EDMUNDO HUSSERL (1859-1938)
1.1
Vida
y obras
Nace en Proszonit (Moravia, actual Checoeslovaquia), en el seno de una familia de comerciantes judíos pertenecientes a la burguesía media. Realiza sus primeros estudios en Obmitz y continua como estudiante de matemáticas y filosofía en Leipzig, Berlín y Viena. En Viena es discípulo de Brentano.
La vida intelectual de Husserl la podemos dividir en tres grandes
periodos que coinciden con los años de docencia en cada una de las
universidades por las que pasa: Halle, Gotinga, Friburgo.
Periodo
prefenomenologico (1887-1901)
Se inicia como profesor en la Universidad de Halle, con su tesis: “El
concepto del número; contribución a la teoría del calculo de variaciones”.
En este periodo podemos considerar dos etapas: en la primera, analiza el fundamento de la matemática y
la lógica en la psicología (psicologismo) y, en la segunda, al conocer el trabajo elaborado por Frege, que
fundamenta la matemática en la lógica, Husserl se separa del psicologismo y
coloca la lógica como fundamento de las demás ciencias.
Obras de este periodo son: en la primera etapa, Filosofía
de la aritmética; y en la segunda, Investigaciones
lógicas, en esta obra realiza un cambio en su pensamiento y pone las
bases de su fenomenología.
Periodo
fenomenológico
(1901-1916)
En este periodo es profesor de la Universidad de Gottinga. Su
preocupación es liberar a la filosofía de todo psicologismo y de cualquier
confusión con las ciencias naturales.
En el desarrolla lo que es la fenomenología como ciencia estricta y su
método fenomenológico.
A este periodo pertenecen las obras: La filosofía como ciencia estricta, Ideas relativas a una
fenomenología pura, Filosofía fenomenológica.
Periodo de la fenomenología trascendental (1916-1933)
En él es profesor de la Universidad de Friburgo, y elabora su
filosofía, a la que llama “egología pura” o “idealismo trascendental
fenomenológico”, a partir del “sujeto trascendental”.
Son obras de este periodo: Lógica formal y trascendental, Meditaciones cartesianas, Fenomenología
trascendental.
A través de estos tres periodos la fenomenología se va gestando y
madurando a medida que su creador (Husserl) va replanteando y desarrollando su
obra. Se trata de “reorientaciones” del mismo pensamiento.
1.2
Punto
de partida: La crisis de la filosofía.
En sus pensamientos filosóficos Husserl alude continuamente a la crisis
de la idea filosófica de la razón como formadora de Europa. La estructura
espiritual de Europa, sus creaciones culturales, en las que actúan los
individuos organizados en familias, linajes y naciones diferentes, pero en las
que todos parecen estar interior y espiritualmente unidos –porque la razón
filosófica los ha orientado- ahora parece que está perdiendo horizonte. Esta
en proceso de descomposición, pues la razón filosófica ha sido relegada a
un segundo plano después de las ciencias naturales.
1.2.1
Critica
al positivismo
Si Europa está perdiendo el horizonte, es, a juicio de Husserl, por la
interpretación positivista del saber, que al haber relegado a un segundo
plano, la problemática del sentido de la existencia humana, se ve incapaz de
afrontar los nuevos problemas surgidos en torno a la fundamentación de la
ciencia.
El
positivismo ha reducido la realidad al orden de los “fenómenos”, y a la
ciencia, al análisis de las relaciones entre los fenómenos, desestimando,
con la excusa de no ser verificables, las cuestiones más propias de la
existencia humana.
El
positivismo, con su actitud antimetafisica, ha acabado de deshumanizar al
hombre y ha abierto planteamientos filosóficos de carácter irracional. Su
“objetivismo” la ha llevado a olvidar que, cuando los científicos
observan los fenómenos, estos son resultado de una actividad subjetiva.
En definitiva, olvida que las leyes de la naturaleza son contingentes y
convencionales porque se asientan en el mundo de la vida cotidiana (en una
actitud natural) y se fundamenta en factores meramente subjetivos.
Se trata de una crisis de la razón “no en sí misma” considerada,
sino en “el modo” como ha sido interpretada por el positivismo. Es el
hombre positivo el que se halla en crisis porque con su actitud escéptica ha
quebrado la creencia en la razón, entendida como contraposición entre el
conocimiento verdadero y universal (episteme)
y el conocimiento como mera opinión (doxa).
Y una vez perdido el horizonte de la razón, se pierde el sentido del
mundo, el sentido de la historia, la creencia en la libertad como posibilidad
de dar sentido a la existencia individual y a la especie.
