CONTEXTO
HISTÓRICO: SIGLO XVII
Este siglo se caracteriza por una serie
de crisis como consecuencia de diversos fenómenos que dan origen a la
Edad Moderna. Estos fenómenos los podemos clasificar así:
a)
En
lo social:
se corresponde con el desarrollo de la burguesía, pues el orden feudal
medieval, fundamentado en la nobleza, alto clero y Estado fuerte, resulta cada
vez más anticuado. La burguesía se presenta como el elemento más
dinamizador de la sociedad, que a través de la actividad comercial y el
enriquecimiento, apoya a las monarquías en contra de una nobleza
aristocrática.
b)
En
lo económico: la
expansión del comercio marítimo y colonial en este siglo, y la afluencia de
metales preciosos de las minas europeas y sobre todo de las americanas,
provoca el surgimiento de “un capitalismo de tipo comercial”. Los hombres
de negocios son, a la vez, banqueros y fundadores de nuevas industrias.
Aparecen las bolsas y las grandes compañías comerciales en forma de
sociedades por acciones. Por otra parte, los inventos en las técnicas:
marítima, industrial y agrícola, son numerosos y tienen como consecuencia el
“capitalismo industrial” que surge en Inglaterra a raíz de la primera
revolución industrial.
c)
En
lo político: es
un periodo de gran inestabilidad y de crisis que se manifiesta en una serie de
guerras y revoluciones. Es la época del expansionismo colonial que lleva a
los estados europeos a luchar en todos los mares. Se van consolidando los
Estados modernos, independientes y soberanos, que se enfrentan en sus afanes
imperialistas, dando lugar a varias guerras.
Entre los Habsburgos de España y Austria, se
da la llamada “Guerra de los Treinta Años” que enfrenta a Estados
católicos contra Estados protestantes: España y Alemania. En Francia se
desarrolla la guerra de los Hugonotes, también entre católicos y
protestantes.
En
Inglaterra los Estuardos intentan mantener una monarquía absoluta,
reservándose el poder legislativo y el derecho a establecer impuestos sin el
consentimiento de los súbditos; esto genera una serie de luchas que colocan
en el trono al holandés Guillermo de Orange.
d)
Cambio
de mentalidad: se
manifiesta el progreso del espíritu científico desde los tiempos del
Renacimiento. Como consecuencia van perdiendo fuerza las creencias en
hechicerías y ganando terreno la mentalidad racionalista.
2.
EL
RACIONALISMO
En general, podemos decir que el racionalismo
es una corriente filosófica del siglo XVIII, que se enfrenta, en la forma de
concebir el conocimiento, a otra corriente filosófica llamada empirismo.
El
racionalismo se caracteriza por:
-
Afirmar que
la razón es la fuente más importante del conocimiento científico. La
razón, según los racionalistas, esta dotada de ideas que no proceden de la
experiencia, sino que son “innatas”.
-
Reconocer el
valor universal y necesario de las leyes científicas.
-
Tomar como
modelo de verdadera ciencia a la matemática, en cuanto que esta, procede de
métodos “racionales” y no experimentales.
-
Extender el
método matemático a todas las demás ciencias, incluida la filosofía.
-
Dar más
valor al conocimiento intuitivo, es decir, a la captación directa de
conceptos.
Los
representantes de esta corriente racionalista son: Descartes, Spinoza,
Malebranche y Leibniz.
2.1
René
Descartes (1596-1650)
2.1.2 Vida y obras
De familia acomodada de Bretania
(Francia), estudia en el Colegio de la Fléche, dirigido por los jesuitas, y
en el que se seguía la filosofía escolástica renovada por Suárez, junto al
cultivo de las ciencias, en especial de las matemáticas.
Se
alista en el ejército holandés, protestante, y un año más tarde en el de
Baviera, católico, con el que participa en la Guerra de los Treinta Años.
A partir de 1629 vive en Holanda, aunque viaja a Francia e Inglaterra.
Es católico, lo que no le impide compartir las ideas de Galileo condenadas
por la Iglesia.
Filósofo,
matemático y hombre de ciencia, su obra tiene gran repercusión en filosofía
y matemáticas (aplica el álgebra a la geometría). No logra realizar ningún
descubrimiento en el campo de la medicina, aunque estaba interesado en ella.
La reina Cristina de Suecia, interesada en recibir sus clases de filosofía,
lo lleva a Estocolmo, donde la rudeza del clima le ocasiona la muerte.
