Dios, en el tercer minuto de la creación, recordó que nada es más rápido que la luz, ni siquiera él. Por un momento se desesperó, pero pronto tomó el control de la situación: se empezó a cercenar partes de sí mismo y a ponerlas en cada pedazo de materia fugaz que podía. Sabía que lo que en el principio se había perdido era irrecuperable; pero desde este momento en adelante estaría casi en todas partes. Aunque su mano izquierda ya nunca sabría lo que hiciere la mano derecha.
[ Arriba ]
En el planeta Jeriq, del Sistema Kenac, el Supremo Consejo
de Filósofos convocó a una reunión urgente de delegados.
Cuando el Dinosaurio Decano comenzó a hablar, ya todos sabían
que el impacto del cometa tendría tal magnitud que su especie se
extinguiría. También todos sabían que las naves de salvamento,
preparadas hacía siglos por los ancestros, eran la única esperanza.
Lo que debía ser votado era muy simple. Era necesario encontrar
un modelo animal que fuera lo suficientemente pequeño y versátil
para contener el cerebro dinosaurio durante la emigración a un lugar
propicio para "el nuevo comienzo".
La decisión recayó, luego de una acalorada discusión,
en un pequeño primate erecto de la sabana meridional.
Para entonces, los delfines estaban terminando de abordar sus vehículos
interplanetarios. Ellos no tenían el problema del tamaño,
además poseían la ventaja tecnológica y estaban mucho
mejor organizados.
[ Arriba ]
Dios se hizo hombre...otra vez. En esta ocasión encarnó en el hijo de María, muchacha quinceañera de la colonia Lindavista. Cuando cumplió doce años sus padres lo llevaron al tianguis. Transcurría el día de plaza cuando Él conoció a un grupo de cuarentones futboleros que jugaban en la calle. Lo invitaron a participar y comenzó a correr entusiasmado tras el balón pero, de pronto, tropezó con una alcantarilla y se pegó en la cabeza con el filo de la banqueta. Todo mundo estaba arremolinado a su alrededor cuando María y José llegaron desesperados. Ambos padres se tranquilizaron cuando vieron que no le había pasado nada al niño de grandes ojos negros. Fue sólo después, en el centro médico que se enteraron que su hijo Jesús había perdido la memoria y que probablemente nunca la recuperaría.
[ Arriba ]
El noble castellano subía lento y encorvado la enorme escalera; en el rellano del piso principal se detuvo y cayó extenuado en la poltrona. Unos minutos de descanso y seguiría rumbo a la torre norte. El brillo de la luna se difuminaba ya a través de la vitralería, multicolor en toda la gama de púrpuras y morados. Hoy deseaba, como era su costumbre, pasar la noche en vela trabajando en su Metempsicosis ó Tratado general de la transmigración . Miró distraídamente alrededor hasta posar la vista en el viejo espejo despostillado que, según sus recuerdos, estaba ahí desde que era un niño. Se puso de pie ante aquel reflejo que apenas reconocía como suyo, y observó una lágrima deslizarse lentamente por su mejilla. Trató inútilmente de reprimir un suspiro, mientras pensaba que posiblemente en la siguiente vida le iría mejor.
[ Arriba ]Este Rey no quería una Enciclopedia que fuera la
síntesis de el conocimiento total de la humanidad; tampoco un mapa
que replicara punto por punto los detalles del mundo conocido. Este Rey era
literal (o literario), encargó a sus sabios, ministros y capitanes:
la confección de la Obra Cumbre de la Literatura Universal.
Al cabo de un año, regresaron los ilustres a la sala del trono. Con
ellos traían una serie de ochenta y cuatro trilogías con la
más exquisita, exhaustiva y premiada de las Comedias Humanas. Pero
el monarca hizo cuentas y resolvió que todo podía caber en
una decena de tomos en piel.