Según Husserl, es esta desconfianza en la razón, entendida, en sentido
clásico, como camino para conseguir un conocimiento verdadero y universal, la
responsable de la crisis, al llevar consigo la pérdida en el individuo de la
creencia de si mismo como hombre.
Si queremos recuperar la confianza en la razón debemos devolverle al
“yo” su importancia como primer punto de partida para construir una nueva
filosofía, capaz de reconstruir los fundamentos del saber.
1.2.2
Crítica
al psicologismo
Se dijo que la primera etapa de su primer periodo esta enmarcada por una aceptación del pensamiento psicologista.
Para entender esta etapa, recuerda que el “psicologismo”
considera a la ciencia como un hecho de conocimiento, y al conocimiento
como un hecho psíquico; es decir, el psicologismo reduce los principios y
actos del pensamiento a meros fenómenos psíquicos. De aquí que el
psicologismo instituye a la psicología como fundamento de la ciencia, y a las
ciencias deductivas (lógica y matemáticas), como una parte de la
psicología. En resumen, el psicologismo lleva a reducir los principios
lógicos a una realidad empírica y fáctica: a lo psíquico.
Husserl, en su primera etapa, esta enmarcado dentro de este
psicologismo. En su obra: Filosofía de
la aritmética analiza el concepto de número, base fundamental de la
aritmética, y los principios lógicos desde lo psíquico.
Pero este análisis le deja insatisfecho, pues, en contra de lo que
había esperado, advierte que la psicología no aporta una explicación
filosófica de las ciencias deductivas, es decir, no es fundamento de estas
ciencias. Si la psicología es una ciencia que tiene por objeto la
investigación del “hecho psíquico”, necesita a su vez de una
fundamentación, es decir, necesita de una ciencia pura que no lo sea de
hechos, sino que sea una teoría del pensamiento en general.
En
la segunda fase de este primer periodo, en su obra: Investigaciones
lógicas hace la crítica al psicologismo, a los prejuicios en los cuales
se fundamenta, y pone las bases para su fenomenología.
-
Al
psicologismo:
según él, es psicologismo lleva necesariamente al relativismo escéptico,
pues si la lógica se reduce a estados psíquicos (a una parte de la
psicología), a lo más que se puede llegar es a emitir juicios generales
empíricos (no necesarios), sometidos a la inducción (de los casos
analizados), pero nunca puede tener una validez universal y necesaria, como
instrumento de todas las ciencias.
Si las leyes lógicas quedan reducidas a fenómenos psíquicos implicaría que la lógica sólo vale para hechos psíquicos, lo cual equivale a decir que los principios lógicos aplicables a todas las ciencia no tendrían carácter universal y necesario. Ejemplos: “El todo es mayor que las partes”. “Todo principio tiene su causa”.
-
A
los prejuicios:
El psicologismo parte de los siguientes principios que Husserl considera
prejuicios:
“Las leyes del conocimiento, se basan en la psicología”. Husserl dice que hay que distinguir entre “normas lógicas puras” que se refieren a la universalidad, a la verdad en sí, a juicios universales; y “reglas técnicas del arte de pensar humano”, que explican el modo de pensar del hombre.
“El
contenido de la lógica son los fenómenos psíquicos”. Husserl dice que hay
que distinguir entre la lógica, que es objetiva, y los fenómenos psíquicos,
que son subjetivos. Son dos ciencias diferentes.
“La
lógica es la psicología de la evidencia”. Husserl dice que la evidencia se
apoya en la verdad, por lo tanto, no puede ser psíquica porque la verdad es
objetiva y no se la puede reducir a fenómenos psíquicos.
Todas
estas reflexiones le hacen abandonar el psicologismo.
-
Bases
para la fenomenología:
Después de hacerle la crítica al psicologismo, Husserl invierte sus
anteriores supuestos y postula la lógica como ciencia autónoma y
fundamental, como la norma a seguir por todas las ciencias de hechos para
constituir con ella la “objetividad” de ellas.
Propugna
por una “lógica pura”, es
decir, por una lógica que sea la instancia más universal de las condiciones
ideales de la posibilidad de la ciencia en general o una teoría objetiva
o ideal de conocimiento. Al realizar el análisis de esta
“lógica pura” o “teoría ideal de conocimiento”, Husserl se
ayuda de la doctrina que estaba desarrollando su maestro Brentano en la
escuela psicologista, y descubre una seria de categorías o conceptos que le
van a servir para poner las bases de su fenomenología.
Una
de las categorías claves, que retoma de Brentano, es el
concepto de “intencionalidad de la conciencia”. La conciencia es
intencional, es conciencia de algo; pero dicha intencionalidad no pertenece,
según Husserl, al nivel de los fenómenos psíquicos, sino al nivel
lógico-objetivo.
