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LA ESCOLASTICA: REPRESENTANTES El Escolasticismo. Movimiento filosófico y teológico que intentó utilizar la razón
natural humana, en particular la filosofía y la ciencia de Aristóteles, para
comprender el contenido sobrenatural de la revelación cristiana. Principal
movimiento en las escuelas y universidades medievales de Europa, desde mediados
del siglo XI hasta mediados del siglo XV, su ideal último fue integrar en un
sistema ordenado tanto el saber natural de Grecia y Roma como el saber religioso
del cristianismo. El término escolástica también se utiliza en un sentido más
amplio para expresar el espíritu y métodos característicos de ese momento de
la historia de la filosofía o cualquier otro espíritu o actitud similar hacia
el saber encontrados en otras épocas. El término escolástica, que en su
origen designaba a los maestros de las escuelas monásticas o catedralicias
medievales, de las que surgieron las universidades, acabó por aplicarse a
cualquiera que enseñara filosofía o teología en dichas escuelas o
universidades. Características
Principales. Los pensadores escolásticos sostuvieron una amplia variedad de ideas
tanto en filosofía como en teología. Lo que da unidad a todo el movimiento
escolástico son las metas comunes, las actitudes y los métodos aceptados de un
modo general por todos sus miembros. La principal preocupación de los escolásticos
no fue conocer nuevos hechos sino integrar el conocimiento ya adquirido de forma
separada por el razonamiento griego y la revelación cristiana. Este interés es
una de las diferencias más características entre la escolástica y el
pensamiento moderno desde el renacimiento.
El objetivo esencial de los escolásticos determinó algunas actitudes comunes, de las que la más importante fue su convicción de la armonía fundamental entre razón y revelación. Los escolásticos afirmaban que el mismo Dios era la fuente de ambos tipos de conocimiento y la verdad era uno de Sus principales atributos. No podía contradecirse a Sí mismo en estos dos caminos de expresión.
Cualquier oposición aparente entre revelación y razón podía
deberse o a un uso incorrecto de la razón o a una errónea interpretación de
las palabras de la revelación. Como los escolásticos creían que la revelación
era la enseñanza directa de Dios, ésta tenía para ellos un mayor grado de
verdad y certeza que la razón natural. En los conflictos entre fe religiosa y
razonamiento filosófico, la fe era siempre el árbitro supremo, la decisión de
los teólogos prevalecía sobre la de los filósofos. Después de principios del
siglo XIII, el pensamiento escolástico puso mayor énfasis en la independencia
de la filosofía en su campo propio. A pesar de todo, durante el periodo escolástico
la filosofía estuvo al servicio de la teología, no sólo porque la verdad de
la filosofía estaba subordinada a la de la teología, sino también porque los
teólogos utilizaban la filosofía para comprender y explicar la revelación.
Esta postura de la escolástica chocó con la llamada teoría de la doble
verdad del filósofo y físico hispano-árabe Averroes. Su teoría mantenía que
la verdad era accesible tanto a la teología como a la filosofía islámica pero
que tan sólo la filosofía podía alcanzarla en su totalidad. Por lo tanto, las
llamadas verdades de la teología servían, para la gente común, de expresiones
imaginativas imperfectas de la verdad auténtica, sólo accesible por la filosofía.
Averroes sostenía que la verdad filosófica podía incluso contradecir, al
menos de una forma verbal, las enseñanzas de la teología islámica.
Como resultado de su creencia en la armonía entre fe y razón, los escolásticos
intentaron determinar el ámbito preciso y las competencias de cada una de estas
facultades. Muchos de los primeros escolásticos, como el eclesiástico y filósofo
italiano san Anselmo, no lo consiguieron y estuvieron convencidos de que la razón
podía probar algunas doctrinas procedentes de la revelación divina. Más
tarde, en el momento de esplendor de la escolástica, el teólogo y filósofo
italiano santo Tomás de Aquino estableció un equilibrio entre razón y
revelación. Sin embargo, los escolásticos posteriores a santo Tomás,
empezando por el teólogo y filósofo escocés Duns Escoto, limitaron cada vez más
el campo de las verdades capaces de ser probadas a través de la razón e
insistieron en que muchas doctrinas anteriores que se pensaba habían sido
probadas por la filosofía tenían que ser aceptadas sobre la base única de la
fe. Una de las razones de esta limitación fue que los escolásticos aplicaron
los requisitos para la demostración científica, recogidos al principio en el
Organon de Aristóteles, de una manera mucho más rigurosa que lo había hecho
cualquiera de los filósofos anteriores. Esos requisitos eran tan estrictos que
el propio Aristóteles rara vez fue capaz de aplicarlos en detalle más allá
del campo de las matemáticas. Esta tendencia desembocó de forma teórica en la
pérdida de confianza en la razón natural humana y en la filosofía, como quedó
caracterizada la primera época del renacimiento, y así lo asumieron los
primeros reformadores religiosos protestantes, como Martín Lutero.
