CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS Y PROBLEMÁTICA EXISTENCIAL DEL HOMBRE DEL SIGLO XX.
1.1
Circunstancias
históricas
a)
Periodo
de las dos guerras mundiales.
La filosofía existencial es producto de una situación social y cultural de crisis profunda, a consecuencia de la terrible ola de violencia y destrucción originada por las dos guerras mundiales. La primera guerra mundial (1914-1918) había costado 10 millones de vidas humanas, y la segunda (1936-1945), cerca de 45 millones.
Si la primera aumentó considerablemente la capacidad destructiva del
hombre con la máquina de combate, la segunda la llevó a extremos
definitivos, con artefactos nucleares, que se lanzaron más que sobre
objetivos militares sobre objetivos civiles.
Este
sangriento holocausto originó una inmensa crisis de conciencia y de valores;
patentizó el drama de la muerte y de la angustia del hombre; desencadenó y
puso en primer plano la reflexión sobre el sentido de la existencia.
b)
La
postguerra: crisis sociopolitica
El fin de la
segunda guerra mundial señala el comienzo de una época histórica que cubre
la parte central del siglo XX hasta nuestros días. La situación mundial
experimenta una especie de cataclismo: unos cambios, profundos, violentos y
rápidos, que afectan tanto a las estructuras sociales como a las políticas y
económicas.
Como
advierte Sartre: “la guerra, esa guerra, ha terminado, pero el provenir
sigue sin estar seguro, nadie garantiza que no seguirán otras”.
De
hecho, tras la victoria de los aliados surgió una nueva tensión
internacional, la de los “bloques” y la “guerra fría”, capitaneados
por EE.UU. y la URSS, quienes para defender sus respectivos intereses y sus
antagónicos modelos de sociedad, se habían repartido el planeta.
Ante
la necesidad de superar la crisis, a nivel ideológico se formulan filosofías
que intentan devolver al hombre el sentido de la confianza y seguridad
perdidos, con el fin de alcanzar esa realidad de humanidad feliz a la que
aspira todo ser humano, tanto material como espiritual.
El
mundo de las postguerra intenta establecer la paz y la dignidad humana a
escala mundial; después de muchos intentos, una serie de países se reúnen y
logran formar la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1945, y así dan
esperanza a la humanidad frente a la caótica realidad que estaba viviendo.
Más tarde, en 1948, cincuenta y cinco países logran ponerse de acuerdo y
formulan el decalogo de la dignidad humana: la Declaración Universal de los
Derechos Humanos.
1.2
Problemática
existencial del hombre
Ante esta
situación el hombre fue perdiendo sus ilusiones hasta quedar totalmente
abandonado, sumido en sus propias fuerzas, como señala Sartre: “fue
comprendiendo finalmente que solo podía confiar en él mismo”. Lo ideal, lo
absoluto, lo perfecto, aparecen como categorías que se habían vaciado de
contenido.
La
desconfianza y el escepticismo penetraron en los sistemas ideológicos
y en los logros científicos considerados como definitivos. Ya no interesaban
las especulaciones abstractas, sino las doctrinas próximas a la vida, las que
penetran en la realidad dramática, absurda, de la existencia, que ya no se
describe centrada en la razón, ni fundamentada en Dios, sino en el “absurdo
y en la nada”, sin posibilidad de establecer ninguna norma de carácter
trascendente que las pueda definir.
Consecuentemente,
si la humanidad camina a la deriva, la historia carece de meta. La idea de
progreso ya no le cuadra. El conocimiento científico, objetivo que se venía
alzando por encima de cualquier otro, pierde su valor de certeza absoluta.
Cualquier conocimiento no tiene más valor que el que el hombre quiera
prestarle: es existencial, relativo; lo que no quiere decir que carezca de
valor, que sea negativo. Como advierte Camus en su obra: “El mito de Sisifo”:
“Aunque todo conocimiento sea relativo, aunque no exista ningún sistema
racional coherente y susceptible de ser enseñado, existe la necesidad de
conseguir que la vida sea digna de ser vivida”.
La
filosofía existencial inicia un proceso de reflexión que puede colocar al
hombre en su sitio, en su dignidad y grandeza. Reflexiona desde la perspectiva
del hombre como actor de su vida y
de su historia, en vez de hacerlo desde el ángulo de espectador,
como era habitual en la filosofía tradicional.
El
existencialismo se puso de moda y no había dificultad alguno en declararse
“existencialista”.
2.
CARACTERÍSTICAS
DEL EXISTENCIALISMO
Esta corriente
se caracteriza por afirmar:
a)
La
existencia humana concreta
Pretende
elaborar las bases para la constitución de un “nuevo humanismo”, es
decir, una filosofía del hombre como persona individual y como ser social, en
consecuencia con sus circunstancias históricas. No se trata de denunciar la
explotación del hombre (marxismo), ni de afirmar la vida por encima de la
razón (vitalismo), sino de recuperar al hombre en su “ser concreto”, en
su singularidad, con las cualidades que
lo hacen único e irrepetible.
b)
La
existencia antes que la esencia
El
existencialismo insiste que lo más importante para el hombre concreto, no es
ser “animal racional” (esencia), como la había definido la filosofía
tradicional, sino que es lo concreto de cada persona, es decir, sus caracteres
individuales, lo que lo distingue de los demás.
c)
La
existencia como actividad
El hombre no es
un mero espectador que reflexiona, que piensa y objetiva racionalmente los
acontecimientos, sino que es un “actor” que vive sumergido en la angustia
de sus situaciones y problemas particulares. Al hacerse consciente de esa
situación empieza a verse a sí mismo en su autentica desnudez, y entonces se
ve conducido a tomar la decisión de elegir una existencia propia que lo
realice en forma autentica o que se deje llevar por los acontecimientos
(inauténtica).
d)
El
método fenomenológico.
Aunque la
filosofía de Husserl, según ellos, es esencialista, sin embargo el método
fenomenológico le sirve para analizar la existencia humana. Piensa que no se
puede comprender al hombre y al mundo en que vive, sino partiendo de se “conciencia”.
3.
SÖREN KIERKEGAARD. PRECURSOR DEL EXISTENCIALISMO
(1813-1855)
A la hora de
buscar unos antecedentes a la filosofía existencialista, algunos autores se
han remontado a San Agustín. Sin embargo, desde el punto de vista doctrinal,
puede afirmarse que el antecedente histórico más inmediato es el filósofo
danes, Sören Kierkegaard. Y desde el punto de vista metodológico, Husserl,
con su método fenomenológico, aplicado ahora al análisis de la existencia
humana.
KIERKEGAARD,
tras estudiar teología en su ciudad natal, Copenhague, y filosofía en la
Universidad de Berlín, donde sigue las lecciones de Schelling y Hegel, guiado
por su propia condición personal de hombre atormentado y melancolico,
reacciona contra el idealismo, el marxismo y el protestantismo.
-
En
el orden intelectual se enfrente al sistema idealista, pues lo considera como
un atentado a lo más intimo y sagrado de la persona humana, cuya libertad e
individualidad son sacrificadas en aras de la necesidad y universalidad del
absoluto.