Esta
conclusión le permite establecer las bases de la fenomenología como teoría
de conocimiento.
1.3
Fenomenología:
Filosofía como ciencia estricta
En el segundo periodo, estando de profesor en Gottinga, su pensamiento lo orienta a la elaboración de la fenomenología, es decir, a hacer de la filosofía “una ciencia estricta y rigurosa”. La filosofía o ciencia a la que aspira Husserl es, propiamente hablando, “un saber”, “un saber riguroso”, que constituye el patrón para el “rigor de las ciencias”.
No es la primera vez que se formulaba esta pretensión, pues ya antes
Descartes y Kant quisieron hacer lo mismo, pero no lograron el objetivo.
Descartes si consiguió dejar sentado, de una vez por todas, que los más
inmediato para nosotros no son las cosas, sino nuestro conocimiento de ellas.
El principal hallazgo de Descartes fue fundamentar la filosofía en la “conciencia”,
pero no supo encontrar el equilibrio debido, entre el sujeto y el objeto,
entre el yo y el mundo. Para él lo único evidente en primera instancia, es
la existencia del “yo pensante” de
sus pensamientos, pero no de las cosas pensadas. Con ello puso las bases de
los idealismos modernos.
Husserl
retoma la “conciencia” como fundamento de su filosofía, pero en ella
incluye “las cosas pensadas”, es decir, pone en el mismo nivel el
sujeto-objeto; para él la conciencia es “intencional”, y esta
intencionalidad es bipolar, es decir, no sólo afecta al acto subjetivo de la
conciencia (al acto de percibir, pensar, recordar, imaginar) sino, también a
lo percibido, lo recordado, lo pensado, lo imaginado.
De
este modo, Husserl reconoce la “intencionalidad” como la esencia de la
conciencia; y en la “intencionalidad de la conciencia”, el fundamento para
hacer de la filosofía una ciencia estricta o fenomenología.
Según
él, para que la fenomenología sea una ciencia estricta debería ser liberada
de la explicación de los fenómenos, (como quería el positivismo
naturalista); y, a la vez, liberarla de todo psicologismo.
La
fenomenología no tiene porqué ocuparse de los fenómenos de que tratan las
ciencias naturales, ni tampoco tiene por qué ocuparse de los fenómenos
psíquicos en cuanto fenómenos reales. Si de algo se ha de ocupar es de una
especie de “tercer reino” que no esta constituido ni por las cosas, ni por
sus representaciones psíquicas: es el reino de lo que algunos filósofos han
llamado “las significaciones” y que Husserl concibió reino de las “esencias”
en cuanto “unidades ideales de significación”.
Si
la fenomenología no se ocupa de hechos, es un punto de vista “estrictamente
otro” que el punto de vista de lo que Husserl llama “la actitud natural”.
El punto de vista de la fenomenología es aquel por medio del cual se ve todo
lo que se revela la actitud natural, en cuanto que “suspendida o puesta
entre paréntesis”.
Pero
esto significa que la fenomenología no es una ciencia junto a otras, ni
siquiera una ciencia básica; es el fundamento de toda ciencia y de todo
saber. Puede llamarse por ello la “filosofía primera”, la cual no tiene
ningún objeto propio; o lógica pura, para diferenciarla de todas las
posibles filosofías segundas.
Por
lo tanto, la fenomenología como ciencia estricta se coloca en la base y el
fundamento de las demás ciencias. Pero para lograr que la fenomenología sea
una ciencia fundamental, supone un cambio de rumbo, una manera distinta de ver
las cosas y método propio.
1.4
Fenomenología
descriptiva: método fenomenológico
La
fenomenología se dirige a los fenómenos, como todas las demás ciencias,
pero con una actitud completamente distinta a la actitud natural que hace que
se modifique el sentido y la significación del término “fenómeno”.
Kant
había explicado el término fenómeno como algo que aparece y se manifiesta
ante nosotros en el espacio y en el tiempo, sin que necesitemos deducir su
realidad profunda, su esencia, su “noúmeno”.
Husserl
no puede entender el fenómeno como mera apariencia o como imagen defectiva de
la realidad; para él, fenómeno es la “cosa misma percibida”; por eso
dice: “hay que ir a las cosas mismas”.
Pero
el “fenómeno o la cosa misma” esta mezclado con una serie de elementos
extraños que proceden o bien del exterior o bien del propio fenómeno o bien
del sujeto que conoce.
Lo
que hay que lograr, entonces, es depurar esos elementos para quedarnos con la
esencia de la cosa solamente, es decir, con lo que la “cosa es”.