Otra actitud común entre los escolásticos fue su sometimiento a las
llamadas autoridades, tanto en filosofía como en teología. Esas autoridades
eran los grandes maestros del pensamiento de Grecia y Roma y los primeros Padres
de la Iglesia. Los escolásticos medievales se impusieron a sí mismos pensar y
escribir mediante el estudio único e intensivo de los autores clásicos, a cuya
cultura y saber atribuían certezas inmutables. Tras alcanzar su plena madurez
de pensamiento y producir los primeros trabajos originales de filosofía,
siguieron citando a las autoridades para dar peso a sus propias opiniones,
aunque a estas últimas llegaban en muchos casos de manera independiente. Críticas
posteriores concluyeron de esta práctica que los escolásticos eran meros
compiladores o repetidores de sus maestros. En realidad, los escolásticos
maduros, como santo Tomás de Aquino o Duns Escoto, fueron muy flexibles e
independientes en su utilización de los textos de los clásicos; a menudo con
el fin de armonizar los textos con sus propias posiciones, ofrecieron
interpretaciones que eran difíciles de conciliar con las intenciones y motivos
inspiradores en los clásicos. El recurso a la cita de los clásicos fue, en
muchos casos, poco más que un ornamento estilístico para empezar o finalizar
la exposición de las propias opiniones e intentaba demostrar que las ideas del
exegeta eran continuidad del pasado y no simples novedades. Novedad y
originalidad de pensamiento no eran perseguidos de forma deliberada por ninguno
de los escolásticos sino más bien minimizadas lo más posible.
Los escolásticos consideraron a Aristóteles la máxima autoridad filosófica,
llamándole de modo habitual "el filósofo". El primer prelado y teólogo
cristiano san Agustín fue su principal autoridad en teología, tan sólo
subordinado a la Biblia y a los concilios oficiales de la Iglesia. Los escolásticos
se adhirieron con mayor intensidad y sin ninguna crítica a las doctrinas
emitidas por la jerarquía eclesial al admitir las opiniones de Aristóteles en
materia de ciencias empíricas, como la física, la astronomía y la biología.
Su aceptación sin crítica debilitó a la escolástica y fue una de las
principales razones de su desdeñoso rechazo por parte de los investigadores y
sabios del renacimiento e incluso de mucho tiempo después. Métodos Comunes. Uno de los principales métodos de la escolástica fue el uso de la lógica
y el vocabulario filosófico de Aristóteles en la enseñanza, la demostración
y la discusión. Otro importante método fue enseñar un texto por medio de un
comentario de alguna autoridad aceptada. En filosofía, esa autoridad era
atribuida de un modo casi mecánico y procedimental a Aristóteles. En teología,
los textos principales eran la Biblia y el Sententiarum Libri Quatuor (Cuatro
libros de Sentencias) del teólogo y prelado italiano del siglo XII Pedro
Lombardo, una recopilación de las opiniones de los primeros Padres de la
Iglesia sobre problemas de teología. Los primeros escolásticos empezaron
asumiendo como ortodoxia intelectual el contenido de los textos que estaban
comentando. Poco a poco, conforme la práctica de la lectura fue desarrollando
su propio poder de crítica, introdujeron muchos comentarios suplementarios
sobre algunos puntos que el propio texto no cubría o no había resuelto de
forma adecuada. A partir del siglo XIII, esos comentarios suplementarios, que
expresaban el pensamiento personal de los maestros, se convirtieron en la parte
más amplia y trascendente de los textos, resultando así que la explicación
literal del texto era reducida a un simple pasaje de cada exégesis. Junto con los comentarios contaba la técnica de discusión por medio del debate público. Cada profesor de una universidad medieval debía aparecer varias veces al año ante el cuerpo docente y los alumnos, reunidos en asamblea, en un debate para defender los puntos cruciales de sus propias enseñanzas frente a todo aquel que las pusiera en duda. Las ideas de la lógica aristotélica se empleaban tanto en la defensa como en el ataque. En el siglo XIII el debate público se convirtió en un instrumento educativo flexible para estimular, probar y comunicar el progreso del pensamiento en la filosofía y teología.
Después de la mitad del siglo XIV, sin embargo, la vitalidad del debate público decayó y se convirtió en un rígido formalismo. Los participantes se sentían menos interesados en el contenido real que en pequeños puntos de la lógica y nimias sutilezas del pensamiento.
Este tipo degradado de debate influyó mucho en dar
una mala reputación a la escolástica durante el renacimiento y posteriormente;
en consecuencia muchos pensadores modernos lo han considerado un mero mecanismo
lógico pedante y artificial. Principales Filósofos
Escolásticos. Entre los escolásticos más destacados de los siglos XI y XII se encuentran san Anselmo; el filósofo, teólogo y profesor de lógica Pedro Abelardo y el filósofo y clérigo Roscelino, que fundó la escuela de filosofía conocida como nominalismo. Entre los pensadores judíos del mismo periodo, el rabino, filósofo y físico Maimónides intentó armonizar la filosofía aristotélica con la revelación divina como se entiende en el judaísmo, en un espíritu similar al de los escolásticos cristianos. Los escolásticos de la llamada edad de oro del siglo XIII incluyen a santo Tomás de Aquino y al filósofo alemán san Alberto Magno, ambos pertenecientes a la orden de los dominicos; al monje y filósofo inglés Roger Bacon, al prelado y teólogo italiano san Buenaventura, y a Duns Escoto, todos pertenecientes a la orden de los franciscanos y al sacerdote seglar belga del siglo XIII Henry de Ghent.
