PERÍODO DE LA ACADEMIA (hasta el año 347)
| PERÍODO DE LOS VIAJES (del año 347 al 335)
| PERÍODO DE MADUREZ (del año 335 al 322). | |
Jaeger demuestra claramente el desarrollo paulatino del pensamiento de Aristóteles y asigna las obras suyas a cada uno de los períodos mencionados.
El sentido más importante de la evolución o desarrollo del pensamiento aristotélico, según Jaeger, sería: desde el pensamiento de su maestro Platón hasta las propias y características posiciones aristotélicas.
En el tercer período mencionado (el de madurez) Aristóteles considera como ciencia real más bien la investigación experimental; sin embargo, esto no ha de entenderse (como hacen algunos) como si Jaeger quisiese afirmar que Aristóteles hubiese abandonado en el tercer período la Metafísica dedicándose exclusivamente al estudio de las ciencias experimentales, sino más bien en el sentido de que Aristóteles modificó su concepto de la Metafísica: originalmente su objeto era el ente supersensible, pero posteriormente el ente en cuanto ente, lo que calzaba mejor con la actitud empírica del tercer período.
Otros autores, aunque reconocen el valor extraordinario de los trabajos de Jaeger, sin embargo no aceptan por muy fundados motivos algunas de sus conclusiones y planteamientos. Estudios más recientes muestran que la génesis y la composición, por ejemplo, de los tratados didácticos de Aristóteles, es algo más complicado de lo que Jaeger suponía; que en consecuencia algunos puntos de la cronología deben corregirse. Asimismo, A. Mansion corrige ciertas aseveraciones sobre los libros de la Metafísica. Respecto de la evolución del pensamiento aristotélico, muestra que la continuidad de su pensamiento es más importante que la diferencia a través de sus obras.
Respecto, por ejemplo, de la psicología de Aristóteles, F. Nuyens en su obra L’évolution de la Psychologie d’Aristote, al estudiar la relación del alma y del cuerpo en los diversos períodos y obras de Aristóteles, distingue tres momentos bien definidos así:
PERÍODO PLATÓNICO (antagonismo dualista, por ejemplo el Eudemo);
| PERÍODO DE TRÁNSITO (se da natural colaboración del alma y del cuerpo,
rige en su pensamiento un instrumentalismo vitalista);
| PERÍODO DE MADUREZ (el alma es forma del cuerpo, comienza a existir con
el cuerpo y perece con él; en el primer período, por lo contrario, el alma
era independiente del cuerpo e inmortal). | |
Un desarrollo similar puede notarse respecto del Nous (inteligencia):
en el primer período el Nous pertenece al alma y es inmortal;
| en el segundo período el Nous y el alma existen separados y el Nous es
incorpóreo;
| en el tercer período el Nous no pertenece al alma, sino que viene de
fuera, es inmortal e inmaterial. | |
Se pueden señalar diversos puntos de discrepancia entre los eruditos aristotélicos, pero ese no es el propósito principal de este escrito. Baste lo dicho para sustentar la opinión de que muchas cuestiones fundamentales del pensamiento aristotélico han venido a conocerse más de dos mil años después de su muerte, gracias a filólogos y críticos de primera magnitud que han hecho posible saber hoy más de Aristóteles, de lo que se supo en siglos anteriores.
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Dos diálogos: Eudemo (o Sobre el alma) y Protréptico. Tópicos; Elencos Sofísticos; quizá Las Categorías (probablemente obra auténtica), La Física (con excepción del libro VIII) y algunos otros pequeños opúsculos físicos (Sobre el cielo, Sobre la generación y la corrupción).
Historia de los animales - y algunos pequeños opúsculos sobre los animales.
Pequeñas obras sobre los seres naturales.
Los analíticos primeros y postreros.
Sobre la Filosofía.
Parte de los libros de Metafísica.
Ética Eudemo y Ética a Nicómaco.
Parte de la Política.
El resto de la Política.