Husserl
quiere llegar al momento en que las cosas son percibidas por el sujeto, no
quedase con el objeto, sino anticiparse a todo eso, contemplar el momento en
que esa cosa, ese objeto se constituye en objeto para el sujeto. Se trata, por
tanto, de ir hacia atrás y coger el momento en que aparece como dato
objetivo. Ese momento, dice Husserl, es el momento en que el objeto aparece en
mi conciencia, y para conocerlo es necesario captarlo tal y como aparece en mi
conciencia.
Para
llegar a conocer aquello que esta presente en mi conciencia, Husserl va a
emplear un método que llama método fenomenológico que consiste en una serie
de “reducciones” o “epojé”. Pero para llegar a ellas inicia con el
cambio de actitud distinta a la actitud natural.
1.4.1
La
actitud natural
Se llama
actitud natural aquella actitud en la que estamos envueltos en nuestra vida
normal. Es la actitud con la que normalmente nos desenvolvemos.
En
esta actitud contamos con el mundo como algo ajeno a la conciencia: lo que
cuenta es la percepción de lo real. Por eso solemos afirmar que el
conocimiento empieza la experiencia. Esto quiere decir que el mundo es objeto
de nuestro conocimiento, las cosas, los bienes, los valores están ahí y son
algo con lo que me pongo en relación, son el ámbito de referencia de nuestra
conciencia.
Para
Husserl esta actitud natural es ingenua y hay que abandonarla para adquirir
una actitud diferente, una actitud refleja mediante un acto de reflexión.
Este
cambio de actitud consiste esencialmente en suspender la afirmación de la
existencia del mundo, esto es: abstenerse de afirmar la realidad existente,
abstenerse de dar un juicio sobre ella, ponerla entre paréntesis. Se trata de
convertirse en espectador puro y desinteresado del fenómeno que se presente.
Sin embargo, con la actitud refleja tendemos a llegar a las cosas mismas, a
sus “esencias” o entidades ideales de significación, a través de una
serie de reducciones o “epojé”.
1.4.2
Las
reducciones fenomenológicas
Las
reducciones fenomenológicas consisten en despojar, desnudar el fenómeno de
todo elemento exterior a él, para quedarse sólo con la esencia. Es poner
entre paréntesis todos los elementos ajenos a la cosa misma (una especie de
duda metódica la sentido cartesiano, sólo que aquí no se duda, sino que se
pone entre paréntesis, se suspende el juicio).
Significa,
por tanto, atenerse sólo a lo dado, eliminando todo el ropaje subjetivo, todo
lo teórico, todo lo concreto, de manera que quede sola, aislada, la cosa –lo
dado- la esencia (eso que viene precisamente envuelto en todo ese ropaje con
que se nos presenta cada objeto de este mundo natural a nuestros sentidos, a
nuestra percepción).
Se
trata de captar ese momento en el que las cosas empiezan a tener un sentido
para el que las percibe. No es quedarse en el objeto concreto, sino llegar a
contemplar el momento en que “algo” se constituye en objeto para un
sujeto, es decir, cuando algo del mundo real llega a tocarme la conciencia.
Entonces se convierte en vivencia, tiene un significado para mí, tiene un
sentido y así llega a ser objeto para un sujeto.
Para
poder entender esto hay que
seguir las “reducciones” o momentos del método fenomenológico. Estas
son:
a)
Reducción
externa o fenómeno
Consiste en prescindir, desprender al fenómeno que se presenta a mi conciencia, de todo lo “exterior a él” a fin de que la actitud ante él sea totalmente objetiva. Hay que poner entre paréntesis todo lo teórico, hipótesis, presupuestos, planteamientos, postulados, los conocimientos que los científicos y filósofos han hecho de él a lo largo de la historia.
En este primer momento de la epojé lo que hago no es dudar del objeto,
sino que no lo tomo en consideración, prescindo de él como realidad y lo
tomo como objeto para mi conciencia: lo que “está ahí para mí”.
b)
Reducción
eidética
Es aquella operación de la inteligencia mediante la cual se alcanzan las puras esencias de las cosas. Esto no se hace por medio de la “abstracción” como decía Santo Tomás y los escolásticos, en su teoría del conocimiento, para quedarse sólo con las notas universales del objeto; se hace por medio de la “intuición”: lo que se manifiesta directamente a mi conciencia, la mismidad del fenómeno, la esencia, el eidos. Suprimidas las características del objeto, captamos intuitivamente la esencia, lo más profundo, “lo dado”.
En esta reducción se trata de encontrar por intuición las esencias puras, que son atemporales y espaciales; no son captadas por la experiencia sino a través de la “conciencia eidética” o “pura”.
