los movimientos celestes sí admitía que la masa
toda de las estrellas daba vueltas alrededor del espectador, ensayó si no tendría
mayor éxito haciendo al espectador dar vueltas y dejando en cambio las
estrellas inmóviles. En la metafísica se puede hacer un ensayo semejante, por
lo que se refiere a la intuición de los objetos. Si la intuición tuviera que
regirse por la constitución de los objetos, no comprendo cómo se pueda a
priori saber algo de ella. ¿Rígese empero el objeto (como objeto de los
sentidos) por la constitución de nuestra facultad de intuición?, entonces
puedo muy bien representarme esa posibilidad. Pero como no puedo permanecer
atenido a esas intuiciones, si han de llegar a ser conocimientos, sino que tengo
que referirlas, como representaciones, a algo como objeto, y determinar éste
mediante aquéllas, puedo por tanto: o bien admitir que los conceptos, mediante
los cuales llevo a cabo esa determinación, se rigen también por el objeto y
entonces caigo de nuevo en la misma perplejidad sobre el modo como pueda saber a
priori algo de él; o bien admitir que los objetos o, lo que es lo mismo, la
experiencia, en donde tan sólo son ellos (como objetos dados) conocidos, se
rige por esos conceptos y entonces veo enseguida una explicación fácil; porque
la experiencia misma es un modo de conocimiento que exige entendimiento, cuya
regla debo suponer en mí, aún antes de que me sean dados objetos, por lo tanto
a priori, regla que se expresa en conceptos a priori, por los que tienen pues
que regirse necesariamente todos los objetos de la experiencia y con los que
tienen que concordar. En lo que concierne a los objetos, en cuanto son pensados
sólo por la razón y necesariamente, pero sin poder (al menos tales como la razón
los piensa) ser dados en la experiencia, proporcionarán, según esto, los
ensayos de pensarlos (pues desde luego han de poderse pensar) una magnífica
comprobación de lo que admitimos como método transformado del pensamiento, a
saber: que no conocemos a priori de las cosas más que lo que nosotros mismos
ponemos en ellas" Kant. Prólogo de la 2ª Edición.
Crítica de la Razón Pura.1787 Kant contempla
de cerca el escándalo en el que se halla sumida “la reina”. ¿Cómo es posible que la metafísica que trata
problemas capitales como Dios, la libertad, la inmortalidad, se encuentre en tal
deterioro y abandono? La matemática
y la ciencia natural avanzan, poniéndose los científicos de acuerdo, en sus
teorías y conclusiones, aportando con ello el progreso. La novedad por lo
positivo sería la causa del abandono de aquella ciencia que continúa
debatiendo las mismas cuestiones que debatían Platón y Aristóteles. El más
escandaloso desacuerdo reina entre los filósofos. Entre estos últimos, Kant ve
como la causa de su agonía a los racionalistas y a los empiristas. Discrepa Kant,
de la doctrina de Locke según la cual todos nuestros conceptos proceden en última
instancia de la experiencia. Tampoco aceptaba, por lo demás la contrapuesta
doctrina de las ideas innatas. Pero al mismo tiempo creía que hay conceptos y
principios que la razón forma por sí misma con ocasión de la experiencia (giro
copernicano*!).
Hay pues, conceptos y principios ajenos a la experiencia y en las que se basa
la experiencia§. Ahora bien, los
racionalistas han supuesto que la razón puede aplicar esos conceptos y
principios para aprehender realidades suprasensibles (noúmenos). Pero el supuesto de los metafísicos racionalistas era
precipitado; no podemos aceptar que los conceptos y principios a priori de la
razón se puedan usar para trascender la experiencia. Esta es la tarea
descuidada por los filósofos dogmáticos. Y a su vez la de los empiristas que
habían negado, desacreditándola, la razón y sus posibilidades cognoscitivas. Sin embargo,
Kant no puede ser indiferente, pues ser indiferente a las cuestiones que plantea
la metafísica es ser indiferente a la propia naturaleza humana. Por eso va a
(intentar) superar esas dificultades y situar a la metafísica en el sitio que
le corresponda. De aquí pueden surgir dos preguntas: ¿qué lugar será ese?
y, ¿cómo lo va a hacer?. Para contestar a estas dos preguntas, Kant, va
a escribir una monumental obra: Crítica
de la Razón Pura (Kritik der
reinen Vernunft). Veamos el
significado de esas palabras que denominan la obra: Crítica: del griego krinein, juzgar, analizar. No es tomada
esta acepción en sentido negativo como destrucción o rechazo, sino en cuanto
positivo, en hacer un balance detallado de todos los aspectos del objeto
sujeto a crítica, tanto positivos como negativos, con objetividad, al igual
que lo haría un crítico de arte Razón: facultad suma de conocer, aquella que nos
diferencia de todo animal Puro: fuera o ajeno a toda experiencia, en palabras de
Kant: “por tal no entiendo una crítica de los
libros y sistemas, sino de la facultad de la razón en general, respecto
de todos los conocimientos a que esta pueda aspirar independientemente de toda
experiencia” Kant, va a
juzgar, a someter a juicio y ante el tribunal de la razón, a la Razón misma,
para “clarificarla y preservarla de
errores”. La gigantesca obra de la CRP, consistirá en una teoría del
conocimiento que va a ayudarnos a clarificar los errores cometidos por la metafísica
dogmática, y a la vez, nos ayudará a ‘situarla’ en el lugar que le
corresponda. La metafísica
es el problema fundamental de Kant. Este, conoce muy de cerca la ciencia
fisicomatemática de Newton y, como hemos visto, las preguntas que se formula
guardan cierto paralelismo comparativo...¿por
qué la ciencia progresa y la metafísica no?... etc. etc. ...Hay que señalar
que existe una diferencia fundamental entre Kant y sus predecesores al
enfrentarse con el problema del criterio de verdad. Los filósofos anteriores
se planteaban el problema sin tener delante una ciencia construida ya. Por eso,
al contestar a la pregunta de cuándo un conocimiento es verdadero, Kant lo hace
analizando cómo conoce la ciencia creada por Newton. No olvidemos esto por
ahora, para dilucidar el problema de la metafísica, Kant se ayudará de la
ciencia. Y bien, visto
esto vamos a intentar hallar si es posible la metafísica como ciencia, pero
para ello tendremos que partir de una primera pregunta: ¿cómo es posible la ciencia? Está claro que viendo
“aquello” que posibilita, que haga que algo sea ciencia, podremos pasar, a
renglón seguido, a ver si la metafísica también es posesa, o no, de lo mismo,
y por tanto, si entrará en el rango de ciencia. Tendremos pues, que descubrir
“aquello” que hace que “algo” sea tachado de ciencia, o sea, las
condiciones posibilitantes del conocimiento científico.
analíticos juicios
sintéticos Kant partirá
de sus conocimientos de lógica y tomando como modelo la física matemática de
Newton. Kant ve que esta ciencia de la naturaleza se compone de juicios, es
decir, de tesis, de afirmaciones, de negaciones, de proposiciones, en donde en
resumidas cuentas se dice algo de algo. Los juicios son
el punto de partida de todo el pensamiento de Kant; sobre estos juicios va a
asentar toda su teoría del conocimiento, y no hay que olvidar ni un instante,
que estos juicios no son vivencias psicológicas, no son algo que nos acontece a
nosotros, no son hechos de la conciencia subjetiva, sino que son
enunciaciones objetivas acerca de algo, son como enunciados lógicos. Encuentra Kant
que estos juicios lógicamente considerados pueden dividirse en dos grandes
grupos: los juicios que él llama analíticos
y los juicios que él llama sintéticos Llama Kant juicios
analíticos a aquellos juicios en los cuales el predicado del juicio está
contenido en el concepto del sujeto (“S es P”). Ejemplo de juicio analítico
sería: el triángulo tiene tres ángulos. Al otro grupo
lo llama Kant juicios sintéticos
que son aquellos en los cuales el concepto del predicado no está contenido en
el concepto del sujeto. Si en el anterior analizando el S encontrábamos la noción
de P, en este caso por mucho que analicemos S, nunca encontraremos su P. Tomemos
como ejemplo: “todos los miembros de la
tribu x son bajos” Pero, ¿cuál
es el fundamento que legitima los juicios analíticos? ¿por qué los juicios
analíticos son verdaderos? El fundamento de su legitimidad, de su validez,
estriba en el principio de identidad. Podríamos nombrarlos también
“tautológicos” (tautos = lo mismo / logós = decir), o decir lo mismo,
repetir lo mismo. ¿Cuál es el
fundamento de los juicios sintéticos? ¿Qué es lo que hace que un juicio sintético
sea verdadero? El fundamento de verdad está en la experiencia, en la
percepción sensible. Muy bien. Pero
entonces los juicios analíticos son verdaderos, universales y necesarios.