Entre
sus obras podemos citar:
-
Reglas
para la dirección
del espíritu (incompleta).
-
Tratado
del mundo: construido
sobre la hipótesis de Copérnico; renuncia a su publicación al tener noticia
de la condena de Galileo.
-
Discurso
del método:
la más importante y conocida.
-
Principios
de filosofía.
-
Meditaciones.
-
Tratado
de las pasiones.
2.1.2
Punto de partida del filosofar
-
Desengaño
filosófico: el
primer paso en su filosofar lo da la desengañarse de los estudios realizados
en el Colegio de la Fléche, pues se da cuenta de las múltiples
contradicciones en que han caído las anteriores filosofías y de las
inconsistencias y confusión de sus pensamientos. Por otra parte, se siente
torturado por haber aceptado una serie de verdades como ciertas, sin haberlas
comprobado personalmente. Abandona sus estudios y se dedica a “leer en el
gran libro del mundo”” viajando.
-
Necesidad
de un método:
el desarrollo científico que se había dado en el Renacimiento en los campos
de la astronomía, medicina, matemáticas y física se debía en gran parte a
los nuevos métodos de investigación.
El
éxito de la ciencia le llevará a plantearse el problema del método en
filosofía, que desde entonces será para el una verdadera obsesión.
Convencido de la certeza y seguridad de las matemáticas, quiere emplear en
filosofía un método adecuado que conduzca a la misma seguridad. Como el
método más exacto es el de las matemáticas, este debe ser preferido: un
método que le haga llegar por medio de la deducción de una verdad cierta, a
las demás verdades. Así podrá construir un edificio filosófico sólido y
asentado sobre un fundamento seguro.
2.1.3 El método de
Descartes
1)
La duda metódica:
punto de partida
Descartes
decide buscar su propio método que le lleva a encontrar una certeza absoluta.
Pero para llegar a ella, empieza “dudando”.
¿Cómo es esta duda?
- Universal: dice que hay que someter a duda todas las certezas que ha tenido hasta ahora; duda de todos los principios filosóficos en los que se apoyaba.
-
Metódica:
la duda de Descartes no es “escéptica”, es decir, dudar que el hombre
pueda llegar a tener conocimientos ciertos. Descartes concibe la duda como “instrumento”
para empezar a elaborar su filosofi y alcanzar la verdad; por eso la llama “metódica”:
duda como método.
Descartes
quiere hacer ver que todas nuestras verdades podrían ser un error continuo e
irremediable. Son varias las razones de esta posible hipótesis:
a) Hipótesis del engaño permanente de los sentidos: los sentidos nos engañan muchas veces y nos llevan al error; por lo tanto, no podemos fiarnos de ellos.
b) Hipótesis de la confusión entre el sueño y la vigilia: tanto en el sueño como despierto, percibo cosas, pero no del mismo modo; bien pudiera ser que mucho de lo que percibo dormido influya en mi tanto o más que lo que percibo despierto.
c) Hipótesis del Dios engañador: aun siendo Dios absolutamente bueno, no tengo certeza de que no permita un continuo error en el entendimiento humano y así permita que me equivoque. Esta duda, aunque no es real, es “pensable”.
d)
Hipótesis del “genio
maligno”: lo mismo que la anterior, no es
contradictorio suponer que un genio o espíritu maligno influya sobre mí
provocando una continua situación de engaño. Sabemos que no existe, pero
podría haber existido.
2)
Resultado de la
duda: “Pienso luego existo”
A
pesar de las hipótesis de la “duda metódica” hay algo que parece
evidente, porque “se va afirmando en la medida en que yo formulo las
diversas hipótesis, que podrían haberme inducido a la ilusión”: es el “Yo
pienso”.
Es
posible que las cosas sean falsas o que no existan, pero “yo las pienso”;
lo absolutamente cierto es que “soy un ser que pienso” y por lo tanto un
“ser que existe”.
De
aquí concluye Descartes con la formulación de su primera verdad indubitable:
“Pienso luego existo”.
3)
Modos de
conocimiento: mi intuición y deducción.
Esta
primera verdad “pienso luego existo” es una intuición mental: intuyo la
conexión necesaria entre mi pensar y mi existir; intuyo, no deduzco, la
imposibilidad de mi pensar sin mi existir.
La
“intuición” es una especie de “luz natural” que permite que la razón
capte inmediatamente ideas simples sin que quede posibilidad de duda.