Epojé eidética o intuición de la esencia del fenómeno es lo mismo. En esta reducción no se trata de reducir tachando y eliminando, sino al contrario, se trata de conservarlo todo para reconstruirlo en una etapa posterior a partir de la esencia que permanece invariable.
c)
Reducción
trascendental
Consiste en prescindir de la existencia misma del individuo cognoscente, es decir, de prescindir de los elementos propios característicos pertenecientes al sujeto, para llegar a una “conciencia pura” o un “yo trascendental”.
Mediante la reducción trascendental intuimos que todas las esencias captadas hasta ahora, a través de otras reducciones, hacen referencia a una “conciencia” a un “yo” puro = trascendental, a un “yo” como sujeto de la epojé.
El fenómeno exige necesariamente un sujeto ante quien presentarse; no
hay fenómenos sin alguien ante quien el fenómeno se haga efectivo. Y,
¿quién es este sujeto? Este sujeto es la conciencia subjetiva que se
descubre a sí misma reflexivamente, como proceso que constituye el objeto.
Por supuesto, esta conciencia no es la conciencia psicológica a la cual
pertenece el dominio de los hechos, sino que es una conciencia trascendental.
¿Cómo es esta conciencia? ¿Cuál es su estructura?
En primer lugar, esta conciencia es intencional, es decir, es una
conciencia que manifiesta la presencia de algo. Pero esta intencionalidad de
la conciencia es bipolar, implica que en ella hay dos polos, es decir, dos
datos vivenciales fundamentales: uno es el polo subjetivo de la conciencia,
que está constituido por los actos que tienden a captar o percibir el objeto,
Husserl le da el nombre de “noesis”; y el otro, es el polo objetivo o
contenido del acto intencional u objeto intencional, que lo llama “noema”.
Este
binomio “noesis-noema” constituye el horizonte del sentido de la
intención, en cuanto que es para mí. El que sea para mí esta posibilitado
por la “noesis”, puesto que la conciencia de sí mismo
hace que el “noema” se manifieste, no creándolo, pero si
haciéndolo que se dé. En tal caso la intención tiene un sentido objetivo,
entendido no como realidad existencial, sino ideal,
es decir, lo que es el ser.
La conciencia puede ser analizada descriptivamente en todas sus
múltiples formas, sean percepciones, sentimientos; en todas ellas el
carácter de la intuición, cuyo objeto es lo eidético, trasciende lo
experimental. De esta forma lo que se nos da en el mundo cotidiano como
fenómeno, se convierte en lo cotidiano como tal, como esencia, como fenómeno
puro. Así, si tomamos como ejemplo un árbol verde o que tiene aspecto verde,
sus tonalidades pueden discutirse dad la existencia de los múltiples matices
de verde. Pero si suspendemos nuestra actitud natural sobre el árbol verde,
sólo nos quedamos con el “verdor”, es decir, con lo “verde”, que es
su esencia o aquello que es. La intuición en todo caso es eidética, que en
cuanto directa u originaria se constituye en evidencia.
Desde esta perspectiva, podemos entender mejor el carácter de la
fenomenología como ciencia de las ciencias.
En síntesis: el método fenomenológico es un método que describe el
modo como los objetos se dan en la conciencia del sujeto que conoce.
1.5
Egología
pura o idealismo trascendental fenomenológico.
Husserl
en su obra Meditaciones cartesianas,
denomina a su filosofía “egología pura”, puesto que el “ego = yo”
ocupa el lugar central de ella. Y con frecuencia afirma que se mueve en la
esfera del idealismo, hasta el punto de que su filosofía es un “idealismo
trascendental fenomenológico”, porque retoma la subjetividad para, una vez
analizada en sí misma, corregir las fallas metodológicas de las filosofías
idealistas anteriores a él. Como descubre la fenomenología solamente por la
subjetividad, el “mundo fenoménico”
es valido, intuible y evidente.
La aplicación del método fenomenológico al análisis del carácter
intencional de la conciencia, lleva a Husserl a la afirmación del “sujeto
trascendental”. Conviene aclarar que el sujeto trascendental:
-
No
es un “yo concreto individual”, ya que éste está entretejido con el
mundo, y han sido puestos entre paréntesis.
-
No
es un “sujeto pensante” cartesiano, porque no está encerrado en sí
mismo.
-
No
es un “sujeto psicológico empírico”, ya que al habérsele privado de la
realidad concreta, se le ha convertido en un espectador desinteresado.
-
No
es le “sujeto trascendental kantiano”, pues el a priori que constituye los
fenómenos sólo capta lo “aparente”.
Para Husserl, el sujeto trascendental es “un yo intencional, apertura,
un sujeto que en el acto mismo de su pensamiento constituye lo pensado, el
objeto; es un “ego cogito cogitatum”, es decir, un yo pensante con sus
objetos pensados.