-
En
el orden social, se enfrenta al marxismo, pues considera que masifica a la
persona humana en aras de un proletariado colectivo.
-
En
el orden religioso, se enfrenta a la iglesia protestante, pues considera que
ha pactado con la mundanidad, practicando una religión formalista y mediocre,
sin las exigencias de un cristianismo vivido con seriedad.
Kierkegaard sale en defensa del hombre individual y concreto proponiendo
una filosofía nueva, existencial.
3.1
Exigencia
de interioridad
Pero Kierkegaard considera que para que el hombre concreto se realice es necesario en él una exigencia de “interioridad”. Esta interioridad se debe manifestar en tres aspectos fundamentales: la existencia, la subjetividad y la individualidad.
a)
La
existencia, no
es estar ahí como los animales, sino el modo de ser de él, que se hace a sí
mismo, en el ejercicio de su libertad, que se vuelve decisión en el momento
en que elige una u otra de las múltiples posibilidades que le ofrece su
elección. Por lo tanto, la existencia es “autorrealizacion”.
b)
La
subjetividad, la
autorrealizacion del hombre exige que se vaya apropiando de la verdad que va
descubriendo a medida que se va realizando. Lo importante no es que la verdad
exista, sino que la reconozca y la haga mía.
c)
La
individualidad,
la autorrealizacion y la autoapropiacion de la verdad son acciones de la
individualidad; en otras palabras, el individuo es el único existente, el
hombre concreto de carne y hueso, que no esta determinado por nada ni por
nadie, que esta estratégicamente solo ante sí mismo y que tiene que elegir
entre la infinidad de posibilidades, lo cual le produce “angustia”.
3.2
Estadios
en la realización del hombre
Pero Kierkegaard no se contenta con formular la exigencia de interioridad, como única solución posible en el hombre, sino que también trata de mostrar el camino para llegar a ella.
Considera que el hombre debe recorrer tres estadios para llegar a su
realización plena:
a)
Estadio
“estético”: es
el estadio en el que el hombre se encuentra completamente disperso por las
sensaciones, que lo impulsan a la búsqueda desaforada del placer en todas sus
formas. Como estos placeres no llegan a satisfacerle plenamente, le acarrea un
estado de “angustia”, de desesperacion.
b)
Estadio
“ético”:
en este estadio, el hombre deja la persecución de los placeres y mediante la
ruptura y el desengaño causado por la vaciedad de ellos, se dedica al
cumplimiento del “deber”.
Al
principio encontrará una intensa satisfacción al sentir que avanza en su
autorrealizacion, cumpliendo el deber; pero con el tiempo llegará al
convencimiento de que el deber tampoco llega a satisfacerle plenamente. El
deber necesita una realidad superior que lo sustente y le de sentido.
c)
Estadio
“religioso”: comienza
en el momento en que el hombre se hace consciente de su relación personal con
Dios. La presencia de Dios lleva entonces toda la existencia humana y esta se
convierte en una apertura total a la llamada de Dios.
El paso de
un estadio a otro no se hace gradualmente sino que se realiza con brusquedad,
de un “salto”. Este salto es provocado por la “angustia”, que se
origina en la insatisfacción. Esta angustia no sólo es negativa, sino que el
hombre al descubrir sus propios limites, lo pone frente a Dios, y lo impulsa
al salto definitivo de la fe.
Esta
es la paradoja por excelencia, el “absurdo”, el salto a lo absolutamente
incomprensible, puesto que si bien Dios encarnado en la historia es lo más
próximo al hombre, sin embargo sobrepasa siempre esa historia, porque entre
el hombre y Dios se abre todo un abismo.
El
rescate del hombre concreto de la marginalidad en la que lo habían colocado
las corrientes más influyentes de la filosofía moderna, es por lo que se le
ha considerado a Kierkegaard como el precursor del existencialismo; y con ello
hizo posible el resurgimiento de un nuevo humanismo que abriera nuevos
proyectos de realización y progreso sin sacrificar la dignidad de la persona
humana.
4. MARTÍN HEIDEGGER (1889-1976)
Personaje poco
dado a la vida pública y entregado por entero a su actividad filosófica como
docente y como escritor; Heidegger es uno de los filósofos más
significativos, fecundos y enigmaticos del siglo XX; sobre todo por la
crítica radical a la tradición del pensamiento occidental.
A
pesar de la enorme dificultad que ofrece su pensamiento, debido tanto al
contenido como al lenguaje que usa, su influencia ha sido grande en
movimientos filosóficos como el existencialismo, la hermenéutica y el
ecologismo entre otros, lo que muestra la variedad de sus planteamientos.
4.1
Vida
y obras
·
Vida:
nace
en Messkirde, sur de Alemania; estudia bachillerato en Friburgo e ingresa a la
Universidad de la misma ciudad, primero como estudiante jesuita de teología y
dos años después, de filosofía hasta graduarse como doctor con la tesis:
“La doctrina del juicio en el psicologismo”.
Inicia su actividad docente como colaborador de Husserl en la Universidad de Friburgo.
1923: Es nombrado catedrático de la Universidad de Marburgo.
1928:
Vuelve a Friburgo para sustituir a Husserl en la cátedra.
1933: Es nombrado por los nazis rector de la Universidad de Friburgo, y en su discurso de posesión alaba las proezas del Füher. Se distancia de Husserl por su origen judío y colabora con el régimen. Por ello fue criticado, a pesar que al año dimitio del cargo de rector.
1945:
Tras la victoria de los aliados, es destituido de su cátedra por las
autoridades francesas de ocupación.
1951:
Es reintegrado en sus funciones como profesor, pero se mantiene alejado de la
universidad, realizando solamente seminarios, charlas y conferencias.
1969
Abandonas su labor profesoral y se dedica a preparar la edición de sus obras
completas.
·
Obras:
La
obra filosófica de Heidegger arranca de la convicción de que “el ser es el
autentico y único tema de la filosofía”. Su filosofía está dedicada
integramente a la investigación del significado del “ser” y el análisis
crítico de la tradición metafísica occidental, con el fin de corregir sus
desvios y reencontrar el camino para elaborar una nueva ontología universal.
Las obras más
importantes son:
-
Ser
y tiempo: considerada
su obra capital. En ella se desarrolla la pregunta por el “sentido del ser”.
-
¿Qué
es metafísica?, La esencia del fundamento, Introducción a la metafísica,
Kant y el problema de la metafísica.
En estas obras desarrolla el análisis crítico de la historia de la metafísica en la filosofía occidental, Considera que la filosofía se ha ocupado del “ente” y se ha olvidado del “ser”, elaborando toda una metafísica de la subjetividad en cuanto constitutiva de objetos cuando lo propio del hombre es vivir abierto al ser.
Desde 1935 aplicó también el lenguaje fenomenológico al análisis de
la poesía, el arte, etc., buscando una configuración más unitaria de las
distintas manifestaciones de nuestra civilización en torno al nuevo humanismo
en obras como: Carta
sobre el humanismo, Sendas perdidas, Nietzsche.
4.2
Pensamiento
de Heidegger
Heidegger en su
filosofía pretende elaborar una reflexión sobre el mundo y la cultura
occidental en sus múltiples manifestaciones, con el fin de fundamentar un
nuevo humanismo y recuperar así su sentido unitario un tanto disperso y en
crisis.
