|
J. LOCKE (1632-1704) I.
EL "ENSAYO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO" La obra más importante de este autor inglés es, sin duda alguna, el Esnsayo sobre el entendimiento humano. Empezada a escribir en Francia en 1675, durante su primer alejamiento de Londres por motivos políticos, no la termina y publica hasta 1690, luego del triunfo de la revolución liberal. La obra tuvo un gran éxito; él mismo llegó a conocer en vida hasta cuatro ediciones de su obra. Ya en el capítulo I concreta Locke que su propósito es "investigar los orígenes, la certidumbre y el alcance del entendimiento humano". Como puede verse la intención es puramente gnoseológica. Se trata, simplemente, de ver cuál es el alcance, el valor y los límites del conocimiento humano.
Y para Locke, al igual que para Descartes, es claro que el conocimiento
se refiere inmediatamente a los contenidos de nuestra conciencia -las ideas-, y
las cosas serán conocidas sólo en cuanto que están "representadas"
en las ideas. "Puesto
que la mente, en todos sus pensamientos y razonamientos, no tiene ningún otro
objeto inmediato que no sea sus propias ideas, las cuales sólo ella contempla o
puede contemplar, es evidente que nuestro conocimiento se ocupa únicamente de
ideas". (LOCKE,
J.: Ensayo sobre el entendimiento humano.IV,I,1) "Es
evidente que la mente no conoce de un modo inmediato las cosas, sino únicamente
por la intervención de las ideas que tiene acerca de ellas". (LOCKE,
J.: Ensayo sobre el entendimiento humano.IV,IV,3) CRITICA
DE LAS IDEAS INNATAS El primer enfrentamiento entre el empirista Locke y el racionalismo va a ser la negación del innatismo de las ideas. Y los argumentos presentados por Locke contra las ideas innatas son los siguientes: 1)No es preciso recurrir al innatismo para explicar el origen de algunas ideas puesto que es posible mostrar que esas mismas ideas pueden ser alcanzadas por el hombre con el simple uso de sus facultades naturales. 2)Si existieran ideas y principios innatos, habrían de estar en todos los hombres y en todas las épocas de su vida, y es evidente que esto no ocurre, puesto que los niños y los idiotas, por ejemplo, no tienen consciencia de esas ideas y principios y, en general, los hombres llegan a morir ignorantes de muchas verdades que su mente era capaz de conocer. 3)No se puede afirmar que esas ideas sean innatas pero que el hombre sólo las descubre cuando llega al uso de la razón, porque eso lo único que prueba es que la razón las descubre, pero no que sean innatas. 4)Si existieran ideas y principios innatos, contarían con el asentimiento universal y eso no ocurre ni siquiera con principios aparentemente tan obvios como "es imposible que una misma cosa sea y no sea". 5)Pero si se diera este consentimiento universal, tampoco ello probaría que son innatas, pues es posible demostrar de qué otra manera pudieron llegar los hombres a ese acuerdo.
No hay, pues, ideas innatas. Lo único innato es la
capacidad misma del entendimiento. Locke resuelve que las ideas innatasno son más
que un pretexto para el perezoso que, aceptando tal explicación, se siente
eximido del trabajo de nuevas investigaciones con respecto al origen de nuestras
ideas. ORIGEN
DE LAS IDEAS. CLASES DE IDEAS.
En efecto, si no hay ideas innatas, esto es, si cuando el hombre nace su
mente es, como dice Aristóteles, cual una tabula rasa, vacía por completo de
contenido, hay que preguntarse entonces cuál es el origen de nuestras ideas, cómo
se llena de contenidos nuestra mente. La pregunta es importante, porque al filósofo
no debe bastarle con la mera constatación de que tiene ideas. Debe saber también
de dónde proceden. "Supongamos,
entonces, que la mente sea, como se dice, un papel en blanco, limpio de toda
inscripción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega a tenerlas? ¿De dónde se hace la
mente de ese prodigioso cúmulo, que la activa e ilimitada imaginación del
hombre ha pintado en ella, en una variedad casi infinita? ¿De dónde saca todo
ese material de la razón y del conocimiento? A esto contesto con una sola
palabra, de la experiencia: he allí
el fundamento de todo nuestro saber, y de allí es de donde en última instancia
se deriva". (LOCKE,
J.: Ensayo sobre el entendimiento humano.II,I,2) De la experiencia, pues, procede todo el material de nuestros conocimientos. Pero la experiencia puede ser de dos clases: o se refiere a los objetos sensibles externos o a las operaciones internas de la mente. Por la primera obtenemos ideas como las de amarillo, calor, frío, amargo, dulce y, en general, de todas aquellas cualidades que atribuimos a las cosas. Proceden de los sentidos externos y Locke las llama ideas de sensación. La experiencia externa es, de las dos, la más importante, pues origina el mayor número de ideas que tenemos.