El resto de las pequeñas Obras sobre los Seres Naturales.
El resto de los libros de Metafísica.
El libro VIII de La Física.
Sobre el Alma libro III.
Sobre la Interpretación.
Algunos breves opúsculos sobre los animales.
Retórica.
Ha de tenerse presente, vista la muy erudita discusión de los expertos sobre el particular, que la cronología de las obras de Aristóteles aún puede ser corregida y que los límites entre los períodos de su vida creadora todavía no están definitivamente establecidos.
Existe una larga polémica erudita sobre el punto de la autenticidad de las obras de Aristóteles, la cual dejaré de lado en gracia de la brevedad. Baste citar que según J. Zürcher solamente del 20 al 30% de todo el corpus aristotelicum (conjunto de obras atribuidas históricamente a Aristóteles) han tenido por autor a Aristóteles. Según Zürcher, las demás obras deben atribuirse al famoso discípulo de Aristóteles, Teofrasto. Solamente los diálogos, obra de su juventud, y algunas otras pocas obras pueden considerarse como auténticamente aristotélicas. Según J. Zürcher, Aristóteles permaneció platónico toda su vida.
Por supuesto que otros han refutado parcial o totalmente las bases de la argumentación de Zürcher, pero el problema permanece, lleno de mucho interés. Considérese que las Obras completas de Aristóteles se consiguen hoy con facilidad, con toda esa riquísima información, lo que era imposible hasta el siglo XIX. Ante este portento de la investigación es que se puede bendecir a los filólogos y eruditos de gran espíritu de trabajo. Y no tanto a mucha gente de hoy que critica a aquellos, pero que no da una obra ni siquiera aproximada a la suya. Porque ese trabajo de búsqueda de textos, en griego, siríaco, árabe, latín... de determinación de autenticidad, de estudio comparado, de uso inteligente de argumentos filológicos, de comprobación de autenticidad a través del uso del método histórico-genético, etc., ha permitido saber mucho y bien, no solo sobre Aristóteles, sino sobre casi todos los grandes de la Antigüedad.
Por ello llena de gusto tomar entre las manos estos tres tomos:
Aristotelis Opera I Ex recensione Immanuelis Bekkeri, hasta la página 789
| Aristotelis Opera II (continúa la paginación del I Tomo), hasta la página
1462.
| Todas las obras de Aristóteles en griego, precedidas de completa
información sobre fuentes y referencias importantes. Además:
| Bonitz, H., Index Aristotelicus, 2ª. Ed., 1955, 876 páginas. Constituye
una ayuda inestimable para penetrar en el tesoro aristotélico. | |
En su rica obra Historia de la lógica formal, a modo de recapitulación del merecido largo estudio sobre Aristóteles, expresa Bochenski:
Si consideramos en su conjunto las obras lógicas de Aristóteles ... podemos hacer las siguientes afirmaciones:
No es exageración decir que jamás se ha visto cosa igual en la historia de la Lógica Formal. No solo es la Lógica de Aristóteles, a lo que sabemos, una creación enteramente nueva, sino que, además, fue llevada a un alto grado de perfección. Toda vez que, además, los más importantes escritos aristotélicos son las únicas obras completas de Lógica que sobrevivieron a la catástrofe cultural de Grecia, nada tiene de extraño que la obra en ellos contenida haya ejercido un influjo francamente fascinante durante más de dos milenios sobre casi todos los Lógicos, y que toda la historia de la Lógica se moviera en el marco trazado por el pensamiento aristotélico.
el solo nombre de la palabra "metafísica" trae la presencia de Aristóteles, aunque él no denominara así a su obra, sino autores posteriores quienes, al ordenar el conjunto de obras de Aristóteles, el Filósofo por antonomasia como lo llamaría diecisiete siglos después S.Tomás de Aquino, inventaron ese sugerente nombre: metá ta fisicá, lo que viene después de la física (en el conjunto de obras) y lo que está más allá de lo meramente sensible, en cuanto al objeto de ese saber, cuyo propio nombre es Filosofía Primera.