Dado
que lo que el hombre entiende de sí mismo, y sus manifestaciones culturales
es producto de una manera concreta de concebir la relación “ser-pensar”,
es decir, producto de una metafísica, considera Heidegger que la metafísica
anterior se ha olvidado del ser y que, por lo tanto, se hace necesario
plantearse de nuevo la “pregunta que interroga por el sentido del ser”.
Esta
es la tarea que mediante el método fenomenológico emprende en su obra más
importante: Ser y tiempo.
Los estudiosos de esta obra proponen dos posibles “fases” en la
evolución de su pensamiento: en la primera es un Heidegger “existencialista”,
pues se centra en el análisis de la existencia; la segunda se centra en el
análisis del “ser”. Otros califican a estas fases: primer Heidegger y
segundo Heidegger, y pretenden ver una ruptura entre los dos, pero Heidegger
rechaza esta interpretación y manifiesta que toda su obra responde a la
pregunta por el “sentido del ser”.
4.2.1
Análisis
de la existencia
Para responder a
la pregunta por el “sentido del ser” no empieza, como otros filósofos,
por el análisis de las propiedades del ser “sino que inicia por el
análisis del hombre, ya que es el hombre el único capaz de formular la
pregunta por el “sentido del ser”; tanto a nivel general como de su ser en
particular.
Es
en el hombre donde se da el hecho de la comprensión del ser: es más, en eso
precisamente radica su determinación esencial, puesto que su ser consiste en
realizarse como ser en medio de los seres, en hacerse su propio ser.
Es la pregunta que interroga por el ser la que le conduce a Heidegger a
desarrollar, en primer lugar, el análisis de la existencia humana. Para poder
entender este análisis, vamos a ir interpretando los conceptos fundamentales
o categorías que él usa.
a)
“Dasein”
La palabra alemana Dasein
significa “ser-ahí” o (estar ahí). El hombre se expresa en la
existencia, es “ser-ahí”= Dasein, cuyo
peculiar modo de ser consiste en realizar su propio ser. Por lo tanto, la
naturaleza propia del Dasein
(ser-ahí) consiste en su existencia.
El Dasein no es un ente como
los demás; propiamente no es un ente, sino un “existente”, es decir, una
realidad en cuyo ser le va el ser o como dice Heidegger, consiste en “irle
al ser”, en tener el ser como algo que realizar.
b)
“Ser
en el mundo”
Si nos atenemos
a la cotidianidad del “ser-ahí”, la estructura de su existencia se pone
de manifiesto en el hecho de “ser-en-el-mundo”. No es hallarse de una cosa
en otra, sino (y de ahí los guiones) una realidad total. Por eso no hay
sujeto en el mundo (realismo) ni un mundo en un sujeto (idealismo).
Para
Heidegger, el mundo no es un conjunto de cosas, con las que el hombre no tiene
relación; el mundo, para él, designa las cosas con las cuales el hombre se
relaciona, habita, esta familiarizado, se ocupa de ellas como instrumentos
para realizar sus propias posibilidades de existencia.
El
hombre es un ser que esta en el mundo (ser-ahí) entre cosas y éstas
constituyen el entorno o mundo circundante, aquello con lo que trata en su
vivir diario.
Al
analizar las cosas que hay en el entorno, lo lleva a diferenciar entre el “estar-presente”
y el “estar- a la mano”. Son las cosas que están a la mano a las que
Heidegger se refiere, es decir, a las cosas que están disponibles, que puede
manejar y utilizar.
En
este sentido el mundo es un “existencial”, y como tal está abierto; no es
el conjunto de cosas-objeto sino que es el espacio en el que se dan las cosas.
Pero
“ser-en-el-mundo” implica además “ser con otros ser-ahí”, que “son
en el mundo conmigo”. El mundo es “un mundo compartido”, el mundo del
ser-ahí es un mundo de “ser con otros”.
Este
hecho es un existencial, pues el ser del hombre consiste en estar abierto a
los otros; aunque de hecho esté solo, su ser esta referido siempre a los
otros.
Por
lo tanto, el hombre además de “ocuparse” de las cosas, se “preocupa por”
los otros mundos, su mundo es un mundo público.
El
trato del “ser-ahí” con el mundo se manifiesta en tres formas básicas:
-
En
el “encontrarse”: indica la situación misma. El ser-ahí esta “arrojado”
existiendo en una situación en la que se halla inmerso y en la que tiene que
“realizar” su tarea de existir;
-
En
el “comprender”: es, por así decirlo, “el constituirse comprensivamente”,
el ser original dado como “un poder ser”. Por eso el “comprender” esta
estrechamente relacionado con el “proyectar”, el ser como “proyecto”,
esto es, como proyectado de su propia posibilidad de ser;
-
En
el “habla”: es una de las posibilidades fundamentales del “ser-en-el-mundo”.
Al articular la comprensibilidad del mundo, manifiesta lo que las cosas son;
“tener sentido y poder ser dicho son en realidad
una misma cosa”. E; habla es el fundamento ontológico existencial
del lenguaje (conjunto estructurado de formas lingüísticas).
En
conclusión las estructura del Dasein, “su existencialidad” se despliega
en los existenciales de: encontrarse, comprender y habla.
c)
Cuidado
Todos los
constitutivos básicos del Dasein como ser-en-el-mundo, pueden organizarse en
la unidad estructural que Heidegger expresa con el término “cuidado” o
“preocupación”.
En
tanto que “ser-ahí”, el hombre tiene tendencia a perderse entre las cosas
y a interpretarlas desde ellas, esto hace que su existencia sea inauténtica,
anodina, movida por lo exterior. Pero “cuidandose” las cosas pierden
significado e interés, entonces experimenta la “angustia”, que cerrandose
sobre sí mismo, le abre al hecho insuperable de tener que ser-en-el-mundo.
Tentado
a huir, la angustia entrega al hombre a su propia responsabilidad, a lo que
todavía no es o nunca es del todo. Sólo su propio fin, “la muerte”, como
posibilidad de “no ser ya más”, suprime la angustia, cierra el proceso.
La
muerte pertenece a la estructura constitutiva de la existencia: “El hombre
es un ser para la muerte”, afirma Heidegger.
d)
Existencia
autentica
El cuidado hace
que el hombre no se pierda entre las cosas y le abre por medio de la angustia
a la posibilidad de vivir una vida responsable, una existencia autentica, es
decir, una vida original que va más de acuerdo con su propio ser. Este hecho
se ha planteado universalmente como “seguir la voz de la conciencia” se
descubre como “una llamada de la existencia a sí misma”, como lo que
invoca al ser-ahí a salir de la “caída al anonimato” (existencia
inauténtica).
Decidiendose,
el hombre elige, es decir, resuelve dar noticia de su propio ser y saldar así
la culpa o deuda contraida con su condición de existencia originaria finita,
negativa.
e)
Temporalidad
La existencia autentica hace que el hombre se apropie de sí mismo, se
vea como es, vea aquello que le hace posible: su “temporalidad”. La
temporalidad significa ser-en-el-tiempo. El hombre es el ser capaz de “realizarse”
en el tiempo concreto en que vive. El tiempo –pasado-presente-futuro- forma
algo continuado, el hombre es un ser que se va realizando y madurando en la
historia.
