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Escuela de Frankfurt: primera generación Blanca Muñoz La Escuela de Frankfurt surgió como una consecuencia lógica
ante los acontecimientos que desde la década de los años veinte se iniciaban
en Europa, ya en una fecha tan temprana como 1923, se plantea la necesidad de
desarrollar una reflexión global sobre los procesos que consolidan la
sociedad burguesa-capitalista y el significado de la teoría ante tal
consolidación. De este modo, el Instituto de Investigación Social
vendrá a devolver a la Filosofía y a la Ciencia Social su carácter de análisis
crítico no sólo en relación a la teoría sino, también, a la praxis y a la
conjunción histórica de ambas. Cronológicamente, y de una manera convencional, se puede
hacer una descripción de la evolución "externa" del Instituto
(Institut für Sozialforschung). Siguiendo el relato convencional, el Institut
se constituye entre los años 1923 y 1924, vinculado a la Universidad de
Frankfurt y con financiación del comerciante Hermann Weil. Felix Weil, hijo
del anterior, Friedrich Pollock, Kurt Albert Gerlach y el joven Max
Horkheimer, entre otros iniciadores, se plantean el estudio del Marxismo, pero
no desde una perspectiva de afiliación política sino desde la actualización
de los conceptos y problemas de la obra misma de Marx ,y que ya en l922 se habían
retomado en una semana de estudio organizada sobre esta problemática. Sin
embargo, será Kurt Albert Gerlach quien logra que el Ministerio de Educación
alemán autorice al Instituto de Investigación Social. Esta autorización, más
la financiación de Hermann Weil permiten una autonomía sin la cual no habría
sido posible la creación de un "Instituto de Marxismo", como se le
pensó denominar en un primer momento. La dirección de Carl Grünberg que procedía de la
Universidad de Viena enfoca el Instituto en una dirección de estudio de la
Historia del Socialismo y del movimiento obrero (Grünberg Archiv", con
XV tomos). Como politólogo esta preocupación se conjuntó con el interés
por las obras de Georg Lukács y de Karl Korsch quienes introduccían una
positiva valoración y replanteamiento del tema marxiano de las
superestructuras ideológicas; es decir, reivindicaban la importancia cada vez
mayor de factores relativos a lo simbólico y cultural. No obstante, esta
etapa de Grünberg como director tiene que ser considerada como la
"prehistoria" de la Escuela de Frankfurt. La Escuela de Frankfurt,
como la consideramos en la actualidad, tiene su auténtica génesis con la
dirección de Max Horkheimer cuando sucede a Grünberg en la dirección del
Instituto. Desde l931, y ya en 1932 con la publicación de la "Revista de
Investigación Social" ("Zeitschift für Sozialforschung") se
puede hablar de la Escuela de Frankfurt conformada por quienes serán sus
autores fundamentales: Theodor W. Adorno, el mismo Max Horkheimer, Erich
Fromm, Walter Benjamin, Leo Lowenthal, y poco después Herbert Marcuse.
Asimismo, Franz Borkenau, Siegfried Kracauer, Otto Kirchheimer, Franz Neumann,
Olga Lang o, durante un breve tiempo Paul Lazarsfeld, entre otros nombres
relevantes, trabajarán y colaborarán en los proyectos de la Escuela. Pero,
el "núcleo duro" frankfurtiano será el formado por
Horkheimer/Adorno, Benjamin, Fromm y Marcuse. Son, precisamente, los temas y
el enfoque dado por éstos los que dan el sesgo característico a la Escuela y
pese a lo que, últimamente, se quiere presentar como líneas dispersas de
investigación, tal y como sugiere Axel Honneth subrayando las obras de
Neumann y Kirchheimer frente a las de Adorno y Marcuse. Luego expondremos los
tópicos habituales que sobre la Teoría Crítica circulan en las
publicaciones más recientes. La denominación de Teoría Crítica fue acuñada por
Horkheimer. Denominación que se extenderá después como la definición más
específica del sentido de la Escuela. Tanto Horkheimer como Adorno -quien
hasta l938 no se asociará plenamente al grupo- establecerán de una forma
objetiva el significado básico de lo que deberá entenderse bajo el concepto
de "Teoría Crítica"; esto es, el análisis crítico-dialéctico,
histórico y negativo de lo existente en cuanto "es" y frente a lo
que "debería ser", y desde el punto de vista de la Razón histórico-universal.