Negarlos supondría entrar en contradicción. No tienen su origen en la
experiencia, sino en el análisis mental del concepto de sujeto. Son, pues, “a
priori” *
Pasemos ahora a
los juicios sintéticos ¿cuándo son verdaderos? Serán verdaderos en cuanto la
experiencia los avale. Ahora bien, la experiencia ¿qué es? ¿a qué tipo de
experiencia se refiere?: es la experiencia sensible. La percepción
sensible se verifica en un lugar: aquí;
y en un tiempo: ahora. Por
consiguiente, mientras la percepción sensible se está verificando, o sea ahora
y aquí, estos juicios serán verdaderos, serán válidos. Pero en el momento en
que yo dejo de tener experiencia, ya no sé cuál puede ser el fundamento que
avale estos juicios. Son, pues estos juicios sintéticos, unos juicios
particulares y contingentes. Particulares porque su verdad está
restringida, constreñida al “aquí” y al “ahora”. Contingentes, porque
su contrario no es imposible, son también como dice Kant, “a
posteriori”. Su negación no implica contradicción alguna los juicios de la ciencia Y ahora viene
el problema: ¿cuál de
estas dos clases de juicios son las que constituyen el conocimiento científico
fisicomatemático, los juicios sintéticos o los analíticos?. No pueden ser
los juicios analíticos porque primero, no provienen de la experiencia, y es
imposible una ciencia como la física que no parta de la experiencia, y en
segundo lugar, porque los juicios analíticos no nos informan de la realidad, no
acrecientan nuestro conocimiento, ya que son tautológicos, por tanto, sería
inimaginable “construir” una “ciencia” que no nos diga nada de la
realidad y que no aumente nuestro conocimiento. Tendremos que
volver a los juicios sintéticos, que sí nos dicen cómo es la realidad. Pero
los juicios sintéticos, al contrario que los analíticos, son contingentes y
particulares, y toda ciencia debe contener los requisitos de necesidad y
universalidad. Por tanto la ciencia, en principio, no puede estar constituida
por ninguno de los dos, ni analíticos ni sintéticos. Superando esta
especie de callejón sin salida, a Kant sólo le queda por afirmar que los
juicios que forman la ciencia tienen que ser sintéticos y “a priori”,
este es verdaderamente su gran logro filosófico. El problema
ahora, será mostrar cómo es posible que existan juicios sintéticos a
priori, qué condiciones tienen que darse para que sean posibles los juicios
sintéticos a priori Las matemáticas,
sus proposiciones, ¿son analíticas o sintéticas? Tomemos un ejemplo: la
línea recta es la más corta entre dos puntos. Vamos a ver si es un juicio
analítico analizando el contenido del S y del P. ¿encontramos en el concepto
de recta incluido algo que se parezca a magnitud, a la cantidad? No. Aquí
tenemos un ejemplo patente de juicio sintético, pero además, ¿no es a priori?
¿Sería necesario recurrir a la experiencia e ir midiendo con un metro para ver
si es cierta la proposición? No. La física
también está formada por juicios sintéticos a priori. Cuando decimos: en
todo movimiento que se transmite de un cuerpo a otro, la acción es igual a la
reacción, ¿qué estamos formulando si no un juicio sintético y “a
priori”? ¿necesitamos recurrir a la experiencia para determinar
su verdad? No. ¿Y en la metafísica?
¿no eran juicios “a priori” los que Descartes formulaba demostrando la
existencia de Dios? ... Pero resulta en
un principio, incomprensible el cómo pueden ser los juicios a la vez “sintéticos”
y “a priori”, es decir, obtenido por intuición, obtenido fuera del
razonamiento discursivo, obtenido fuera del análisis conceptual, y al mismo
tiempo independiente de la experiencia. Eso es lo que por ahora no comprendemos.
Kant está dispuesto en su CRP a responder a estas preguntas: 1. ¿cómo son posibles los juicios sintéticos
“a priori” en la matemática” 2. ¿cómo son posibles los juicios sintéticos
“a priori” en la física? 3. y por último, ¿son posibles los
juicios sintéticos “a priori” en la metafísica? C. R. P. El plan de la
obra consta así: I.
TEORÍA
TRASCENDENTAL ELEMENTAL Primera parte.
ESTÉTICA TRASCENDENTAL 1.
Sección
del espacio 2.
Sección
del tiempo Segunda
parte. LÓGICA TRASCENDENTAL 1ª. división.
LA ANALÍTICA 2ª. división.
LA DIALÉCTICA II. TEORÍA
TRASCENDENTAL DE LOS MÉTODOS ¿Cómo
es posible una metafísica futura? En
la Estética Trascendental se dará respuesta a la primera pregunta (matemática).
En la Analítica Trascendental, a la segunda (física), y en la Dialéctica
Trascendental, a la tercera (metafísica) ESTÉTICA Trascendental El término estética
viene del griego, aisthesis, sensación;
Sensación hace referencia al modo como captamos la realidad del mundo
exterior a través de los sentidos (Sinnlichkeit).
Para nosotros es estético aquello que se nos manifiesta mediante los sentidos
produciendo una ‘sensación superior’. A esta forma suma de captación de
las cosas se le denomina Estética, teoría de la Belleza, y por lo tanto está
en relación directa con el arte. Kant, por otro lado, utiliza este término en
toda su amplitud, sin hacer rangos ni distinciones en la forma de presentársenos
algo sensitivamente. Trascendental “Llamo trascendental todo conocimiento que se ocupa en general no
tanto de objetos como de nuestro modo de conocerlos, en cuanto este debe ser
posible a priori. Un sistema de semejantes conceptos se llamaría filosofía
trascendental” La
palabra trascendental se usa vulgarmente en el sentido de muy
importante. Hay que apartar de nosotros ese significado y volver al original
que es el que nos propone Kant. Trascendental viene de la palabra trascendente
que es de donde recibe el significado. Trascendente significa (en
contraposición a inmanente), lo que existe en sí y por sí, independientemente
de mí. Espacio y tiempo formas “a priori” de la sensibilidad Siguiendo
con la concepción del “giro copernicano” kantiano, diremos que, a partir de
ahora, el objeto de conocimiento no tendrá una realidad metafísica en sí y
por sí, (como predicaban los metafísicos anteriores), sino que tendrá
realidad en cuanto será objeto de conocimiento. Ahora bien, para que algo
sea objeto del conocimiento, es preciso que se den ciertas condiciones en
el sujeto. Las condiciones o supuestos que han de realizarse para que el
objeto sea en efecto objeto de conocimiento, Kant las llama condiciones
trascendentales de la objetividad el espacio: exposición metafísica* En este
apartado, Kant nos dirá: a). que es
puro, o sea “a priori” y, b). que el
espacio es una forma de la intuición$ Procedamos por
partes. a). El espacio
es el supuesto de la experiencia, porque no podemos tener experiencia de nada
sin el espacio. ¿Cómo podríamos tener percepción de una cosa que está frente
a mí sin espacio? Pero además
hay otra razón, nosotros podemos perfectamente bien, pensar el espacio sin
cosas, pero no podemos, de ninguna manera, pensar las cosas sin
espacio. Así pues el espacio es a priori, independientemente por completo
de la experiencia, no se deriva de la experiencia, sino que la experiencia lo
supone ya. b). El concepto
intuición lo tomamos referido a la visión
directa e inmediata de una realidad, o, a la comprensión directa o
inmediata de una verdad. En Kant podemos hallar tres significados: 1.
Intelectual, 2. empírica, y 3. pura 1.
A través
de la intuición intelectual algunos autores han pretendido que se pueden
conocer directamente ciertas realidades que se hallan fuera del marco de la
experiencia posible (empírica). Kant, como veremos más adelante, rechazará
este tipo de intuición 2.
Es
aquella que se da “en tanto que el
objeto nos es dado, lo cual únicamente es posible, al menos para nosotros los
hombres, cuando el espíritu ha sido afectado por él de cierto modo”
Diremos que los objetos nos son dados por la sensibilidad y sólo esta produce intuición, único medio por el que
‘empezamos’ a aprehender cognoscitivamente los objetos de la naturaleza. 3.