La
temporalidad, más que un transcurrir en el tiempo, indica que va progresando,
que va haciéndose realidad en el tiempo. El ser-ahí en cuanto posibilidad se
hace “temporalizandose”.
Es
la temporalidad la que unifica los diversos elementos estructurales del
ser-ahí y la que acaba dándole sentido.
4.2.2
Análisis
del ser
Recordemos que,
aunque Heidegger ha iniciado con el análisis de la existencia, su objetivo es
la pregunta por el “Sentido del ser”.
En
el análisis de la existencia nos mostro que lo propio del hombre no es vivir
en sí mismo sino “abierto” al ser. La existencia constituía el sentido
del ser, es decir, el ser se explica a partir del hombre.
En
el análisis del ser va a hacer un recorrido “inverso”, es decir, no
explicar el ser a partir del hombre, sino a partir del ser explicar al hombre.
En
esta parte de la obra Ser y tiempo, el ser no aparece ya “abierto al Dasein, sino como
lo que hace posible la propia apertura del Dasein. Su pensamiento aquí se va
a caracterizar por transformar el pensar acerca del ser en un “pensar en el
mismo ser” o “descubrir el ser”.
En
este “pensar o descubrir el ser”, Heidegger se caracteriza por su
hostilidad a la exposición sistemática, por su preferencia por el lenguaje
poetico, y por su constante buceo en lo escondido del ser. (Es necesario tener
en cuenta estos aspectos para poderlo entender).
-
El
ser se convierte en una “casa” donde pueda habitar el hombre que en lugar
de “forzar” el ser se inclina humildemente ante él; el ser se convierte
en un claro en un bosque donde los caminos no van a ninguna parte.
-
El
ser puede aparecer u ocultarse; pero en ningún caso es “apariencia”, sino
“presencia”.
-
Lo
mejor para aprehender el ser es justamente no aprehenderlo, es decir, dejarlo
en su ser; el hombre debe permanecer donde está sin tratar de “forzar” la
realidad mediante la técnica, con el fin de permitirle al ser “trans-pare-cer”.
-
El
ser es como un horizonte humano en el cual todos los entes están en su
verdad,
-
El
ser es una especie de “gracia”; la importancia del hombre radica no en
despojar el camino para alcanzar esa gracia, sino en dejarla ser y dejarse
llevar por ella en el tiempo: el hombre es, en rigor, “el pastor del ser”.
-
El
hombre no encamina el ser a su
realización o a su degradación, sino que el ser hace posible para el hombre
existir o no, auténticamente.
-
El
ser aparece en el horizonte del lenguaje; pero no en un lenguaje “forzado”,
como el lenguaje científico, que constituye la realidad como objeto; ni como
lenguaje técnico, que modifica la realidad para aprovecharse de ella. El
lenguaje según Heidegger, es “conmemorativo”; hay que “conmemorar al
ser” para que no caiga en el olvido. Conmemorar el ser es protegerlo contra
la descripción, la explicación y la interpretación.
-
Hay
que acceder al ser, algo muy distinto de conocerlo; al ser se accede, no por
el análisis metafísico, sino por el “habitarlo”: habitar en la tierra es
un modo de seguir el ser.
-
El
se es un misterio, pero no en el sentido de estar fuera de toda comprensión,
sino sólo cuanto no es comprensible a base de ninguno de los entes.
-
El
ser del cual se habla y en cuya casa habita el hombre, es la realidad misma en
cuanto ser, es decir, “el ser será todo lo que se ha negado de él”.
4.2.3
Crítica
a la metafísica occidental
A partir del análisis del ser, Heidegger hace un análisis crítico a la historia de la metafísica occidental. Considera que la filosofía se ha ocupado del ente y se ha olvidado del ser; ha elaborado una metafísica de la “subjetividad” en cuanto constitutiva de objetos, cuando lo propio es “desvelar el ser”, “exteriorizarlo”.
Los filósofos presocráticos ciertamente filosofaron desde la
intuición del ser, pero tras ellos la filosofía occidental en un proceso de
antropocentrismo creciente, ha pretendido comprender todo desde el hombre. La
historia de la metafísica occidental, desde Platón a Nietzsche, es la
historia de la metafísica de la “subjetividad”: olvidándose del ser, se
ha centrado en el estudio del ente, sin advertir que, al hacerlo, ha dado la
espalda precisamente a aquello que puede darle sentido.
Es pues, necesario a juicio de Heidegger “un viraje” en la
filosofía que permita un retorno al fundamento de la metafísica, al “ente
en cuanto ente”.
En su obra De la esencia de la
verdad, Heidegger se plantea
ese viraje desde el concepto habitual de verdad “como concordancia”, al
concepto de verdad “como desvelacion”. Al respecto dice: la esencia de la
verdad no consiste en una representación de lo real, sino en dejar que “las
cosas se manifiesten como lo que son” y podamos, por tanto, atenernos a las
mismas como normas de comportamiento.
Como
solamente puede manifestarse que está oculto, el misterio, la verdad coincide
con el “ocultamiento originario del ser” al que el hombre tendrá que ir
“desvelandose”.
Por lo tanto, la cuestión fundamental de la metafísica no es
interrogar sobre lo que es, sino interrogar al ser mismo y sobre su verdad, es
decir, “desvelar el ser”.
Desde esta perspectiva la metafísica tiene al se como horizonte y no a
la razón: su tarea consiste en comprender como acontece y como debe ser
pensado el ser mismo, “determina la verdad del ser”.
Heidegger
concluye que la metafísica tradicional,
al llevar consigo el “olvido del ser”, este se hace presente en su
ausencia, por lo tanto, es necesario recuperarlo en la dirección de lo no
pensado, el ser. Como se ve, más que constituir un nuevo humanismo, lo que
Heidegger persigue con su reflexión filosófica es integrar el sentido del
hombre dentro de la historia del ser.
4.2.4
La
técnica, fase final de la metafísica
El mundo moderno progresa gracias al descubrimiento de nuevas técnicas en todos los campos de la ciencia. El hombre actual, en su ciega carrera tecnológica y armamentisita está comprometiendo la existencia humana en la tierra: amenaza el equilibrio ecológico (necesario para vivir), y también pone al planeta en peligro de un holocausto nuclear.
Pensada la “técnica” desde la óptica de la historia del ser,
aparece en su esencia como la realización de esa metafísica que se ha
olvidado del ser.
Corrientemente concebimos la técnica como un instrumento en sí mismo
indiferente, del que dispone el hombre para su mejor realización. Sin
embargo, lo que define a la técnica considerada en sí misma, es “la
causacion o producción de objetos para ciertos fines”.
Los griegos desde el ser de la naturaleza, entendieron esta producción
como un mero traer a la presencia, desocultar lo oculto, o descubrir lo que
hay.
Con posterioridad, desde el hombre moderno, se ha entendido como una
hacer mediante la manipulación de los medios, es decir, como una manufactura.