Por tanto, la conjunción Hegel-Marx se hace evidente. Pero, a la vez, el
"es" de lo existente en cuanto "status quo" conlleva una
investigación central de la Escuela: los principios de dominación
colectivos. Aquí, Freud será la referencia necesaria y precisa. Lo
irracional, lo racionalizado o convertido en un principio de dominación, pasa
a convertirse en el gran problema y tema de investigación de la Teoría Crítica.
En definitiva, para comprender el rumbo y la dinámica de la sociedad burguesa
que se organiza económicamente a través del capitalismo, se hace
indispensable la sínteses de las tres grandes concepciones críticas
anteriores a la Escuela: Hegel-Marx-Freud aplicados dialécticamente en el
examen de las direcciones de la relación entre racionalidad-irracionalidad y
sus efectos sociales e históricos. Desgraciadamente lo que se situaba como eje de
investigación teórica y metodológica -la dominación- y que ya se enunciaba
en la primera publicación de la "Zeitschrift", los Estudios sobre
autoridad y familia, 1936, va a condicionar y desencadenar la trayectoria de
la Escuela. El ascenso de Hitler al poder conlleva el cierre en 1933 del
Instituto, el exilio, el encarcelamiento de algunos de sus miembros y la
muerte prematura de una persoanliadad tan decisiva como la de Walter Benjamin
cuya obra no deja de revalorizarse. La emigración de la Escuela hasta asentarse en los
Estados Unidos en Universidad de Columbia, en l934, pasa antes por Ginebra y
París. En Nueva York, sin embargo, será en donde se consolida la denominación
de Teoría Crítica dada ya definitivamente a las investigaciones llevadas
a cabo por los miembros y colaboradores de la Escuela. Max Horkheimer y
Theodor W. Adorno emprenden un rumbo nuevo a sus trabajos. La síntesis
Marx-Freud se enriquece metodológicamente y producto de ello serán los cinco
tomos de los Studies in Prejudice (l949-l950). La Personalidad Autoritaria,
obra en la que Adorno tendrá un papel relevante, es una continuación del
interés por desarrollar una "Escala de fascismo (F)" empírica y
con una fiabilidad objetiva. El análisis del tema del prejuicio social
había tenido un precedente en el libro Dialéctica de la Ilustración (también
traducido al castellano como Dialéctica del Iluminismo) conjuntamente escrito
por Horkheimer y Adorno en l941. Este libro marca el punto de inflexión
fundamental de la evolución de la Teoría Crítica. En él se consolida el
interés por el tema de la industria cultural y la cultura de Masas, situando
en estas estructuras una continuidad entre la sociedad totalitaria del
Nacionalsocialismo y la capacidad de persuasión y manipulación que poseen
los dos nuevos procesos de transmisión ideológica. De este modo, tanto en La
Personalidad Autoritaria como en la Dialéctica del Iluminismo se
expresa la pervivencia en la Sociedad de Masas de unos principios de dominación
en los que se difunde una cosmovisión de fuerte componente irracional y
primitivo. A partir de l948, las circunstancias políticas de
Alemania posibilitan la vuelta de los teóricos críticos. Horkheimer, en
l950, regresa a Frankfurt y con él vuelven Adorno y Pollock. Marcuse,
Neumann, Kirchheimer y Löwenthal permanecerán en los Estados Unidos. En gran
medida, la vuelta de la Escuela se ha entendido como una forma de saldar la
mala conciencia alemana tras el Nazismo; es más, la pervivencia de la Teoría
Crítica permitió una vez finalizada la guerra que Alemania pudiese resaltar
la existencia de una resistencia y un exilio que suponía una "limpieza
de cara" de todo el país. Así, la "refundación" del
Instituto se convirtió en un acontecimiento esencial no sólo en la
Universidad sino también en la sociedad alemana. Horkheimer, por
ejemplo, llegaría a ser decano y rector de la Universidad de Frankfurt hasta
el año l959 en el que se jubiló. Pues bien, si tuvieramos que hacer una síntesis de la
trayectoria cronológica de la Escuela de Frankfurt habría que subrayar
cuatro etapas determinantes: La evolución de la Escuela de Frankfurt, en suma, sigue
la misma evolución histórica de la sociedad del siglo XX. Así, resulta
inseparable el sentido crítico de la Escuela de los acontecimientos que,