En seis meses todos aquellos eruditos estaban de vuelta. Esta vez la obra
maestra se componía de una novela principal y seis secuelas. Cada
una de ellas mayor (estilística y trascendentalísticamente
hablando) que la anterior. Sin embargo, Su Majestad pidió un sólo
tomo que fuera igualmente magnífico, los asuntos de gobierno y alguna
Sunamita requerían de su urgente atención.
Meses despues pidió un capítulo: El Capítulo; cuando
se lo trajeron decidió que la "Gran Obra de la Creatividad Humana"
quedaría plasmada en una cuartilla a doble espacio.
Se la escribieron. Las crónicas dicen que brillaba con luz propia.
Tampoco la aceptó.
Entonces decretó, solemnemente, que la anhelada Opus Magna era una
sóla palabra. Para entonces el Rey era ya el famosísimo filósofo
y hombre de letras que la historia registra como la cúspide del pensamiento
occidental y cuando tuvo en sus manos el sobre con el fruto de todos sus
esfuerzos convocó a un Jubileo Especialísimo. Todo mundo asistió,
propios y extraños, a esa Gran Ocasión como nunca vieran los
siglos.
Con su musical voz, y ante el silencio absoluto del universo, pronunció
el pequeño conjunto de letras que contenía todo y no omitía
nada:
KENACJERIQ.
[ Arriba ]
Mi niña, ¿quésque es malvado el mundo? ¿Te miraron y te requetesentiste asinita? ¿Que qué calosfríos son esos cuando te tientas aquiecito? A todas nos pasa, mi pequeña, mi tontita. ¿Qué, no te pones las naguas cortitas? ¡Inocente! Algo harás para tenerlos pendientes de tí. Sí mi chorguita. A los hombres, a los cabrones hombres. ¡Útchque!, ¿...no los miras? No te la creas. De todas maneras se quedan toditos lelos, todototes como agujereados. Mi niña, no sea usté cuzca. ¡Mi niña!, ¡ay mi niña!... ¡en boca cerrada no entran besos!
[ Arriba ]
Estas Diosas y Dioses,en el principio de los tiempos,terminaron de crear el mundo; luego participaron en una multitud de epopeyas de incontables humanidades; hoy andan clavados en el ciber-espacio. Algunos ya están comenzando a preocuparse porque nadie les dice qué más hay que hacer y porque no tienen la menor idea de cuanto van a durar.
[ Arriba ]
--¡Lázaro! Levántate y anda-- ...no
obtuvo respuesta. El Mesías respiró intensamente y gritó
como nunca se oyera antes gritar. --¡¡¡LEVÁNTATE
Y ANDA!!!-- y el cadáver seguía inmutable.
Jesús no desistió, a él se unieron las voces de los
cientos de miles ahí reunidos --¡¡¡L-L-LEEEVVVÁÁÁNNNTTTAAATTTE
YYY AAANNNDDDAAA!!!-- fue entonces que Lázaro dejó de luchar
y, resignado, se unió al resto de los condenados.
Todos juntos y sabiendo que no faltaba nadie, comenzaron a cruzar el umbral
del infierno. El aroma a unguentos y perfumes del último de los resucitados
se disipaba ya en medio de la pestilencia generalizada.
[ Arriba ]
En Jirícide cosen la boca de las muchachas para
que conserven su castidad, las alimentan por vía intravenosa; así
que Draken el Bárbaro trataba de abrirse camino sin inutilizar la
roja flor de placer. Eliane no oponía resistencia, a sus veinte años
hubiera sido capaz de matar a su conquistador en el momento en que éste
desistiera. Por fin y con un afiladísimo bisturí de diamante
logró separar los labios, pero un instante después se desplomó
abatido.
Las mujeres en Jirícide nacen, desde tiempo inmemorial, con los dientes
inferiores soldados a los superiores.
[ Arriba ]
Héctor Mauricio confrontó a su hacedor. --¿por
qué yo?-- Le espetó con un acento entre sospechoso e ilusionado.
A lo que Dios, despectivamente, contestó --no hay ninguna razón
en especial, simple y sencillamente a alguien tenía que tocarle--
y en su tono se adivinaba el más trascendental de los fastidios.