Esto fue lo que Descartes no vio: toda “cogitario” tiene un “cogitatum”,
en cuanto objeto, en cuanto fenómeno.
Este “yo puro” debe emprender el camino de la fundamentación
trascendental del saber a partir de la experiencia trascendental, que es
distinta a la experiencia natural.
El mundo, en esta búsqueda, se encuentra incluido en la unidad de
conciencia como si esa totalidad –mundo- realmente existiera como mundo
fuera de mí.
Ahora sólo es objeto intencional de mis vivencias, noemas de mi noesis.
(Recuerde que la noesis es la posibilitación en mi conciencia de la presencia
del objeto =noema).
El concepto de realidad o la existencia para mí de los objetos,
significa que estos objetos valen o existen para mí en cuanto conciencia como
“cogitata”, es decir, como brotando de mi subjetividad trascendental.
Por eso, es la vida de la conciencia lo que se constituye la objetividad
del mundo, se “constituye” a sí mismo en cuanto “yo mundano como
influencia de subjetividades”, es decir, constituye “un mundo- con”
otros.
El otro es un modificación de mi yo, se extiende más allá de mi
conciencia para conformar la “intersubjetividad trascendental” o “comunidad
humana” que se desarrolla y se perfecciona en la unidad de la historia, que
es un “flujo” continuo que se orienta hacia lo infinito en último
término, hacia dios como “telos” del universo.
1.6
Sentido
de la fenomenología
La motivación inicial de Husserl con la
“fenomenología” fue presentada como alternativa al cientifismo
positivista. Esta alternativa, como vimos, consistio en construir una “filosofía
estricta y rigurosa, con validez universal. Trataba de elevara a la filosofía
a la categoría de “un saber científico” que descubriera los principios
fundamentales y constitutivos de todo saber real o posible. Pero además,
convertirla, en una “racionalidad subjetiva radical” y “reformadora”,
capaz de superar la crisis del saber y de la humanidad, producida por la
racionalidad objetivista de las ciencias positivas.
Husserl
en su “Egología pura”, constituye el mundo de la cotidianidad o “mundo
de la vida” como inteligibilidad última, fundamento de todo saber
científico y de la racionalidad de la historia.
La
fenomenología devuelve a la filosofía su función humanizadora, devuelve a
la cultura occidental europea su verdadero racionalismo, porque alcanza y
desarrolla la razón con la que el hombre se descubre como responsable de su
propio ser y de todo su quehacer.
Una
vez formulada la fenomenología, Husserl tuvo que explicitarla al hilo de las
críticas que iba recibiendo, aclarando lo que no había dejado del todo
explícito y se prestaba a erróneas interpretaciones; pero siempre
insistiendo en su carácter de racionalidad.
Así
cuando Max Scheler o Heidegger, discípulos suyos, pusieron en tela de juicio
el modo excesivamente intelectual como el sujeto puro constituye la “esencia”
del hombre o la existencia humana, él los acusa de acientificidad, de
antropologismo, e insiste en que su fenomenología es fiel no sólo al
imperativo científico originario sino también a la originalidad de la vida,
pues para él, al interpretar la conciencia, “interpreta la vida de la
conciencia”.
2.
MAX SCHELER (1874-1928)
Nace en Munich. Estudia en la Universidad de Jena y en sus estudios de
humanidades tiene como profesores a Dilthey, Liebmann, Euken.
Interesado
en la “fenomenología” vuelve a Munich, donde tiene como profesor a
Husserl y donde forma parte del Círculo Fenomenológico.
Posteriormente
se desempeña como catedrático en varias universidades: Jena, Munich,
Berlón, Gottinga y como profesor titular en Colonia y Francfort. El
pensamiento de Scheler, pasa por diversas fases, incluyendo la fase religiosa
y personalista y al final de su vida tiene tendencias hacia el panteísmo;
pero en todas ellas adopta y transforma el método fenomenológico.
Scheler,
junto con Heidegger, es uno de los discípulos más sobresalientes de Husserl,
aunque en la interpretación y aplicación de la fenomenología se desvía de
la fenomenología pura.
Entre
sus obras sobresalen: Contribución a la determinación de las relaciones entre los principios
lógicos y los principios éticos, El método trascendental y el método
psicológico, El formalismo en la ética y la ética material de los valores (quizá
so obra más importante), El puesto del
hombre en el cosmos, Esencia de la filosofía.
2.1
Descripción fenomenológica del valor
Scheler
como discípulo de Husserl conoce la fenomenología y el método
fenomenológico.
