Platon

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  Para Platón el conocimiento es un proceso:  en él se cumple con una serie de pasos, que nos han de llevar de un lugar a otro.

 ¿Cuáles son esos puntos extremos?  La respuesta parece obvia:  la ignorancia y el saber.  Pero, ¿qué es lo que habremos de entender por ignorancia o por saber?  Ignorancia puede ser muchas cosas:  ausencia total de saber alguno; posesión de un saber falso o ilusorio:  existencia insuficiente de saber; inseguridad sobre lo que se sabe o lo que no.  En fin, es fácil ver la necesidad que existe de definir lo que se va a entender por ignorancia y por saber en la teoría platónica.

 LA IGNORANCIA:  ENGAÑO DE LOS SENTIDOS

 Es imposible no tener conocimiento alguno en la mente.  Aún el más inculto de los hombres posee la idea de alguna cosa del mundo exterior.  Por esto, para Platón, la ignorancia no es la simple ausencia de conocimiento, sino la creencia de que cualquier conocimiento es válido.

 Es claro para este autor que aquellos supuestos conocimientos que experimentamos por los sentidos, son falsos, pues los objetos de la experiencia sensible son mudables, imperfectos y engañosos.  Hombres, plantas, ciudades, montañas y hasta los mismos astros, están sujetos a continuas transformaciones.  Por este carácter inestable de los objetos del mundo físico, el conocimiento por los sentidos es engañoso.  Entonces, ¿cómo obtener un verdadero conocimiento?

 EL CONOCIMIENTO VERDADERO  

Las dos únicas características que debe cumplir un conocimiento que se precie de verdadero son:  a.  que sea infalible y  b.  que sea acerca de lo real.

En cuanto a la infabilidad, un conocimiento debe resultar siempre verdadero, no importa las condiciones a las que se le someta.  Para tal efecto, ha de asegurarse que tal conocimiento es lógicamente necesario, es decir, que de darse lo contrario tendríamos un absurdo.  Por ejemplo, tenemos que “el todo es mayor que las partes”.  Si esto no fuera cierto, al tomar diferentes elementos y formar con ellos un conjunto, nos resultaría que el conjunto es menor que alguna de las partes que lo componen:  esto es absurdo.

 Además, el conocimiento debe referirse a lo real, pues un conocimiento sobre imaginaciones o fantasías, no es más que otra fantasía.  Pero, ¿qué es lo real?  Definamos que lo real es aquello de lo cual no podemos dudar que es.  En ese caso, lo real no puede ser todo aquello que esté fuera de nosotros, pues ya se vio como los sentidos nos dan informaciones contradictorias e incompletas de las cosas.  Además, esas mismas cosas son mutables e inconstantes.  Por todo esto, no acepta Platón que lo externo a nosotros, sea algo de lo cual no podemos dudar que es.  Su forma de ser se nos presenta siempre tan diferente que no podemos asegurar que se trate siempre del mismo objeto.  Lo real verdaderamente hablando, son las ideas o formas de las cuales las distintas cosas toman sus características, a la manera de quien imita.  ¿Qué son esas ideas?  ¿Qué naturaleza tiene su existencia? Es tema de la Ontología.  Sépase por ahora que son entidades con existencia objetiva e independiente.

 EL CAMINO DEL CONOCIMIENTO

 La herramienta que nos permitirá llegar al conocimiento de lo real, es la dialéctica.  Como ya se sabe, ésta funciona a través del sucesivo enfrentamiento de opiniones, en busca de sus contradicciones, las que superadas, nos llevarán más cerca del conocimiento real:  la idea pura.  

El proceso del conocimiento atraviesa entonces dos campos:  el de la opinión (doxa) y el del saber (episteme).  A su vez, el campo de la opinión se divide en dos grados:  el primero y más bajo, donde la mente conoce tan sólo los reflejos de las imágenes sensibles.  En este nivel nos hallamos cuando creemos conocer algo o alguien, por el dibujo o el retrato que se nos presenta de eso, o cuando creemos conocer a partir de las mentiras y los errores que alguien nos dice sobre algún objeto sensible.  

El nivel superior del campo de la opinión, es el de las imágenes propiamente dichas.  En este punto nos encontramos cuando creemos conocer lo que es un caballo a partir de la experiencia que hayamos tenido con caballos concretos.  Cuando conocemos objetos singulares por medio de los sentidos, nos encontramos en este nivel.  

Superando este nivel, podemos pretender alcanzar el conocimiento dirigiéndonos hacia el campo del saber o “episteme”.  El primer nivel interior de este campo, es el de las formas intermedias.  En él encontramos aquellos objetos a cuyo conocimiento nos llegamos por medio de los sentidos, pero que de otra parte tampoco son las formas puras.  El más claro ejemplo es el de la matemática.  Sus elementos pertenecen a este nivel, por cuanto son formas exclusivamente inteligibles, pero no totalmente puras e individuales, es decir irrepetibles.  A esta última afirmación se llega pensando en que muchas de las formas geométricas y aritméticas, como la forma de su relación, son obtenidas a partir de otros elementos que forman parte de las operaciones.  Por tanto son formas compuestas.

A través de esas formas compuestas, y de la observación racional (no - sensitiva), llegamos al nivel de las formas puras e ideas más simples, último y más elevado punto del campo del saber o episteme.  En estas otras formas puras, como se estudiará con más detenimiento en la Ontología, encontramos los primeros principios del conocimiento, partiendo de los cuales descendemos hacia las conclusiones, valiéndonos exclusivamente de la razón, jamás de los sentidos.  

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