La
intuición es pura
cuando no hay en ella nada de lo que pertenece a la sensación. La
intuición pura tiene lugar a priori como forma pura de la sensibilidad y “sin un objeto real del sentido o sensación” Hecha esta
introducción al término, diremos que el espacio no es un concepto, sino una
intuición (pura) ¿Qué diferencia hay entre un concepto y una intuición? El
concepto es una unidad mental dentro
de la cual están comprendidos un número indefinido de seres y cosas. El
concepto de mesa cubre en su significación una multitud de mesas. En cambio, y
como hemos visto anteriormente, intuición es la operación mental que toma
conocimiento directamente de una individualidad (apartado2.). No podemos
tener intuición del objeto de un concepto, puesto que el objeto de un concepto
es un número indefinido de seres. Puedo tener intuición de este hombre, concreto, particular, uno solo; pero no puedo tener
intuición del hombre en general. Por consiguiente los conceptos no son
conocidos por intuición sino que son conocidos de otra manera. En cambio
una intuición nos da conocimiento de un objeto singular, único, y eso es lo
que ha sucedido con el espacio. El espacio no es un concepto porque el espacio
no cubre una especie o un género de los cuales multitud de pequeñas especies
sean los individuos; no hay muchos espacios, no hay más que un sólo espacio, el
espacio es único. El espacio es
una intuición pura. el espacio: exposición trascendental “Entiendo por exposición trascendental la explicación de una noción como un principio a partir del cual es discernible la posibilidad de otros conocimientos sintéticos a priori·” Hemos visto cómo
el espacio es la condición de cognoscibilidad de las cosas, es la condición
para que las cosas sean objeto de conocimiento, si no fuera por ello las cosas
serían “cosas en sí” de las cuales no podríamos hablar. El conjunto de
nuestras sensaciones y percepciones carecería de objetividad, no sería para
nosotros objeto estante y quieto, propuesto a nuestro conocimiento si no pusiéramos
‘debajo’ de todas esas percepciones y sensaciones algo que les dé
objetividad, que las convierta en objeto de conocimiento. Ahora Kant
tendrá que decirnos que el espacio es el fundamento de la posibilidad de los
juicios sintéticos a priori en la matemática. Consideremos la geometría,
la cual no sólo supone como punto de partida el espacio, sino que está
constantemente poniéndolo. La prueba está en que los conceptos de la geometría,
o sea las figuras, las encontramos constantemente en una intuición pura, “a
priori”. Cuando llegamos a cualquier figura geométrica, círculo, esfera,
cono...e intentamos definirlas, partimos de una intuición puramente ideal que
no vienen en absoluto de la experiencia. En cada momento que hemos intentado
definir una figura, hemos tenido que llamar en nuestro auxilio la intuición del
espacio, y cerrando los ojos, hemos construido la figura, pues las figuras no se
definen sino se construyen. El espacio puro no sólo es el supuesto primero de
la geometría, sino el supuesto constante de la geometría. Vemos que todas las
cosas de la experiencia encajan a la perfección con la geometría pura. El
espacio es la forma de la sensibilidad,
dirá Kant. Nuestra facultad de tener sensaciones es la que imprime a las
sensaciones la forma de espacio. ¿Por qué las cosas son objeto del
conocimiento geométrico? Pues porque el espacio impreso en ellas por nuestra
sensibilidad, el espacio “a priori”, les presta esa forma geométrica y por
consiguiente los juicios sintéticos “a priori” en las matemáticas son
posibles. el tiempo: exposición metafísica La exposición
metafísica del tiempo se encamina a mostrar: primero, que el tiempo es “a
priori”, o sea, independiente de la experiencia; segundo, que el tiempo
es una intuición, o sea: no una cosa entre otras cosas, sino una forma pura
de todas las cosas posibles. La primera
parte la demostrará Kant siguiendo paso a paso, la misma demostración que
empleó para el caso del espacio. En efecto, que el tiempo es “a priori”, se
advierte con sólo reflexionar que cualquier percepción sensible es una
vivencia y que toda vivencia es un acontecer, algo que nos acontece a nosotros,
algo que acontece al Yo. Ahora bien, algo que acontece al Yo, implica ya el
tiempo, porque todo acontecer es un sobrevenir, un advenir, un llegar a ser lo
que no era todavía. Acontecer significa que en el curso del tiempo algo viene a
ser. Por consiguiente, si toda percepción sensible es una vivencia y toda
vivencia es algo que sobreviene a nosotros, este algo que sobreviene en
nosotros, sobreviene ahora, o sea después de algo que sobrevino antes y
antes de algo que va a sobrevenir después: es decir que ya implica el
tiempo. Podemos pensar
muy bien, concebir muy bien, el tiempo sin acontecimientos, pero no podemos en
manera alguna concebir un acontecimiento sin el tiempo. Falta demostrar
que el tiempo es una intuición pura. ¿Qué quiere esto decir? Quiere decir que
no es un concepto. Ya lo hemos dicho anteriormente, concepto es una unidad de lo
múltiple. Pero el tiempo no es un concepto, porque no hay muchos tiempos,
sino un solo tiempo. El tiempo es pues, único, no puede pensarse mediante
conceptos, sino que es una intuición pura. el tiempo: exposición trascendental ¿Cómo son
posibles los juicios sintéticos “a priori” en la aritmética? Los juicios en
la aritmética son sintéticos y “a priori”, es decir, son juicios que
nosotros hacemos mediante intuición. Necesitamos intuir el tiempo para sumar,
restar, multiplicar o dividir. Sólo sub-poniendo la intuición pura del tiempo
es posible que podamos construir la aritmética, sin el auxilio de ningún
recurso experimental. Y precisamente porque el tiempo es una forma de nuestra
sensibilidad, el tiempo es el cauce previo de nuestras vivencias. Está claro
que la realidad se tendrá que ofrecer mediante la percepción sensible, la
percepción sensible es empero, una vivencia. Esta vivencia se ordenará en la
sucesión de las vivencias, en la enumeración, en el 1, 2, 3... sucesión de
los números y por ende, en el tiempo. Si el espacio es la forma de las
experiencias o percepciones externas, el tiempo es la forma de las vivencias o
percepciones, tanto internas como externas. Esta posición privilegiada del
tiempo, que comprende en su seno la totalidad de las vivencias, tanto en su
referencia a objetos exteriores, como en cuanto a acontecimientos interiores, es
la base y fundamento de la compenetración que existe entre la geometría y la
aritmética. De esta manera toda la matemática representa un sistema de leyes
“a priori”, de leyes independientes de la experiencia y que se imponen a
toda percepción sensible. El espacio y el tiempo son la base de las matemáticas,
no son cosas, que nosotros conozcamos por experiencia, sino que son formas de
nuestra facultad de percibir cosas, y por lo tanto son estructuras que nosotros,
“a priori”, fuera de toda experiencia, imprimimos sobre nuestras sensaciones
para convertirlas en objetos cognoscibles. En la Estética
trascendental Kant nos ha demostrado que: 1.
el
espacio y el tiempo son puros, a priori 2.
no
son conceptos de cosas reales sino intuiciones 3.
son
el fundamento de la posibilidad de los juicios sintéticos en la matemática ANALÍTICA Trascendental Empecemos
viendo qué nos dice Kant textualmente sobre el significado de este apartado: “descomposición de todo nuestro conocimiento a
priori en los elementos del conocimiento puro del entendimiento”(Verstand) Hemos podido
comprobar y hemos establecido con Kant, el repertorio completo de todas las
formas que un objeto posible ha de tener: formas en el espacio, formas en el
tiempo, combinaciones de unas con otras. Pero una vez que hemos estudiado este
conjunto de todas las formas posibles de objetos, hay que pasar, evidentemente
al estudio de los objetos mismos, de los objetos reales. La ciencia no
se ha contentado con ser matemática, sino que además es física: es decir, no
sólo ha determinado “a priori” de antemano, las formas que pueden tener los
objetos, sino que ha determinado, además de la existencia, la
realidad y las leyes que rigen la aparición y desaparición de los fenómenos
mismos. En esta segunda
parte que lleva por nombre Analítica Trascendental, debemos empezar con la clásica
pregunta: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos “a priori” en la física?
O dicho de otro modo, ¿cómo es posible que nosotros tengamos conocimiento “a
priori” de objetos reales? Nosotros
sabemos que hay objetos, que existen cosas, que esas cosas están ahí, pero
sabemos además que cada cosa tiene su ser, su esencia, su naturaleza. ¿Qué quiere
decir esto de naturaleza? Quiere decir
que las cosas existen, están ellas mismas regidas por leyes, tienen una
substancia, están compuestas de propiedades, aparecen y desaparecen y no
caprichosamente, sino según una serie de leyes. Pero además de eso, sabemos
también que esas cosas que existen, son todas ellas efectos de causas y causas
de efectos. En fin, sabemos que todas ellas, el conjunto entero de las cosas, lo
que llamos naturaleza, consiste en un sistema de leyes universales, que pueden
expresarse en fórmulas matemáticas, y que traducen con la máxima exactitud
esas acciones y reacciones, esas causas y efectos, esas esencias y propiedades
de todas las cosas. Todo esto lo
sabemos “a priori”. Porque ¿cómo lo podríamos saber si no lo supiéramos
“a priori”? Tendría que ser porque las cosas mismas nos lo hubieran enseñado.