“Deducción””:
esta primera verdad: “Pienso luego existo”, es la base que le va a servir
a Descartes como fundamento para deducir de ella otras verdades.
La
deducción es el modo de conocimiento por el que la razón descubre las
conexiones que se dan entre ideas simples. En el sentido que se emplea este
termino en matemáticas significa “obtener unas verdades a partir de otras”;
y este sentido se mantiene en Descartes.
Intuición
y deducción son, según Descartes, los dos únicos modos (caminos) de
conocer, que tiene el entendimiento.
Para
garantizar el recto uso de los mismos, Descartes propone unas reglas:
a) Regla de la evidencia: consiste en no admitir cosa alguna como verdadera si no se la ha conocido como evidente, es decir, si no es una idea clara y distinta. Entiende por clara: la presencia de una idea a un espíritu atento; por distinta: que la percepción o conocimiento de ella no se confunda con ninguna otra.
b) Regla del análisis: consiste en dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas parcelas como fuera posible y necesario para resolverlas más fácilmente.
c) Regla de la síntesis: consiste en conducir, por orden, sus reflexiones, comenzando por los objetos más simples y más fácilmente cognoscitivos, para ascender, poco a poco, gradualmente, hasta los conocimientos más complejos.
d) Regla de las enumeraciones: consiste en revisar todos los pasos anteriores hasta estar seguros de no omitir nada.
En
conclusión: el método creado por Descartes se basa fundamentalmente en dos
caminos: la intuición, de la que
saca la primera verdad indubitable; la deducción,
de la verdad primera saca las demás verdades. A partir de este método
empieza a construir las bases de su sistema filosófico.
2.1.4 El problema del
conocimiento. Las ideas
Si
la existencia del Yo como realidad pensante es lo único evidente, esta claro
que será en “lo que el yo piensa”, esto es, en “sus ideas” donde
debemos, según él, fundar la afirmación de cualquier otra realidad.
Lo
que representa a las cosas en la mente son “las ideas”; de aquí que el
tema central del análisis del conocimiento sean “las ideas”.
Descartes
entiende por “idea” aquellos contenidos de la mente que se refieren a
cosas, que son imágenes o representaciones de las mismas. Ahora bien, esta
representación se puede tener en diversos modos: o a partir del propio
entendimiento que posee estas ideas. Según esto, Descartes clasifica las
ideas:
a) Adventicias: son las ideas que provienen de nuestra experiencia: como las cosas, los hombres, los animales, las plantas, etc… sin embargo estas ideas no las podemos afirmar todavía, como ciertas, pues no sabemos nada de la realidad externa.
b) Ficticias: son las formadas por la mente a partir de otras ideas. En muchos casos son fruto arbitrario de la imaginación, como: un árbol de caramelo.
c)
Innatas:
son las que existen en nuestra mente sin que puedan provenir ni de la
experiencia externa, ni de nuestra inventiva. Descartes considera ideas
innatas: “Pienso luego existo”, los principios matemáticos como el
principio de identidad, o el de contradicción, los axiomas matemáticos y
algunos conceptos metafísicos como: sustancia. Estas ideas son
evidentes y por lo tanto “claras y distintas”.
2.1.5 Metafísica en
Descartes. Las sustancias
Los
filósofos racionalistas formados en la tradición escolástica retoman
algunas categorías ontológicas de ella, como: sustancia, accidente,
causalidad, para explicar la realidad. Conservan el concepto de sustancia como
una pieza fundamental de la ontología, pero modifican el contenido de este
concepto e incluso lo diferencian.
Descartes
define la “sustancia” como “una cosa que existe de tal modo que no
necesita de ninguna otra para existir; es decir, aquello que existe por si,
como elemento estable y permanente de la realidad, que es soporte de los
accidentes y subyace a todos los cambios.
1.
La sustancia en
Descartes.
A
partir del “Yo pienso” es de donde Descartes empieza el nuevo caminara
filosófico: se trata de un “pienso”, en el que intuye que el Yo existe
como “sustancia”, cuya total esencia o naturaleza es “pensar”.
Descartes
emplea como sinonimos, las palabras “sustancia” y “cosa” (res), es
decir, que la sustancia es lo concreto existente (res = cosa). A partir del
“Yo pienso”, Descartes deduce la primera sustancia existente.
