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PENSAMIENTO DE HERACLITO Y PARMENIDES HERÁCLITO
DE ÉFESO (544-484 a.C., aprox.): Apenas
tenemos noticias sobre su vida. Apodado «el Oscuro» por el carácter enigmático
de sus afirmaciones, conoció el pensamiento de los filósofos de Mileto y el de
Pitágoras. Su filosofía fue entendida como una contraposición a la de Parménides.
Hombre de temperamento melancólico que gustaba vivir apartado y solitario.
Muchas de la sentencias de Heráclito son agrias e hirientes, aunque no dejan de
tener, matices humorísticos. Por ejemplo: “ Los médicos que sajan (cortar),
queman, pinchan y torturan al enfermo, piden por ello un salario que no se
merecen”. A
Heráclito le conocen muchos por la famosa expresión que se le ha atribuido:
“Todo Fluye”. Esto, en resumidas cuentas, es lo que de él sabe mucha gente.
Pero tal afirmación no constituye, por así decirlo, el núcleo de su
pensamiento filosófico, aunque si sea de verdad un aspecto importante de su
doctrina. Afirmó radicalmente que todo cambia y nada permanece; el universo es
un continuo devenir en el que nada es idéntico consigo mismo porque todo está
sometido a continuas transformaciones. El mundo está en flujo permanente, por
lo que «no es posible introducirse dos veces en el mismo río, tocar dos veces
una sustancia mortal en el mismo estado, dado que por el ímpetu y la velocidad
de los cambios se dispersa y vuelve a reunirse, viene y desaparece» (Fr. 91).
Esto casi le aboca a una actitud irracional ante lo real. Heráclito
afirma que “es imposible meterse dos veces en el mismo río, pues quienes se
meten se sumergen en aguas siempre distintas”. Platón observa que “Heráclito
dice en alguna parte que todo pasa y nada permanece; y, comparando las cosas con
la corriente de un río, dice que se puede entrar dos veces en el mismo río”.
Para Heráclito las cosas no están quietas sino que están en continuo
movimiento. No hay ninguna cosa estable, nada permanece. Pero esto no significa
que el continuo cambio nos lleve a la nada, pues esto lo contradice con el resto
de su filosofía. Para Heráclito lo fundamental esta en su concepción de la unidad en la diversidad. Como ya hemos visto en la filosofía de Anaximandro los opuestos aparecen invadiéndose unos a otros sus terrenos, sus competencias y después pagando cuando les llega el turno una multa o compensación por tal acto de injusticia. Anaximandro considera la guerra de los opuestos como algo desordenado, algo que no debería tener lugar, algo que mancha la pureza del uno. Heráclito, en cambio no adopta este punto de vista. Para él, la lucha de contrarios entre sí, lejos de ser una tacha en la unidad del Uno, le es esencial al ser mismo del Uno. En efecto, el uno solamente puede existir en la tensión de los contrarios: esta tensión es esencial para la unidad del Uno. Para
Heráclito la realidad es una; pero al mismo tiempo, es múltiple, y esto no de
un modo meramente accidental, sino esencialmente. Para que exista el Uno es
esencial que sea uno y múltiple. Esto significa que para Heráclito, la esencia
de todas las cosas es el fuego, escogió este elemento como el principio de la
realidad por que la experiencia sensible nos muestra que el fuego vive alimentándose
de una materia heterogénea a la que consume y transforma en fuego. Brota, por
así decirlo, de multitud de objetos, que va transformando en fuego, y si esta
provisión de materia
se muere, deja de arder. La existencia misma del fuego, depende de esta
lucha. Tenemos aquí seguramente un símbolo sensible de la noción genuinamente
filosófica. La elección del fuego por un capricho, ni tampoco al interés por
distinguirse de sus predecesores, sino que es característica de su filosofía:
“ El fuego es falta y exceso”, el fuego es todas las cosas
que existen, pero es esas cosas en una constante tensión
de combate, de inflamiento y de extinción. En el proceso del fuego distinguía Heráclito dos vías: el camino ascendente y el camino descendente y en virtud de este cambio es como se hace el cosmos. El fuego, al condensarse, se humedece, y, comprimido se convierte en agua; el agua a congelarse, se transforma en tierra. Y a esto se lo llama él la vía hacia abajo. Viceversa, la tierra se licúa y de ella sale el agua, y del agua todo lo demás, pues él lo atribuye casi todo a la evaporación del mar. y ésta es la vía hacia arriba. El mundo es un eterno fuego viviente, que se enciende y se extingue conforme a medida. •
El principio del universo es el fuego, eterno y encendiéndose o apagándose según
cierto orden y medida: «Este mundo (...) no lo ha creado ningún hombre o dios;
siempre fue, es y será fuego eternamente vivo» (Fr. 30). Tanto las cosas
individuales como el universo entero salen del fuego y vuelven a él, perecen en
fuego, en una especie de conflagración universal, para luego volver a renacer.