Pero las cosas no nos pueden
proporcionar semejante conocimiento. Las cosas envían impresiones, como
diría Hume, nada más que impresiones. Ninguna cosa nos envía la causa como
impresión, ninguna cosa nos envía la esencia como impresión. Por consiguiente
hay un conocimiento “a priori” de las cosas de la naturaleza. Volvamos a las
preguntas fundamentales: ¿Como son posibles los conocimientos “a priori” en
la física? o, ¿cómo es posible el conocimiento de la realidad de las cosas?. El conocimiento humano nace a través de dos fuentes
o facultades, sensibilidad y entendimiento.
La primera es la facultad de recibir impresiones, la segunda es la facultad de
pensar ‘esos’ datos por medio de conceptos. Sin la
sensibilidad no nos sería dado objeto alguno, y sin el entendimiento ningún
objeto sería pensado, el conocimiento no puede surgir sino de la cooperación unida de
ambos.*
Pero podemos estudiar sus leyes por separado como ya hemos hecho en la Estética
con la sensibilidad. Sabemos que
Kant es un buen estudioso de la lógica,
y que se ayudará de esta disciplina para dar solución a las preguntas de este
capítulo. La ciencia que estudia las leyes del entendimiento es la lógica,
pero esta lógica será de un tipo diferente, va a ser trascendental. Si la Estética
trascendental considera las formas puras a priori de la sensibilidad en cuanto
condiciones a priori necesarias para que haya sensación, la Lógica
trascendental%
estudia los conceptos y principios a priori del entendimiento en cuanto
condiciones necesarias para pensar objetos. La tarea va a
consistir en averiguar cuáles son los conceptos a priori del entendimiento.
Para esto hay que distinguirlos de los conceptos empíricos: Los conceptos
empíricos son aquellos que proceden de la experiencia, son por tanto a
posteriori, casa, perro, mesa... son conceptos extraídos de la experiencia. Pero el
entendimiento se caracteriza por su espontaneidad, produce espontáneamente
ciertos conceptos sin derivarlos de la experiencia. Aristóteles ya había
intentado exponerlos, pero su explicación no era del todo justificada. Kant nos
expone doce, pero, ¿cómo ha
llegado a ellos? ¿cómo ‘los’ ha conseguido? el juicio El problema
empezará a desentrañarse desde la realidad, al preguntarnos sobre la realidad
de las cosas. ¿Cómo es posible el conocimiento (realidad) de las cosas (reales)? Toda teoría del conocimiento debe
resolver esta primerísima cuestión. Descartes ya había intentado dar solución
a esta cuestión diciéndonos que la realidad era la correspondencia de un
objeto más allá de su pensamiento, es algo a lo cual se refiere el
pensamiento. Pero esa realidad no será puesta, afirmada, no tendrá validez
plena, si yo no juzgo, es decir, si yo no formulo un juicio que diga que ese
pensamiento es pensamiento de esa realidad. Nosotros
decimos que algo es real cuando lo consideramos como sujeto de juicio, cuando
aplicamos la cópula “es”. Ser real una cosa es ser sujeto de toda una serie
de juicios, así pues la realidad consistirá en ser sujeto de juicio. La
función intelectual del juicio es, pues la misma que la función ontológica de
establecer una realidad. Esta identificación de la función lógica del
juicio con la función ontológica de poner la realidad, es el punto de partida
de que Kant se sirve para deducir todas las verdades de toda realidad posible. En efecto, las
variedades de todo juicio posible contendrán en su seno las variedades de toda
realidad posible, puesto que como hemos visto el juicio lógico es el acto de
poner la realidad. Por consiguiente, las diversas formas del acto de poner
la realidad o sea del juicio, contendrán en su seno las diversas formas de la
realidad misma puesta. Ahora bien, ¿cuáles son las formas diferentes del acto
del juicio? Están estudiadas, como hemos dicho, desde Aristóteles, y son estas
según su clasificación: tabla de los juicios
Vemos en la
tabla cómo los juicios se dividen atendiendo a la cantidad, cualidad, relación
y modalidad; y cómo cada uno de ellos puede dividirse en otros tres. (Cada uno
de ellos se sigue de un ejemplo para que se vean las diferentes formas que
tenemos de predicar sobre la realidad, es decir de formular juicios.) Si ésta es la
clasificación tradicional de los juicios, y si el acto de juzgar es al mismo
tiempo acto de poner, acto de asentar la realidad, entonces las diferentes
variedades en que puede presentarse la realidad, estarán todas ellas contenidas
en las diferentes formas de los juicios que acabamos de enumerar. Bastará
sacar, extraer de cada una de esas formas del juicio la forma correspondiente de
la realidad, obtendremos así, según Kant, la tabla de las categorías conceptos
puros del
entendimiento ( categorías
) Totalidad,
multiplicidad y unidad, son inferidos de los juicios particulares singulares y
universales. Esencia, negación y limitación de los afirmativos, negativos e
infinitos. La categoría de substancia procede del juicio categórico,
causalidad proviene de los juicios hipotéticos, y la categoría de acción recíproca
de los juicios disyuntivos. De la cuarta manera de dividir los juicios extrae
Kant las siguientes categorías, de los juicios problemáticos la categoría de
posibilidad, de los juicios asertóricos, la categoría de existencia y de los
juicios apodícticos, la categoría de necesidad
El
‘descubrimiento’ de los conceptos puros, cuántos son y cuáles son a partir
de la clasificación de los juicios, es denominado por Kant, deducción metafísica
de las categorías ¿Qué
significan estas categorías? ¿qué sentido tienen? ¿qué función desempeñan?
Esto es lo que va a proponerse ahora en la parte de la Analítica que le queda y
que llevará como epígrafe: deducción trascendental de
las categorías Kant se propone
mostrar que las categorías son las condiciones de la posibilidad de los juicios
sintéticos a priori en a física, pero realmente su propósito irá más allá. Desde Newton
tenemos una física matemática, que es la fiel expresión de la realidad de las
cosas. Tenemos, pues, un conocimiento. De eso no se puede dudar. Este es el
punto de partida de Kant. Tenemos un conocimiento científico, o sea
universal y necesario, de la naturaleza. Pues bien, ¿qué condiciones
hacen posible ese conocimiento? ¿cómo puede haber ese conocimiento?
Se necesitan las siguientes condiciones: se necesita que hayan objetos, porque
sin objetos no hay conocimiento de objeto; que tengan un ser, una esencia,
porque si los objetos no tuvieran un ser, una existencia, no habría
conocimiento del ser de los objetos; se necesita que esos objetos que hay y que
estan provistos de ser, estén relacionados entre sí como causa y efecto,
porque si no habría posibilidad de conocimiento, no podríamos ver el enlace
entre ellos, su surgir, su desaparecer....En suma, todo lo que las categorías
nos dicen son las condiciones, sin las cuales, no habría conocimiento. Ahora bien,
esas condiciones sin las cuales no habría conocimiento, ¿cómo las tenemos
nosotros? Podría decirse: es que esas categorías, que son las condiciones de
todo conocimiento, nos vienen de las cosas, son las cosas las que nos han
regalado las categorías. Pero eso es imposible, porque si las cosas, o sea las
impresiones sensibles, fueran las que estuviesen encargadas de darnos las
categorías, nos quedaríamos sin categorías, porque las cosas no nos envían
ni la unidad, ni la pluralidad, ni la totalidad, ni la causa, lo
que nos envían son impresiones! Si todo lo que
hay en la ciencia, si todas las condiciones del conocimiento hubieran de sernos
proporcionadas por las impresiones sensibles que las cosas nos envían, entonces
tendría razón Hume. No tendríamos seguridad alguna en el conocimiento
científico, esperaríamos que el sol saliera mañana, por la simple costumbre
de haberlo visto salir hasta ahora. Si no proceden
de las cosas tienen que proceder, por tanto, de nosotros. (¡otra vez Copérnico con su
giro!) Las categorías son conceptos, pero conceptos
puros “a priori”. Y sin categorías, no podríamos decir nada de la
realidad, no podríamos predecir acontecimientos, no podríamos formular juicios
sintéticos a priori. En fin, la física no sería posible como ciencia Conclusiones a la E. y A. Kant lo que ha
hecho hasta ahora, con su teoría del conocimiento, ha sido justificar la
ciencia, rescatar el carácter de necesidad y universalidad que Hume había
puesto en entredicho, y sobre todo ofrecernos una propedéutica* para la metafísica. Hagamos un
pequeño repaso: Kant ha eliminado por completo todo residuo de realismo
aristotélico fijando la correlación fundamental entre el sujeto y objeto
de conocimiento, diciéndonos que el objeto del conocimiento no es objeto
del conocimiento sino en tanto cuanto se provea de las condiciones del
conocimiento. Ahora bien, esas condiciones del conocimiento es el sujeto
de conocimiento el que se las da al objeto, el que convierte la cosa en sí
misma, en objeto de conocimiento, en fenómeno. El yo es la
unidad puramente vital de nuestro ser, de nosotros mismos, pero cuando el yo se
convierte en sujeto cognoscente, consiste en “proponerse un objeto a conocer”. Y ese “proponerse un objeto
a conocer” no consiste en otra cosa sino en prestar, en imprimir
en las cosas a conocer, los caracteres categoriales del ser, de la
substancia, de la causalidad, etc. Si el físico
no estuviera convencido de que: 1) hay objetos, 2) de que esos objetos pueden
ser conocidos, 3) de que están sometidos a causas y efectos, y 4) de que hay
leyes en la naturaleza que van a ser precisamente las que va a intentar
descubrir ¿qué sentido tendrían los pasos que da hacia su laboratorio? ¿qué
sentido tendría preguntarse por la inducción
como método de investigación empírica? Inducción y
deducción son dos métodos de investigación. La deducción se comprende muy fácilmente.