La que produce ya no es la naturaleza sino que el que únicamente produce
ahora es el hombre. El olvido del ser ha convertido a las cosas en materia
prima que el hombre, con su voluntad de dominio, pone a su servicio.
La técnica es, pues, una metafísica consumada porque muestra al ser de
una determinada manera, establece el modo como las cosas aparecen y configura
una imagen del mundo y del hombre.
En su obra La época de la imagen
del mundo, Heidegger dice: “que la técnica industrial moderna provoca a
la naturaleza al exigir de ella materias primas y energía y al controlarla
mediante la explotación, transformación, almacenaje y consumo de bienes
producidos; ahora las cosas ya no son bienes naturales sino existencias de
almacén, objetos de encargo, dispuestos para su compra y consumo”.
Dentro
de este proceso, el hombre, en cuanto que es el sujeto de la provocacion de la
naturaleza, se cree dueño y señor de la técnica cuando, en realidad, en
medio de objetos producidos él también es requerido por la técnica para
cumplir una misión preasignada; es un medio de uso al servicio de fines
extrinsecos, un objeto más, que vale no por lo que es, sino por aquello para
lo que sirve.
El Estado totalitario, los conglomerados urbanos, la masificacion, la
manipulación de la sociedad de consumo, el desastre ecológico, el peligro
del holocausto nuclear, etc., son las consecuencias inmediatas del olvido del
ser y de la sociedad tecnológica que se asienta sobre él. El hombre, con
toda su omnipotencia, se encuentra solo ante sí mismo y su propio poder; los
horizontes se le cierran. Estamos ante una época de ocaso.
En su obra Sendas perdidas,
Heidegger afirma que el hombre no necesita bomba atómica alguna, porque lo
que realmente le amenaza de muerte es su absoluto querer imponerse en todo.
La civilización técnica desarraiga cada vez más al hombre, en ella ya
no tiene “patria”, tan solo tiene puras relaciones técnicas; ya no vive
en la Tierra.
En
este sentido la técnica moderna en cuanto experimento de la voluntad de
poder, de la apariencia de que todo es producto del hombre y de que todo deber
ser puesto a su servicio, constituye la fase final de la metafísica
occidental una vez más. También aquí el ser se manifiesta en la
negatividad, constituye una época de su historia temporal, y el nihilismo
comienza a manifestarse como consumacion para dar paso a una nueva apertura
receptiva, al ser y a la salvación del hombre.
5. JEAN PAUL SARTRE (1905-1980)
Es considerado el padre del existencialismo, y su principal y más genuino representante. Contribuyó a su desarrollo y difusión con todos los medios a su alcance: obras filosóficas, ensayos, novelas, narraciones, obras de teatro, manifestaciones callejeras, etc. Mediante la acción y el compromiso dedicó toda su vida a defender sus ideas.
5.1
Vida
y obras
Nace en París.
Hijo de pequeños burgueses, queda muy pronto huerfano de padre.
-
Niño
solitario e introvertido, muestra desde el comienzo de sus estudios un vivo
interés por la literatura y una brillante capacidad expresiva.
-
Estudia
bachillerato en la Rochelle, destacando en humanidades.
-
En
la Universidad conoce a Simone de Beauvoir, que será su compañera de por
vida.
-
Obtiene
su licenciatura en Filosofía den la Escuela Superior de París y ejerce como
profesor de esa materia en varios liceos.
-
Becado
por el Instituto Francés, se traslada a Alemania, donde entra en contacto
directo con el movimiento fenomenológico.
-
Al
estallar la segunda guerra mundial se incorpora al cuerpo de seguridad y es
hecho prisionero por los alemanes. Una vez liberado, interviene activamente en
la resistencia francesa.
-
En
1945 funda una de las revistas más prestigiosas de la época: Temps Modernes (Tiempos Modernos).
-
Abandona
la docencia para dedicarse más plenamente a sus escritos y al activismo
político. Siguiendo el lema “denuncia para cambiar”, se opone al “gaullismo”
y a su política colonialista. Apoya la independencia de Argelia. Participa en
el Tribunal de Russell sobre crimenes de guerra e impulsa la revuelta
estudiantil de mayo del 68, defendiendo la libertad. En 1969 se le concede el
Premio Nobel de Literatura, el cual rechaza. Hasta su muerte siempre mantiene
la denuncia social en defensa de la libertad.
Obras:
Su
producción es enorme y abarca los más diversos géneros: novela, teatro,
ensayo, periodismo… Entre sus obras literarias podemos destacar: El
muro, La nausea, Las moscas, A puerta cerrada, Las manos sucias, El idiota de
la familia. Los articulos periodisticos están recogidos en los volúmenes
de Situaciones.
Entre
las obras filosóficas, que son las que aquí nos interesan podemos destacar: El
ser y la nada: Ensayo de una ontología fenomenológica, El existencialismo es
un humanismo, La crítica de la razón dialéctica.
5.2
Aspectos
principales de la filosofía de Sartre
En
la evolución del pensamiento filosófico de Sartre se distinguen dos etapas:
la primera se centra en la obra El ser y la nada, donde expone en forma sistemática y completa toda
su concepción de la doctrina existencialista; en la segunda etapa se centra
en las otras dos obras donde pretende compaginar el existencialismo con el
humanismo y con la filosofía marxista, a la que considera la más viva y
representativa de la época.
5.2.1 El existencialismo de Sartre.
La
publicación en 1943 de la obra El ser y la nada convierte a Sartre en uno de los filósofos más
conocidos y también más importantes de la época actual. Pero ya
anteriormente se había consagrado como escritor de primer orden por sus
novelas y piezas teatrales. En ellas aparecen desarrolladas prácticamente
todas sus ideas fundamentales; de tal manera que antes de lo que iban a ser
las líneas maestras de su filosofía.
No
obstante, el estilo de El ser y la nada es el propio del filósofo profesional, sin
concesiones a la literatura. Se trata de una obra seria y difícil, asequible
únicamente, como él mismo dice en El
existencialismo es un humanismo, a técnicos y filósofos.
El
centro de atención en ella es la “existencia”, entendida como “existencia
humana”; Sartre asume la afirmación kantiana de que la filosofía se puede
reducir, en última instancia, a la pregunta: ¿Qué es el hombre?
Hay que reconocer, sin embargo, que, en la respuesta sartriana, el
hombre sale mal parado. Y esta insistencia en los aspectos sordidos
de la existencia le ha acarreado reacciones viscerales en no pocos
autores. En un texto de filosofía publicado en los años 69, se muestra así
su doctrina: “Las teorías sartrianas se reducen a esto: el mundo es una
casualidad absurda que provoca nausea; el hombre es una pasión inútil; los
demás son el infierno y la maldicion; la sociedad es un conflicto. El ser
existe para la nada. Dios es algo contradictorio y no existe”.
Esta
apretada síntesis puede presumir, sin duda, de ser rigurosamente exacta, pues
todas las afirmaciones se encuentran literalmente, en su obra EL
ser y la nada y en otras obras anteriores y posteriores a ellas. Pero en
honor a la verdad, lo interesante de Sartre no reside tanto en las
conclusiones a que llega, cuanto en las razones que aporta el proceso
discursivo que conduce hasta ellas. Por lo demás, está claro que también
aparecen en sus escritos otros textos menos sombrios y más abiertos a la
esperanza.