Apunta así la idea de «ciclo cósmico» (ya sugerida por Anaximandro), una
versión del mito griego del Eterno Retorno, que reaparecerá en Platón y los
estoicos. Heráclito plantea también la idea de un «juicio universal», en el
que el fuego juzgará y condenará todas las cosas (Fr. 66), influido
probablemente por la astronomía caldea y babilónica y por las religiones mistéricas.
•
La ley que rige el universo es la «lucha de contrarios», pues en sus extremos
los contrarios se funden en una sola cosa (Dios es día-noche, invierno-verano,
guerra-paz, hartazgo-hambre. Cambia como el fuego). Esto significa que la
realidad tiene una estructura contradictoria. Todas las cosas surgen de la
contradicción y la discordia: «La guerra es el padre y rey de todas las cosas»
(Fr. 53); «la guerra es común a todas las cosas y la justicia es discordia, y
todas sobreviven por la discordia y la necesidad» (Fr. 80). •
Pero la contradicción engendra armonía: «Lo contrario llega a concordar, y de
las discordias surge la más hermosa armonía» (Fr. 8). La armonía que
caracteriza al universo no es una armonía estática, sino dinámica: un «equilibrio
dinámico de tensiones entre contrarios», una armonía tensa, como en el arco o
la lira (Fr. 51), aunque difícil de comprender para los hombres. De este modo
anticipó con acierto lo que será conocido después como pensamiento dialéctico.
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Los cambios -el devenir- no suceden de modo caótico o irracional, sino de
acuerdo con ciertas leyes y principios. A todos los cambios del universo subyace
un mismo y único principio que los explica. En el universo hay una ley única,
una razón oculta, un lógos que todo lo orienta y unifica. Afirma que esa razón
universal está también en el hombre, y constituye su propia razón. Por eso el
orden de lo real es compatible con el orden de la razón. Tanto la mente humana
como la realidad están regidos por las mismas leyes. El problema es que la
mayoría de los hombres parecen distraídos y sonámbulos: «Aunque el lógos es común, la mayoría vive como si no poseyese inteligencia propia. Aunque escuchan no entienden. A ellos se les aplica el proverbio: "Presentes pero ausentes". El lógos, que es eterno, no lo entienden los hombres al escucharlo por primera vez ni después de que lo han oído. Los que velan tienen un cosmos único y común; lo que duermen retornan al suyo propio y particular» (Fr. 2, 34, 1, 89). •
La filosofía de Heráclito tiene una orientación «trágica», racionalista y
aristocrática. El alma humana es una parte del cosmos; tiene naturaleza ígnea
("fogosa") y está en continua modificación, por lo que experimenta
en sí misma la tragedia del devenir y la contradicción. La misión del alma es
conocer el lógos universal y penetrar en sí misma: «Los límites del alma no
podrás hallarlos aunque transites todos los caminos; tan profundo es su lógos»
(Fr. 45). El alma se mantiene viva por el conocimiento y gracias a él conserva
su máximo carácter ígneo, sobrevive a la muerte y se une definitivamente al
fuego cósmico. PARMÉNIDES DE ELEA (540-470 a.C.): En Elea -Italia meridional- se funda otra "escuela" filosófica, aunque reducida. Se atribuye su fundación a Jenófanes de Colofón, un jonio emigrado a Italia, cuyos discípulos habrían sido Parménides y otros. Pero es más probable que fuese Parménides el fundador de la escuela eleática. Parménides participó en la redacción de las leyes de Elea. Muy probablemente su iniciación a la filosofía la hizo entre los grupos pitagóricos, cuyo estilo de vida imitaba, según algunos testimonios. Pero más tarde los abandonó, fundó su propia escuela y desarrolló una filosofía propia, muy valorada por filósofos posteriores como Platón («digno de veneración y tremendo a la vez», le consideraba Platón). •