El elegido volvió a tener diez años, en su mismo barrio, su
misma escuela mixta, su mismo cuerpo regordete. Sólo que esta vez
la vida sería diferente; cumpliría puntualmente cada uno de
sus sueños y haría inmensamente felices a sus padres.
A la tarde estaba aterrorizado. Algo había descubierto en cada mirada
con la que se cruzó ese día. Todos traían la misma promesa...y
poco a poco todos lo estaban comprendiendo. ¡Ése era el infierno
exquisito que únicamente una deidad aburrida pudo concebir, irritada
y harta de sus creaturas!
[ Arriba ]
El bracmán llegó fatigosamente al final del camino, la caverna de su iluminación primera estaba a sólo unos pasos. Se detuvo a la sombra de la ceiba que el mismo plantara setenta años atrás, y meditó. Pasaron las horas, a medianoche alzó los ojos hacia un Aldebarán que destacaba en su cenit; mediaba octubre y la luna era nueva, lo que hacía fácil de distinguir al Cinturón Tereshkova, con su plétora de satélites, estaciones y aparcaderos espaciales. El rubí en el ojo del toro y el collar de diamantes.
Por fin entró al viejo refugio de roca. Nada había cambiado, la selva aún cuidaba de este olvidado paraje; sabía que no por mucho tiempo. La construcción del canal de Tehuantépec haría obsoleto este sitio de paganos y brujos; de leyendas y claves universales ocultas desde el principio mismo de La Era. Reunió un poco de yesca y se recostó con la cabeza reclinada en la misma hendidura de sus años tempranos. Muy pronto estuvo dormido y soñando.
La amada cordillera del Himalaya se erguía al norte, él sabía que estaba naciendo aunque su madre no lo entendiera, o tal vez sí y esa última sonrisa habría tenido ese significado. Sonrisa única e incomparable con nada que después viera o sintiera.
Nunca había soñado otra cosa, aunque durante muchos años estuvo convencido de que los sueños, los sueños verdaderos, existían. Existían aunque él no los recordara. Pero no era así. Y sabía por qué: ésta sería la última vez que ocuparía un cuerpo terrenal. "Esta es - pensaba a menudo- mi última encarnación, al final de estos días míos recordaré todas mis vidas pasadas".
El desprenderse de esta postrera aparición corpórea sería como... bueno, no lo sabía, pero en múltiples ocasiones había jugado con la idea. Pensaba en el Jesús de los cristianos quien, de haber existido sería tan humano o tan divino como cualquier mortal en tránsito hacia el Nirvana y, si de alguna forma los relatos tenían fundamento en la realidad, la metáfora del peso de todos los pecados de todos los humanos en la cruz se convertía en la del peso de todas las vidas de un sólo ser humano. Más que suficiente. ¿Habría él bracmán conocido en su tiempo al Nazareno, a Buda, a Sócrates?
Al amanecer cocinó con un poco de agua la última porción de tsampa que le restaba, la última de esta estancia sobre la tierra. La última de todas sus estancias sobre la tierra. El momento de la transmigración ocurriría en my poco tiempo y comenzó a desearlo con todas las fuerzas de que es capaz un ascético cuerpo de ciento treinta años y un espíritu que, plausiblemente, se remontaba al pasado varios cientos de millones de años.
Sabía que habría un premio al final del camino y él estaba pronto a recibirlo, era un bracmán de la más elevada de las castas. Había observado los preceptos y entendido todo lo que había que entender en este mundo, cualquiera de sus maestros y discípulos le diría que un hombre de su categoría no podía ser un punto más perfecto, de serlo estaría ya confundido con la divinidad, libre de todo deseo, libre ya en definitiva de la rueda de los nacimientos y con el perfecto recuerdo de todas sus vidas y toda la eternidad para analizarlas reviviéndolas a placer. No había ya otro estadio intermedio, él estaba por convertirse en La Causa Primera.