Aquí nos esforzaremos en aclarar lo más posible el sentido de los
conceptos fundamentales de su obra.
a)
La
“conciencia”: “Ser-para-sí”
De ella afirma Sartre que es un “ser-para-sí”, una existencia que no tiene ser, esencia o naturaleza; es posibilidad sin limites; pura libertad; en sí misma consiste en un vacío, un agujero en el ser, una “nada”. Para Sartre la conciencia originaria es “intencional” es conciencia de algo, lo que directamente percibe es el objeto. Sólo mediante la reflexión se descubre a sí misma, y es entonces cuando se le hacen patentes los dos polos: el sujeto y el objeto, que fue el descubrimiento primero en Husserl. Dicho de otro modo, lo que primordialmente aparece en nuestra conciencia, no es la relación del yo y de las cosas, sino las cosas solamente. Ejemplo: cuando estoy absorto en la contemplación de un paisaje, lo único que percibo directamente es el paisaje, y ya en segundo lugar, mediante un acto de reflexión, me percibo también a mí mismo contemplandolo.
Con este planteamiento, se separa desde el principio de la posición
fenomenológica en dos puntos cruciales:
-
Lo
principal no es el sujeto-objeto al mismo nivel, sino el objeto solo;
-
La
existencia de los objetos no se pone entre paréntesis, sino que se afirma
como algo trascendental a la conciencia.
Se aprecie con claridad la tendencia a acentuar el status del objeto a
costa de diluir el polo subjetivo. La intencionalidad sigue siendo la esencia
de la conciencia, pero el objeto de la intencionalidad no es inmanente sino
trascendente a ella.
Sartre no tiene que demostrar la existencia del mundo como Descartes,
sino que la capta desde el primer momento como existente.
Si interpretamos literalmente la intencionalidad, como la cualidad,
esencial a la conciencia, de ser siempre “conciencia de” algo distinto de
ella, y admitimos que ese algo es el “ser”, tenemos
que concluir que la conciencia es algo distinto al ser y, por tanto, la
nada. Pero este corre el riesgo de quedarse en un simple juego de palabras; en
realidad el razonamiento de Sartre tiene más solidez.
Para él la conciencia no sólo es el conocimiento, sobre todo, deseo,
pasión, emoción. La esencia común a todos estos actos sigue siendo la
intencionalidad: se desea, se odia, se teme algo o alguien que está siempre
fuera, más allá del sujeto. El objeto de los actos existe, esta ahí; por
eso lo conocemos, deseamos y odiamos.
Pero ¿qué es, en qué consiste el acto mismo de conocer o desear? Si
aquello de lo que se tiene conciencia no esta en la conciencia, porque es
trascendente a ella, se empieza a comprender que la conciencia debe consistir
en una especie de “vacío” que los objetos están llamados a llenar.
Toda la realidad de nuestros pensamientos y deseos está en los objetos
pensados y deseados. Pero estos objetos son distintos del acto por el que se
piensan y se desean. De este modo se nos hace asequible la paradogica formula
sartriana: “la conciencia es lo que no es y no es lo que es”.
Significa que toda la realidad, toda la densidad del ser está situada
en las cosas, más allá de la conciencia en sí misma no es, por tanto, más
que tensión, aspiración, vacío, nada. No es la nada absoluta, sino una nada
que “tiende hacia” el ser.
b)
El
objeto: “El ser-en-sí”
Sartre llama la objeto “ser-en-si”, y a la conciencia, ya lo dijimos, “Ser-para-si”.
Esta terminología no es caprichosa, tiene sólidos antecedentes en la
historia de la filosofía, al menos desde Hegel.
El “Ser-en-sí” y el “ser-para-sí”, son los dos ámbitos que
abarca la totalidad del ser.
Después del análisis que ha hecho Sartre de la conciencia “ser-para-sí”
cabia pensar que el análisis del “ser-en-sí” (objeto) había de ser
enormemente rica y variada. Acabamos de decir que toda la realidad esta del
lado del objeto, del ser-en-sí, por lo tanto es aquí donde debería llegar
la complejidad. Y sin embargo, la explicación que da Sartre del ser-en-sí no
puede ser más escueta: lo único que cabe decir de él es que simplemente “es”. Y así lo define él: “El ser es. El
ser es el en-sí. El ser es lo que es”. Una masa inerte, maciza, opaca,
impenetrable; así es el ser-en-sí, gratuito, sin razón alguna para existir,
sin finalidad ni sentido.
¿De
donde nacen los valores y los fines? ¿Qué fundamento tienen la belleza y el
bien, la felicidad que nos atrae y los objetivos que nos esforzamos por
conseguir? ¿Cuál es el origen del sentido?
La
respuesta de Sartre, es clara: “La posibilidad de un fundamento viene al
mundo por el “ser-para-si”. Dicho de otro modo: es la conciencia la que
introduce el sentido del ser. Las cosas en sí mismas no son bellas, ni
buenas, ni grandes, ni pequeñas; simplemente son. Y todo lo que puede decirse
de ellas es posible hacerlo gracias a una conciencia que las percibe y les da
sentido.
La
conclusión provisional que se deriva de todo esto es más o menos la
siguiente: el mundo de la realidad, el ser-en-sí es opacio y no tiene ningún
valor; el mundo de los valores está del lado de la conciencia, del
ser-para-sí, que no tiene ninguna realidad. Ya se puede intuir las
dificultades de construir sobre estas bases una concepción de la existencia
humana medianamente esperanzadora.
c)
La
existencia
La existencia a la que se refiere Sartre no es la existencia de las cosas (objetos), sino la existencia del ser-para-sí. Habría que decir en propiedad que las cosas son y la conciencia existe.
La existencia se define por la posibilidad. Existir quiere decir
posibilidad de ser. Es éste otro término que aparece usado en un sentido
distinto al de la filosofía tradicional.
Para el existencialismo la existencia es anterior a la esencia.
d)
La
libertad
Como
el mismo Sartre confiesa en su obra autobiográfica Las
palabras, desde su más temprana infancia su vida se desarrolla en un
clima de continua tensión, de ansia de libertad. El inconformismo visceral
que recorre toda su trayectoria hizo afirmar a su compañera Simone de
Beauvoir que se trataba de un “anarquista de temperamento”. Siendo así,
resulta comprensible que el problema de la libertad se constituye en el goce
de todo su pensamiento y acción. En última instancia, todos los análisis de
su filosofía ser reducen a buscar el camino que conduce a la libertad y, una
vez instalado en ella, defenderla frente a cualquier amenaza.
La conciencia en cuanto es “ser-para-sí” es un ser “que no es”,
que carece de esencia, “la nada se inserta en el ser”. Sin embargo, en
cuanto existencia es “un poder ser”, “pura posibilidad de ser”, la
nada la lanza a su plena positividad. Es decir, la nada adviene al mundo por
medio de una existencia que se cuestiona su ser y, precisamente, en este
cuestionar su ser radica su “libertad”.
