Cinco siglos cada semana

 
En éxtasis cuento los días;
Los cuento segundo a segundo
Para que el letargo a mi vida,
Letargo cruel y profundo
Suprimas con tus alegrías.

 
En un aminito de estrellas
Que refulge repleto de amor,
De amor cuando dejas tus huellas,
Mil veces más bella que ellas
Tu imagen en él refulgió.

 
Yo, estatua de piedra y de barro,
Aquí en el final del camino.
Mis pasos quisieran cruzarlo…
Quietud, ansiedad, desatino…
Por no perturbarte en tu espacio.

 
¡A cinco siglos de reposo
De pronto tu imagen asoma!
Mis ojos centellan de gozo,
Invade el espacio tu aroma,
Termina del gusto la pausa.

 
Al bello camino perfuma
Tu imagen preciosa y serena
Y no hay de mis células una
Que sepa lo que es una pena o
Recuerde lo que es amargura.

 
Del largo letargo despierto,
Se agolpa la sangre en mis labios,
Se agolpan ansiosos los besos,
Se eriza mi cuerpo esperando
Prensarme en recíproco abrazo.

 
Al verme en mi rapto de gozo,
El viento envidioso, impaciente,
Violento, impetuoso e inconciente;
Delante de mí, irreverente,
Te envuelve y estruja a su antojo.

 
Te besa y te abraza y su gozo
Es tal por sentirse el primero
Que envuelve tu ser sin esmero
Y flota y silva melodioso
¡Infame! ¡Burlón! Traicionero!

 
Mas vuelve mi dicha al mirarte
Triunfante y serena en tu paso
Que nada ha logrado evadirte.
¡El pecho podría reventarme!
¡Comienzan a abrirse tus brazos!

 
Abiertos y tiernos me ofrecen
Como arca sus ricos tesoros
Y en franco derroche se entregan
Tus labios que llegan y besan…
Los míos que por poco fallecen…

 

 
 

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