2. Sustancia pensante (res cógitans): el hombre
Para Descartes el Yo es un pensamiento, una cosa que piensa, una sustancia pensante, que existe de tal manera que no necesita de otra para existir. El pensar no necesita del cuerpo para existir. Según esto, Descartes distingue en el hombre dos sustancias, es dualista: sustancia pensante (Yo o alma) y sustancia extensa (cuerpo). Estas dos sustancias son independientes; su independencia le plantea a Descartes el problema de la comunicación, que continuará en todos los racionalistas. A las dos sustancias, aunque estén separadas, pues cada una puede existir sin la otra, hay una Yo que las une: el único Yo que piensa es el que sufre, el que habla, el que cree y el que muere. Pero su unidad es accidental, pues dada la independencia de las dos, no puede haber una unión sustancial entre ellas, a la manera aristotélica (materia y forma), siendo esta unión de corte platónico.
Para resolver la unidad, Descartes habla de la “glándula pineal”, que esta en el cerebro y es la sede del alma; a través de esta glándula se consigue la unidad, originándose una doble circulación hacia el alma y hacia el cuerpo; así se realiza la unidad entre las dos.
3.
Sustancia infinita
(res infinita): Dios
De
lo único que estoy cierto, hasta ahora, es de que soy un “ser pensante”;
de todo lo demás dudo, y precisamente porque dudo me percibo como un ser
limitado, “imperfecto” es decir, me contemplo a mi mismo como “finito”.
Pero
el concepto de finito no será posible sin la idea de “infinito” es decir,
que al contemplarme como finito lo estoy haciendo en relación a lo infinito.
¿De dónde me viene esta idea de infinito?
- No viene de la nada, pues de ella no viene nada.
- No de mi mismo, pues soy finito.
- Luego la idea de infinito ha sido puesta por una naturaleza más perfecta que yo, es decir, de un ser infinito = Dios.
- Luego Dios existe.
La idea de un ser “absolutamente perfecto” exige que ese ser exista, ya que una de las perfecciones es la existencia, pues será contradictorio pensar algo que tenga todas las perfecciones pero no tenga la existencia.
Este argumento de la existencia de Dios en Descartes ya había sido expuesto de forma parecida por San Agustín y por San Anselmo en la Edad Media.
4.
Sustancia extensa
(res corpórea): mundo
Percibimos el mundo, las cosas físicas, los cuerpos, como cosas que tienen extensión, que es atributo de la sustancia corpórea. “La extensión en longitud, anchura y profundidad constituye la naturaleza de la sustancia corpórea”.
Según Descartes la verdad de esta idea de extensión, el que sea una
idea clara y distinta, el que no podamos engañar, viene de Dios.
Puesto que Dios existe y es perfecto, no me puede engañar. Si las sensaciones que nosotros tenemos del mundo no correspondiesen a un mundo observable objetivamente existente, Dios me estaría engañando y entonces ya no seria Dios. Lo que la veracidad divina garantiza es que no me engaña al pensar que son verdaderas esas percepciones que se ven clara y distintamente, al ver que el mundo externo existe y que las cosas físicas tienen una extensión. Luego el mundo existe esas sensaciones que tenemos no las hemos fabricado nosotros, sino que son causadas por algo exterior a la mente, algo objetivo y real.
En conclusión: para Descartes tres ideas innatas que concebimos clara y
distintamente son:
- El alma.
- Dios: sustancia infinita.
- La materia: sustancia corpórea.
2.1.6 Juicio sobre
Descartes
Con Descartes empieza la era de la primacía de:
el sujeto con el objeto,
la conciencia sobre el ser,
la epistemología sobre la ontología,
la libertad de pensamiento sobre la autoridad…
Ahora bien, Descartes se queda encerrado en su cogito y no sabe salir de
él: comienza a confiar en las ideas claras y distintas, pero al encontrarse
con la existencia de Dios y las realidades extramentales, ya no confía en ese
criterio de certeza, y confía en la veracidad de Dios que es perfecto y no me
puede engañar.
Por
otra parte, la autonomía de pensamiento que esperábamos encontrar en su
teoría del conocimiento (epistemología) queda sofocada por la teología;
nuestras ideas y conocimientos son reales porque vienen de Dios, autor de todo
lo creado, y son verdaderas porque son ideas claras y distintas que también
vienen de Dios, ya que este no nos puede engañar.
Es posible que esto le venga porque en realidad no duda de todo: deja aparte su fe y sus creencias, y parece que son estas las que de algún modo le traicionan en la construcción de su nueva filosofía.