El nominalismo se convirtió
en la escuela filosófica dominante del siglo XIV, cuando la escolástica empezó
a declinar. El nominalista más importante fue el filósofo inglés Guillermo de
Ockham, un gran lógico que atacó todos los sistemas filosóficos de los escolásticos
precedentes para mantener en cambio que la razón humana y la filosofía natural
tenían un campo de acción mucho más limitado del que sus antecesores habían
establecido.
Si
bien es cierto que estos autores representan a la filosofía medieval, ahora veamos de una forma más detallada uno a uno a los más importantes de
estos en cuanto a la Escolástica: Escoto Eriúgena, Juan (c.
815-c. 877). Es el creador del primer gran sistema filosófico de la edad media. Al parecer era descendiente de escoceses pero, como ya se ha dicho, debió nacer en Irlanda como así lo indica el uso del seudónimo Johannes Ierugena o Eriúgena (que quiere decir "nacido en Irlanda").
En torno al 847 Carlos I, rey de Francia, le nombra supervisor de la escuela de la corte y le encarga que traduzca al latín las obras del neoplatónico Dionisio el Areopagita. Eriúgena, que no quiso someter sus obras al control de la censura, entró en conflicto con el papa Nicolás I. El rey Carlos le prestó su apoyo, aunque tuvo que vivir recluido en la corte hasta la muerte del monarca en 877. Los concilios de Valence (855), Langres (859) y Vercelli (1050) condenaron el tratado De Divina Praedestinatione (Sobre la predestinación divina, 851), que defiende la creencia de Hincmar, arzobispo de Reims, sobre el destino final de los individuos en el sentido de que éste no depende de Dios de una forma absoluta, ya que la voluntad también tiene algo que decir sobre la salvación o la condenación. Por otra parte, Eriúgena afirma también en sus escritos que no existe nada semejante a la condenación como se cree conforme a la tradición.
Todos los seres humanos, afirma, se transformarán por igual en espíritus
puros.
En su panteística obra De Divisione Naturae (Sobre la división de la
Naturaleza, 865-870), rechaza la creencia cristiana de que el universo fuera
creado de la nada. Sostiene más bien que el mundo del espacio y del tiempo es
una manifestación de las ideas presentes en el pensamiento de Dios y describe a
este dios como el punto más alto de toda la evolución. Eriúgena afirma también
que la razón no necesita ser sancionada por la autoridad; más bien al
contrario, la razón es en sí misma la base de la autoridad. La obra De
Divisione Naturae fue condenada en 1225, en el concilio de Sens, y el papa
Honorio III ordenó que se quemara.
Suele creerse que Eriúgena escribió también una obra en la que negaba
la presencia de Cristo en la Eucaristía. Aunque algunos de los puntos de vista
de Eriúgena pueden considerarse heréticos, es respetado sin embargo por el
alcance de su obra y lo más frecuente es que se le considere como uno de los
primeros representantes del escolasticismo. San Anselmo de Cantorbery
(c. 1033-1109). Teólogo, filósofo y Doctor de la Iglesia, que propuso una teoría sobre
la existencia de Dios que todavía hoy se sigue debatiendo. Nació en Aosta (norte de Italia) en el seno de una familia acomodada. En
1060 ingresó en el monasterio benedictino de Bec (Normandía), donde era abad
el religioso y erudito Lanfranco. Cuando, en 1070, éste fue nombrado arzobispo
de Canterbury por el rey de Inglaterra Guillermo I el Conquistador, Anselmo le
sustituyó al frente del monasterio. Durante estos años alcanzó un gran
prestigio por sus conocimientos y piedad, y sus monjes le animaron a que pusiera
por escrito las meditaciones en que basaba sus enseñanzas. De esta manera
redactó Monologium (1077), en el que, reflejando la influencia de san Agustín
de Hipona, presentaba a Dios como el Ser más supremo e investigaba sobre sus
atributos. Animado por la acogida que tuvo su obra, continuó con su proyecto de
comprensión de la búsqueda de fe, concluyendo Proslogium (1078), donde
presentaba lo que en el siglo XVIII llegó a conocerse como el argumento ontológico
de la existencia de Dios. Sostenía que incluso quienes dudaban de la existencia
de Dios habrían de observar cierta comprensión sobre lo que dudaban: es decir,
comprenderían a Dios como un ser del que no se puede pensar algo más grande.
Puesto que es más grande existir fuera de la mente que sólo en la mente, un
escéptico que negara la existencia de Dios estaría incurriendo en una
contradicción, ya que estaría afirmando que es posible pensar en algo más
grande que en un ser del que nada más grande se puede pensar. De aquí que, por
definición, Dios existe.
La crítica básica al argumento de san Anselmo es que no se puede
deducir la existencia fuera de la mente de nada, analizando su definición. Ya
en su época, el monje Gaunilón de Marmoutier puso objeciones a su
razonamiento, como más tarde lo harían santo Tomás de Aquino e Immanuel Kant.
Sin embargo, René Descartes, Baruch Spinoza, Gottfried Wilhelm Leibniz y
algunos pensadores contemporáneos han emitido razonamientos similares.