La
libertad, pues, tiene que ver con la nada y es la esencia de la conciencia,
constituye su único valor fundamental ya que sobre ella se asientan todos los
demás valores.
La libertad es el fundamento de todo, pero ella misma carece de
fundamento; ni siquiera se puede preguntar que es, porque trasciende al mundo
en sus posibilidades.
Es el ser libre del hombre, su no-ser, lo que hace que exista un mundo.
La no suficiencia del hombre, su tener que hacerse, y su ser como ser lo que
debe ser y no es, constituye la esencia de la libertad. La libertad es
creativa, es lo que el hombre no tiene pero que debe alcanzar; es provenir,
nunca actualidad. La libertad es dinámica, es la expresión de un ser que
tiene que “sí mismo”, autoafirmarse, ser siempre autor de su propia
historia.
A esta libertad absoluta le corresponde por supuesto una responsabilidad
absoluta. Sartre consagra este carácter absoluto de libertad con una frase
paradogica: “Estamos condenados a ser libres”, es decir, somos libres a la
fuerza.
e) El hombre (yo)
Todos los análisis anteriores son, en el fondo, más que perspectivas bajo las que se puede descubrir la verdadera índole del ser humano, que es el único existente. Si hacemos una síntesis de todos los aspectos considerados, vemos que la condición del ser humano, según Sartre, está marcada por la contradicción: “no es un ser, pero es el que da sentido al ser; no es más que una existencia, sin esencia; y finalmente, está condenado a ser libre”.
La radicalidad de este planteamiento conduce a conclusiones dramáticas.
La libertad, por ejemplo, que siempre ha tenido connotaciones positivas se
convierte aquí en una autentica condena.
-
El
hombre como “angustia”:
Al hombre lo agobia un sentimiento de “angustia”. Por el compromiso
que tiene su acción, el hombre es “angustia”.
Para Sartre la angustia, no es algo que le viene al hombre desde fuera,
este es el sentido del “sufrir” y del “padecer”, sino que “surge”
desde su intimidad, de la posibilidad de su acción. En el sentido de la
angustia se diferencia claramente del “miedo”, pues este procede de algo
exterior.
Podemos decir, que la angustia es el precio de la libertad; de
encontrarse solo, ante sí, y tener que decidir sin recurrir a ninguna norma,
a nadie ni nada ajeno a mí, pues yo soy el único legislador.
-
Conductas
del hombre:
Hemos visto que la libertad nos lleva a ser responsables de todo, y de
tener que elegir solo. Ante la angustia de elegir, el hombre puede adoptar dos
tipos de conductas:
-
Una
“conducta de huida”, que Sartre llama conducta de “mala fe”.
La “mala
fe” es una “mentira” a sí mismo, pues oculta la verdad que yo sé; esta
mala fe se manifiesta a través de “excusas”, de “justificaciones” que
eluden mi propia responsabilidad. Tal conducta de huida no es otra cosa que un
acto de cobardía. Dice Sartre: “Todo hombre que se refugia tras la excusa
de sus pasiones, es un hombre de mala fe. Esta conducta le lleva al hombre a
vivir una existencia inauténtica.
-
Conductas
de “buena fe”. Frente a las conductas de huida de sí mismo, de vida
inauténtica, se alza otro tipo de conductas que Sartre las califica de la ”buena
fe”, que se manifiestan en la creación de valores, y a través de ellos da
sentido a su vida. Vivir en conciencia de libertad, creando valores, es
vivir una “existencia autentica”.
f)
Los otros: “La intersubjetividad”
A la conciencia
humana que “opera con objetos-cosas” Sartre añade la “inclusión de
otras conciencias”, otros sujetos como yo. El descubrimiento de mi
intimidad, me descubre al mismo tiempo, al otro como una libertad puesta en
frente a mí y que no piensa y no quiere más que para mi o contra mí.
A
este descubrimiento de los otros, lo llama Sartre “La intersubjetividad” y
será, precisamente, en el mundo intersubjetivo, donde el hombre decida lo que
él es y lo que son los demás.
El hombre es un ser en-el-mundo, y ser-en-el-mundo, es, entre otras
maneras: “ser-entre” o “ser-con-otros” o “ser-ante-otros”, en el
sentido de enfrentado-al-otro.
Sartre describe con un ejemplo sencillo la experiencia en la que
captamos la existencia del otro con toda intensidad: “nos encontramos en un
pasillo de un hotel, y nos agachamos para mirar por la cerradura de una puerta
lo que sucede en el interior de la habitación. Si en ese momento nos
sorprende por ejemplo, un empleado del hotel, experimentamos en nosotros un
sentimiento inevitable de vergüenza y rechazo. Hemos pasado de observadores a
observados, de sujeto a objeto”. Pero la situación elegida como ejemplo no
deja de tener un significado profundo. La experiencia en que se me impone
irrescusablemente la presencia de otro, es una experiencia violenta, de
conflicto. La presencia del otro me resulta incomoda, recibo una mirada como
una agresión.
¿Cómo establecer unas relaciones intersubjetivas prometedoras sobre
estos cimientos?
Para Sartre el otro siempre es visto como un peligro y como una amenaza
para mí. Puedo someterme a él, en cuyo caso pierdo mi dignidad de sujeto y
me convierto en un “objeto” suyo; o puedo intentar someterlo, dando lugar
a unas relaciones de permanente hostilidad.
Las
relaciones entre los sujetos según él, quedan reducidas a dos formas:
sadismo o masoquismo; dominar o ser dominado. Así lo expresa gráficamente la
formula de Sartre: “Los demás son un infierno”.
g)
Dios
Sartre vivió el
ateísmo como una actitud espontanea y natural, y lo considera como la única
postura intelectual honrada.
La
filosofía tradicional entiende por Dios el ser que reúne los atributos:
necesario y causa de si mismo. Pero ambos atributos se contradicen, pues el
único ser que es “causa sui” es el ser-para-sí, es decir, el hombre, que
es radicalmente contingente. La existencia se identifica, como acabamos de
ver, con la contingencia; por tanto, decir que “el ser necesario existe
equivale a decir que el ser necesario es contingente”. Luego afirmar que
Dios existe es afirmar algo contradictorio, como: el círculo es cuadrado.
Sartre cree que los que invocan la existencia de Dios actúan de mala fe
(sean o no conscientes de ello). Lo que buscan en el fondo es un pretexto para
eludir el peso de la propia responsabilidad que los abruma. Dios seria
responsable de los valores, el fundamento de una hipotetica naturaleza humana
y de unas normas morales eternas. Esto puede servir de consuelo a muchos; pero
si lo que se busca es la verdad, nos encontramos con que estamos absolutamente
solos: soy únicamente yo quien tiene que decidir lo que es bueno y lo que es
malo; y para tomar esta decisión no tengo ninguna base en qué apoyarme.
Sartre considera
el existencialismo como la consecuencia lógica del ateísmo: “El
existencialismo no es más que un esfuerzo por sacar todas las consecuencias
de una posición atea coherente”. Pero afirma también, de modo
sorprendente, que “aunque Dios existiera esto no cambiaria” porque el
verdadero problema no es el de Dios, sino el del hombre.