¿Cómo salir de la estrechez de la mente? ¿Cómo se puede afirmar una realidad que esté fuera de mi pensamiento? Descartes para salir de este embrollo, se ve precisado a acudir a Dios, a la teología, de la que no se puede desprender.
A pesar de todo, hay que reconocerle el “nuevo rumbo que va a tomar la
filosofía” a partir de él. Desde Descartes se va a valorar más al sujeto
que al objeto y por supuesto se valorará la autonomía del pensamiento, de
ahí que algunos lo consideren el primer filósofo de la modernidad.
2.2. Malebranche
(1638-1715)
Nace
en París y se aficiona a la filosofía leyendo a Descartes. Su pensamiento es
cartesiano, pero con marcado acento teológico y modificado en dos puntos:
- Ontologismo: las ideas universales no pueden provenir de los sentidos, que solo captan lo individual; ni tampoco pueden provenir de la razón porque entonces la razón seria creadora de algo, y la razón no puede crear nada. Luego las ideas universales proceden de Dios, es decir, son captadas por nuestra mente en Dios.
-
Ocasionalismo:
la única causa de los seres es Dios; la actividad de los seres creados es “mera
ocasión” de la acción divina que es la que produce esas sensaciones.
Ejemplo: una lesión cerebral no es la causa de la pérdida de la memoria sino
que con ocasión de tal lesión Dios actúa “causando” la pérdida de la
memoria.
Malebranche
intenta solucionar la comunicación de las sustancias por medio del “ocasionalismo”:
Dios produce una acción en el cuerpo con ocasión de un movimiento del alma y
viceversa; así mantiene la independencia entre ellas.
2.3 Spinoza (1632-1677)
Nace
en Amsterdam de una familia sefardita, es decir, de padres judíos españoles
que se habían refugiado en Holanda huyendo de la Inquisición. Por problemas
religiosos es expulsado de la comunidad judía. El gobierno holandés tolera
sus opiniones teológicas, pero al tomar partido por la burguesía protestante
en contra de la Casa de Orange, es mal visto.
Su
obra fundamental es la Ética, en cuya primera parte, que titula “De Dios”,
trata el problema de las sustancias y en las restantes se ocupa del hombre.
2.3.1
La sustancia. Ontología
Parte de
la definición cartesiana de sustancia (aquello que existe en si y no necesita
de otro para existir) y analiza que esta definición solo correspondería en
manera exacta a una sustancia infinita, que no depende de nada. Spinoza llama
a esta sustancia Dios o Naturaleza; no entendiendo a Dios como lo entiende la
tradicción religiosa, sino más bien como la naturaleza, la realidad misma,
que se despliega en múltiples atributos: “la extensión y el pensamiento”.
Las cosas concretas individuales y el hombre son parte de ese todo que es la
Naturaleza. De aquí se puede concluir que Spinoza es panteísta y también
materialista.
En
conclusión: Spinoza
solo admite una sustancia = Dios, y de ella se desprenden dos atributos:
extensión = cosas individuales, y pensamiento = alma.
2.3.2
El hombre. Ética
Spinoza
considera al hombre como una parte de la naturaleza. Sus acciones son regidas
por emociones fundamentales: deseo, placer y dolor. De ellas se derivan las
demás. A partir de estos conceptos psicológicos, Spinoza define los
conceptos morales básicos: bien y mal.
El
bien es cualquier especie de placer y todo lo que conduce a este, así como
todo lo que satisface nuestro deseo. El mal es todo lo que impide la
realización de los deseos, es toda clase de dolor.
El
juicio moral, es decir, la determinación de lo que es bueno y lo que es malo
se realiza, pues, de acuerdo con las emociones y estas dependen de lo que en
un momento dado cause placer o dolor. Como se ve, la Ética de Spinoza conduce
a un “relativismo moral”, ya que lo que en un momento puede ser bueno, en
otro puede ser malo; y lo que para un sujeto puede ser bueno, para otro puede
ser malo.
Spinoza
distingue dos clases de “emociones”:
a)
Emociones
pasivas: (pasiones): pues dependen de lo que las provoca y tienen que ver con
modificaciones corporales (determinismo).
b)
Emociones
activas: son las que se derivan de la mente, y se corresponden con las
virtudes.