Por la segunda llegamos a poseer ideas como las de dudar,
pensar, percibir, conocer, querer, etc., todas ellas relativas a las
diferentes actividades de nuestra mente y denominadas por Locke ideas
de reflexión. Estas son las dos únicas fuentes de nuestras ideas. "Examine
cualquiera sus propios pensamientos y hurgue a fondo en su propio entendimiento,
y que me diga, después, si no todas las ideas originales que tiene allí son de
las que corresponden a objetos de sus sentidos, o a operaciones de su mente,
consideradas como objetos de su reflexión. Por más grande que se imagine el cúmulo
de conocimientos alojados allí, verá, si lo considera con rigor, que en su
mente no hay más ideas sino las que han sido impresas por conducto de una de
esas dos vías, aunque, quizá, combinadas y ampliadas por el entendimiento con
una variedad infinita, como veremos más adelante". (LOCKE, J.: Ensayo sobre el entendimiento humano.II,I,5) Pero no solamente está en estas fuentes el origen de todo nuestro conocimiento, sino también su límite. Si todo conocimiento empieza por la experiencia, nada podrá decir que no pertenezca al propio ámbito de donde se ha originado. La experiencia es fuente, origen, pero es tambíen demarcación, límite. Todo queda, pues, en la experiencia. A todas estas clases de ideas que hemos mencionado las llama Locke ideas simples, pues son, como ya hemos dicho, los elementos primarios de nuestro conocimiento. Con respecto a ellas el entendimiento es totalmente pasivo. Las ideas simples son, pues, representativas en nuestra mente de aquello que las produce, son imágenes de las cosas. Pero ¿son imágenes fidedignas? ¿Representan con exactitud la realidad externa? Pues no siempre. Veámoslo. Por lo que se refiere a las ideas de sensación, esto es, aquellas que se originan en los llamados sentidos externos, Locke distingue entre ideas que pueden obtenerse por más de un sentido e ideas que sólo pueden proceder de un sentido. Las primeras representan cualidades que él llama primarias. Son la solidez, la extensión, la forma, el movimiento o el reposo, el número, las cuales, como puede verse, son captables por más de un sentido. Al contenido de las segundas las llama cualidades secundarias, y son los colores, sonidos, olores, etc., cada uno de los cuales requiere un sentido específico: la vista para los colores, el oído para los sonidos, etc. Pues bien, para Locke sólo las cualidades primarias pertenecen a las cosas mismas, están inseparablemente unidas a los cuerpos, cualquiera que sea el estado en que se encuentren. Son, por consiguiente objetivas, es decir, radican -están- en las cosas. No ocurre así, por el contrario, con las cualidades secundarias, que son subjetivas. Las cualidades secundarias radican, pues, en nosotros. No son propiamente representativas, pues nada hay de ellas en los objetos, salvo la capacidad de producirlas en nosotros[1]. Pero lo más importante, simplemente, es dejar constancia de que para Locke, padre del empirismo moderno, no todo lo que nos dan a conocer los sentidos es objetivo, se corresponde con la realidad. No todo lo que nos aparece como perteneciendo al mundo, pertenece al mundo. LAS
IDEAS COMPLEJAS Locke ha insistido con frecuencia en la idea de que el entendimiento humano no puede alterar ni suprimir ni inventar por su cuenta ni una sola idea simple. Sin embargo, "una
vez que el entendimiento está provisto de esas ideas simples tiene la potencia
de repetirlas, compararlas y unirlas en una variedad casi infinita, de tal
manera que puede formar a su gusto nuevas ideas complejas".
(LOCKE, J.: Ensayo sobre el
entendimiento humano.II,II,2) Hay, por consiguiente, un nuevo tipo de ideas, formadas a partir de las ideas simples, que son las ideas complejas. Se constituyen, según Locke, por la unión de ideas simples. En ellas el entendimiento ya no es pasivo, sino que, ejerciendo ciertos actos que le son propios, puede por su propia potencia, producir esas ideas "que jamás recibió así formadas". De esta manera, la mente puede variar y multiplicar los objetos de su pensamiento, infinitamente más allá de lo que le proporciona la sensación y la reflexión.