desde los años veinte, se desarrollan internacionalmente. El repaso de las
temáticas fundamentales será la comprobación de esto. La Teoría Crítica: Autores y temáticas
La Teoría Crítica entendida como aclaración racional
nació de dos planteamientos: la conjunción de la teoría marxiana con la de
Freud y, por otro lado, el replanteamiento de los problemas de la teoría y de
la práctica en su aplicación a la nueva Sociedad de Masas. Precisamente, el
surgimiento de esta nueva formación económica y sociopolítica organizada
sobre una economía de demanda y de consumo ponía en cuestión numerosas
previsiones hechas por el Marxismo clásico. Y, sobre todo, en esta nueva
etapa del capitalismo la introducción del psicoanálisis y de la metapsicología
freudiana se hacía necesaria ya que, por primera vez, se hacía un uso político
de la psicología colectiva. De aquí que, desde la misma fundación de la
Escuela, sea imprescindible la síntesis entre economía y psicología como
dan muestras los primeros trabajos de la Zeitschift für Sozialforschung y
casi el acta fundacional como grupo que fueron los Estudios sobre Autoridad y
familia. La búsqueda de un tipo de construcción teórica en la que la
ruptura con la "teoría tradicional" abriera la posibilidad de
abarcar las complejísimas interacciones del capitalismo avanzado, aparece
como la génesis de los primeros frankfurtianos. Ruptura con la teoría
tradicional en cuanto que ésta parte de una realidad plana y estática y, así,
se presenta como unos enunciados interconexionados y que se derivan lógicamente
unos de otros, utilizando el modelo matemático como modelo de modelos del
conocimiento científico. El Positivismo, los variados y diversos empirismos,
el Racionalismo y, en general, el ideal de las Ciencias Nomológicas estarían
en esta perspectiva. Como apunta Horkheimer en su obra imperecedera Crítica
de la Razón instrumental (Zur Kritik der instrumentelle Vernunft. Aus den
Vorträgen und Aufzeichnungen seit Kriegsend), versión resumida en Eclipse of
Reason, la Teoría Crítica nace de la no aceptación de un estado histórico
en el que -y como afirma Adorno- los que "es" no "debería
ser". De esta forma, los empirismo y positivismos arranca de una
identificación con lo convencionalizado, con un "status quo"
considerado como orden universal e inmodificable. En este sentido, el proyecto
crítico, con su síntesis Marx-Freud, arrancará no tanto del "espectáculo
del mundo" cuanto del "sufrimiento del mundo". Sufrimiento
evitable desde la acción histórica racional e ilustrada. Como ya se ha observado, la Teoría Crítica no buscará
inscribirse de ningún modo en el paradigma de las Ciencias Nomológicas. Al
contrario, en gran medida la Escuela de Frankfurt cronológicamente aún se
sitúa en la "polémica de las Ciencias" en la que habían terciado
desde Rickert y Windelband hasta Max Weber. La misma polémica que, en los años
sesenta, mantedrá Adorno con Popper (La disputa del positivismo en la
sociología alemana) se alinea de un modo subyacente en los coletazos que la
"polémica de las Ciencias" de principios del siglo XX supuso en la
Universidad germana. Ahora bien, lo fundamental resulta ser que frente a los
positivismos, los autores frankfurtianos siempre tuvieron muy presente el gran
problema de toda teórica: su paso y transformación a ideología. Frente a
Popper, Adorno mantuvo una posición epistemológica que desconfiaba el
paradigma nomológico en un sistema sociopolítico en el que la Ciencia y la técnica
habían conducido acríticamente a la administración científica de la
muerte. El "después de Auschwitz" que recorre todo el significado
de la Dialéctica Negativa de Adorno, es un paso hacia delante de la teoría
que se resiste a la complicidad con los principios de dominación social. De
aquí que la Teoría Crítica se formula desde cuatro notas esenciales: histórica
porque la teoría es aclaración sobre la existencia humana y desde un ideal
hegeliano de humanización a través de un progreso constatable en la Historia
por los grupos que son dominados y humillados (aspecto tan relevante después
en el análisis de Michel Foucault de los "otros" y de los
"espacios de poder"); en segundo lugar, la teoría debe de ser