Súbitamente entró en trance, un éxtasis que comprendió era definitivo. Este amasijo de carne y huesos nunca regresaría al mundo.
Empezaba a recordar...
Un leñador en la periferia de Mohenho Daro, un leproso en Tebas, un pochteca en el viejo camino a la Gran Tenochtitlán. La mujer de un esquimal en algún lugar de Groenlandia, una prostituta sagrada en el templo de Astarté, una mujer que nunca dejó pisadas en el Rift hace tres millones de años. Se embarcó hacia el oriente en la última isla de la Polinesia y nunca salió de la pequeña aldea vosga que lo viera nacer. Fue Mitra o alguien que pretendía serlo y un adorador de Mitra o alguien que pretendía serlo. Murió innumerables veces; recién nacido y en la más decrépita senilidad; murió infinidad de muertes violentas e infinidad de muertes en paz, y casi nunca supo que había muerto... igual, casi nunca supo que estaba vivo. Fue padre, fue madre. Violó, sedujo, fue violado, seducido, humillado, honrado, avasallado, ensalzado... fue la maldad y fue la virtud.
Vivió embrutecido muchos de sus avatares, embrutecido de alcohol, de opio, de amor o simplemente porque fue un simio que estuvo a punto de "ser humano". Escribió poesías y casi nunca supo escribir y a veces ignoró su propio nombre; aún se representa por ahí, en un teatro de variedades, una comedieta ridícula y vulgar que nunca vio representada en vida y por la que nunca recibió un centavo.
Las encarnaciones se le presentaban una a una, fugazmente, eran, durante un instante, cáscaras que también fugazmente se desprendían una a una. Intuía ya lo que había al final. La revelación total y, al fin, el premio a este último penar terreno que había sufrido virtuosamente, aprendiendo las leyes genésicas de la creación.
Como una nube que flotara constantemente entre sus recuerdos persistía omnisciente la personalidad del bracmán: Por instantes se preguntaba si estaría dejándose atrapar en las dilatadas redes de la vanidad, si sucumbiese a la falta de humildad, pero no; el apreciarse con toda justicia jamás sería pecado. ¿O es que el no había correspondido a su alta investidura con rectitud? ¿Acaso su voluntad aspiró alguna vez a algo además que al bien? ¿Habían sus sentidos buscado nada excepto la belleza? ¿Sería que él, el más inteligente de los hombres vivos en ese sublime momento, deseó cualquier recompensa de la mente diferente a la verdad?
No abrigaba ya ninguna duda, alguna vez pensó --corrían los años sesenta del siglo anterior-- que todo era utopía: que el no era mas que un ser humano común y corriente; que la transmigración de las almas era una patraña de sus mayores, anclado en milenios de mitos, miedos y supersticiones. Pero la incertidumbre se marchó con la adolescencia. Durante cien años sus fantasías lo llevaron a ese, por el momento, incomprensible destino en el que con unos pocos elegidos a lo largo de miles de generaciones de vírgenes sagradas y santos varones compartiría el poder absoluto sobre el universo.
Sus personalidades pasadas continuaban desprendiéndose una a una mientras eran recordadas... es cierto, en este instante no hay un habitante del planeta más digno de ser enaltecido que yo. Unos cuantos segundos y el tránsito habría terminado, un parpadeo tan sólo y él sería Dios.
Súbitamente supo que la transmigración había concluido pero no era lo que había esperado. ¡Ahora sí lo entendía todo! ¡Ahora sí estaba recibiendo la iluminación! Cuán vano había sido su deambular como ser humano. Ya sabía por fin quien era, al fin confrontaba la verdad suprema. Aún tenía que sufrir una vida más, ahora sí en el máximo eslabón posible de la cadena de la vida. En su boca el sabor a sangre y agua salada era cada vez más intenso y cada vez eran más intensas las presencias que lo rodeaban; su madre y la manada de cachalotes con la que comulgaría el resto de sus días mortales. Se le ocurrían elevados ejercicios mentales y una gran cantidad de preguntas filosóficas que, paulatinamente, se sustituían con un irrefrenable instinto de mamar y la pulsión de dejarse guiar mientras el grupo navegaba en contra de los vientos boreales.