Según Jaeger, el objeto de la Metafísica en su estado inicial fueron solamente los primeros principios y las primeras causas, principalmente la sustancia suprasensible, el único motor primero; luego, el ente en cuanto ente con todos sus significados accidentales, por lo tanto también la sustancia sensible; finalmente la materia y la forma. Esta línea de desarrollo ha sido objetada y corregida por A. Mansion, F. Nuyens y D. Ross.
Según E. Oggioni, el objeto de la Metafísica fue primero lo simplemente sensible, luego las supremas causas de la realidad en su conjunto; finalmente, el ente en cuanto ente. A. Mansion estima ilegítima esta teoría: el objeto de la Metafísica permaneció siendo el mismo en el fondo, y difiere solo en perspectiva y en más perfecta descripción.
La sustancia o esencia de la cosa o causa fomal;
La causa material o sujeto;
La causa eficiente o fuente del movimiento o del cambio;
La causa final, o el bien.
La unidad: todo ente es uno (en tanto es uno, en cuanto es ente); cf. Metaph., X.
La bondad: todo ente es bueno (en tanto es bueno, en cuanto es ente).
La sustancia: es el ente que existe en sí mismo, sujeto permanente de los cambios accidentales.
El accidente: es el ente que existe en otro.
Como en la sustancia se da de modo máximo la noción de ente, por ello constituye la sustancia el fundamental objeto de la metafísica.
Según Platón, la verdadera y plena realidad son las ideas; las cosas de este mundo son imitación o participación de las ideas o de las verdaderas y plenamente reales esencias de las cosas.
Platón no determinó y no asignó principios internos, inmanentes a las cosas, ya que éstas serían según él "imitación" o "participación" de las esencias ideales. Estos principios internos, esenciales, en efecto, deben ser delimitados, y Aristóteles los postula y los determina.
Para Aristóteles todas las cosas materiales se constituyen a base de dos principios internos ontológicos (reales): la Forma (¡Tal vez comparable a la idea de Platón!) y la Materia (posteriormente explicada).
En breve: según Platón, "el mundo está en la idea o en la forma". Según Aristóteles: "la idea o la forma está en el mundo", es decir, en las cosas. Por ello podía decir con razón: hay maravillas en cada parcela de la naturaleza.
En el sentido platónico los conceptos universales no son objetivos: a saber, el universal existe como idea; para Aristóteles tienen base real en este mundo. Esta base real es la naturaleza o esencia específica, que es específicamente la misma en todos los individuos de la misma especie. En otras palabras, para Aristóteles el fundamento real del concepto universal es la semejanza de los individuos de la misma especie dada en la misma específica naturaleza o esencia.
Se dice "el fundamento" o "la base" del universal, porque esta naturaleza (la esencia) semejante, existe concretamente individualizada ("concretada" en los individuos), gracias a sus notas individuantes. La inteligencia o la razón abstrae (deja) esas notas individuantes y se apodera de aquello que en el fondo es común a todos los individuos de la misma especie y en lo cual son semejantes.
Por consiguiente: Para Aristóteles el concepto universal no existe en el mundo de las ideas, sino en este mundo, en forma fundamental.
El conocimiento del concepto universal no es una reminiscencia (un recordar lo visto en el mundo inteligible cuando el alma vivía separada del cuerpo, según Platón), sino una abstracción. Teoría por la que, además de otras muchas, es siempre recordado Aristóteles (aunque no siempre se comprenda lo que significó para él).
La sustancia segunda es la naturaleza o la esencia, la que se encuentra fundamentalmente en las cosas individuales.
La razón de esa distinción estriba en que la sustancia segunda no existe "separada" en el mundo de las ideas (de Platón), sino que existe en este mundo en que vivimos, y en él, en las cosas individuales y singulares.