Consiste en una serie de razonamientos que son todos de tipo analítico. Dada
una premisa se extrae una conclusión que está contenida en la premisa inicial.
La legitimidad de la deducción queda determinada simplemente por la aplicación
del principio de identidad. Pero, ¿qué legitima la inducción? Ese es
un problema crucial que Kant ya ha dado solución. Si decimos, “el
calor dilata los cuerpos” estamos enunciando una premisa obtenida por y
mediante la experiencia, es decir, que a partir de observaciones particulares
hemos llegado a una conclusión general. Preguntar por la legitimidad de la
inducción, método de investigación empírica, consistía al mismo tiempo,
en preguntarse sobre la posibilidad de los juicios sintéticos a priori,
preguntarse por la misma ciencia. (Kant rompe el
estado de incertidumbre y escepticismo al que había llegado –sin proponérselo-
Hume, estado en el que la perjudicada era la propia ciencia. Conviene recordar
en este momento el problema de la causalidad en Hume, y la “respuesta” o
“solución” que ofrece el propio Kant) Fenómeno
/ noúmeno Repitiendo
(otra vez!). Lo que el yo es cuando se convierte en sujeto cognoscente, lo es en
relación con el objeto a conocer, y lo que el objeto a conocer es cuando deja
de ser mera sensación, mero montón de impresiones, para convertirse en objeto
a conocer, lo que el objeto a conocer, lo es no “en sí” (noúmeno),
sino en relación con el sujeto cognoscente. Y entonces, ni el sujeto
cognoscente es “en sí”, ni el objeto a conocer es “en sí”, sino que el
sujeto cognoscente es tal para el objeto, en la función de conocer, y el objeto
a conocer es tal para el sujeto cognoscente, en la función de conocer, pero no
“en sí y por sí” (fenómeno)&
. El error de todos los anteriores filósofos (idealistas) fue considerar que de algún modo podía penetrarse en el “en sí”, en el “yo en sí”, en el yo independientemente de que sea sujeto cognoscente, o en la “cosa en sí”, independientemente de que sea objeto a conocer. Creían los filósofos
anteriores que las categorías eran propiedades de las cosas en sí mismas. Hume
tenía razón al disipar la idea del yo y la idea del alma en una serie de
impresiones, en cuya serie no hay ninguna impresión que sea especialmente la
del yo. Ni el sujeto cognoscente, ni el objeto conocido o a conocer, son “en sí”.
Son como dice Kant, fenómenos. Hasta aquí
podemos observar cuál es la filosofía que propugna y defiende Kant, el idealismo
trascendental: que consiste en la afirmación de que el espacio el
tiempo y las categorías son condiciones de posibilidad de la experiencia, de
los fenómenos, y no propiedades o rasgos reales de todas las cosas en sí
mismas. DIALÉCTICA trascendental Hemos visto con
la Estética y la Analítica, las condiciones de todo conocer, las condiciones
de toda objetividad en general. Pero existe desde los tiempos inmemoriales una
disciplina, un quehacer intelectual que se llama metafísica.
La metafísica tiene la pretensión de conocer las cosas en sí mismas, del
conocimiento nouménico de la realidad. La metafísica cree poder demostrar que
el sujeto cognoscente, independientemente de que sea sujeto cognoscente, es en sí
y por sí un alma, y que ese alma es simple y por lo tanto inmortal.
También la metafísica pretende que el objeto a conocer constituye en sí y por
sí una substancia, el universo; asegura además, que por medio de
razonamientos puros puede llegarse a conocer la cosa en sí y por sí que
contiene en su seno la razón de todas las cosas, o sea, Dios. Kant llega en
este momento a preguntarse: esta disciplina, ¿es posible como ciencia objetiva?
¿es legítima como disciplina? Eso que la metafísica pretende hacer, ¿puede
hacerse? La respuesta a estas preguntas las desarrollará en la última parte de
la Crítica de la Razón Pura que
lleva el nombre de Dialéctica Trascendental. El término dialéctica
ha adoptado varios sentidos a lo largo de la Hª. de la Filosofía; por ejemplo,
en Platón cobraba el significado en cuanto método de ascenso de lo sensible a
lo inteligible, permitiendo pasar de la multiplicidad a la unidad, y mostrar a
esta como fundamento de aquella. En Aristóteles
era una forma no demostrativa de conocimiento, es más bien disputa que ciencia.
En Hegel y
Marx, tomará otro sentido que ya trataremos en su debido tiempo, pero veamos
ahora el que nos interesa: dialéctica significará para Kant, el tratamiento critico
del razonar falso o sofístico, y dialéctica
trascendental*,
como una crítica del entendimiento y de la razón en atención a sus
pretensiones de suministrarnos conocimientos de las cosas en-sí y de realidades
suprasensibles, traspasando los límites de la experiencia, límites
trazados y fijados en la Estética y Analítica. La misión de
la Dialéctica consistirá pues, en mostrarnos cómo tales errores o ilusiones
de la metafísica especulativa provienen de pasar por alto la distinción entre
fenómeno y noúmeno. Podemos adelantarnos a la conclusión final, sabiendo de
antemano que la metafísica no cumple los requisitos exigidos para ser
ciencia como la física y la matemática, es decir, sus juicios no son sintéticos
y a priori al mismo tiempo. Pero, sin embargo, aparece una pregunta fundamental:
¿cómo entonces llega la razón a formar “estos objetos”, alma,
universo, Dios?. Prosigamos con el siguiente apartado: el proceder de
la razón (Vernunft) El
entendimiento se ocupa directamente de fenómenos y los unifica en juicios. La
razón no se ocupa directamente de fenómenos de la misma manera, sino indirecta
o mediatamente: la razón acepta los conceptos y los juicios del
entendimiento e intenta unificarlos a la luz de un principio superior.
Veamos como procede siguiendo el ejemplo que nos indica el mismo Kant: Si (A) todos
los hombres son mortales y si (B) todos
los estudiosos son hombres entonces
concluimos que,(C)
todos los estudiosos son mortales La conclusión
(C) se entiende como consecuencia de la premisa mayor (A), y por medio y a través
de la premisa menor (B). Pero está claro que también podemos proceder a buscar
la condición de la verdad de la premisa mayor, es decir, podemos intentar
presentar la premisa mayor (A)“Todos los hombres son mortales” como conclusión
ella misma de un silogismo; veamos el ejemplo siguiente: Todos los animales son mortales Todos los hombres son mortales (B!!)Todos los hombres son mortales La nueva
premisa mayor de este nuevo silogismo, puede entenderse como unificación de
toda una serie de juicios como: todos los
hombres son mortales, todos los gatos son mortales, todos los elefantes son
mortales, y luego podemos someter la premisa mayor “Todos los animales son
mortales” a un proceso análogo mostrándola al final como condición de un
silogismo, unificando de este modo un campo más amplio aún de juicios varios. En los ejemplos
dados hasta ahora es obvio que la razón no produce espontáneamente esos
conceptos y juicios. En esos ejemplos la razón se ocupa de la razón deductiva
entre los juicios suministrados por el entendimiento en su uso empírico. Pero es
un rasgo peculiar de la razón el que no se contente en ningún estadio
alcanzado en este proceso de unificación con ninguna premisa que sea aún ella
misma condicionada, que pueda, esto es, presentarse como conclusión de un
silogismo. La razón busca lo
incondicionado, y lo incondicionado no es dado en la experiencia.