Analizando
la descripción fenomenológica que hace Husserl sobre la intencionalidad de
la conciencia, observa que los contenidos de ella los limita a esencias de
carácter intelectual (lógico-racional). Scheler de acuerdo con sus estudios
afirma que existen, además, otros contenidos intencionales en la conciencia,
que aunque no hacen referencia a acto significativo (objeto – fenómeno), no
son por ello menos evidentes, es decir, no dejan de ser objeto de una
intuición esencial.
Lo
captado en estas intuiciones esenciales desvinculadas de una significación
son, en rigor, esencias, pero esencias de índole distinta, pues no se pueden
predicar de ellas ni la intelegibilidad, ni el carácter lógico. A estas “esencias”
las llama Scheler “valores” que se ofrecen a la descripción
fenomenológica con el mismo titulo de legitimidad que las esencias
husserlinas.
Los
“valores” son esencias que
están en la conciencia, pero su peculiaridad es que son de carácter
intencional “emocional”, no racional.
Scheler
afirma que además del pensamiento o razón que intuye las esencias de los
objetos, existe otra facultad, distinta de la anterior, dominada por el
sentimiento que capta o aprecia ciertas cualidades de las cosas o esencias,
que son los valores. A esta facultad la llama “estimativa”.
2.2
Los valores como objeto de la fenomenología
El
descubrimiento de los valores, le lleva a reflexionar sobre ellos y a elaborar
una teoría de los valores conocida como “Axiología”. La inicia
estableciendo la distinción entre valor y bien, y valor y fin. En cuanto bien
y valor, afirma que pertenecen a dos esferas distintas; la esfera de los
bienes esta constituida por las propiedades que tienen las cosas reales; el
valor, en cambio, es trascendente a los bienes. El valor no se aprehende
inductiva o deductivamente, sino a través de la intuición en la que se nos
revela como esencia. Esta intuición que capta los valores es un acto
espiritual, cuyo objeto es la percepción afectiva que recae sobre el
sentimiento, Esta distinción entre bien y valor le da pie para criticar la
ética material aristotélica que se fundamenta en los bienes.
Distingue además entre fin y valor y afirma que los fines no siempre
son valiosos, dado que la voluntad de los fines es anterior a la preferencia
de objetos valiosos. El fin es una tendencia inmanente que parte de una
experiencia no fenomenológica y, por lo tanto, es diferente al valor. Esta
distinción le da pie para criticar tanto la ética del placer (epicúrea)
como la ética trascendente (escolástica).
La descripción fenomenológica realizada por Husserl con la que
descubre que la intencionalidad intelectual de la conciencia es bipolar, es
decir, implica dos polos (noesis- noema), le sirve a Scheler para descubrir en
la intencionalidad emocional dos elementos que describen el fundamento de los
valores.
Para
Scheler los valores son, en cuanto esencias puras, elementos “a priori” y
también elementos “materiales”. La vinculación de la a priori con lo
material, ya realizada pro Husserl en la esfera de la intencionalidad
intelectual, es afirmada por Scheler en la esfera de le intencionalidad
emocional, es decir, los actos intencionales tienen lugar en el tejido de las
vivencias afectivas puras.
El valor, pues, para Scheler, no tiene un carácter empírico ni a
priori en el sentido de Kant, sino afectivo, sentimental y volitivo. El valor
se fundamenta en la vida emocional: amor, odio, sentimientos y preferencias,
son los actos originarios a través de los cuales se aprehenden los valores.
Como Pascal, Scheler sostienen que el corazón tiene razones que la
razón desconoce, es decir, existe una lógica de las emociones distinta a la
lógica de la razón.
Una vez descrito en que consiste el valor, intenta establecer un sistema
de valores articulado “jerarquicamente” siguiendo el criterio de “preferencia
o selección”. Esta selección jerarquizada de valores la ordena así:
-
Valores
útiles (dinero)
-
Valores
biológicos (salud)
-
Valores
lógicos (verdad)
-
Valores
estéticos (belleza)
-
Valores
éticos (justicia)
-
Valores
religiosos (santidad)
Sobre los valores, Scheler fundamenta la ética. Es bueno aquello que
realiza un valor y malo aquello que lo impide. Lo bueno, además de realizar
un valor debe favorecer la posibilidad de llegar a otro valor superior en
jerarquía.
2.3
Fenomenología de la persona, sociedad y religión
Al lado de la teoría de los valores y en relación con ella, Scheler elabora las bases de la antropología filosófica, cuyo resultado más importante ha sido la teoría sobre la persona o personalismo.
Entiende a la persona, no como esencia racional, o como individualidad
meramente corporal, o como alma, o como vivencias perceptivas internas, sino
que lo constitutivo existencial y esencial de ella es el “espíritu”
concebido este como personalidad. En este sentido, la persona funda sus
diferentes actos en una unidad de ser concreto esencial, sin jamas agotarse.