Para
Spinoza el progreso moral del hombre consiste en liberarse de las emociones
pasivas y sustituirlas por emociones activas. Este progreso moral tiene que
ver con el conocimiento racional e intuitivo. La vida dirigida por el saber y
la razón nos lleva a la vida virtuosa que libera de la servidumbre de las
pasiones.
El
conocimiento de Dios o Naturaleza genera un placer de la mente que es lo mismo
que el amor intelectual de Dios. El amor nos abre a la libertad
2.4
Leibniz (1646-1716)
Nace en
Leipzig (Alemania) y se educa en la escolástica renovada por Suarez, y
posteriormente en París recibe la influencia del cartesianismo y del
materialismo. Inventa el “cálculo infinitesimal”. A lo largo de su vida
hizo muchos proyectos de importancia política y cultural, pero sin éxito,
como la unificación de Europa, la unificación de las religiones cristianas,
la invención del cálculo universal para demostrar todas las verdades. Estuvo
afiliado a la sociedad secreta de los Rosa Cruz.
Su
pensamiento filosófico esta muy marcado por su mentalidad matemática.
Particularmente por:
-
El concepto
matemático de “infinitesimal”, entendido como una magnitud que puede ser
considerada siempre más pequeña que toda magnitud determinada, pero aparece
como la razón de ser o lo que justifica cualquier magnitud o números
determinados.
-
La
pretensión de encontrar en la razón la justificación de la ciencia y de los
conocimientos en general.
-
La
pretensión obsesiva de justificar el orden y de explicar la naturaleza, el
hombre y el universo, como un conjunto “orgánicamente ordenado”. Como en
las matemáticas nada se produce o existe de un modo irregular.
2.4.1.
El problema del conocimiento
Leibniz,
en su obra Nuevos ensayos sobre el
entendimiento humano, explica las diferencias fundamentales entre la
corriente racionalista y la empirista sobre el origen del conocimiento, e
insiste en el importante papel que juega la razón, como afirmaba Descartes,
en el conocimiento.
Pero
Leibniz se diferencia de Descartes en que busca el fundamento de la verdad, no
en la evidencia, es decir, en la claridad y distinción que esta se impone a
la mente, sino en la estructura lógica de las proposiciones.
Leibniz
distingue dos tipos de verdades que corresponden a dos tipos de proposiciones:
a)
Verdades
de razón:
son verdades innatas, pues se originan en la razón. Son evidentes y
necesarias, siendo imposibles sus opuestas. Son “tautológicas”, es decir,
proposiciones en las que el predicado no añade nada nuevo que no esté ya
contenido en el sujeto”. Ejemplo: “el todo es mayor que las partes”;
basta analizar el concepto de “todo”, que es el sujeto de la proposición,
para comprender que “todo” es algo compuesto de partes y que por lo tanto
ha de ser necesariamente “mayor que las partes”.
Las
verdades de razón se apoyan en el “principio de identidad” = “toda cosa
es lo que es”; y en el “principio de contradicción” = “toda cosa es
verdadera o falsa”. Ejemplo: “el rectángulo equilátero es un rectángulo”,
se basa en el principio de identidad. Otro: “un rectángulo equilátero no
puede ser no rectángulo”; se basa en el principio de contradicción.
Todas
las verdades de este tipo son verdades de razón, pero no dicen nada acerca de
la realidad y la existencia de las cosas. La experiencia las hará más claras
y distintas.
b)
Verdades
de hecho: son
verdades de experiencia,, son verdades contingentes, pues son opuestas son
posibles.
Las
verdades de hecho se fundan en el “principio de razón suficiente”, “nada
ocurre sin una razón suficiente, esto es, sin que sea posible al que conozca
suficientemente las cosas, dar una razón que baste para determinar por que
así y no de otra manera”.
Ejemplo:
la proposición “Cesar paso el Robicón” es una verdad de hecho; al
analizar el sujeto “Cesar” nunca encontramos que de él se derive la
necesidad de para el Robicon; puede pasarlo o no sin dejar por ello de ser
Cesar, pero bastaría conocer la razón suficiente que determinó a Cesar para
deducir la necesidad de pasar el Robicon. Pero detrás de la razón que tuvo
Cesar para reducir la necesidad de pasar el Robicon se dan un sinnumero de
razones que nos llevarian hasta el infinito y que solo podrían ser conocidas
por un entendimiento infinito.