Proceder hacia arriba es una máxima
de la razón. La razón nos empuja a buscar una unificación cada vez
mayor del conocimiento, a tender cada vez más hacia lo incondicionado. Hasta aquí
hemos visto que es legítimo que la razón obre así, que tienda a buscar
siempre síntesis superiores, así obra el científico, el investigador. Sin
embargo las consecuencias pueden ser otras, y será Kant quien tenga que
denunciarlas. Volvamos por ahora a la cuestión fundamental: ¿cómo han surgido
en nosotros los conceptos, alma, universo,
Dios? Llamamos alma
a la síntesis que la razón verifica de todas nuestras vivencias. Del mismo modo
el concepto universo surge como síntesis
de la razón a todo objeto de conocer, a todo cuanto existe. Y en Dios
se ha hecho la suprema síntesis, la síntesis en cuyo seno está
contenida radical o germinalmente la última suprema razón, no sólo de las
cosas que existen, del mundo, del universo, sino también de mis vivencias y de
mi alma misma. Pues bien, a
esas unidades supremas, a esas unidades totalitarias, Kant les da el nombre de
ideas. Este término
aparece constantemente a lo largo de la historia y con usos y acepciones
diferentes. Lo encontramos por vez primera en Platón, significando la visión
de la esencia de las cosas, unidad del mundo inteligible. Idea en Locke,
significó cualquier fenómeno psíquico. En Hume idea se contrapone a impresión,
vivencia que reproduce una anterior impresión. Y ahora nos encontramos con que
Kant da a la palabra idea otro sentido, que es el de estas unidades absolutas,
el de estas unidades totalitarias, que la razón, saltando por encima de las
condiciones del conocimiento, saliéndose de esos límites, construye más allá
de los límites de toda experiencia posible. "Puede decirse que el objeto de una mera idea
trascendental es algo de que no se tiene concepto, aún cuando dicha idea ha
sido producida necesariamente en la razón, según sus leyes originarias. Pues
en realidad, de un objeto que debe ser adecuado a la exigencia de la razón no
es posible ningún concepto del entendimiento, es decir, un concepto que pueda
ser mostrado en una experiencia posible y hecho intuible en ella. Mejor y menos
expuesta a malas inteligencias sería la expresión que dijera: que nosotros no
podemos tener del objeto, que corresponde a una idea, ningún conocimiento,
aunque sí un concepto problemático. Ahora
bien, por lo menos la realidad trascendental (subjetiva) de los conceptos puros
de la razón se funda en que, por un raciocinio necesario, somos conducidos a
esas ideas. Así pues, habrá raciocinios que no contengan premisas empíricas
y por medio de los cuales de algo que conocemos inferimos alguna otra cosa, de
que no tenemos ningún concepto, y a la cual, sin embargo, por una ilusión
inevitable, damos realidad objetiva. Esos raciocinios, pues, por su
resultado, merecen llamarse más bien paralogismos que raciocinios; aun cuando
por su advenimiento podrían muy bien llevar este último nombre, pues no han
sido fingidos ni han nacido casualmente, sino que han sido originados en la
naturaleza de la razón. Son sofismas no de los hombres sino de la razón pura
misma, de los cuales ni el más sabio de los hombres podría desasirse; acaso
podrá, después de mucho esfuerzo, evitar el error, pero de la ilusión que sin
cesar le obsede y engaña, no puede librarse nunca por completo. De
estos raciocinios dialécticos hay pues tres especies, tantas como son las ideas
a que conducen sus conclusiones. En el raciocinio de la primera clase, infiero
del concepto trascendental del sujeto, que no contiene nada múltiple, la
absoluta unidad de ese sujeto mismo, del cual, de esta manera, no tengo ningún
concepto. A este raciocinio dialecto le daré el nombre de paralogismo
trascendental. La segunda clase de raciocinios sofísticos está dispuesta sobre
el concepto trascendental de la absoluta totalidad de la serie de condiciones,
para un fenómeno en general dado; y de que tengo siempre un concepto
contradictorio de la incondicionada unidad sintética de la serie, en una parte,
infiero la exactitud de la unidad opuesta, de la cual, sin embargo, no tengo
ningún concepto. Al estado de la razón, en estos raciocinios dialécticos, daré
el nombre de antinomias de las razón
pura. Por último, en la tercera especie de raciocinios sofísticos, infiero
de la totalidad de las condiciones para pensar objetos en general, en cuanto
pueden serme dados, la absoluta unidad sintética de todas las condiciones
de la posibilidad de las cosas en general; es decir, de cosas que no conozco,
según su mero concepto trascendental, infiero un ser de todos los seres, que
conozco menos aún por un concepto trascendental y de cuya incondicionada
necesidad no me puedo formar ningún concepto. A este raciocinio llamaré ideal
de la razón pura." Hemos hablado
anteriormente de la legitimidad de la razón de obrar así. No es por tanto
caprichosa. La razón aspira en el fondo de sí misma a llegar a lo
incondicionado. Sin embargo lo incondicionado no se da en nuestra
experiencia. Entonces, en vez de ir de condición en condición en un
proceso infinito, en una serie infinita, salta sobre la serie, toma la
totalidad de la serie, la sintetiza en una idea y la estatuye en el alma, el
universo y Dios. Fue el filósofo
racionalista Wolff el que especificó dentro de la metafísica, las tres
disciplinas que estudian estas ‘ideas’: La psicología racional tendrá como objeto de estudio el alma; la
cosmología racional, el mundo; y
la teología racional a Dios “la primera contendrá la unidad absoluta
(incondicionada) del sujeto pensante; la segunda, la unidad absoluta de la serie
de las condiciones del fenómeno: y la tercera, la unidad absoluta de la condición
de todos los objetos del pensamiento en general” Kant nos
denunciará los errores lógicos cometidos por estas disciplinas. psicología racional Kant ataca
duramente a la psicología racional, a la parte de la metafísica encaminada a
mostrar que el alma es simple y por tanto inmortal. Kant hace ver que nosotros no
podemos predicar del alma absolutamente nada, porque el alma no puede ser objeto
a conocer, no puede ser fenómeno dado en la experiencia. En la experiencia,
en el tiempo, que es donde se dan los fenómenos anímicos, lo único que
obtenemos cuando miramos hacia nosotros mismos es una serie constante de
vivencias, que van desplazándose unas a otras (ahora una vivencia, luego esta
otra, luego otra) y que además cada una de la vivencias tiene en sí, dentro de
sí, una señal doble: es por un lado vivencia de un yo y por otro lado vivencia
de una cosa; pero no encontramos ninguna vivencia que pueda ser considerada como
eso que llamamos el alma. Por lo tanto, no podemos, sin transgredir las leyes
del conocimiento (objetivo), considerar el alma como una cosa a conocer.
Tendríamos que extraer, sacar el tiempo, que es el marco o el carril general en
donde discurren nuestras vivencias, para encontrar fuera del tiempo eso que
llamamos alma, simple, substancia, inmortal. Pero nosotros no podemos salirnos
del tiempo, puesto que el tiempo es, junto con el espacio, la primera de las
condiciones de todo conocimiento posible. La razón comete un simple paralogismo*, o razonamiento equivocado: el atribuirle al
concepto alma la categoría de substancia, saltándose, como hemos visto los
límites impuestos en la Estética (tiempo). La psicología metafísica es
transgresora porque comete una totalización indebida. cosmología racional Kant en este
apartado va a dedicarse al segundo gran problema de la metafísica: el problema
del universo. Aquí utilizará un método profundo. El método consistirá en
mostrar lo que Kant llama antinomias$
de la razón pura. Las antinomias son el resultado de un proceder ilógico,
error de principio (y desde el principio), al considerar los metafísicos el
mundo como una cosa en sí, y llegar al sorprendente resultado de que al
universo podemos predicar propiedades contradictorias al mismo tiempo. Cada una
de estas contraposiciones, tesis y antítesis, las llama antinomias. Kant nos
descubre cuatro. Primera
antinomia: Tesis:
el universo tiene un principio en el tiempo y límites en el espacio. Antítesis: el
universo es infinito en el tiempo y en el espacio Segunda
antinomia: Tesis:
todo cuanto existe en el universo está compuesto de elementos simples,
indivisibles. Antítesis:
lo que existe en el universo no está
compuesto de elementos simples, sino de elementos infinitamente divisibles. Tercera
antinomia: Tesis:
el universo tiene que haber tenido una causa, que no sea ella a su vez
causada Antítesis:
el universo no puede tener una causa que
ella a su vez sea causada Cuarta
antinomia: Tesis
(variante de la anterior): ni en el
universo ni fuera de él no puede haber un ser necesario Antítesis:
en el universo o fuera de él ha de haber
un ser que sea necesario En las dos
primeras antinomias el error consiste en que se ha tomado el espacio y el tiempo
como cosas en sí mismas, en vez de tomarlos como formas que nuestra facultad de
conocer aplica o imprime a los fenómenos. La solución a las dos consiste en
decir que son falsas las tesis y las antísesis, porque se parte de un supuesto
contrario a las leyes y condiciones del conocimiento. Pero las dos últimas
antinomias, la solución para Kant es la contraria. La tesis y la antítesis
pueden ser ambas verdaderas porque las tesis se toman en el sentido ajustado a
las leyes del conocimiento. Pero en cambio las dos antítesis se salen de las
condiciones de todo conocimiento posible y se refieren a cosas “en sí”
mismas. Las tesis son válidas en el mundo de los fenómenos, mientras que las
antítesis son válidas en el mundo de los noúmenos. (Kant empieza a
dejarnos entrever que hay dos tipos de conocimiento, uno físico, y otro, más
alla de lo físico!) teología racional Kant también
encuentra en las pruebas que tradicionalmente se vienen dando de la existencia
de Dios -el ideal de la razón pura-, un error de razonamiento, el cual
consiste, igualmente que en los anteriores, en eludir la razón las condiciones
de todo conocimiento posible, de toda objetividad posible. Kant agrupa las
pruebas tradicionales de la existencia de Dios en tres argumentos principales:
el argumento ontológico, el
argumento cosmológico y el argumento
físico-teológico argumento ontológico Fue San Anselmo
el que propuso por primera vez el argumento ontológico, siendo posteriormente
Descartes el que nos ofrece exposiciones más detalladas. Es el argumento que
consiste en partir de la idea de un ser, de un ente perfecto hasta llegar a su
existencia. (Un ente perfecto no es un ser carencial, pues entonces sería
imperfecto, por tanto tiene existencia = no le falta nada). Kant discute
este argumento y muestra que la existencia, tiene un sentido muy claro y muy
completo en la serie de las condiciones del conocimiento posible. Existir, la
existencia, es una categoría, que aplicamos a las percepciones sensibles.