dialéctica puesto que su avance es a través de contradicciones captables
desde un punto de vista racional, siendo la Razón la tercera y esencial
característica de toda teoría que no quiera ser y actuar como ideología. La
Razón, en definitiva, es el fundamento de la Teoría Crítica. Una
racionalidad que tiene su herencia en Kant-Hegel y en la universalidad griega
clásica. Así, la Razón se define como un proceso de análisis causal, pero
desde la comprensión de las contradicciones en una dialéctica histórica que
busca, preferentemente, las causas de la dominación. En este sentido, se
distinguirá, siguiendo a Weber, entre racionalidad y racionalización. La
racionalidad siempre, y por fuerza tendrá que ser crítica, mientras que la
racionalización no es más que el uso del esquema medio-fin en unos objetivos
cuyos resultados últimos no sean más que los de consolidar lo
"constituido". Este sería el fundamento de la razón instrumental.
Por ello, precisamente, la teoría que no deviene en ideología, tiene
que ser histórica, dialéctica, racional y negativa. Frente a los
positivismos de lo que "es" empíricamente, la negatividad de la
comparación con un "deber ser" que actúa como el gran motor de la
Historia desde sus orígenes. Desde las utopías a los deseos de una humanidad
mejor y mejorada, la negatividad ha explorado caminos nuevos en los que la
"explotación del hombre por el mismo hombre" se disipe como un
recuerdo prehumano en la Historia. Tanto para Adorno como para Horkheimer y
Marcuse, el "final de la utopía" ha llegado. La humanidad posee ya
tantos recursos científicos, materiales como intelectuales como para
transformar la sociedad. De aquí, que no se pueda tildar de idealistas a los
teóricos de Frankfurt puesto que la crítica no se funda en unas
abstracciones irrealizables sino en un examen económico, político y cultural
que" no baja del cielo a la tierra". Al contrario, intenta subir de
la tierra a una etapa histórica sin dominación inconsciente e irracional. De
nuevo, la síntesis Hegel-Marx-Freud explica la globalidad del proyecto y de
los objetivos finales de la Teoría Crítica. Este proyecto resulta de la suma
de obras, conceptos, problemas e investigaciones de los miembros de la
Escuela. El repaso de las principales aportaciones de los más representativos
autores del Instituto muestra hasta qué punto existieron unos núcleos
comunes de interés y una actitud general en la valoración de las
contradicciones de la sociedad de capitalismo de Masas. Max Horkheimer (l895-l973), aparte de ser el
cofundador del Instituto de Investigación Social y su director desde l931
hasta su muerte, va a ser el impulsor de los planteamientos filosóficos y
sociológicos más característicos. En sus obras principales:Estudios sobre
Autoridad y familia (l936), Teoría tradicional y teoría crítica
(l937), Dialéctica de la Ilustración (l948) conjuntamente escrita con
Adorno, Teoría Crítica (l968), aparte de un conjunto de estudios como La crítica
del juicio de Kant como lazo de unión entre la filosofía teórica y la práctica
(l925), Comienzos de la filosofía burguesa de la historia (l931) o la firmada
bajo el seudónimo de "Heinrich Fegius" Ocaso. Asimismo, obras tan
características como Sociológica (con Adorno), Teoría crítica o A la búqueda del sentido
Las aportaciones primordiales de Horkheimer se compendian
en: Theodor W. Adorno (l903-l969) es considerado como
el coautor con Horkheimer de la creación epistemológica, metodológica y temática
de la Teoría Crítica. No obstante, Adorno se significa dentro del conjunto
de miembros de la Escuela por su interés no sólo por problemas sociales y
culturales sino, también, por sus indagaciones sobre estética especialmente
de carácter musical. Pero, sobre todo, en la obra de Adorno se
encuentran la generalidad de los temas que han dado su significado a la
filosociología frankfurtiana. La personalidad autoritaria, el nuevo modelo
cultural pseudoculto, el funcionamiento de las masas en el Nazismo y en la
posterior sociedad post-industrial, y, a la par, los problemas estéticos que
afectan a la creación artística y musical, son los fundamentos teóricos
propios que definen las preocupaciones centrales de Adorno y de la Escuela.
