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PENSAMIENTO FILOSOFICO DE SAN ANSELMO San
Anselmo era originario de Aosta, en el Piamonte, en Italia, donde nació en el
año 1033. A pesar de ello es más comúnmente conocido como san Anselmo de
Canterbury, al haber sido arzobispo de dicha ciudad durante algunos años,
donde murió en 1109. Su educación corrió a cargo de los benedictinos, luego
de una experiencia poco afortunada con el primero de los profesores a los que
fue encomendado, al no haberle sabido transmitir el aprecio por los estudios.
En 1092 se dirigió a Inglaterra, a Canterbury, donde luego de varias
negativas a aceptar el cargo, fue nombrado arzobispo de la sede, ejerciendo
como tal hasta su muerte, a pesar de verse obligado a abandonar la ciudad en
varias ocasiones, por diversos conflictos mantenidos con Guillermo el Rojo y,
posteriormente, con Enrique I . San
Anselmo de Canterbury fue uno de los filósofos más relevantes de la tradición
agustiniana, por lo que debemos situarlo en la esfera de influencia filosófica
del platonismo. No obstante, sus preocupaciones fundamentales eran de tipo
religioso y espiritual. En este sentido concibe la filosofía como una ayuda
para comprender la fe: hay una sola verdad, la revelada por Dios, que es
objeto de fe; pero la razón puede añadir comprensión a la fe y, así,
reforzarla. La expresión "credo, ut intelligam" resume su actitud:
la razón sola no tiene autonomía ni capacidad para alcanzar la verdad por sí
misma, pero resulta útil para esclarecer la creencia. La razón queda situada
en una relación de estricta dependencia con respecto a la fe. En
su obra "Monologion" San Anselmo había presentado ya algunos
argumentos sobre la demostración de la existencia de Dios, acompañando a
otras reflexiones de carácter marcadamente teológico. La demostración que
nos ofrece en el "Proslogion" fue motivada, según sus propias
palabras, por la petición de sus compañeros benedictinos de reunir en un
solo argumento la fuerza probatoria que los argumentos presentados en el
"Monologion" ofrecían en conjunto. Con esta prueba, conocida como
"argumento ontológico", San Anselmo pretende no sólo satisfacer
dicha petición sino también dotar al creyente de una razón sólida que el
confirme indudablemente en su fe. El argumento en cuestión lo formula San
Anselmo como sigue, en el capítulo II del Proslogion:
El argumento ontológico fue llamado así por primera vez por Kant (s. XVIII), y ha sido uno de los argumentos más polémicos de la historia de la filosofía. Filósofos de la talla de Descartes y Hegel lo consideran válido y lo introducen en sus respectivos sistemas. Otros, como Sto. Tomás, Hume y Kant, rechazarán la validez del argumento, negando su fuerza probatoria. San Anselmo introduce el argumento en el contexto de una plegaria a Dios y su estructura lógica puede resumirse como sigue:
La
premisa mayor presenta simplemente, según San Anselmo, la idea de Dios, la idea
que tiene de Dios un hombre, aunque niegue su existencia. La premisa menor está
clara, puesto que si aquello mayor que lo cual nada puede pensarse existiese sólo
en la mente no sería aquello mayor que lo cual nada puede pensarse. Algo más
grande podría pensarse, a saber, un ser que existiese en la realidad
extramental y no únicamente en la idea. El
argumento se desarrolla, pues, a partir de una definición de Dios que, a juicio
de San Anselmo, puede ser comprendida y aceptada por cualquiera. En un segundo
momento se centra en el análisis de esa misma idea y en sus implicaciones,
recalcando el absurdo que resultaría de concebir mentalmente un ser perfecto y
negarle la mayor perfección: la existencia. Concluye afirmado la existencia
necesaria de Dios como una exigencia de la razón para evitar tal absurdo. Todo
el desarrollo del argumento transcurre en el ámbito del pensamiento,
progresando de la simple idea a la necesidad de admitir la existencia de Dios,
sin apelar a otra instancia que a la razón y a uno de sus principios
fundamentales: el de no admitir la contradicción. Parece entonces que la idea de Dios que pide al principio de su prueba San Anselmo no es la que puede tener cualquiera en su mente, sino que supone compartir varios presupuestos doctrinales o filosóficos, entre los que se han destacado los siguientes:
Por esta razón Sto. Tomás rechazará la validez del argumento, eligiendo un dirección totalmente opuesta a la de San Anselmo en sus cinco pruebas en las que tomará la experiencia, la realidad sensible, como el punto de partida de su argumentación, siguiendo su formación aristotélica, que no acepta otro punto de partida del conocimiento sino la experiencia. Respecto al tema de la creación del mundo, otra de las cuestiones teológicas de las que se ocupó la filosofía medieval, San Anselmo la trata en los capítulos 7 y 8 del "Monologion", siguiendo las pautas trazadas por la tradición agustiniana. La idea de creación es extraña al pensamiento griego, y no hay posibilidad de encontrar entre ninguno de sus filósofos referencias útiles al tema, sino más bien numerosos argumentos sobre la imposibilidad de concebir racionalmente el paso del ser al no ser, o del no ser al ser. No obstante, el intento de conciliar la filosofía con la teología cristiana, aunque la filosofía fuera considerada sólo como un instrumento o una "sierva" de la teología, lleva a los filósofos medievales a buscar alguna solución, que difícilmente puede mantenerse sin aceptar el recurso a lo extraordinario: la creación, para San Anselmo es, pues, obra de Dios, y tuvo lugar "ex nihilo", a partir de la nada. Ello no debe interpretarse como si la nada fuese la causa de la creación, nos dice: la causa de la creación es Dios. Tampoco debe interpretarse la nada como si fuese "algo" indeterminado, o una materia preexistente sobre la que Dios actuara al modo del Demiurgo platónico. La creación es un acto libre de Dios mediante el cual el mundo es traído a la existencia de un modo radical, absoluto, originario |