En 1093, Anselmo fue llamado para suceder a Lanfranco como arzobispo de
Canterbury. Desde esta dignidad participó en una época de grandes conflictos
con Guillermo II el Rojo, sucesor de Guillermo I el Conquistador en el trono de
Inglaterra, sobre la independencia de la Iglesia del poder regio. Tanto durante
su estancia en Inglaterra como en su posterior exilio italiano, san Anselmo
estuvo siempre enfrentado con los poderes seculares. A pesar de ello, continuó
sus reflexiones teológicas, escribiendo Cur Deus Homo, un estudio sobre la
encarnación y crucifixión de Jesucristo como una forma de expiación del
pecado.
En 1100, cuando Enrique I heredó la corona inglesa, Anselmo regresó a
Canterbury, siendo posteriormente desterrado, de nuevo, por sus continuas
controversias con el Rey. Hasta 1106 no regresó a Canterbury, donde vivió
hasta el día de su fallecimiento, ocurrido el 2 de abril de 1109. Fue
canonizado en 1163 y declarado Doctor de la Iglesia en 1720. Su festividad se
celebra el 21 de abril. Abelardo, Pedro (1079-c.
1142). Filósofo y teólogo francés, cuya fama como profesor le convirtió en
una de las figuras más célebres del siglo XII. Nació en Le Pallet (Bretaña)
y dejó su hogar para estudiar en Loches con el filósofo nominalista francés
Roscelino y más tarde en París con el filósofo realista francés Guillermo de
Champeaux. Crítico de sus maestros, Abelardo comenzó a enseñar en Melun, en
Corbeil y en 1108, en París. Pronto adquirió fama por toda Europa como
profesor y pensador original. En 1117 se convirtió en tutor de Eloísa, sobrina
de Fulbert, canónigo de la catedral de Notre Dame en París.
Eloísa y Abelardo se enamoraron, y ella dio a luz un hijo a quien
llamaron Astrolabio. Ante la insistencia de Abelardo se casaron en secreto y
convenció a Eloísa para tomar los votos sagrados en la abadía benedictina de
Saint-Argenteuil. Su tío Fulbert, al principio enfurecido por la relación
entre los dos y después algo aplacado por su matrimonio, decidió, no obstante,
que Abelardo tenía que abandonar a Eloísa en la abadía y castrarse. La pareja
se separó entonces: Eloísa entró en una orden de religiosas, mientras
Abelardo se recogió en la abadía de Saint-Denis-en-France, en París.
La primera obra publicada de Abelardo, un tratado sobre la Trinidad
(1121), fue condenada y quemada por un concilio católico que se reunió en
Soissons en ese mismo año. Obligado a dejar Saint-Denis-en-France, Abelardo
fundó una capilla y un oratorio, llamado la Paraclete, en Nogent-sur-Seine. En
1125 fue elegido abad del monasterio de Saint-Gildas-de-Rhuis, donde escribió
su autobiográfica Historia Calamitatum (Historia de mis desventuras, 1132). En
esa época comenzó la famosa relación epistolar con Eloísa, cartas que han
llegado a ser clásicos de la correspondencia romántica. En 1140 san Bernardo
de Claraval, eminente religioso francés quien consideraba que los métodos dialécticos
de Abelardo eran peligrosos y poco respetuosos con los dogmas de la fe, convenció
al concilio católico reunido en Sens, y al papa Inocencio II, de condenarlo por
sus escritos y enseñanzas racionalistas y escépticas. En su camino a Roma para
apelar contra la condena, aceptó la hospitalidad de Pedro el Venerable, abad de
Cluny, y permaneció allí durante meses. Abelardo murió en un priorato
cluniaciense cerca de Chalon-sur-Saône. Su cuerpo fue llevado a la Paraclete;
cuando Eloísa murió en 1164 fue enterrada junto a él. En 1817 ambos cuerpos
fueron trasladados a una tumba común en el cementerio de Père Lachaise, en París.
El atractivo romántico de la vida de Abelardo a menudo oscurece la
importancia de su pensamiento. Fue, sin embargo, uno de los pensadores más
destacados de la edad media. En el énfasis que puso en la discusión dialéctica,
Abelardo seguía al filósofo y teólogo del siglo IX Juan Escoto Eriúgena , y
precedía al filósofo escolástico italiano santo Tomás de Aquino. La
principal tesis dialéctica de Abelardo es que la verdad debe alcanzarse
sopesando con rigor todos los aspectos de una cuestión y se presentó en Sic et
Non (Así y de otra forma, c. 1123). También se anticipó a la posterior
dependencia teológica de la obra de Aristóteles, más que de la de Platón.
Abelardo reaccionó con fuerza contra las teorías del realismo extremo,
negando que los conceptos universales tengan existencia independiente fuera de
la mente. Según Abelardo, 'universal' es una palabra funcional que expresa la
imagen combinada de esas asociaciones comunes de palabras dentro de la mente.
Esta posición no es nominalista, porque Abelardo subraya que las asociaciones
de las cuales está formada la imagen y a las que se da un nombre universal
tienen una cierta semejanza o naturaleza común. Su teoría es un paso
definitivo hacia el realismo moderado de Aquino, pero carece de una explicación
del proceso por el que se forman las ideas. En la evolución de la ética, la
mayor contribución de Abelardo fue sostener que un acto debe ser juzgado por la
intención que guía a quien lo realiza.
