Con la filosofía de Sartre se produce un cierto retorno a la concepción
del sujeto como centro de significaciones.Pero le da a esta teoría del sujeto
una inflexión diferente.
Para hacer una introducción de su obra filosófica es necesaria distinguir
distintas etapas en su producción.
Una primera etapa tendrá que ver con la elaboración de una teoría de la
conciencia humana, en donde se inscriben textos como: “La trascendencia del
ego” y sus ensayos “La imaginación”, “Lo imaginario” y “Esbozo de
una teoría fenomenológica de las emociones”. La segunda etapa está
marcada por su obra capital: “El Ser y La Nada”.
En la última época hay un intento de establecer las bases de una antropología
materialista, tomando como dirección al pensamiento marxista y su obra más
importante será: “La Crítica de la Razón Dialéctica”.
El tema central en la obra de Sartre será el existencialismo o la realidad
humana, es decir el hombre en su existencia concreta y lo llama, siguiendo a
Heidegger, el hombre como “ser en el mundo”.
A su vez, Sartre, concibe a la existencia humana como existencia consciente.
El ser del hombre se distingue del ser de la cosa por ser consciente.
La existencia humana es un fenómeno subjetivo, en el sentido de que es
conciencia del mundo y conciencia de sí; en este punto se diferencia de
Heidegger, quien deja fuera de juego a la conciencia.
La otra fuente teórica que Sartre encuentra para abordar su teoría de la
conciencia y que le asegura el concepto de unidad de conciencia, es la
fenomenología de Husserl. La fenomenología le servirá como método para
elaborar una teoría de la conciencia, que le permita comprender la existencia
humana y el concepto teórico al fin es el de “intencionalidad de la
conciencia”.
Para Husserl la estructura fundamental de la conciencia es la intencionalidad,
es decir, la propiedad de todo acto de conciencia es estar referido a
algo, a un objeto o al mundo entero; por lo tanto la conciencia se agota en
ese estar dirigido hacia el objeto.
Sartre dirá que es una fuga, es un arrancarse más allá de sí mismo hacia
lo que no es ella, hacia el objeto. Por lo tanto la conciencia carece de
interior.
Sartre agrega que el mundo es exterior, por esencia, a la conciencia
pero a su vez la conciencia y el mundo se dan al mismo tiempo.
Sin embargo se diferenciará de Husserl, en la existencia de un yo unificador
de la conciencia, que proponía este último. Sartre decía: “La conciencia
se unifica escapándose hacia el objeto. No es necesario este yo.”
En su libro “La Trascendencia del Ego”, dice Sartre “Cuando corro para
alcanzar un tranvía, cuando miro la hora, cuando me absorbo en la contemplación
de un retrato, no hay yo, hay conciencia de tranvía que debe ser
alcanzado”. Es decir que la unidad de la conciencia reside en el objeto
hacia el cual se dirige la conciencia.
Sartre admite que en la reflexión, cuando la conciencia se vuelve sobre sus
propios actos, por ejemplo sobre un pensamiento, apresa a un yo que es el yo
del pensamiento; ésto ocurre porque el yo es producido por la propia actitud
reflexiva de la conciencia.
De la intencionalidad de la conciencia deriva en la ontología, debido a que
el ser de la conciencia indica un ser distinta a ella.
En su segunda etapa, más precisamente en “El Ser y La Nada”, distingue
dos regiones del ser, que denomina: “Ser para sí” y “Ser en sí”
apareciendo el ser del existente humano en términos de “nada”.
La nada es el ser propio de la existencia humana como conciencia, siendo esta
“nada” negación.
El “ser para sí” es el propio ser de la conciencia o subjetividad. La
existencia de la conciencia es anterior a ser conocida, no tiene nada
sustancial, porque solo existe en este aparecerse a sí mismo. El “para sí”
define al hombre en su proyecto original, por sus deseos.