[ Arriba ]
El seis de abril de 2003, el Congreso aprobó el
Estatuto. La ciudad de Phoenix se trasladaba, por entero, a la realidad
virtual. Una semana después todo estaba listo y comenzó el
proceso de transferencia de datos.
Los habitantes de la antigua ciudad en Arizona conquistaron todo un planeta
del que ahora eran los dueños absolutos e indiscutibles; apenas unos
años después estaban colonizando planetas de otras estrellas,
aunque ésto sólo como preludio al Imperio Galáctico
que constituirían trillones de seres humanos en millones de sistemas
planetarios.
Viajaron fuera de su Vía Láctea original; en naves acondicionadas
para que nacieran, vivieran, procrearan y murieran innumerables generaciones
descendientes de los Primeros Padres --o Fundadores Constituyentes-- como
se les nombraba en los libros de historia. Llegaron al límite físico
del Cosmos y descifraron todos sus secretos, dominaron todas sus leyes y
organizaron sus principios de termodinámica y física cuántica
en una forma más lógica y fácil de entender.
Alcanzaron la excelsa cúspide de la Evolución Animal, tanto
con los planes corporales más prácticos como con los más
hermosos y originales. Junto a ellos evolucionaron millones de especies
de seres vivos y también se re-crearon los dinosaurios, los mastodontes,
el hombre de Neanderthal y las trilobitas.
Pelearon guerras, algunas terriblemente sangrientas y que duraron milenios
enteros; hubo verdaderas epopeyas y famosos héroes mitológicos.
Cada siglo tuvo miles de intrigas románticas, misterios insolutos
y vidas ejemplares. Hubo de todo: traiciones, virtud, grandes obras de la
literatura, rumores, mártires,...maravillosas aventuras. .
Casi todo sucedió...en el más remoto y olvidado puñado
de polvo cósmico estamparon su huella --las Crónicas de Phoenix
tienen más volúmenes que quarks hay en todas las Dimensiones
Posibles-- probaron todas las combinaciones sociales que se les ocurrieron.
Muchas veces llegaron al borde de la extinción y un día se
extinguieron por completo, mientras que su Universo moría de muerte
térmica.
El diecisiete de mayo de 2003, en una breve nota periodística, los
medios informaron que, con toda seguridad, la porción de la realidad
virtual correspondiente a Phoenix estaba completamente inutilizada.
Desde entonces interesa muy poco el tema y únicamente algunos turistas
visitan "ese lugar" en medio del desierto. El viejo señor Cappeletti, quien por estar ausente, no pudo irse al ciberespacio con el resto de los ciudadanos de la Capital de Arizona, murió el año pasado a los noventa y ocho años.
[ Arriba ]
¡Singular nombre propio! --exlamó interesado el hombre atrás de la ventanilla, mientras pretendía examinar atentamente la ficha 474LYE-4; aunque realmente tuviera como afán principal dirigir furtivas miradas a su interlocutor --aunque me parece haberlo escuchado antes-- continuó en tanto se decidía a dejar de fingir para alternar su abierta y descarada mirada entre el susodicho papel y la figura del solicitante.
La mayoría de los datos concordaba perfectamente con las regulaciones, al menos en apariencia: Simiburgo, Africa Oriental; treinta y cuatro años. Sin embargo, no dejó de llamar la atención del intrigado burócrata que el tipo aquel confundiera el renglón de "Régimen alimenticio especial" con el de "Religión": habiendo puesto Cristiano en el primero y ninguna respuesta en el segundo.
Sólo el nombre...remótamente familiar. Parecía extraño y común a la vez. Verlo manuscrito pulsaba en el empleado una cuerda interior olvidada en los seres humanos de su clase, una cuerda que no había sido rasgada en una centena de generaciones.