En rigor, sólo existen cosas o seres individuales, singulares, los que ciertamente son semejantes por su naturaleza o por su esencia, y por ello fundamentalmente universalizables.
Se sigue de lo dicho que, para Aristóteles, la inteligencia humana no tiene por tarea remontarse por medio del recuerdo hasta el mundo ideal o mundo de las formas (more platonico), sea que abarque la realidad (el ente) verdaderamente real, sea que aprehenda el universal. Asimismo, tanto el ente (la realidad verdaderamente real) como el universal, según Aristóteles, se hallan en este mundo en que vivimos.
Aun cuando –respecto de nuetro conocimiento– hay prioridad de la sustancia primera, sin embargo la sustancia segunda tiene prelación si se la considera en sí misma: ella es el objeto de la ciencia y solamente ella; además, ella constituye una realidad superior –en sí misma– a la de la realidad particular.
El acto y la potencia constituyen el meollo de la doctrina aristotélica sobre el ente; es la clave a la solución del problema del cambio, del movimiento, de la mutación. En ninguna parte prueba esta su teoría de acto y potencia, sino que la aplica, la ejemplifica: por ejemplo el constructor en acto (construyendo o habiendo construido algo) y en potencia (antes de construir algo, pero con la capacidad de hacerlo); la estatua en acto (hecha, de presente, existente), y la estatua en potencia en el mármol, aún no esculpido. Para Aristóteles, pues, entre el ente en sentido estricto, lo que ya es, y la nada, se encuentra el ser en potencia: que aún no es, pero puede llegar a ser.
La potencia, o el ser en potencia, lo divide en:
Potencia activa, es decir, la potencia, capacidad, de hacer o
actuar algo (por ejemplo, sentir, entender, etc....); y la
| Potencia pasiva, es decir, recibir o sufrir algo (por ejemplo,
corromperse un organismo, recibir nuevas formas algo...). | |
La potencia y el acto son opuestos. Sin embargo, necesariamente relacionados la una con el otro.
Todo cambio, mutación, movimiento se explica como un paso, un tránsito desde la potencia hasta el acto.
De lo anterior se sigue la prioridad o prelación del acto respecto de la potencia (Prioridad en el tiempo, lógica y en la sustancia, como dice Aristóteles en su Metaph., IX, 10 49 b 4 - 1050 a 10).
Con esa teoría Aristóteles responde, por ejemplo, al antiguo planteamiento de Parménides, quien decía, entre muchas otras cosas, que de la nada, nada se hace. Aristóteles respondería que en verdad de la nada, nada se hace, en forma semejante a como del ente en acto, de presente, real, no puede hacerse un ser según lo mismo, puesto que ya está en acto. Sin embargo, puede hacerse algo del ente en potencia: que aún no es, pero que puede llegar a ser.
El acto y la potencia del ente material tienen nombre en Aristóteles: forma y materia. La materia es el substrato último (o potencia) de los cambios o mutaciones sustanciales. La forma es el principio determinante, informante, que actúa en un determinado modo.
Para Aristóteles la materia pura, separada de la forma, no puede existir; existe siempre "bajo" alguna forma; aquí "bajo" significa: informada por alguna forma, que se une con ella en la concreta unidad del cuerpo material.
Para el aristotelismo todas las cosas materiales individuales están compuestas de materia prima y forma sustancial; la materia es un principio de indeterminación (o de potencialidad para ser), de imperfección; en sí misma, para Aristóteles, es incognoscible. La forma es un principio de perfección, de unidad, de determinación. Es lo inteligible.
A modo de contraste o dimensión interesante, cito que E. Schrödinger, en su obra Ciencia y humanismo, al hacer un largo análisis sobre lo que deba entenderse por materia, especialmente en el examen de las partículas elementales constituyentes del átomo, dice cosas como éstas:
"la materia es una imagen en nuestra mente", "Nuestras concepciones de la materia se han vuelto ‘mucho menos materialistas’ que en la segunda mitad del siglo XIX."... puede afirmarse que la materia ha dejado de ser la cosa sencilla, palpable y áspera situada en el espacio, que se puede seguir cuando se desplaza cualquier porción de ella...