Estas ideas complejas pueden ser de tres clases: ideas de modos,
ideas de sustancias e ideas de relaciones. - Locke
define los modos como aquellas ideas
que, siendo compuestas, no contienen en sí el supuesto de que subsisten por sí
mismas, sino que se las considera como dependencias o afecciones de la
substancia. Es el caso de las ideas de gratitud, asesinato y tantas otras que no
pueden ser representadas si no es haciéndolas radicar en otra cosa en la que se
sustenten. - Por su
parte, las sustancias son
combinaciones de ideas simples que se supone representan distintas cosas
particulares que subsisten por sí mismas, como, por ejemplo, hombre, manzana,
rosa. - Y, por
último, las ideas de relaciones
consisten en la consideración y comparación de una idea con otra. Son ejemplos
las ideas de causa y efecto, indentidad, diversidad, etc. Por su importancia, vamos a fijarnos especialmente en el análisis que hace Locke de la idea compleja de sustancia, que es uno de los puntos por los que su filosofía es más conocida.
Como es sabido, la noción de sustancia es central en la historia de la
filosofía desde Aristóteles. No siempre, desde luego, se la ha entendido de la
misma manera. Pero lo que, en cualquier caso, el término "sustancia"
rememora es la idea de una especie de substrato en el cual se apoyan otros
elementos, por lo general cambiantes, a los que Aristóteles llamó accidentes.
Como aspectos cambiantes y "visibles" de las cosas, los accidentes son
captables por los sentidos (el color, la figura,...). A la sustancia, en cambio,
sólo se puede llegar por el entendimiento.
Pero ningún autor ha llegado a decir nunca con claridad qué es lo que
entiende por ese sustrato. Locke pretende desentrañar el verdadero significado
de esa idea de sustancia, para lo cual intentará averiguar cómo aparece en la
mente a partir de las ideas simples.
La tesis de Locke es que la idea de sustancia es una idea compleja, pero
con apariencia de idea simple. Es una falsa idea simple. Por lo tanto, como tal
idea simple, si lo fuese, debería proceder bien de la sensación, bien de la
reflexión: si se trata de una sustancia externa a nosotros, de la sensación;
si se trata del propio yo como sustancia, de la reflexión.
Pero no hay tal. Ni por una vía ni por otra ha de llegarnos la idea de
sustancia, porque no es una idea simple, sino compleja. Es una combinación. "La
mente, estando abastecida, como ya he declarado, de una gran número de ideas
simples que le llegan por vía de nuestros sentidos, según se encuentran en las
cosas exteriores, o por vía de la reflexión sobre sus propias operaciones,
advierte, además, que un cierto número de esas ideas simples siempre van
juntas;y que presumiéndose que pertenecen a una sola cosa, se les designa, así
unidas, por un solo nombre... De allí viene que, pro inadvertencia, propendemos
a hablar y a considerar lo que en realidad constituye una complicación [2]
de ideas juntas, como si se tratase de una idea simple. Porque, como ya he
dicho, al no imaginarnos de qué manera puedan subsistir por sí mismas esas
ideas simples, nos acostumbramos a suponer algún substratum donde subsistan y de donde resultan; el cual, por lo
tanto. llamamos substancia". (LOCKE, J.: Ensayo sobre el entendimiento humano.II,XXIII,1) La noción de sustancia es, por consiguiente, una elaboración de nuestra mente, una obra humana, aunque fundada en la naturaleza de las cosas. Directamente no procede ni de la sensación ni de la reflexión, pero está construída sobre los datos facilitados por una y otra, esto es, por las ideas simples. Y la justificación de que se forme dicha noción está en el hecho de que esas ideas simples, en el número que sea, siempre se nos han dado juntas, por lo que tendemos a suponer que todas pertenecen a una misma realidad. "La idea, pues, que tenemos, y a la cual damos el nombre general de substancia, como no es nada sino el supuesto, pero desconocido, soporte de aquellas cualidades que encontramos existentes, y de las cuales imaginamos que no pueden subsistir sine re substante, sin alguna cosa que las sostenga, llamamos a ese soporte substancia, la cual, de acuerdo con el verdadero sentido de la palabra, significa en idioma llano lo que está debajo, o lo que soporta".