5.2.2
Marxismo-
existencialismo
La
filosofía marxista no es fácilmente compaginable con los principios del
existencialismo que acabamos de esbozar. En las teorías marxistas, la
realidad es anterior al hombre y tiene sentido en sí misma, como la tienen
también los procesos históricos; pero Sartre afirma que el individuo es el
único “donador de sentido”. Por otra parte, los cambios dialécticos
tienen leyes propias y dejan muy escaso margen para la libertad que para
Sartre pretende ser absoluta. Pero sobre todo el marxismo ha cristalizado en
una serie de dogmas que lo hacen inaceptable desde cualquier punto de vista
crítico. Sartre reconoce esto último cuando afirma que el marxismo de su
tiempo sufre el anquilosamiento y necesita ser revitalizado para recuperar la
posición filosófica hegemonica que le corresponde. Cree que el secreto de
tal revitalizacion esta en la síntesis marxismo-existencialismo y a esta
empresa dedica su extensa obra: Critica
de la razón dialéctica.
Esta obre no fue aceptada por los marxistas ortodoxos, pero a él no le
extrañó; demasiado acostumbrado como estaba a ser un gran luchador
independiente y solitario. La razón de este rechazo esta en que Sartre
mantiene en lo fundamental las teorías desarrolladas en su obra El ser y la nada. Hay, por tanto, una evolución, pero no un cambio
de rumbo en su pensamiento.
Se sintetizan aquí algunas ideas importantes de la Crítica
de la razón dialéctica, en torno a
los siguientes puntos:
a)
La
dialéctica
Sartre no se detiene en la dialéctica de la naturaleza (materialismo dialéctico). No puede aceptar ningún sentido en procesos que no implique de algún modo la actividad del hombre. El puro mecanicismo le resulta incomprensible.
Otra cosa es la dialéctica aplicada a la historia (materialismo
histórico). Marx había afirmado que el hombre se realiza a través del
trabajo, es decir, a través de su actividad frente a la naturaleza. Según
él, la dialéctica, en líneas generales, consiste en que el hombre,
transformando la naturaleza se transforma a sí mismo. Sartre acepta
básicamente la teoría, manteniendo siempre que la iniciativa corresponde al
sujeto. Es el hombre el protagonista de la historia.
Sobre esta base distingue dos ámbitos o campos de la dialéctica:
-
La
dialéctica del individuo-naturaleza: la naturaleza cobra sentido por la
actividad del sujeto humano (presencia del sujeto: tesis existencialista). Es
cierto que éste se encuentra en “situación”; que está limitado por
condicionamientos históricos y sociales de diversa índole, pero no lo es
menos que, por encima de todos ellos, sigue conservando su plena autonomía.
Es importante desacatar aquí el decisivo papel que desempeña su concepto “lo práctico-inerte”, es decir, la naturaleza transformada, elaborada por el hombre. Llama “práctico-inerte”, a todos los “productos” obtenidos mediante la praxis, o actividad del sujeto humano: una fabrica un libro, una obra de arte, son ejemplos de lo práctico-inerte: naturaleza transformada.
Pues bien, decir que el hombre esta limitado por la sociedad o por la
historia, equivale a decir que esta limitado por si mismo, puesto que una y
otra son resultado de su actividad. Y, en última instancia, el individuo
siempre será libre para asumir o rechazar estos condicionamientos.
-
La
dialéctica de los individuos entre sí: en su actividad frente a la
naturaleza los individuos se consideran enemigos entre sí, como se ha
explicado en la primera parte. Pueden trabajar juntos en la misma fabrica,
pero se miran como rivales: uno puede arrebatar el puesto a otro. No tienen
conciencia de pertenecer a una misma clase social, de formar un “nosotros”.
La rivalidad a este nivel tiene, además, otro origen inevitable “la escasez”.
El
concepto de “escasez” tiene para Sartre el principal motor de la
dialéctica y, por lo tanto, de la historia. Los bienes que el hombre necesita
en su vida, son escasos. Y este hecho convierte a los demás en competidores y
funda la división de la sociedad en dos clases fundamentales: los que poseen
los bienes y los que carecen de ellos. La reunión de individuos en la que
cada uno se interesa exclusivamente por si mismo, sin tener conciencia de “nosotros”
la llama Sartre “serie”. Cuando estos individuos se dan cuenta de que
tienen unos intereses comunes y se sienten solidarios, en vez de enemigos, se
convierten en “grupo”.
b)
La
serie y el grupo
El paso de la serie al grupo se realiza por el advenimiento de la “conciencia de clase”. El proceso es el siguiente:
Tesis: “Los individuos actúan sobre la naturaleza por separado”
(serie).
Antítesis: “El resultado de esta actividad es lo práctico-inerte
(los productos del trabajo). Pero este práctico-inerte supone un riesgo para
el hombre: la maquina supone menor esfuerzo y más rendimiento, pero puede
dejar en la miseria a muchos obreros sin trabajo; la maquina puede convertir a
su propietario en explotador para el obrero.
Síntesis: La situación que debe surgir de este conflicto es
precisamente la unión de los trabajadores, conscientes de que tienen unos
intereses comunes, en un autentico grupo social, en el sentido marxista.
Hay
que resaltar que desde el primer momento, el motor de los cambios dialécticos
no esta en la naturaleza, sino en la libre actividad del individuo humano.
Usando la terminología marxista, la serie seria la “clase en-sí” y el
grupo seria “la clase-para-sí”.
Otra explicación de la aparición de la conciencia de clase seria
analoga descubrimiento del otro, tal como la hemos descrito. Del mismo modo
que el otro con su mirada agresiva me hace sentir objeto; así también, la
agresión exploradora del capitalismo burgués hace que los obreros se sientan
unidos en la situación de explotados y dominados. Desde esta perspectiva no
podría haber “conciencia de la humanidad” porque tendría que existir un
ser sobrehumano (Dios) que con su mirada dominadora la hiciera surgir. Pero si
los demás son un infierno, Dios seria el infierno infinito.
c)
El
poder político
Los componentes del grupo al sentirse solidarios unen sus fuerza contra el enemigo común.
Pero,
¿qué sucederá cuando obtengan la victoria? Si lo que une al grupo es la
opresión exterior, ¿que sucederá cuando esta haya desaparecido? Es lógico
suponer que la cohesión si se mantiene, deber ser por motivos externos. La
cohesión, según Sartre, no puede mantenerse sin una organización en la que
están presentes la autoridad, la burocracia, y las instituciones de poder.
Claro que entonces se corre el riesgo de que la individualidad pierda su
libertad, y los que manejan el poder impongan su voluntad a todos los demás.
Hay una frase de Sartre que resume este proceso: “Las ideologías son
libertad cuando se forman, opresión cuando están formadas”. En realidad
esta situación se da en todos los países del mundo. Sartre se mostro
comprensivo durante algún tiempo hacia los regímenes comunistas, pero
termino por repudiarlos, llegando a situarlos al mismo nivel que la dictadura
nazi.
Se puede decir que la admiración de Sartre por el marxismo ocupo una
larga etapa en su producción de madurez, pero terminó en profunda decepcion.
Su inicial anarquismo queda mitigado durante esta época, pero renace con toda
intensidad en los últimos años de su vida.