Para concluir después de largo y ameno análisis con que
Pero cuando llegamos a las prtículas elementales que constituyen la materia, parece que no hay lugar a concebirlas como formadas por ninguna materia. Es como si fueran forma pura y nada más que forma; lo que se repite una y otra vez en las observaciones sucesivas es esa forma, y no una porción individual de esa materia.
Con lo que resulta que la materia incognoscible de Aristóteles, que conforma el ser material, la sustancia material, para Schrödinger es inexistente, no aparece, después de un racional análisis de la materia, lo que muestra el valor de las reflexiones aristotélicas como teorías y estímulos al más avanzado pensamiento de cualesquiera tiempos posteriores.
La materia contrae y limita la perfección de la forma; por ello si la forma no se uniera con la materia, sería única, y expresaría así perfectamente y en toda su plenitud su específica perfección.
Para explicar el cambio, la mutación o movimiento, se necesita, además de las causas material y formal, la causa eficiente. La cual no necesariamente tiene que ser externa (a un cuerpo, o a un ente que mueve).
Según Aristóteles, existe movimiento natural de los cuerpos hacia su lugar propio. Por ejemplo, del fuego hacia arriba; de la piedra hacia abajo. La razón de este movimiento es algo interno: a saber, la forma de la cosa. En este caso, coinciden la causa formal y la eficiente. Igualmente ocurre en la situación del alma humana: ésta, en tanto que es forma del cuerpo, es principio del movimiento en el cuerpo y del movimiento del cuerpo. Sin embargo, Aristóteles distingue la causa formal y la eficiente, cuando cabe distinguirlas.
Aristóteles excluye la casualidad, el acaso o destino, en el sentido de que no cabe sostener que el bien sea un efecto de la casualidad, cuando más bien lo es de las tendencias, finalística o teleológicamente dirigidas. En efecto, Aristóteles dice que por el acaso podrían explicarse en la naturaleza esto o aquello (es decir, algunos hechos aislados), pero no aquello que ocurre siempre y en todas partes, lo que demanda necesariamente que haya una tendencia ordenada a eso precisamente.
Rechaza, asimismo, Aristóteles, una explicación mecanicista del orden, como la propuesta por Demócrito. Concede que algunas cosas las puede explicar el mecanicismo (por circunstancias suficientes). Pero insiste con toda fuerza Aristóteles en la finalidad inmanente, propia, interna a cada ente. Es por esta finalidad que todo ser propende en forma dinámica a la plena realización de su forma.
Así concebida, la causa final se identifica con la causa eficiente y con la formal; de hecho es una causa formal, la que por su dinamismo intrínseco tiende a la plena realización de su perfección propia, limitada y coartada por la materia.
Aristóteles sabe distinguir estas tres causas cuando es necesario; sin embargo, hablando en términos generales, se inclina a unirlas en dos: la causa formal y la causa material.
Toda la metafísica de Aristóteles supone y pone la analogía del ente. La doctrina del acto y la potencia es la base, el fundamento y la explicación.
Dice Aristóteles que "El término ente tiene varios sentidos" (Metaph. IV. 2, 1003 a 33). Múltiple sentido, es decir, que no se predica en forma unívoca, siempre igual, sino de modo análogo, ello es, en sentido parte igual y parte diverso.
En efecto, los entes, los seres, participan en diverso grado la perfección del ser, debido a que la potencia, que ha debido actualizarse para la existencia de cada ser, restringe, coarta más o menos el acto, la perfección. O diciendo lo mismo en forma positiva, porque el acto (es decir, el ser, la realidad, en cuanto perfección) es participada más o menos por los diversos entes. De modo que desde la pura materia nos es posible ascender a través de los entes materiales, hasta la vida y aun hasta el Acto Puro que es Dios, según Aristóteles.