Hay, por tanto, una identidad entre la obra de Adorno y lo que después se ha
considerado como las contribuciones de la Teoría Crítica a las áreas de la
Filosofía y de la Sociología. El recorrido por la producción intelectual
adorniana es buena prueba de esto: Kierkegaard. Construcción de lo estético
(l933), Dialéctica de la Ilustración (l947), La personalidad autoritaria
(l950), Minima moralia (l951), Sobre la metacrítica de la teoría del
conocimiento (l956), Tres Estudios sobre Hegel (l957), La ideología como
lenguaje (l964), La disputa del positivismo en la sociología alemana (l969),
Dialéctica Negativa (l966), Teoría estética (l970), aparte de otros
escritos sobre música y cultura de Masas como: Filosofía de la nueva música
(l949), Disonancias (l956) o Prismas. Crítica de la Cultura y la Sociedad
(l955). La ingente producción de Adorno refleja la evolución teórica y
vital de la Escuela. Se puede afirmar, en suma, que puede considerarse el
desarrollo de los intereses intelectuales del autor de Frankfurt como la síntesis
más perfecta del proyecto crítico. Las obras de Adorno y de Horkheimer se entrecruzan en
muchas de sus propuestas, sin embargo Adorno aportó una temática propia
original no sólo por sus contenidos sino, también, por sus posteriores
influencias. En este sentido, una posible síntesis de sus aportaciones, dada
la complejidad del pensamiento del autor crítico, sería la siguiente: A partir del replanteamiento de las ontologías
mitologizadoras, Adorno emprenderá un camino de revisión de los procesos de
mitologización en los que se ven inmersos formas específicas de pensamiento
y acción. La Dialéctica de la Ilustración, así, resulta paradigmática. Un
pensamiento que situaba los ideales de progreso, de educación y de igualdad
como ejes históricos acaba, con la consolidación del capitalismo industrial,
justificando la administración científica de la muerte al devenir en razón
instrumental en la que el progreso se confunde con la técnica, la educación
en mera formación de la nueva mano de obra y la igualdad se identifica con
uniformidad que posibilidad el consumo. La razón histórica ilustrada, al
convertirse en razón instrumental, da paso a su propia negación mediante la
conversión de una razón planificadora en la que el dominio aparecerá unas
veces con su "cara amable" y, otras, endurecido por sus propias
contradicciones. El "después de Auschwitz"es el hilo teórico de la
reflexión de Adorno porque antes del "después" han existido unas
causas que son las que directamente condujeron al Nazismo. Para Adorno, la industria de la cultura y de la
comunicación permite el estudio objetivo de las bases materiales de la
ideología. La ideología se transforma en industria, pero industria de la
conciencia puesto que son las psicologías sociales las que entran como
productos en el mercado del ocio y del consumo. En esta industria ideológica,
sin embargo, se hace imprescindible excluir los elementos estéticos e
intelectuales que manifiestan un sentido crítico hacia el status quo. La
Pseudocultura, en cuanto desvirtuación y debilitamiento de los procesos
educativos y culturales, es una consecuencia de esa tecnologización, con métodos
de persuasión y manipulación, de las psicologías sociales. El