Podemos decir que tenemos idea de un ente perfecto, y que ese ser perfecto
existe porque en la idea de ente perfecto está contenida la idea de existencia.
Pero de ideas no salimos. La existencia auténtica, o como dice Kant “lo
que diferencia a cien táleros*
realmente existentes de cien táleros ideales” no es nada más que esto: que los cien táleros ideales no son
sensibles, perceptibles. argumento cosmológico Consiste este
argumento en ir enumerando series de causas hasta tener que llegar a detenerse
en una causa incausada, que es Dios. Es muy fácil de refutar: el error del
razonamiento consiste en que se cesa de pronto de aplicar la categoría de
causalidad sin motivo alguno argumento físico-teológico Este es el
argumento popular por excelencia, es el de la finalidad (teleologismo). Consiste
en describir y descubrir en la naturaleza una porción de formas reales de
cosas, (como por ejemplo de la maravilla de la estructura del ojo humano a la
maravilla de los organismos animales), formas y organizaciones que no pueden
explicarse sino suponiendo una inteligencia creadora que les haya impreso esas
formas tan perfectamente estructuradas para la realización de los fines. Es el
argumento sacado de la teología. Pero Kant aquí también muestra que el
concepto de fin es uno de esos conceptos metódicos que nosotros hacemos para la
descripción de la realidad, pero de lo cual no podemos sacar ninguna otra
consecuencia, sino que tal o cual forma es adecuada a un fin. No podemos, sin
salirnos de los límites de la experiencia, sacar de esa adecuación a un fin
conclusiones referentes al creador de esas formas. Resultados y conclusiones Siguiendo la
Dialéctica hemos visto cómo Kant va mostrando en cada una de las
argumentaciones de la metafísica el error que todas ellas cometen, y que
consiste en que se salen de los límites de la experiencia, en que aplican
las categorías o no las aplican según capricho, en que toman por objeto a
conocer lo que no es objeto a conocer, sino cosa en sí misma. La metafísica
por consiguiente, comete la falta especial de querer
conocer lo incognoscible. Es
pues, una disciplina imposible,
imposible como conocimiento objetivo de la realidad, imposible como
ciencia!!! La Crítica
de la Razón Pura nos conduce a la conclusión de que la metafísica es
imposible como conocimiento científico. Todo razonamiento que tenga la pretensión
de ser a un mismo tiempo conocimiento científico y llegar a captar cosas “en
sí”, es necesariamente inválido, imposible, y la metafísica desde Parménides
viene teniendo la pretensión de ser, en efecto, un conocimiento científico,
racional, teorético, pero, como hemos visto, es absolutamente imposible. Pero, ¿no habrá
otra vía, otro camino, que no sea el del conocimiento científico, teorético y
que nos conduzca a las cosas “en sí” de la metafísica. Supongamos que haya
una vía no científica, cognoscitiva, sino apoyada en otra actividad de la
conciencia humana, que no sea la actividad de conocer. Entonces la Dialéctica
Trascendental cobra una importancia suma. ¿Por qué? Porque si bien es cierto
que la Dialéctica Trascendental demuestra que la razón humana, en su labor
cognoscitiva, teorética, no puede hacer de la metafísica una ciencia objetiva,
también demuestra que no se puede refutar la metafísica que por otras vías
(no científicas) se haga. De modo que Kant, sabia y previsoramente, le ha
puesto una coraza a la nueva metafísica que va a hacer. La Dialéctica
Trascendental elimina la metafísica como conocimiento teorético, pero elimina
también los ataques que el conocimiento teorético científico pueda hacer a
otra metafísica que no esté basada en la actividad cognoscitiva de la razón,
sino en otras actitudes. !Zapatero a tus
zapatos! Kant concede a los físicos el que no tengan que ocuparse en afirmar el
alma, ni Dios, ni el universo, pero también les exige que no se ocupen de esos
objetos tampoco para refutarlos. Que los físicos hagan física en su
laboratorio y no intenten hacer metafísica ni siquiera para refutar sus
argumentos, pues la harían muy mal. Kant elimina
todo idealismo iniciado por Descartes y elimina la propensión de Hume de negar
radicalmente toda actividad metafísica, concluyendo que la metafísica no
podrá ser nunca objeto de un conocimiento racional. Pero va a inagurar las
bases de una ‘nueva’ metafísica. ¿En qué
consistirá a partir de ahora la metafísica?
Ya se ha dicho que ‘la nueva metafísica’ tendrá un tratamiento diferente
en otro campo no propiamente empírico. Para ello Kant tendrá que escribir la Crítica
de la Razón práctica para asentar las bases de la moralidad en el campo práctico.
No olvidemos lo que ha hecho Kant hasta ahora: ha hecho filosofía! ¿y en qué
ha consistido?, pues en señalar los límites del conocimiento empírico y
procurar que no haya interferencias entre ciencia y metafísica. Esta parte de
su obra, que podríamos calificar de epistemológica, será considerada
en los siglos posteriores por algunas corrientes del pensamiento como la única
posibilidad de actividad filosófica. CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA Kant en la
primera crítica ha hecho un gran esfuerzo explicándonos la posibilidad del
conocimiento de los hechos, marcando al mismo tiempo los límites a ese
conocimiento. Ahora bien, es obvio que la actividad racional humana no se
limita sólo al conocimiento de hechos, al conocimiento de objetos. El
hombre necesita también conocer cómo ha de obrar, cómo ha de ser su conducta,
responderse a sí mismo a las preguntas: *b) ¿qué debo hacer? y, c) ¿qué me
está permitido esperar? Si la metafísica
es imposible como conocimiento científico, o como dice Kant, teorético,
especulativo, no se ha dado todavía la última palabra para que en otro ámbito,
no sea en absoluto imposible. Kant piensa que tras el examen crítico de la
razón pura existen unos caminos conducentes a los objetos de la metafísica,
pero que no son los conocimientos del conocimiento teórico-científico. ¿Cuáles
son estos caminos? la conciencia Nuestra
personalidad humana no consta solamente de la actividad de conocer. El hombre
trabaja, el hombre está junto a sus semejantes, establece vínculos morales,
religiosos, políticos...por consiguiente el campo vasto de la actividad humana
trasciende con mucho de la simple actividad del conocimiento. Entre otras,
hay una forma de actividad espiritual que podemos condensar en el nombre de “conciencia
moral”. La conciencia moral contiene dentro de sí un cierto número de
principios, en virtud de los cuales los hombres rigen su vida. Acomodan su
conducta a esos principios y, por otra parte, tienen en ellos una base para
formular juicios morales acerca de sí mismos y de cuanto les rodea. Esa
conciencia moral es un hecho de la vida humana, tan real, tan efectivo, como el
hecho del conocimiento. Mas la
conciencia moral no es conocimiento objetivo, no nos presenta la realidad
esencial de algo, sino que es un acto de valoración, y ese acto de valoración
es el que nos pone en contacto directo con otro mundo, que no es el mundo de
los fenómenos, que no es el mundo de los objetos a conocer, sino un mundo puramente
inteligible, en donde no se trata ya del espacio, del tiempo ni de las
categorías; es un mundo de realidades suprasensibles a las cuales no llegamos
como conocimiento, sino como directas intuiciones de carácter moral que nos
ponen en contacto con otra dimensión de la conciencia humana, que es la dimensión
no cognoscitiva sino valorativa y moral. De modo que nuestra personalidad
total es la confluencia de dos focos, por decirlo así: uno, nuestro yo como
sujeto cognoscente, que se expande ampliamente sobre la naturaleza en sus causas
y efectos y su desarrollo en la ciencia, en el conocimiento científico. Pero al
mismo tiempo ese mismo yo, que cuando conoce se pone a sí mismo como sujeto
cognoscente, ese mismo yo es también conciencia moral, y superpone a todo ese
espectáculo de la naturaleza, sujeta a leyes naturales de causalidad, una
actividad estimativa, valorativa, que se refiere a sí misma, no como sujeto
cognoscente, sino como activa, como agente; y que se refiere a los otros
hombres en la misma relación. Pues bien, en
ese conjunto de principios que constituyen la conciencia moral, encuentra Kant
la base que puede conducir al hombre a la aprehensión de los objetos metafísicos. A ese conjunto
de principios de conciencia moral Kant le da un nombre que ya utilizó Aristóteles.