Su doctrina la expuso en un Poema compuesto de hexámetros, con referencias críticas
a las ideas pitagóricas, a Anaxímenes y parece que también a Heráclito. Se
conservan importantes fragmentos del Poema, aunque su interpretación resulta
enormemente difícil y aleatoria. El Poema tiene un proemio de resonancias míticas,
donde se indica que a continuación viene una «revelación filosófica». Y el
contenido se divide en dos partes: (1ª) la vía de la verdad -en la que Parménides
expone su filosofía- y (2ª) la vía de la opinión, donde expone una cosmología
con muchos elementos pitagóricos que considera engañosa. Sólo interesa la
primera parte, algo enigmática: «Te
diré -escucha con atención mi palabra- cuáles son las únicas vías de
investigación que podemos pensar; una: que se es y que no es posible no ser; es
el camino de la persuasión (acompaña, en efecto, a la verdad); otra: que no se
es y que es necesario no ser. Te mostraré que este sendero es por completo
inescrutable; en efecto, no conocerás lo que no es (porque es inaccesible) ni
lo mostrarás. Pues lo mismo es el pensar y el ser pensado» (Fr. 2-3).
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De una realidad única no puede surgir lo múltiple. Si sólo existía agua en
un principio, ¿cómo es que han surgido muchos más elementos diferentes? El
agua ni pudo originarse a partir de otra sustancia diferente ni puede
transformarse en otra cosa. Lo que nunca existió, no puede surgir de golpe; y
lo que de siempre ha existido no puede ser destruido. El ente -"lo que
hay", el Ser, "lo que es"- es inengendrado (ingénito),
indestructible, finito, compacto, homogéneo, indivisible, esférico e inmóvil.
Es inengendrado e imperecedero porque de lo contrario habría que suponer que
procede del no-Ser y vuelve a él; pero el no-Ser es impensable e inexistente. •
Lo que hay o existe ha de ser una realidad única, individual. Tiene que ser «uno»
porque si hubiera otra cosa distinta sería el no-Ser. Inmóvil, porque de
moverse se encaminaría hacia el no-Ser. E indivisible, porque entre sus partes
existiría el vacío (el no-Ser). •
Parece que a Parménides sólo le interesan dos conceptos contrapuestos, el Ser
y el no-Ser. Tres pudieron ser los objetivos de Parménides al centrar su
investigación en tales conceptos: 1º. Demoler la filosofía de sus predecesores, especialmente de los pitagóricos, mediante la negación del vacío y de la pluralidad. El cambio y el movimiento serían algo ilusorio. Ataca el dualismo pitagórico aceptando sólo una parte de los atributos del Ser en la doctrina pitagórica: limitado, uno, inmóvil. 2º. Parménides entiende por «Ser» la realidad, el mundo, y lo concibe como algo corpóreo (no distinguía entre objetos materiales e inmateriales). El mundo sería como una esfera compacta, redonda, inmóvil y eterna. 3º. Por primera vez, plantea el problema filosófico del conocimiento: la dificultad para distinguir entre verdad y apariencia u opinión. La razón -el pensamiento- sería la vía más fiable para obtener conocimiento, mientras que la opinión sería un conocimiento basado en apariencias engañosas. Consecuencias: a.
Si de la unidad no puede surgir la pluralidad y estamos obligados a aceptar la
existencia de una única realidad, el movimiento y la pluralidad son algo
incomprensible e inaceptable para la razón humana.
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