resultado final será la formación de una cosmovisión colectiva en la que la
personalidad autoritaria -caracterizada por la sumisión con los
poderosos y la humillación y crueldad hacia los débiles- aparece como propia
del "ciudadano normal". La irracionalización colectiva de la
Sociedad de Masas conlleva fuertes componentes de autoritarismo en el que aún
perviven herencias del Nazismo. La xenofobia y la misogínia, por
ejemplo, se fomentarán políticamente en momentos de crisis económicas y
sociales a través de los mensajes de la cultura-comunicativa y en función de
los objetivos coyunturales del sistema de las corporaciones
transnacionales. Herbert Marcuse (1898-1979) representa el miembro
más activo con los acontecimientos históricos concretos. Su
incorporación a la Escuela data del año 1933, emigrando al año siguiente a
los Estados Unidos. País en el que permanecerá y en el que llevará a cabo
la gran mayoría de su producción intelectual. Su influencia sobre los
movimientos estudiantiles y juveniles le dió una popularidad que, en gran
medida, impidió la valoración objetiva de una de las contribuciones más
relevantes de la teoría crítica. Entre sus obras más fundamentales están:
Ontología de Hegel y teoría de la historicidad (l932), tesis de habilitación
dirigida por Heidegger, Razón y revolución (1941), Eros y civilización
(l953), El marxismo soviético (l958), El hombre unidimensional (l964),
Crítica de la tolerancia pura (l965), El final de la Utopía (1967),Psicoanálisis
y política (1969), La agresividad en la sociedad industrial avanzada y otros
ensayos (l97l), Contrarrevolución y revuelta (1972), Filosofía estética
(1972), Estudios sobre filosofía crítica (l973) y Medidas de la época
(1975), aparte de un amplísimo conjuntos de conferencias, colaboraciones en
libros y artículos sobre problemas de actualidad. En resumen, Marcuse
es el mayor exponente del compromiso de la Teoría Crítica con los problemas
de la sociedad contemporánea y su influencia en este aspecto será
fundamental. Una síntesis adecuada de las aportaciones de Benjamin
tiene que partir de la renovación del análisis cultural desde la perspectiva
de la alienación de la "alta cultura humanista" en la sociedad de
capitalismo de Masas. De este modo, la revisión de la razón estética se hará
desde los aspectos siguientes: el lenguaje, la razón estética y sus
alienaciones, y la búsqueda de la experiencia originaria como utopía. Algunos tópicos sobre la Escuela de Frankfurt
Se puede decir que si hay una corriente de investigación
mal interpretada y tergiversada, ésta ha sido la Escuela de Frankfurt
en cuanto Teoría Crítica. De aquí, que se hayan divulgado opiniones que
presentan una serie de tópicos convertidos en lugares comunes de determinados
análisis. Entre algunos de estos tópicos trataremos los más frecuentes y
difundidos: elitismo, pesimismo, academicismo, "teologicismo" y ,
por último, la incapacidad de sintetizar a Marx con Freud. Estos tópicos,
entre otros, deambulan por textos, manuales y libros especializados pasando a
ser, ya casi, un complemento de la Escuela. Pues bien, a continuación haremos
una breve referencia a estos juicios que han surgido unas veces por lecturas
improvisadas y, otras, por intenciones no muy coherentes con la reflexión teórica.