¿Apellido? --preguntó saliendo de sus divagaciones-- Greystoke, contestó el desconocido. --¿Ocupación?-- Exclamó rutinariamente quién poco a poco volvía a la cotidianeidad sistemática y aburrida de la Oficina de Refugiados y Repatriados --Lord-- recibió como respuesta. --Firme aquí, por favor y pase enseguida por la puerta "H" para que le den una camisa, un pantalón y un par de zapatos...eso es...gracias...
El individuo alto y musculoso devolvió el bolígrafo prestado y se encaminó a donde se le había indicado, mientras a sus espaldas el funcionario estampaba el sello. Justo abajo del renglón en que se leía, con rasgos infantiles, la palabra "Tarzán".
[ Arriba ]
En el pesebre, María --que todo lo guardaba en su
corazón-- tenía la impresión de que esto ya lo había
vivido antes. José, igualmente preocupado pero también sin
decir nada a su esposa, observaba el rostro de su hijo primogénito.
El bebé parecía estar pensando intensamente.
El Niño Jesús veía a todos como a través de
un vitral, pero sin el mínimo interés, incluso mientras llegaban
los Reyes Magos.
"Esta vez no" se decía con firmeza, "ahora sí que no me crucifican".
[ Arriba ]
Arturo Rosenbluth solía decir: "el mejor modelo
de un gato es otro gato, de preferencia el mismo gato". Por eso se convirtió
en una tradición para el Laboratorio de Experimentos en Física
Cuántica con Seres Vivos que siempre se utilizaran gatos como sujetos.
En esta ocasión, y excepcionalmente, también se usó
un ratón.
Cargaron, con el roedor, el ultra acelerador astral de partículas
y lo apuntaron hacia el gato que estaba amarrado a seis metros de distancia.
El disparo fue preciso, y el ratón, expresado en sus trillones de
átomos, alcanzó una velocidad increíble. Por su parte
el gato, chingó a su madre, tanto figurativa como literalmente.
Aquí vemos como a veces los refranes son sólo el pálido
reflejo de la realidad.
[ Arriba ]
El náufrago contaba los días. Hoy estaba
revisando la sumatoria por enésima vez. Ya no tenía duda; su
estancia en la isla alcanzaba hoy el millón doce mil cuatrocientos
veintisiete días. No tenía ninguna duda pero trató de
olvidar sus conclusiones. "Por absurdas", se dijo a sí mismo.
El barco fenicio en el que intentara llegar a la India se había hecho
añicos en la tormenta, sólo el sobrevivió. El guardacostas
yemení que lo rescatará hoy por la tarde confirmará
la exactitud de sus cálculos. El no lo sabe, pero antes de que se
oculte el sol, habrá enloquecido por completo.
[ Arriba ]
Soy un perro. De verdad: ¡soy un perro! Por alguna
extraña razón he alcanzado la edad de ciento veintitres años,
no sé de ningún otro caso similar, ¡y vaya que he buscado!
No voy a mentirles contándoles que he alcanzado mi nivel cultural
leyendo, aunque sé hacerlo y lo hago con cierta regularidad; casi
todo lo he aprendido observando a los humanos y, como les resultará
evidente, puedo utilizar la computadora con cierta destreza.
Sería estúpido quejarme, estoy mejor que ningún otro
perro lo ha estado en la historia del mundo y siempre me las ingenio para
tener los mejores amos...sólo que, ¿sáben?. De un tiempo
para acá, han comenzado a gustarme las mujeres.
Bueno, la verdad es que hay algo en lo que les he mentido: No soy un perro,
en realidad soy un lobo, pero hace mas de cien años que finjo que
soy un perro.