Aristóteles llama a la conciencia moral y sus principios “Razón práctica”
(nous practikós). No es la razón
aplicada al conocimiento de las cosas, sino que es la razón aplicada a la acción,
a la práctica, aplicada a la moral. Los
calificativos morales como bueno, meritorio, pecaminoso, etc. los solemos
predicar a las cosas, aunque esos calificativos no conviene a las cosas que son
indiferentes al bien y al mal, sino sólo a las personas humanas. ¿Por qué?
Pues porque en los actos del hombre podemos
distinguir dos elementos: lo que el hombre hace efectivamente y lo que quiere
hacer. Los juicios bueno o malo no los emitimos a los actos de un hombre,
sino a su voluntad. Decimos que un hombre tiene buenas o malas intenciones, que
tiene buena o mala voluntad. el imperativo De ello se
sigue la siguiente pregunta ¿en qué consiste una voluntad buena.
Encaminado en esta dirección Kant advierte que todo acto voluntario se presenta
a la razón, a la reflexión, en la forma de un imperativo*
. En efecto, todo acto, en el momento de iniciarse, de comenzar a
realizarse, aparece a la conciencia bajo la forma de mandamiento: ‘hay que hacer esto’, ‘esto
tiene que ser evitado’... Esa forma de
imperativos Kant los dividirá en dos clases: los imperativos hipotéticos y los
imperativos categóricos. Imperativos
hipotéticos
son aquellos imperativos que no se formulan de modo absoluto, sino condicionado,
y cuya fuerza normativa depende de la aceptación previa de una condición,
obligando sólo a aquellas personas que quieran conseguir el fin que se
propongan. Tal sería el imperativo “Si
quieres sanar de tu enfermedad, toma tal medicina”. El imperativo toma
la medicina, será solamente válido si se quiere sanar. En cambio hay
otros imperativos que no están sujetos a condición alguna. Por ejemplo no
matarás, no robarás. Kant quiere reducir -y en esto consiste el
llamado formulismo ético kantiano-
todas esas leyes morales materiales a un único
imperativo categórico de índole formal, a una estructura vacía de contenido
material, pero que permita regular la conducta moral. Una voluntad es
plena y realmente pura, moral, valiosa, cuando sus acciones están regidas por
imperativos auténticamente categóricos. Autonomía y
heteronomía Kant hace una
distinción entre voluntad autónoma y heterónoma. Todas las éticas que la
historia conoce, y en las cuales los principios de la moralidad son hallados en
contenidos empíricos de la acción, resultan necesariamente heterónomas;
consisten necesariamente en presentar un tipo de acción para que el hombre
ajuste su conducta a ella Solamente es
autónoma aquella formulación de la
ley moral que pone en la voluntad misma el origen de la propia ley. Ahora
bien, esto obliga a que la propia ley que se origina en la voluntad misma no sea
una ley de contenido empírico, sino una ley puramente formal Tres diferentes
formulaciones nos ha dejado del imperativo categórico único: a)
obra
según la máxima que pueda hacerse a sí misma al mismo tiempo ley universal. b)
obra
de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de
cualquier otro, siempre como un fin y nunca únicamente como medio. c)
obra
por máximas de un miembro legislador universal en un posible reino de los
fines. Pero para que el hombre sea un sujeto moral, es decir, que pueda decidir autónomamente a través de su conciencia, se necesitan unos presupuestos que fundamenten esa posibilidad. Los postulados
de la Razón Práctica En tiempos de
Kant se distinguían, entre las proposiciones matemáticas, tres tipos: a) Axiomas,
proposiciones evidentes por sí mismas y que no necesitan demostración ni
pueden demostrarse; por ejemplo, “toda cantidad es igual a sí misma” b) Teoremas,
proposiciones que no son evidentes por sí mismas, pero que pueden ser
demostradas, hecho lo cual ya se hacen evidentes; por ejemplo, el teorema de Pitágoras. c) Postulados,
proposiciones que no son evidentes por sí mismas y no pueden demostrarse,
pero que se aceptaban ya que, caso de no hacerlo, era imposible construir la
Matemática. Tal era el caso del postulado 5º de Euclides, el famoso postulado
de las paralelas, según el cual, en un plano y por un punto exterior a una
recta sólo puede trazarse a dicha recta una paralela. La libertad Si la
conciencia moral es un hecho tan hecho como el hecho de la ciencia, y si del
hecho de la ciencia hemos extraído nosotros las condiciones de la posibilidad
del conocimiento científico, igualmente del hecho de la conciencia moral
tendremos que extraer también las condiciones de la posibilidad de la
conciencia moral. Y una primera condición de la posibilidad de la conciencia
moral es que postulemos la libertad de la voluntad (del latín postulo =
pedir) El postulado de la libertad es el primer postulado con que Kant inagura
la metafísica extrayéndolo de la ética. El hombre no
está programado. ¿Cómo podría ser la voluntad moralmente meritoria, digna de
ser calificada de buena o de mala, si la voluntad estuviese sujeta a la ley de
los fenómenos, a la ley de causalidad, sujeta a un determinismo natural? Es un hecho que
nosotros lo malo lo censuramos, lo vituperamos, y es un hecho también que al
santo lo respetamos, lo alabamos, lo aplaudimos. Esta valoración que hacemos de
unos hombres en el sentido positivo y otros en el sentido negativo (peyorativo)
es un hecho. ¿Qué sentido tendría este hecho si la voluntad no fuese libre? Pues bien,
siguiendo con nuestra labor de postulación
nos encontraremos con el segundo postulado de la razón práctica: La inmortalidad Un deber
irrealizable es algo sin sentido, una contradicción. Todo deber exige el poder
ser realizado. Sin embargo, en esta vida es imposible para el hombre realizar
plenamente el cumplimiento del deber por el puro respeto a su carácter de
deber. Tal pureza de intención no la puede conseguir el hombre de forma
completa. Luego es necesario que exista otra vida donde se alcance esa
perfección y donde el deber se realice solamente por ser deber. La perfecta
moralidad exige, pues la inmortalidad. Dios Hay una serie
de condiciones metafísicas que han de cumplirse, condiciones de la conciencia
moral. Hemos visto una, la libertad de la voluntad. Otra de ellas es la
inmortalidad del alma. La tercera es la seguridad de que en ese mundo no hay
abismo entre el ideal y la realidad; la seguridad de que en ese mundo no hay
separación o diferenciación entre lo que yo quisiera ser y lo que soy, entre
lo que mi conciencia moral quiere que yo sea y lo que la flaqueza humana en el
campo de lo fenoménico hace que sea. La característica
de nuestra vida moral es desgarramiento, dolor, sacrificio, tragedia. En nuestra
vida nosotros nos encontramos con que quisiéramos ser santos, pero no lo somos.
En nuestra vida colectiva, encontramos que quisiéramos que la justicia fuese
total y plena y completa, pero nos encontramos con que muchas veces prevalece la
injusticia y el crimen. Tiene que existir ‘alguien’ que garantice la armonía
y el encuentro entre la felicidad y el cumplimiento del deber, armonía sin la
cual el deber no tendría sentido. -Por lo tanto
es absolutamente necesario que tras este mundo, en un lugar metafísico allende
este mundo, esté realizada esa plena conformidad entre lo que “es” en el
sentido de realidad y lo que “debe ser” en el sentido de la conciencia
moral. Y a esa unión de lo más real que puede haber con lo más ideal que
puede haber, la llama Kant Dios. Dios es, pues, aquel ente metafísico en donde la más
plena realidad está unida a la más plena idealidad Así pues, por
estos caminos, que no son los caminos del conocimiento científico, sino que son
vías que tienen su origen en la conciencia moral, llega Kant a los objetos
metafísicos que en la Crítica de la Razón
pura había declarado inaccesibles para el conocimiento teorético. Lo auténticamente
importante de su obra, sobre todo por las repercusiones que tiene en la filosofía
posterior a él, es la afirmación de que la filosofía no se ha de realizar
utilizando la razón especulativa, sino que es fruto de la razón práctica. |