Racionalismo

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Renato Descartes se ubica históricamente en una época de transición de renovación de la cultura. Está en las puertas de la edad moderna. Si bien desde el punto de vista económico la edad media ya se encontraba prácticamente finalizada en el aspecto cultural e intelectual su influencia aun no era  importante. En todo caso esta situación no impedía el surgimiento de numerosos esfuerzos críticos a la filosofía escolástica. Era pues una época de gran fertilidad y creatividad intelectual para el tiempo, de confusión, choques y contradicciones entre las múltiples escuelas y teorías filosóficas que surgían por doquier. En este ambiente, la seguridad sobre aquellos conocimientos tenidos durante mucho tiempo por verdaderos estaba en quiebra. El espíritu de la época era justamente el de cubrir todo saber con un manto de duda el de ponerlo todo bajo sospecha.

 Descartes, muy penetrado por esta situación emprende durante toda su vida una búsqueda de la verdad, de la seguridad de un conocimiento verdadero sin duda alguna. Así es como luego de ser alumno de  uno de los mejores colegios de la Europa de entonces, sale el “gran libro del mundo” en busca de ese conocimiento que no pudo encontrar en los libros de los grandes clásicos.

Allí tampoco logra encontrar ese anhelado saber. Es entonces cuando llega a la conclusión de que hasta el momento  sus caminos en la búsqueda han sido errados, y que es necesarios plantear una nueva estrategia. 

LA NOCIÓN DEL MÉTODO

 Los primero intentos hechos por Descartes en la búsqueda, fueron dentro del campo de la matemática y la óptica geométrica, donde formuló importantes leyes e hizo descubrimientos como el de las coordenadas cartesianas.

En los conceptos y principios matemáticos halló algo muy similar al deseo. Esto es cierto conocimientos sobre los puntos rectas y planos que eran obtenidos a partir de verdades fundamentales sobre cuya valides se podría tener muy poca duda, si era que había lugar a alguna. De allí obtuvo la idea de que alguna manera la verdad tan buscada por él debería ser semejante al modelo matemático.

 La infalibilidad de la inteligencia

 Además, en el ejercicio que realizo Descartes dentro de la citada ciencia encontró que la inteligencia humana bien podría ser infalible. Esto se demostraba cuando la mente humana se enfrentaba a un problema matemático.  No se erraba en su solución por deficiencias propiamente originadas en la inteligencia, sino por distracciones o perturbaciones exteriores. Que las desviaban por el camino correcto.

 Y si había infalibilidad en cuestiones matemática, no tenia por que no haberla en lo relacionado con las verdades sobre el mundo y el hombre. No obstante encontró que esa infalibilidad se encontraba restringida. La matemática misma no esta en capacidad de crear conocimientos sobre cualquier asunto imaginable, sino exclusivamente sobre aquellos que eran objeto de la matemática. Así tambien, debían suponerse unos limites a la infalibilidad de la mente humana.  

Las operaciones de la mente

 En la actividad propiamente mental. Encontramos ante todo que ésta funciona por procedimientos. En el curso de tales procedimientos, la mente ejecuta  dos operaciones fundamentales: la intuición y la deducción.  

La primera se entiende como la seguridad absoluta de la certeza. En la intuición, por definición, no encontramos ni el mas ligero asomo de duda. Tiene tambien la intuición la característica de un ser no ser un proceso, puesto que lo que se obtiene a través de ella, es obtenido en un solo instante. Se quiere decir con esto que para tener la certeza de cierto conocimientos de origen intuitivo no debemos emprende una serie de investigaciones y comprobaciones, si no que ante la sola presencia de tal conocimiento su certeza se nos revelará con absoluta claridad. Es un conocimiento inmediato.  

La deducción consiste en partir de conocimientos de cuya certeza se esta por completo segura –conocimientos intuitivos o ya demostrados- e inferir a través de las leyes lógicas, deducciones que tengan el carácter de necesarias. Es decir, que de ser falsa llegaríamos a un absurdo.

 Era, en opinión de Descartes, con estas dos operaciones como se obtenían todos los conocimientos. Esto conocimientos podían ser de tres tipo, según Descartes: Innatos, compuesto por las ideas que proceden de la mente misma: yo, sustancia y Dios. Adventicios, los cuales provenían de la experiencia. Producidos, constituidos por aquellas ideas que a juicio propio se han cambiados a partir de las idea innatas o adventicias.  

El método

 La solución parecía ser entonces, el establecer una serie de reglas que rigieran las operaciones de la mente, de modo que su proceder quede exento de error o fallo. Pero ante todo, este método habrá de cumplir con el requisito fundamental  de no sobre pasar los limites de la mente humana.

La regla indispensable que debe formular el método, cualquiera que este resulte ser, es el de no aceptar por cierto conocimientos que aun no hayan sido sometidos a un análisis exhaustivo que impida la menor de las dudas.

 EL MÉTODO DE LA DUDA

 Puesto que la preocupación fundamental era la de no dejar duda alguna sobre los conocimientos, el mecanismo que podía aparecer mas inteligente, era el de dudar de absolutamente todo conocimiento, en busca  de aquel que definitivamente no resistiera ninguna duda.

Aquellos conocimientos que se habrían de someter al más agudo escrutinio serian solamente los mas simples y elementales, a partir de los cuales se dedujeran los restantes, más complejos. Como características de tales conocimientos, tenemos el hecho de que son innatos. Es decir, son ideas que nacieron con le individuo, ya que éste no las adquirió por medio de la experiencia.  

Estas ideas son los principios lógicos más elementales como de la nada, nada se hace; nada puede ser y no ser al mismo tiempo, el efecto no puede superar la perfección de la causa. Respecto de estos principios, la experiencia de la realidad  material no es mas que una oportunidad de reconocer y aplicar tales idea en la realidad; no de  obtenerlas de ella.

 Sin embargo, aún sobre tales principios es posible establecer la duda imaginando la existencia de un supuesto geniecillo malo que nos haga ver como absolutamente verdadero aquello que es falso. Si bien aquí se recurre a los extremos de la imaginación desbordada, en cuanto que imaginar tal cosa es posible, la duda tiene validez.

 “COGITO ERGO SUM” Y EL CRITERIO DE VERDAD

 No importa qué tan lejos vayamos en el ejercicio de dudar, o cuánta imaginación apliquemos en él, de lo único que podremos dudar es que efectivamente estamos dudando. De allí de intuye de modo simultaneo, que si yo dudo yo existo. Es decir que como condición de posibilidad indispensable para dudar, esta la de existir.

 Por esto, Descartes logra afirmar su primera verdad libre de toda duda. Pienso, luego existo (Cogito, Ergo Sum). Esta primera verdad absolutamente indudable  tiene dos características fundamentales: ser clara y distinta. Por claro, se entiende el hecho de que tal conocimiento es perfectamente identificable en todas sus peculiaridades. Por distinto, la situación de no confundirlo en ningún momento ni en ninguna de sus peculiaridades con algún otro conocimiento.  

El criterio de verdad

 Así pues, toda vez que queramos asegurarnos sobre la verdad de un supuesto conocimiento, habremos de buscar en el, como criterio de verdad, las características del conocimiento “Cogito, Ergo, Sum) ser claro y distinto ¿ como asegurarnos de la claridad y distinción?. La intuición nos la dirá. Claridad y distinción son características que se intuyen, es decir que se obtienen en el conocimiento, sin la necesidad de un proceso demostrativo, si no que salta a la conciencia de modo irrefutable.

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