Veamoslo
en otro ejemplo: el libro nos llevara al impresor, al escritor, a sus ideas, a
sus circunstancias, de estas a otras, a otros escritores y así sucesivamente
hasta dar razón suficiente de todas ellas. Pero el hombre no puede alcanzar
un conocimiento tan exhaustivo de todas las sustancias individuales; por eso
no podrá justificar por entero (completamente) las verdades de hecho sin
poner las verdades de razón.
Pero
en el conocimiento infinito de Dios, las verdades de hecho (las cosas, los
acontecimientos, incluso los actos libres del hombre) aparecen fundados en
verdades de razón; esto, porque Dios intuye en cada sustancia individual toda
una realidad existencial e histórica.
Conociendo cada ser, conoce sus potencialidades reales.
2.4.2
Las sustancias en Leibniz. Ontología.
Leibniz también toma de Descartes la idea de “sustancia” como una realidad “autónoma e independiente”; pero Leibniz profundiza más y llega a otras conclusiones.
Descartes concebía el mundo material como pura “extensión”. La
extensión puede ser dividía en partes, partículas, moléculas y átomos.
Leibniz, por el contrario, cree que el proceso de división de la materia no
puede detenerse en los átomos sino que debe continuarse ininterrumpidamente,
lo cual supone una división hasta el infinito. Y toda división de la materia
pensable “hasta el infinito” supone o pide como límite un principio no
material; por ello concluye: “que el elemento originario de la materia
presupone como condición última”. Este elemento no material y último, en
un primer momento lo identifica como “fuerza o energía” de la que se
deriva luego la materia o extensión.
En consecuencia, con el carácter no material de los últimos principios
de la materia, Leibniz va a afirmar “que todas las sustancias están
constituidas por una especie de átomos espirituales o sustancias simples,
esencialmente energeticos, innextensos, indivisibles, a los que denomina mónadas.
Según él, existen infinidad de “mónadas”, sustancias simples,
dinámicas, que no reciben movimiento de fuera. Toda materia, todo cuerpo esta
constituido de “mónadas” muy diversas, según el número de sustancias
más simples que forman un cuerpo cualquiera.
-Problema de la comunicación de las mónadas. Ninguna mónada se
comunica con las demás; no hay comunicación entre ellas, ni influyen unas
sobre otras. De la no comunicación de las sustancias surge el problema de
encontrar un principio que armonice, no sólo el cuerpo y el alma, sino a
todos los seres en su propia individualidad, ya que todos están compuestos de
sustancias heterogeneas.
2.4.3
Teodicea: es
Leibniz quien introduce el término “teodicea”, queriendo expresar el “estudio
racional de Dios”.
Leibniz pone a Dios como principio “unificador”, quien a través de
su voluntad, “preestableció la armonía” entre las mónadas. El
desarrollo del mundo es el resultado del desarrollo armónico de todas las
mónadas y el orden del universo es establecido por Dios en el acto de la
creación, cual relojero que pone en marcha todos los relojes.
En la teodicea expone las pruebas de la existencia de Dios:
-
Las verdades
de razón, sólo son posibles si se fundan en un ser necesario, o sea, en
Dios.
-
Las verdades
de hecho reclaman una razón suficiente que no puede ser otra que la
inteligencia divina.
-
La armonía
entre las mónadas exige un ser armonizador. Este es Dios. Si el ser necesario
es posible, debe existir, ya que no hay contradicción entre su posibilidad y
su existencia (argumento ontológico).
2.4.4
El problema del mal.
Leibniz entiende que Dios se atiene a la “regla de lo mejor”. Esto es: este mundo es el mejor de los mundos posibles (optimismo cósmico).
Su voluntad sólo quiere el bien, pero sólo no creando ninguna realidad
seria evitable el mal, ya que respeta el orden creado en el que se da el mal.
En este orden creado Dios permite el mal, porque tanto el mal como el pecado
mismo proceden del orden contingente y libre del mundo.
Como se ve, Leibniz no ofrece una explicación convincente al problema del mal. La comprensión del mal exige otras variables ajenas a la simple racionalidad.
COMUNICACIÓN DE LAS SUSTANCIAS |
FILÓSOFOS Explicación
Descartes Glándula Pineal. Malebranche
Ocasionalismo. Spinoza
Monismo
(panteísmo). Leibniz
Armonía preestablecida.
|
RACIONALISMO |
|
Conocimiento
Ciencia
Descartes
Ideas Dios
Razón Moderna
Matemático Malebranche Ideas
Hombre
Spinoza
Ideas Mundo
|