En esta escala se hallan todos los entes, todos los seres: todos son ente, sin embargo la perfección del ser ente se da en diverso grado.
Fysiké epistéme: "Deutera philosophia", filosofía segunda (primera es la Metafísica), la filosofía de la naturaleza comprende las ciencias "positivas" (ciencias maturales, ‘química’, biología, psicología) y la filosofía que indaga las razones últimas de los datos de esas ciencias "positivas".
Sus principios: Según los presocráticos, la "fysis", la naturaleza, es el origen y el supremo principio explicatorio del mundo; de la ‘fysis’ se originan todas las cosas y a ella regresan (¡Por un irracional proceso del acaso y de la ciega necesidad, según algunos!). La fysis era una o varias eternas e inmutables sustancias primitivas.
Pero según Platón solo el alma puede denominarse y ser principio.
Aristóteles no dio lugar en su filosofía al alma cósmica. Más bien inventó algo nuevo: distingue entre naturaleza-materia y naturaleza-forma. La primera, es decir, la naturaleza-materia, como principio irracional lo toma de los presocráticos - ya en Platón apareció en su obra Timeo como ciega necesidad. La segunda, es decir, la naturaleza-forma desempeña las funciones y tiene los atributos del alma cósmica platónica, y de esta manera introduce en su filosofía de la naturaleza el espiritualismo y el finalismo de la filosofía de Platón. La naturaleza-forma da a cada cosa una propia índole cualitativa; ella es la que domina ontológicamente cada cosa y también la que determina intrínsecamente los accidentes; la naturaleza-forma no es para Aristóteles un principio subsistente, o una idea platónica o el alma del mundo, sino un principio intrínseco de los entes materiales, el cual puede existir únicamente unido con el individualizante sustrato material, con la materia prima.
Unidad y estabilidad: Para Aristóteles la naturaleza no es solamente un flujo incesante de fenómenos que varían, sino que en la naturaleza hay algo estable y cierta unidad, a saber:
i- Las sustancias materiales como centros fijos al frente de nuestra razón y como ideas inmutables que nacen en el cambio continuo;
ii- Además, las sustancias están unidas unas a las otras en los procesos y efectos permanentes en el ciclo de transformación de la materia y en la sucesión de las generaciones. Esta unidad de las sustancias, por analogía, se transporta a la naturaleza entera.
El primado de la finalidad: Aristóteles heredó esta idea de finalidad de su maestro Platón y la desarrolló posteriormente, así:
i- Las ideas son inmanentes a las cosas; por lo tanto la ciencia natural es posible. Estas ideas son, pues, el fundamento posible de la necesidad y universalidad de la ciencia.
ii- Aristóteles busca definiciones (como hicieron Sócrates y Platón), las propiedades esenciales de las cosas; por ello atiende a las propiedades, en los procesos regulares que se le aparecen: la presencia de las sustancias, junto con el orden y perfección material del mundo que se aparece. Este orden y esta perfección se deben a las sustancias que aparecen con regularidad.
iii- Lo mismo que Platón, Aristóteles rechaza la explicación mecánica de la naturaleza. Por ello mismo es que afirma la finalidad de la naturaleza, su estructura ideal, la que se manifiesta de manera principal en su intrínseca finalidad.
iv- La explicación final, por medio de la causalidad finalista, al ser verdaderamente filosófica, supera la explicación empírico-causal, pues en la explicación final el centro de observación y ordenamiento de los fenómenos lo da la forma, de la cual proceden todas las cosas y hacia la cual tienden.
En la explicación finalista se pone de manifiesto:
a) Cómo el bien del todo y el de las partes se debe regularmente a la formación reiterada de las partes constitutivas de las sustancias materiales;
b) Además, se pone de manifiesto a la inteligencia la tendencia de las partes hacia cierta finalidad, y no solo el mecanismo de las partes y la sucesión de las operaciones.