(LOCKE,
J.: Ensayo sobre el entendimiento humano.II,XXIII,2) La sustancia, pues, "no es sino un no sé qué que suponemos como soporte de esas ideas que llamamos accidentes". Se trata, consiguientemente, de algo que tenemos que suponer que existe si queremos explicarnos la aparición siempre igual de una serie de cualidades juntas. Pero qué sea esa sustancia será siempre incognoscible para el entendimiento humano. "Porque,
siempre que pretendemos avanzar más allá de esas ideas simples que recibimos
de la sensación y de la reflexión, y sumergirnos dentro de la naturaleza de
las cosas, de inmediato caemos en las tinieblas y en la obscuridad, en la
perplejidad y en dificultades, y sólo descubrimos nuestra propia ceguera e
ignorancia".
(LOCKE, J.: Ensayo sobre el
entendimiento humano.II,XXIII,32) Como vemos, Locke no llega a negar la existencia de la sustancia. Se queda en su mera incognoscibilidad para el entendimiento humano. Pero hay que añadir que esto que estamos diciendo con respecto a las sustancias materiales puede decirse exactamente con respecto al alma (sustancia pensante). "Además
de las ideas complejas que tenemos de las substancias materiales sensibles, de
las cuales acabo de hablar, también podemos forjar la idea compleja de un espíritu
inmaterial por medio de las ideas simples que hemos recibido de aquellas
operaciones de la mente que a diario experimentamos en nosotros mismos, tales
como pensar, entender, desear, conocer, y la potencia de iniciar el movimiento,
etc., como existentes en alguna substancia. De esta suerte, juntando las ideas
de pensar, de percibir, de libertad y de la potencia de moverse y de mover otras
cosas, alcanzamos una noción tan clara de las substancias inmateriales, como la
que tenemos de substancias materiales".
(LOCKE, J.: Ensayo sobre el
entendimiento humano.II,XXIII,15) EL
PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO
Hemos insistido repetidas veces en que las ideas constituyen el material
del conocimiento humano. Pero afirmar esto equivale a decir que ellas no son el
conocimiento mismo. En todo caso, son el material con el que se construye el
conocimiento. Por otra parte, como también hemos repetido, el conocimiento es
siempre conocimiento de ideas. Por lo que hay que deducir que el conocimiento se
refiere a las ideas, pero no son las ideas mismas. ¿Qué es entonces el
conocimiento? ¿En qué consiste?
Al comienzo del capítulo IV del Ensayo
Locke define el conocimiento como "la percepción de la conexión y
acuerdo, o del desacuerdo y repugnancia entre cualesquiera de nuestras
ideas". Así, por ejemplo, cuando conocemos que lo blanco no es lo negro
estamos simplemente percibiendo -conociendo- el desacuerdo, la discordancia
entre esas dos ideas. Y cuando afirmamos que los tres ángulo de un triángulo
equivalen a dos rectos estamos percibiendo que las ideas contenidas en ese
juicio convienen entre sí necesaria e inseparablemente. El conocimiento es, por
lo tanto, la percepción de una relación entre ideas.
Pero Locke señala dos clases de conocimiento. Hay, en primer lugar, un
conocimiento intuitivo, que es aquel en que la mente percibe de un modo
inmediato el acuerdo o desacuerdo de dos ideas por sí solas, esto es, sin
intervención de ninguna otra idea. De esta manera es como la mente percibe que
lo blanco no es lo negro, que un círculo no es un cuadrado y que tres es más
que dos e igual a uno más dos. Es el conocimiento más claro y el que mayor
certeza nos puede proporcionar.
En segundo lugar, está el conocimiento demostrativo, en el que la mente
percibe el acuerdo o desacuerdo entre dos ideas, pero no inmediatamente, sino
por la mediación de otras ideas, a las que Locke llama pruebas.
Al proceso en general le llama demostración.
Por más que a través de la demostración se alcanza también un conocimiento
cierto, no entraña, sin embargo, una evidencia tan clara y luminosa, ni logra
tan pronto nuestro asentimiento.
Y Locke, como Descartes, va a preguntarse por las tres grandes realidades
de la metafísica tradicional: el yo (la res
cogitans cartesiana), Dios (la res
infinita) y el mundo (la res extensa).
¿Podemos conocer su existencia?
-Por lo que se refiere a la existencia del yo, es decir, a la
propia existencia, dice Locke que la certeza de ella la alcanzamos por intuición.