Además de las obras mencionadas, Abelardo escribió muchos libros en latín
sobre ética, teología y dialéctica, así como poesía e himnos religiosos. San Buenaventura (c.
1217-1274). Teólogo cristiano y vicario general de los franciscanos, célebre por
sus escritos espirituales, se le conoció como el Doctor Seráfico. Buenaventura nació en Bagnoregio (cerca de Viterbo, Italia), hijo de
Juan de Fidanza. De nombre Juan, ingresó en la Universidad de París en 1235,
donde estudió bajo las enseñanzas de Alejandro de Hales. Ingresó en la orden
franciscana en 1243, y adoptó el nombre de Buenaventura y profundizó en sus
estudios hasta convertirse en maestro (profesor) de teología en 1254. Durante
este periodo preparó un comentario sobre las Escrituras, el Breviloquium y al
igual que su coetáneo Tomás de Aquino, trabajó para integrar la visión
aristotélica en la tradición de san Agustín. Buenaventura aceptó gran parte
de la filosofía científica de Aristóteles, pero rechazó cuanto conocía de
su metafísica por insuficiente, ya que, según Buenaventura, al filósofo no le
guiaba la luz de la fe cristiana. La doctrina de la iluminación de la mente
humana (el alma) por el divino —una forma de identificar la verdad o falsedad
del juicio— la tomó de las doctrinas de san Agustín. Su Itinerario de la
mente hacia Dios (1259) y sus breves tratados místicos reflejan su preocupación
por la forma en que el alma reconoce y se une a Dios.
Célebre por sus estudios y buen juicio, Buenaventura fue elegido vicario
general de los franciscanos en 1257, en un momento en que la comunidad se
hallaba escindida a causa de la controversia sobre hasta qué punto debía, como
orden, respetar el compromiso de san Francisco con la pobreza. Consiguió
superar dicha división y por ello se le considera como el segundo fundador de
la orden. Escribió (1263) la versión oficial de la Vida de san Francisco de Asís,
y se dedicó a viajar y a predicar el estilo de vida franciscano.
El papa Gregorio X (Papa entre 1271 y 1276) le nombró cardenal arzobispo
de Albano en mayo de 1273 y Buenaventura colaboró en los preparativos del
Concilio de Lyon convocado para solventar el cisma con la Iglesia oriental. Murió
el 15 de julio de 1274 en Lyon. El papa Sixto IV santificó a Buenaventura en 1482 y en 1587 o 1588, el
papa Sixto V le nombró doctor de la Iglesia. Su festividad se celebra el 15 de
julio. Averroes (1126-1198). Filósofo árabe musulmán, físico, jurista maliki y teólogo ashari,
nació en Córdoba, España. Su padre, un juez de Córdoba, le enseñó
jurisprudencia musulmana. En su ciudad natal también estudió teología,
filosofía occidental y matemáticas con el filósofo árabe Ibn Tufayl, y
medicina con el médico árabe Avenzoar. Averroes fue designado juez en Sevilla
en 1169 y en Córdoba en 1171; en 1182 se convirtió en el médico de Abu Yaqub
Yusuf, el califa almohade de Marruecos y de la España musulmana. La idea de
Averroes de que la razón prima sobre la religión le llevó al exilio en 1195
por orden de Abu Yusuf Yaqub al-Mansur; fue restituido poco antes de su muerte.
Averroes mantenía que las verdades metafísicas pueden expresarse por
dos caminos: a través de la filosofía (según pensaba el griego clásico Aristóteles
y los neoplatónicos de la antigüedad tardía) y a través de la religión
(como se refleja en la idea simplificada y alegórica de los libros de la
revelación). Aunque en realidad Averroes no propuso la existencia de dos tipos
de verdades, filosófica y religiosa, sus ideas fueron interpretadas por los
pensadores cristianos, que las clasificaron de "teoría de la doble
verdad". Rechazó el concepto de la creación del mundo en el tiempo:
mantenía que el mundo no tiene principio. Dios es el "primer motor",
la fuerza propulsora de todo movimiento, que transforma lo potencial en lo real.
El alma individual humana emana del alma universal unificada. Los amplios
comentarios de Averroes sobre la obras de Aristóteles fueron traducidos al latín
y al hebreo y tuvo gran influencia tanto en la escolástica y la filosofía
cristiana (en la Europa medieval) como en los filósofos judíos de la edad
media. Su principal obra original fue Tahafut al-Tahafut (árabe, "La
destrucción de la destrucción"), donde rebate una obra del teólogo islámico
Algazel sobre la filosofía. Es también autor de obras sobre medicina, astronomía,
derecho y gramática. Maimónides (1135-1204).
Filósofo, matemático y físico hispanojudío. Nacido en Córdoba, fue también conocido como Rambam (por las iniciales de su verdadero nombre, Rabí Mosheh ben Maimon). Tras ser conquistada Córdoba, en 1148, por los almohades, que impusieron las leyes del islam tanto a cristianos como a judíos, la familia de Maimónides decidió exiliarse.
Después de errar durante años, se
establecieron en Egipto. Allí Maimónides llegó a ser rabino principal de El
Cairo y médico de Saladino I, sultán de Egipto y Siria.