La naturaleza externa: La naturaleza, en cuanto es distinta de Dios o de otras formas puras, designa el conjunto de las sustancias compuestas de materia y forma, que tienen (en oposición a los productos artificiales) principios de actividad propia y de movimiento propio en sí mismas. (Dejo de lado la división de la naturaleza externa)
Hay desarrollo de esta parte de su doctrina a lo largo de diversas obras.
Pruebas de la existencia de Dios:
i- Phys. VIII, 5,6 y 10 (267 a 21-b 19): evidentemente se da movimiento en el mundo; pero resulta que todo lo que se mueve es movido por otro (c. 4); y es así que no se puede proseguir hasta lo infinito en la cadena de movidos y movientes, ya que no habría un primer moviente-movido (c. 5); luego hay que aceptar en último término un Motor-Inmóvil. En vista de que para Aristóteles el movimiento es eterno, continuo, uno solo, su motor, su impulso, debe ser eterno (c. 6). Este primer impulsador (primer motor) no tiene ninguna magnitud (Aristóteles rechaza una magnitud infinita), porque no es posible que una magnitud finita contenga la fuerza infinita requerida para producir el movimiento eterno; luego, el primer motor que mueve pero no es movido por nadie, es inmaterial (c. 10). Está presente en el límite extremo del universo.
ii- Metaph. XII, 6: Aristóteles argumenta con base en la eternidad del tiempo y en consecuencia en la eternidad del movimiento; el movimiento eterno es un movimiento circular. Es así que para causar el movimiento eterno debe existir una sustancia eterna, no solo capaz (en potencia) de causar tal movimiento eterno, sino en acto ejerciendo tal poder; si así no fuese, tal poder podría no ser ejercido alguna vez, y en consecuencia, el movimiento no sería eterno.
En resumen, para Aristóteles el principio último que explica el movimiento es eterno, sustancial, inmaterial, no movido por nadie, es un ente en acto, cuya esencia es idéntica con el acto del movimiento - luego es Acto Puro (sin posibiliddad, sino actualizado en toda su perfección).
La naturaleza de Dios:
a) Positivamente es: Acto puro, forma pura, inmaterial, inmóvil, inmutable, no puede sufrir, inextenso, separado, eterno. Absolutamente necesario, Uno, vida perfecta, perpetua, consistente en la pura contemplación; pensamiento del pensamiento, pura inteleción sin potencia limitante, activa inteligencia que se tiene por objeto a sí misma, pues es completamente inmaterial. Él conocimiento de otros seres lo excluye Aristóteles de Dios como indigno de Él: Dios padecería (tendría que estar en potencia como limitación) influido por el objeto conocido.
b) Negativamente: 1) Dios no conoce la realidad extradivina; 2) Dios, por lo anterior, no tiene providencia: el orden del mundo no es expresamente querido por Dios, sino que solo de hecho existe: Dios no conoce el mundo; 3) Dios no es Creador, no es causa eficiente, en efecto: a) Según Aristóteles la materia es eterna; b) Dios no conoce el mundo; c) Creando Dios cambiaría (actualizaría una potencia).
(Dejo de referirme a la antropología aristotélica, a su teoría del conocimiento, a la ética y a la política).
Sobre la biología de Aristóteles, dice Rudolf Burckhardt (Geschichte der Zoologie, Leipzig, 1907):
Ni antes ni después se ha llevado a la práctica un esquema tan completo con el objeto de organizar la Biología como ciencia, mientras la construía sobre la base de una sola unidad sacada sistemáticamente de los fenómenos por medio de observaciones personales y, al mismo tiempo, de notas literarias[...] Aristóteles subordinó los objetos de la naturaleza a las leyes generales del pensamiento establecidas por él y trató de interpretar y combinar en un conjunto armónico todos los fenómenos de cada una de las formas vitales, preparando así el camino –como nadie lo ha hecho– para el desarrollo ulterior de la Biología en cuanto ciencia basada en principios fijos (citado por Francisco Vera en Científicos griegos, p. 264).