"Nada puede ser para nosotros más evidente que nuestra propia
existencia". Por lo tanto, su percepción no requiere prueba
alguna. Estaríamos aquí ante una certeza
intuitiva. "Me
parece que está fuera de toda duda que el hombre tiene una percepción clara de
su propio ser; sabe con certeza que existe y que es algo. A quien pueda dudar si
es algo o no, a ése no le hablo, como tampoco argumentaría con la pura nada,
ni intentaria convencer al no ser de que es algo. Si alguien tiene la pretensión
de tanto escepticismo como para negar su propia existencia (porque realmente
dudar de ella es manifiestamente imposible), que goce enhorabuena en su amada
felicidad de no ser nada, hasta que el hambre o algún otro dolor lo convenza de
lo contrario". (LOCKE, J.: Ensayo sobre el
entendimiento humano.IV,X,2)
Parte de la evidencia de la propia existencia. Así,pues, el hombre
conoce con certeza que existe y que es algo. Pero, además, también sabe, por
una certeza asimismo intuitiva, que la nada no puede producir nada (que de la
nada no puede surgir algo). "Si, por lo tanto, conocemos que hay algún ser real y que el no ser
no puede producir ningún ser real, resulta una demostración evidente que desde
la eternidad ha habido algo, puesto que lo que no es desde la eternidad ha
tenido un comienzo, y lo que ha tenido un comienzo debe haber sido producido por
alguna cosa". (LOCKE, J.: Ensayo sobre el
entendimiento humano.IV,X,3) Pero este
ser que existe desde toda la eternidad, por ser principio de todos los seres y
de todo cuanto éstos contienen, ha de ser el más poderoso y el más sabio. -En cuanto a "la existencia de las otras cosas", sólo podemos saber de ella por la sensación. Por lo tanto, sólo nos cabe tener una certeza puramente sensitiva. Porque es evidente que el hecho de que tengamos en la mente la idea de una cosa no prueba la existencia de esa cosa "más de lo que el retrato de un hombre probaría que ese hombre está en el mundo". Y ello es así porque no hay ninguna relación necesaria entre la idea y la cosa, de manera que baste la posesión de la idea para que automáticamente sea necesario admitir la existencia de la cosa.
Por tanto, la sensación no prueba, sin más, que exista la cosa sentida,
con la certeza que dan la intuición o la demostración. Pero sí nos da un
conocimiento suficiente. Las sensaciones no son producidas por nuestros órganos
sensoriales, luego han de ser debidas a una causa exterior, una cosa real
existente (aquí Locke utiliza, por tanto, el concepto de causa para probar la
existencia del mundo real). "Por
ejemplo, mientras escribo esto, en virtud de que el papel afecta mis ojos, se
produce en mi mente esa idea a la que doy el nombre de blanco,
cualquiera que sea el objeto que la provoque en mí; y de esa manera conozco que
esa cualidad o accidente existe realmente, y que tiene un ser exterior a mí. Y
sobre esto, la mayor seguridad que me es posible tener, y a la cual pueden
aspirar mis facultades, es el testimonio de mis ojos, que son los únicos y
propios jueces de esta cosa, y sobre cuyo testimonio tengo razón de descansar,
como sobre algo tan cierto como que yo no puedo dudar, mientras escribo esto, de
que veo negro y blanco y de que algo realmente existe que causa en mí esa
sensación de que escribo o muevo mi mano". (LOCKE, J.: Ensayo sobre el
entendimiento humano.IV,XI,2)
Se trata, evidentemente, de un conocimiento que no
ofrece, ni mucho menos, la seguridad del conocimiento intuitivo, ni siquiera la
del conocimiento demostrativo. Sin embargo, merece también el nombre de auténtico
conocimiento.
Así ,pues, resumiendo, "poseemos un conocimiento de nuestra propia
existencia, por intuición; de la existencia de Dios, por demostración; y de
las demás cosas, por sensación". Más allá de estos grados de
conocimiento sólo queda para Locke la opinión y la probabilidad. Pero eso,
para Locke, no es ya conocimiento. II. PENSAMIENTO POLÍTICO
Si el pensamiento filosófico de Locke representa la primera y más clara
sistematización del pensamiento empirista, la importancia de su papel en el
campo del pensamiento político no le va a la zaga. Su influencia fue enorme en
su época, pero su concepción política y de la sociedad en general traspasó
su propio tiempo y ha sido determinante de la evolución de Occidente hasta
nuestros días. Muchas de sus ideas son usadas hoy día en el discurso o
pensamiento político como valores normales. La habituación con ellas les ha
hecho perder la dimensión revolucionaria que tuvieron en su momento y en los
tiempos inmediatamente posteriores.