La contribución de Maimónides a la evolución del judaísmo le
proporcionó el sobrenombre de segundo Moisés. Su gran obra en el campo de la
legislación judía es la Mishné Torá (Repetición de la Ley), desarrollada en
14 libros y escrita en hebreo (1170-1180), que siguió modificando hasta su
muerte. Además, formuló los Trece artículos de fe, uno de los diversos credos
a los que numerosos judíos ortodoxos todavía se adhieren. Está reconocido
como el filósofo judío más importante de la edad media. En Guía de
perplejos, escrita en árabe (c. 1190), Maimónides intenta armonizar fe y razón
conciliando los dogmas del judaísmo rabínico con el racionalismo de la filosofía
aristotélica en su versión árabe, que incluye elementos de neoplatonismo.
Esta obra, en la que considera la naturaleza de Dios y la creación, el libre
albedrío y el problema del bien y del mal, tuvo una gran influencia en filósofos
cristianos como santo Tomás de Aquino y san Alberto Magno. Su utilización de
un método alegórico, aplicable a la interpretación bíblica, que minimizaba
el antropomorfismo, fue condenada durante varios siglos por muchos rabinos
ortodoxos; pero las cuestiones conflictivas de su pensamiento han perdido
relevancia en la época moderna. La fama de Maimónides como médico igualaba a
la que gozó como filósofo y autoridad en la ley judía. También escribió
sobre astronomía, lógica y matemáticas. Santo Tomás de Aquino
(1225-1274). A veces llamado doctor angélico y el príncipe de los escolásticos, filósofo
y teólogo italiano, cuyas obras lo han convertido en la figura más importante
de la filosofía escolástica y uno de los teólogos sobresalientes del
catolicismo.
Nació en una familia noble en Roccasecca (cerca de Aquino, en Italia) y
estudió en el monasterio benedictino de monte Cassino y en la Universidad de Nápoles.
Ingresó en la orden de los dominicos todavía sin graduarse en 1243, el año de
la muerte de su padre. Su madre, que se oponía a la entrada de Tomás en una
orden mendicante, le confinó en el castillo familiar durante más de un año en
un vano intento de hacerle abandonar el camino que había elegido. Le liberó en
1245, y entonces Tomás viajó a París para completar su formación. Estudió
con el filósofo escolástico alemán Alberto Magno, siguiéndole a Colonia en
1248. Porque Tomás era de poderosa constitución física y taciturno, sus compañeros
novicios le llamaban buey mudo, pero Alberto Magno había predicho que
"este buey un día llenará el mundo con sus bramidos".
Tomás de Aquino fue ordenado sacerdote en 1250, y empezó a impartir
clases en la Universidad de París en 1252. Sus primeros escritos, en particular
sumarios y explicaciones de sus clases, aparecieron dos años más tarde. Su
primera obra importante fue Scripta super libros Sententiarum (c. 1256), que
consiste en comentarios sobre una obra influyente relacionada con los
sacramentos de la Iglesia, conocida como el Sententiarum libri quatuor, del teólogo
italiano Pedro Lombardo. En 1256 a Tomás de Aquino se le concedió un doctorado
en teología y fue nombrado profesor de filosofía en la Universidad de París.
El papa Alejandro IV, que ocupó la silla pontificia desde 1254 hasta 1261, le
llamó a Roma en 1259, donde sirvió como consejero y profesor en la curia
papal. Regresó a París en 1268, y en seguida llegó a implicarse en una
controversia con el filósofo francés Siger de Brabant y otros seguidores del
filósofo islámico Averroes.
Estudio de Aristóteles y los averroístas para comprender la crucial
importancia de esta polémica en la evolución del pensamiento de Occidente, es
necesario considerar el contexto en que se produjo. Antes de Tomás de Aquino,
el pensamiento occidental había estado dominado por la filosofía de san Agustín,
el gran Padre y Doctor de la Iglesia occidental durante los siglos IV y V, quien
consideraba que en la búsqueda de la verdad se debía confiar en la experiencia
de los sentidos. A principios del siglo XIII las principales obras de Aristóteles
estuvieron disponibles en una traducción latina de la escuela de traductores de
Toledo, acompañadas por los comentarios de Averroes y otros eruditos islámicos.
El vigor, la claridad y la autoridad de las enseñanzas de Aristóteles
devolvieron la confianza en el conocimiento empírico, lo que originó la
formación de una escuela de filósofos conocidos como averroístas. Bajo el
liderazgo de Siger de Brabant, los averroístas afirmaban que la filosofía era
independiente de la revelación. Esta postura amenazaba la integridad y supremacía
de la doctrina católica, apostólica romana y llenó de preocupación a los
pensadores ortodoxos. Ignorar a Aristóteles, tal como lo hacían los averroístas,
era imposible, y condenar sus enseñanzas era inútil. Tenía que ser tenido en
cuenta. San Alberto Magno y otros eruditos habían intentado hacer frente a los
averroístas, pero con poco éxito. Santo Tomás triunfó con brillantez.
Reconciliando el énfasis agustino sobre el principio humano espiritual con la afirmación averroísta de la autonomía del conocimiento derivado de los sentidos, Tomás de Aquino insistía que las verdades de la fe y las propias de la experiencia sensible, así como las presentadas por Aristóteles, son compatibles y complementarias.