De todas estas ideas manidas es, quizá, el elitismo el
que mayor extensión ha tenido. Como "elitismo" se ha expuesto la
perspectiva crítica a partir de una extraña contraposición entre teoría y
sentido común. La dificultad lógica de la lectura filosófica se ha
extrapolado al propio pensamiento expuesto con lo que se ha dado una profunda
confusión entre temas, método y planteamiento. De este modo, la crítica a
la Cultura de Masas, en cuanto proceso de destrucción intelectual de las
poblaciones de las sociedades de consumo, se ha juzgado como actitud de
"desprecio" a la misma sociedad. Aspecto éste tan contrario a las
intenciones y propósitos de la Escuela que siempre hizo suyo -y vitalmente lo
demostró- el proyecto ilustrado. Sin embargo, este tópico sigue gravitando
sobre obras como las de Horkheimer y Adorno como calificativo que soslaya sus
contribuciones esenciales al estudio del autoritarismo, la pseudocultura o un
tema tan cotidiano como es el de la extensión de la irracionalidad social a
través del horóscopo, la adivinación, etc., en los mensajes comunicativos y
que son parte esencial de las nuevas "supersticiones secundarias". Unido a este tópico está el de pesimismo. A la Escuela
se la tilda de apocalíptica y desilusionada. Se le achaca el no dar
"soluciones" con lo que se asigna una imagen de teoría cerrada
sobre sí misma. De nuevo, y al igual que con el elitismo, se descalifica el
significado de la dialéctica negativa bajo una interpretación que resalta el
concepto de lo "negativo" en su uso vulgar. Es el viejo recurso de
rebajar y reducir los conceptos y análisis para así rebatir más fácilmente
los argumentos. Y con el procedimiento de tachar de "pesimistas" se
apela, a la vez, a un positivismo también rebajado que se defiende como útil
y verdadero. La suma de elitismo y de pesimismo conduce al pretexto de
academicismo, paradójicamente presentando el término de "académico"
como peyorativo, sin recordar que académico proviene de la platónica y libre
Academía clásica. Se censura a los teóricos críticos de
"profesores", como si ello fuese el peor de los insultos. De modo
que la complejidad se iguala a pedantería. Y la dificultad intelectual se
equipara a arrogancia. En consecuencia, se desprecia el trabajo y el rigor
teórico bajo la etiqueta de pesadez y tediosidad, poniendo como
ejemplos a seguir el ensayismo trivial que tanto daño hace a la Filosofía
y a la Ciencia Social. De lo anterior no es extraño, entonces, que se
conceptualice a la Teoría Crítica como "teologicismo", y entiéndase
que no decimos Teología en el profundo sentido de esta área del saber; es
decir, la abstracción se considera abstrusa y se reclaman metodologías
cuantitativas y empíricas en un sociologismo que poco tiene que ver con la
sistematicidad y objetividad del conocimiento experimental austero y conciso.
Precisamente, el estudio frankfurtiano sobre la razón instrumental avisaba
sobre el desprecio hacia áreas y procedimientos intelectuales que contenían
importantes núcleos conceptuales sobre procesos de liberación y búsqueda de
aperturas a lo que, éticamente, se ha denominado como el "deber
ser" frente al "es". En esta relación de tópicos no podía faltar,
finalmente, uno de los que intenta desautorizar a la Escuela desde la
Epistemología. Para ello, se recurre al desprestigio de las obras de Marx y
de Freud. El Positivismo lógico y, sobre todo Karl Popper, pusieron los
fundamentos de este modo de actuación. Así, se repite que la síntesis
Marx-Freud resultó imposible en su armonización crítica. De aquí que se
omitan, de nuevo, las investigaciones sobre consumo y Sociedad de Masas,
cultura y comunicación, el replanteamiento de la cotidianidad unidimensional
y, de una forma especial,la creación de la escala "F" de fascismo y
la aplicación de métodos estadísticos en la temática de la personalidad
autoritaria -base del Nazismo y de su continuidad posterior-, la
reproducción del autoritarismo en la familia y el funcionamiento de la
conducta y metapsicología de las Masas dirigidas. En consecuencia, desde el
asalto a los ejes conceptuales y temáticos dialécticos y psicoanalíticos se
emprende la anulación de la Teoría Crítica presentada como carente de
objetividad. En estas condiciones, la pregunta es la de por qué se toma tanto
esfuerzo en desprestigiar a una Teoría que se presenta como descabellada.
Precisamente, el ingente afán por descalificar el análisis de la Escuela de
Frankfurt confirma la penetrante capacidad de la Teoría Crítica para
continuar en su proyecto ilustrado y clásico de proseguir reafirmando la
aclaración racional de la realidad. |