El pensamiento político de Locke hay que encuadrarlo dentro de la
tendencia, bastante difundida ya entonces, al rechazo de la teoría del origen
divino de los reyes y su sustitución por una concepción contractualista, que
hacía radicar el origen del poder, no en Dios, sino en la voluntad de los
ciudadanos. Esta tendencia había ido arraigando especialmente en Inglaterra,
justamente como reacción frente al autoritarismo y las arbitrariedades de la
monarquía de los Estuardo, que se pretendía reemplazar por otra monarquía de
corte constitucional en la que el ejercicio del poder por parte de los reyes se
llevase a cabo dentro de unos límites previamente establecidos. Este fue el
sentido de la revolución de 1688, que dio el trono a Guillermo de Orange y de
cuyos ideales la filosofía política de Locke venía a ser su justificación teórica.
Se tratata, por tanto, de echar por tierra el mito del absolutismo como concepción
de poder, reemplazándolo por el principio de la voluntad popular. Locke para fundamentar su concepción de la organización social se remite a un cierto "estado natural", especie de estado primitivo en el que la naturaleza humana se manifestaría espontáneamente. Para Hobbes[3] (1588-1679), pensador, también inglés, poco anterior a Locke, en tal estado no había límite alguno para el hombre: todos tenían derecho a todo. De aquí que el conflicto fuese inevitable y el estado de naturaleza fuese de hecho un estado de guerra. Locke, en cambio, considera que a ese estado natural corresponde una ley natural, que no es sino la ley de la razón, y ésta señala que el derecho natural de un hombre está limitado por otro derecho igual de los demás hombres. (LOCKE,J.:
Ensayo sobre el gobierno civil. II,4)
El estado natural no es, pues, un estado de guerra y temor constante,
como pretendía Hobbes, sino de paz y libertad. Es el reconocimiento de esa
limitación de la propia libertad en los derechos de los demas lo que abre la
posibilidad de una convivencia pacífica.
Pero esa ley natural, que, como hemos visto, es la ley de la razón,
tiene la capacidad para dictar normas, pero no para hacerlas obligatorias ni
exigir su cumplimiento. Por otra parte, la convivencia pacífica a que nos referíamos
antes sólo sería posible si todos y cada uno de los hombres se comportase
correctamente, es decir, de acuerdo con esa ley natural, cosa que no sucede. La
tensión, el conflicto, la guerra se presenta siempre como posible. De aquí que
el hombre acabe haciendo renuncia de las facultades que le concede la ley
natural, cediendo algunas de sus prerrogativas en favor de la comunidad, con tal
de lograr una situación que le garantice una mayor seguridad. De esta manera
surge la sociedad civil. Es la teoría contractualista sobre el origen de la
sociedad y del poder.
Misión de la comunidad es hacer posible el libre ejercicio de los
derechos por parte de los ciudadanos, castigando al que los transgreda. De estos
derechos, Locke señala tres fundamentales: el derecho a la vida, a la libertad
y a la propiedad. Se trata de tres derechos irrenunciables y aunque en principio
parece que Locke concede idéntica importancia a los tres, de hecho dedicará más
atención que a ninguno la consideración del derecho de propiedad. Locke se
refiere no sólo al derecho de propiedad sobre la propia persona, respecto a la
cual nadie tiene derecho alguno salvo ella misma, sino que se refiere también a
la propiedad sobre los bienes, pero limitada a aquellos que son fruto del
trabajo, los únicos que, siendo el esfuerzo de su cuerpo y la obra de sus manos
auténticamente suyos, los hace de su propiedad.
Para cumplir adecuadamente su misión y evitar el peligro de recaída en
el absolutismo, Locke propone por primera vez la división de poderes que, con
alguna modificación, aparecerá posteriormente en Montesquieu[4]:
el poder legislativo, consituido por
una asamblea, y cuya tarea consiste en dictar las normas que tutelen los
derechos de los ciudadanos; el poder ejecutivo, al que atañe velar por el cumplimiento de las normas
dimanadas del poder legislativo, y un tercero, al que llama poder federativo,
que se ocupa de las relaciones con otras sociedades y al que, por tanto, se confían
las decisiones sobre la guerra y la paz, las alianzas,etc.
Una vez establecidos los límites en que debe ser ejercido el poder por
los gobernantes, Locke considera legítimo resistir y defenderse contra los
mismos legisladores y el poder ejecutivo cuando uno y otro se extralimiten,
pierdan de vista las exigencias del bien público y establezcan la ley con
arbitrariedad. En este caso, el poder debe revertir a la sociedad, "y el
pueblo tiene derecho de actuar como soberano". |