Algunas verdades, como el misterio de la
encarnación, pueden ser conocidas sólo a través de la revelación, y otras,
como la composición de las cosas materiales, sólo a través de la experiencia;
aun otras, como la existencia de Dios, son conocidas a través de ambas por
igual. Así, la fe guía al hombre hacia su fin último, Dios; supera a la razón,
pero no la anula. Todo conocimiento, mantenía, tiene su origen en la sensación,
pero los datos sensibles pueden hacerse inteligibles sólo por la acción del
intelecto, que eleva el pensamiento hacia la aprehensión de tales realidades
inmateriales como el alma humana, los ángeles y Dios. Para lograr la comprensión
de las verdades más elevadas, aquellas con las que está relacionada la religión,
es necesaria la ayuda de la revelación. El realismo moderado de santo Tomás
afirmó los grandes conceptos de su sistema en el pensamiento, en oposición al
realismo extremo, el cual los proponía como independientes del pensamiento
humano. No obstante, admitía una base para los universales en las cosas
existentes en oposición al nominalismo y conceptualismo. En su filosofía de la
política, a pesar de reconocer el valor positivo de la sociedad humana, se
propone justificar la perfecta racionalidad de la subordinación del Estado a la
Iglesia.
Santo Tomás primero sugirió su opinión madurada en De unitate
intellectus contra averroistas (1270). Esta obra volvió la tendencia contra sus
oponentes, quienes fueron censurados por la Iglesia. Santo Tomás dejó París en 1272 y se fue a Nápoles, donde organizó
una nueva escuela dominica. En marzo de 1274, mientras viajaba para asistir al
Concilio de Lyon, al que había sido enviado por el papa Gregorio X, cayó
enfermo. Murió el 7 de marzo en el monasterio cisterciense de Fossanova.
Con más fortuna que ningún otro teólogo o filósofo, santo Tomás organizó el conocimiento de su tiempo y lo puso al servicio de su fe.
En su
esfuerzo para reconciliar fe con intelecto, creó una síntesis filosófica de
las obras y enseñanzas de Aristóteles y otros sabios clásicos: de san Agustín
y otros Padres de la Iglesia, de Averroes, Avicena, y otros eruditos islámicos,
de pensadores judíos como Maimónides y Solomon ben Yehuda ibn Gabirol, y de
sus predecesores en la tradición escolástica. Esta síntesis la llevó en la línea
de la Biblia y la doctrina católica.
El éxito de santo Tomás fue inmenso; su obra marca una de las escasas grandes culminaciones en la historia de la filosofía. Después de él, los filósofos occidentales sólo podían elegir entre seguirle con humildad o inclinarse hacia alguna otra dirección diferente. En los siglos posteriores a su muerte, la tendencia dominante y constante entre los pensadores católicos fue adoptar la segunda alternativa. El interés en la filosofía tomista empezó a restablecerse, sin embargo, hacia el final del siglo XIX. En la encíclica Aeterni Patris (Del Padre eterno, 1879), el papa León XIII recomendaba que la filosofía de santo Tomás fuera la base de la enseñanza en todas las escuelas católicas.
El papa Pío XII, en la encíclica Humani generis (1950), afirmaba
que la filosofía tomista es la guía más segura para la doctrina católica y
desaprobaba toda desviación de ella. El tomismo permanece como una escuela
importante en el pensamiento contemporáneo. Entre los pensadores, católicos y
no católicos, que han trabajado dentro del marco tomista, han estado los filósofos
franceses Jacques Maritain y Étienne Gilson.
Santo Tomás fue un autor prolífico en extremo, con cerca de 800 obras
atribuidas. Las dos más importantes son Summa contra Gentiles (1261-1264), un
estudio razonado con la intención de persuadir a los intelectuales musulmanes
de la verdad del cristianismo y la Summa theologica (1265-1273), en tres partes
(sobre Dios, la vida moral del hombre y Cristo), de la que la última está
inacabada. Duns Escoto, Juan (c.
1266-1308). Teólogo y filósofo escocés, creador de la escuela escolástica llamada escotismo. Nacido en Duns, Lothian, Duns Escoto entró en la orden franciscana y estudió en las universidades de Oxford y París. Más tarde impartiría clases en ambos centros sobre las Sentencias, el manual teológico básico del teólogo italiano Pedro Lombardo. En 1303 se exilió de París por negarse a apoyar a Felipe IV, rey de Francia, en su disputa con el papa Bonifacio VIII sobre la los impuestos con que se gravaban las propiedades de la Iglesia.
Después de un
breve exilio Duns Escoto volvió a París, donde enseñó hasta 1307. A finales
de ese año fue enviado a Colonia, donde dio clases hasta su muerte, el 8 de
noviembre de 1308. Sus escritos más importantes son las dos colecciones de
Comentarios sobre las Sentencias y los tratados Cuestiones quodlibetic,
Cuestiones sobre metafísica, y Sobre el principio primero. A causa de su
intrincado pero hábil método de análisis, en concreto en su defensa de la
doctrina de la Inmaculada Concepción (que el papa Pío IX definió como dogma
de la Iglesia católica en 1854), se le conoce como Doctor Subtilis (en latín,
'doctor sutil').