Como unidad en cada acto vive y actúa toda ella, como un ser que piensa, que
ama, que desea, que actúa. A través de estos actos se constituye a si misma.
-
La
persona, aunque es una realidad absoluta, no es una realidad cerrada, sino que
esta abierta a la interioridad y a la trascendencia.
Al
contemplarse en su interior, se descubre relacionada con otros, es decir, se
descubre como convivencia, como comunidad. Esta proyección hacia los demás,
esa comunicación con otros, ese vivir con los otros se realiza sobre todo por
la “simpatía” y el “amor”. Ese proceso de comunicación con los
otros, Scheler dice que se manifiesta a través de círculos crecientes: la
unidad social inferior es la “masa” que se realiza por contagio-gregario;
le sigue la “comunidad de vida” realizada a través de costumbres y
tradiciones; le sigue la “sociedad” que realiza a través de vínculos
contractuales y jurídicos; por último, la “comunidad de amor” fundada
sobre la base de la unidad espiritual y la autonomía de la sociedad o persona
común. Con ello pretende Scheler afirmar la superioridad de lo espiritual en
la historia, criterio que aplicará a sus anhelos de unidad espiritual de
Europa.
La
formula más perfecta de comunidad espiritual la encuentra en la Iglesia.
-
En
su concepción religiosa cree en la necesidad de renovar el cristianismo, pero
previa fundamentación sólida de la doctrina sobre Dios. La religión debe
llevarnos al conocimiento de su esencia y existencia, como anhelo de
salvación personal, y a su personalidad que manifiesta su existencia al
revelarse.
La filosofía mediante un proceso deductivo nos puede llevar a
establecer a Dios como fundamento del mundo, pero nada más. Sin embargo, en
la religión Dios se nos muestra, se revela,
como el ser espiritual y personal que se nos hace presente mediante el amor.
3.
NICOLAI HARTMANN (1882-1950)
Nace en Riga (Alemania) profesor desde 1922 en Marburgo, desde 1925 en
Colonia, desde 1931 en Berlín y desde 1945 en Gottinga.
Procedente
del neokantismo de la escuela de Marburgo, en el cual estaban inspirados sus
primeros trabajos, se separo posteriormente del neokantismo por influencia de
la fenomenología. Esta influencia, completada en su filosofía del espíritu
por las de Hegel, Scheler y Delthey explica en parte la filosofía de él,
pero no la determina completamente.
Entre
sus obras citamos: Metafísica del conocimiento, El problema del ser espiritual,
Fundamentos de la ontología.
El
propio Hartmann ha dicho de su filosofía que es “una filosofía de
problemas”. Como es difícil dar una idea clara de su pensamiento en unas
cuantas líneas, nos limitamos a dos de sus contribuciones que están
relacionadas con la fenomenología: la teoría del conocimiento y la
ontología.
3.1
Descripción fenomenológica del conocimiento
Al
tratar del problema del conocimiento lo hace a través de la descripción
fenomenológica. El resultado de esta fenomenología es mostrar la relación
“sujeto-objeto”, como una relación en la cual ni el sujeto determina
activamente el objeto, ni este se impone sobre un sujeto completamente pasivo.
El acto del conocimiento es fundamentalmente la aprehensión del objeto por el
sujeto. El sujeto trasciende hacia el objeto en un acto en el cual el objeto
permanece inalterado.
En
el curso de la descripción fenomenológica del conocimiento surgen diversas
“aporías” (contradicciones o dificultades) que al afrontarlas trata de
resolverlas mediante la consideración del sujeto y el objeto del conocimiento
como partes integrantes del ser verdadero. De este modo el sujeto y el objeto
son manifestaciones reales del ser. Como vemos, la descripción
fenomenológica del conocimiento lleva a Hartmann hacia una ontologia.
3.2
Fenomenología ontológica
Establecidos
los supuestos gnoseologicos –ontológicos del conocimiento, Hartmann procede
al análisis del “ser- en –sí“ de lo existente o realidad. La realidad
para él es algo que el hombre sufre, que le sucede, y desde la cual tiene que
enfrentarse a las cosas y demás hombre. Pero estas manifestaciones del ser
constituyen los aspectos del ser que pueden ser conocidos y a su estudio
lo llama ontología. Hay, sin embargo, una parte o aspecto del ser
ininteligible e irracional que no puede ser conocido y que es el objeto de la
metafísica.
El
ser no es algo opuesto por el sujeto, sino algo que le es dado. En el ser
distingue una serie de esferas y niveles, momentos y modos mediante los cuales
hace una especie de clasificación de los seres tanto reales como ideales.
La
filosofía de “los problemas” de Hartmann se encuadra dentro de la
corriente ontologista.