Bibliografía sobre Aristóteles: "La bibliografía de Aristóteles es tan monstruosa que en el catálogo del British Museum ocupa ciento diez columnas" dice el mismo Vera.Y continúa creciendo...
Admiración por Aristóteles: Admiración de Averroes (1126-1198, nació en Córdoba, murió en Marruecos):
Credo enim quod iste homo fuerit regula in natura et exemplar quod natura invenit ad demostrandam ultimam perfectionem humanam[...] Creatus fuit et datus nobis divina provisione, ut non ignoremus possibila sciendi... Aristotelis doctrina est summa veritas, quoniam eius intellectus fuit finis humani intellectus. Quare bene dicitur, quod fuit creatus et datus nobis divina providentia, ut sciremus quidquid potest sciri[...] Postquam notuere libri huius viri (Aristotelis), libri praedecessorum fuerunt abnegati (abandonados) et aboliti... Nullus posteriorum eius usque ad praesens tempus, quo sunt fere mille et quingenti anni (Arist. † 322 a. de C.) potuit quidquam addere his quae ipse tractavit, neque aliquid impugnare quod sit alicuius momenti vel considerationis. Inveniri autem hoc in unico individuo est alienum (extraño) ac maxime miraculosum. Haec autem, cum reperiuntur in aliquo viru debent potius adscribi divino statui (flatui?) quam humano; et ideo aliqui vocabant eum divinum.
Para s.Tomás de Aquino Aristóteles fue el filósofo por antonomasia.
Jonathan Barnes en su Aristotle, editado en 1982, después de presentarlo muy sistemáticamente en lo que es su inmensa obra, concluye así:
Una descripción de la supervivencia intelectual de Aristóteles equivaldría prácticamente a una historia del pensamiento occidental...
...nuestra noción moderna de método científico es totalmente aristotélica. El empirismo científico –la idea de que el argumento abstracto debe de estar subordinado a la evidencia factual, que la teoría tiene que ser juzgada ante el estricto tribunal de la observación– parece ahora un lugar común; pero no fue siempre así, y debemos en gran medida a Aristóteles el que entendamos la ciencia como una empresa empírica...
...los más célebres críticos ingleses de Aristóteles, Francis Bacon y John Locke, fueron ambos firmes empiristas que creyeron que estaban con ello rompiendo con la tradición aristotélica. Se acusaba a Aristóteles de preferir frágiles teorías y estériles silogismos en vez de fértiles y sólidos hechos. Pero la acusación es injusta; y, en realidad, sólo puede haber sido hecha por hombres que no leyeron las obras del propio Aristóteles con la atención debida y que le criticaron por las faltas de sus sucesores...
Su logro más absoluto fue, seguramente, su Biología... fundó la ciencia de la Biología, la estableció sobre una sólida base empírica y filosófica y le dio la forma que conservaría hasta el siglo XIX. Su segundo logro, después de la Biología, fue la Lógica... Pocos hombres han fundado una ciencia. Aparte de Aristóteles, ninguna ha fundado más de una...
Si queremos aprender Biología o Lógica, ya no buscamos los tratados de Aristóteles: ahora ya solo tienen interes histórico. No ocurre lo mismo con los escritos más filosóficos de Aristóteles. Los ensayos de la Física, la Metafísica y la Etica son menos seguros, menos perfectos, menos científicos... pero, paradójicamente, están más vivos. Porque aquí, Aristóteles no ha sido superado todavía... los filósofos modernos todavía tratan a Aristóteles como a un brillante colega. Los tratados filosóficos son ricos, difíciles, estimulantes: siguen estudiándose como urgentes comentarios sobre cuestiones de inquietud permanente.
Finalmente, Aristóteles puso ante nosotros, explícitamente en sus escritos e implícitamente en su vida, un ideal de excelencia humana. El hombre aristotélico puede no ser el único modelo o ideal, pero es sin duda, un ejemplar admirable, la emulación del cual no es ambición pequeña.