En su sistema de filosofía Duns Escoto analizó con precisión los conceptos de causalidad y posibilidad en un intento de establecer una prueba rigurosa de la existencia de Dios, el ser primero e infinito. No obstante, mantenía que para conocer la verdad en toda su amplitud y cumplir con el propio destino eterno no debe limitarse a hacer uso de las intuiciones derivadas del conocimiento natural o la filosofía, sino que también debe intentar conocer y aceptar la revelación divina. La revelación complementa y perfecciona el conocimiento natural, y, en consecuencia, no puede haber contradicción entre ellos. Para Duns Escoto, teología y filosofía son disciplinas distintas y separadas; sin embargo, se complementan, porque la teología recurre a la filosofía como una herramienta. En su opinión, el interés primordial de la teología es Dios, considerado desde el punto de vista de Su propia naturaleza, mientras que la filosofía sólo apela a Dios en la medida en que Él es la causa primera de las cosas. Al considerar la naturaleza de la teología como una ciencia, sin embargo, Duns Escoto se apartó de forma clara de su precursor dominico, santo Tomás de Aquino.
Mientras santo Tomás definía la teología
primero y ante todo como una disciplina especulativa, Duns Escoto abordaba la
teología como una ciencia práctica, interesada en cuestiones teóricas sólo
en la medida en que éstas se plantean como fin el salvar almas a través de la
revelación. Argumentó que mediante la fe una persona puede conocer con
absoluta certeza que el alma es incorruptible e inmortal; la razón puede
argumentar con verosimilitud la existencia de tales cualidades del alma, pero no
puede probar que existan con exactitud.
Como santo Tomás, Escoto fue un realista de la filosofía, pero se
distinguía de éste en ciertas materias básicas. El principal punto de
diferencia entre ellos está relacionado con sus ideas de la percepción. Duns
Escoto mantenía que una comprensión directa, intuitiva, de las cosas concretas
se obtiene tanto a través del intelecto como de los sentidos. Aquino, por otro
lado, sostenía que el intelecto no conoce por sí mismo la singularidad de las
cosas materiales sino sólo las naturalezas universales abstraídas a su vez de
las percepciones.
Duns Escoto afirmaba que los universales no tienen una existencia separada de la mente humana, sino que cada cosa separada o 'singular' posee una naturaleza distinta hacia el exterior que comparte con otras cosas de la misma clase. Este hecho, pensaba, suministra el fundamento objetivo de nuestro conocimiento sobre las verdades esenciales. Siguiendo la tradición franciscana establecida por el teólogo italiano San Buenaventura, Duns Escoto recalcó la primacía de la libertad humana y de los actos de amor sobre el intelecto.
Evitaba una visión arbitraria o voluntarista de los actos de Dios, aunque
advertía al mismo tiempo que la existencia actual de las cosas depende de una
decisión libre tomada por Dios, y sostenía que las obligaciones morales
dependen de la voluntad de Dios. Esa voluntad, enseñaba, es libre por completo
y no estaba formada o determinada por motivos concretos. Dios ordena una acción
no porque él vea que es buena, como afirmaba santo Tomás, sino que la hace
buena al ordenarla.
Duns Escoto fue uno de los más profundos y refinados teólogos y filósofos
medievales conocidos por su filiación escolástica. Durante muchos siglos después
de su muerte, sus seguidores, llamados escotistas, estuvieron en conflicto con
los adeptos de santo Tomás, que eran llamados tomistas. Ockham, Guillermo de (c.
1285-c. 1349). Conocido como Doctor Invincibilis (en latín, ‘Doctor invencible’) y
Venerabilis Inceptor (en latín, ‘Venerable iniciador’), filósofo inglés y
teólogo escolástico, considerado el mayor representante de la escuela
nominalista, la más consistente y directa rival de las escuelas tomista y
escotista.
Nació en Surrey, Inglaterra. Entró en la orden de los franciscanos y estudió y enseñó en la Universidad de Oxford desde 1309 hasta 1319.
Acusado
por el papa Juan XXII de impartir enseñanzas peligrosas, permaneció en arresto
domiciliario desde 1324 hasta 1328 en el palacio papal de Aviñón (Francia)
mientras se sometía a examen la ortodoxia de sus escritos. Se alió con los
franciscanos contra el papa en una disputa sobre la pobreza de la orden y huyó
a Munich en 1328 para acogerse a la protección de Luis IV, emperador del Sacro
Imperio Romano Germánico, que había rechazado la autoridad pontificia en
asuntos políticos. Excomulgado por el Papa, Ockham escribió contra el papado y
defendió al emperador hasta que este murió en 1347. El filósofo murió en
Munich, mientras intentaba lograr una reconciliación con el papa Clemente VI.
Ockham alcanzó la fama como alguien que aplicó la lógica de forma
rigurosa para mostrar que muchas creencias de los filósofos cristianos (por
ejemplo que Dios es uno, omnipotente, creador de todas las cosas, y que el alma
humana es inmortal) no se podían probar mediante la razón filosófica o
natural, sino tan sólo a través de la revelación divina. Su nombre se
atribuye al principio de economía en lógica formal, conocido como ‘la navaja
de Ockham’, según la cual las entidades no tienen que ser multiplicadas sin
necesidad. |