El “ser en sí”, es el ser del mundo, de los objetos, en tanto existe con
independencia de la conciencia. Es el ser de la objetividad, trascendente a la
conciencia.
El “ser en sí” es el ser que es, es una totalidad y el “ser para
sí” es el ser que no es, es una pura nada, es negatividad.
El sujeto es un “para sí” que nihiliza el “en sí”. El sujeto es
deseo de ser (porque es pura nada), quiere ser algo que lo defina por su
ser; por lo tanto es deseo de ser un “en sí”, ésto sería lograr la
totalidad, es decir ser Dios, cosa que es imposible.
Simplemente nos encontramos existiendo, y entonces tenemos que decidir que
hemos de hacer con nosotros mismos. Como no hemos sido creados para hacer nada
en concreto, ni para realizar ningún fin, cada hombre deberá buscarse un fin
propio, válido solamente para él y realizar su proyecto particular, que
tiene un valor meramente subjetivo.
Pero por el solo hecho de tener el deseo de ser, se es libre; el sujeto elige
libremente cualquier camino para definir ese proyecto original que es el deseo
de ser.
El hombre está condenado a ser libre, pero también se crea libremente los
condicionamientos y los obstáculos cuando los proyectos previamente
trazados son erróneos.
De la libertad derivan varias implicaciones, por ejemplo la responsabilidad,
en donde el hombre es plenamente responsable del modo de ser que va
adquiriendo a lo largo de su existencia. De alguna manera la libertad resulta
incómoda, debido a que hay que saber que hacer con ella, por lo tanto será
la causa de una gran angustia.
El existencialismo no cree en normas generales válidas para todos, no tiene
un sentido de referencia o sea que el hombre bajo su responsabilidad debe
crear sus propias normas.
Cuando realiza una elección, tiene inseguridad si
es buena o mala, por lo tanto va acompañada de angustia.
Puede suceder que ante este miedo a la angustia que produce una elección,
tratan de engañarse a sí mismo depositando la responsabilidad sobre algo
ajeno, ya sea Dios, el ambiente o la herencia; a ésto Sartre lo denomina la
mala fe y un ejemplo que da para ilustrar a este concepto es el siguiente:
“Una muchacha está sentada con un hombre, ella sabe bien que él desearía
seducirla. Pero cuando él le toma la mano, ella intenta evitar la decisión
de aceptarla o rechazarla, pretendiendo no darse cuenta deja la mano como si
no fue consciente de la situación. Pretende ser un objeto pasivo y no
un ser consciente de que es libre y la responsabilidad queda depositada sobre
el otro»
Frente a la mala fe, Sartre propone la autenticidad como guía de conducta y
consiste en aceptar a la libertad, la angustia y la responsabilidad.
Pero Sartre irá más allá, diciendo que el hombre es un ser absurdo ya que
ni el nacer ni el morir tienen sentido. El absurdo de la existencia produce el
sentimiento de náusea, sentimiento que se experimenta hacia lo real cuando el
hombre toma conciencia de que es absurdo.
A partir de 1949, Sartre intenta revisar el pensamiento marxista enriqueciéndolo
con su filosofía existencialista, comenzando la tercera etapa de su producción.
En “Crítica de la razón dialéctica” (1960), representa un gran esfuerzo
para alcanzar la síntesis de las dos concepciones. Hay un pasaje del
protagonismo del para sí al protagonismo que asume el movimiento dialéctico
de la historia y la acción concertada del grupo para trascender una
determinada situación política.
Hasta aquí traté de hacer un desarrollo introductorio del pensamiento filosófico
de Sartre, quien fue, sin duda, un fenómeno intelectual que marcó a
una generación, pero hablar de Sartre es también hablar del escritor,
que a través de sus obras literarias transmitió su pensamiento filosófico
con real maestría, convirtiéndolo en uno de los escritores contemporáneos más
importantes de Francia. Tema que se desarrollará en una próxima entrega.