[ Arriba ]
La princesita se pincharía el dedo con el huso de una rueca y moriría: fue la sentencia del hada malvada. No, no moriría, corrigió el hada buena: sólo se dormiría, y al pasar un siglo la despertaría el beso de amor de un apuesto caballero. No, no sería un beso de amor, intervino una segunda hada malvada: vendría un horrible vampiro, le succionaría la sangre y la hermosa princesa recorrería desquiciada los pasillos del castillo; mordiendo y desangrando brutalmente a todos aquellos desdichados que hubiesen dormido cien años por lealtad a la Casa Real.
[ Arriba ]
Adán y Eva, como todas las tardes, miraban el ocaso
tomados de la mano y, como siempre, en silencio y apesadumbrados. Ambos pensaban
lo mismo. Hacía años que vieran a Yahvé por última
vez y estaban seguros de que nunca volvería. Miraban a Caín
y Abel que, inocentes y confiados,jugaban junto al arroyo. Asímismo
pensaban que ella aún podría concebir hijos pero...¿tendrían
algún futuro?
Luzbel también sabía que Yahvé nunca volvería
y, mientras a su vez miraba el crepúsculo, escuchaba lo que sucedía
en las mentes de los primeros seres humanos sobre la tierra. Alguna vez
adquirió la forma de una serpiente, ahora se convirtió en una
niña recien nacida que apenas cubría la hierba, y comenzó
a llorar a pocos pasos de unos asombrados Adán y Eva.
Dentro de algunos años, Caín --loco de celos-- asesinará
a su hermano Abel.
[ Arriba ]
La compañía TransTime congeló en 2107
a trescientos cuarenta y tres seres humanos de ambos sexos; el controlador
automático debería despertarlos en 3025. Así sucedió.
Todos juntos fueron llevados a una reservación en el sur de Wyoming,
ya que el anexo de 2908 a la Declaración Universal de los Derechos
Humanos clasifica como "eslabones perdidos" a todos los que entraron en hibernación
entre los siglos XXII y XXVI.
Para terminar esta nota quiero comentarles que aquellos que se inscribieron
al programa antes del 27 de septiembre de el año 2100 han adquirido
el estatuto de "quimeras" y nunca serán activados de nuevo. Su delicuescencia
definitiva está pendiente en los tribunales debido a un desafortunado
tecnicismo legal.
[ Arriba ]
Resucitó al tercer día, las
cinco semanas siguientes fueron como si las estuviera viviendo otra persona;
se acabaron los asuntos políticos y las interminables arengas teológicas.
Llegó el momento en el que ascendería al paraíso y
estaba muy nervioso. Sabía que ésta era apenas la segunda vez
que se realizaba la ascención y a Elías lo habían ayudado,
por cierto que en una forma exageradamente teatral; el carro de fuego y todo
eso. Las mujeres, los discípulos y un montón de curiosos estaban
reunidos desde temprano. María y Juan lo tenían cada uno de
un brazo, mientras que a poca distancia, Pedro se afanaba ultimando los detalles.
El gran acontecimiento ocurrió al fi: sin más preambulos,
Jesús comenzó a elevarse de entre los vítores, lágrimas
y aplausos de la emocionada multitud. Se acercaba a la nube brillante que
lo ocultaría para siempre de los ojos humanos y que le serviría
en la entrada triunfal a los salones celestiales de Dios Padre.
Cuando alcanzó una altura considerable y los vapores dorados lo envolvían
casi por completo, empezó a sentir que se le dificultaba la respiración.
Disminuyó la velocidad y notó que también sentía
algo de vértigo. Se detuvo por completo mientras luchaba con el terror
que lo tenìa atrapado.
Estaba consciente de que no podía hacer el ridículo.
Lo peor debería estar en el pasado; la Crucifixión, los tormentos,
la humillación y la traición fueron todo lo difíciles
que podían ser, pero ahora Él era su propio enemigo. Ya oscurecía
cuando se decidió a disminuir la altitud. El alivio fue casi inmediato.
Un par de horas después tocó el suelo, nadie se veía
alrededor, un largo rato había pasado desde que el paraje quedara
abandonado. Emprendió el camino del oriente preguntándose si
alguna vez tendría el valor de volver a intentar el despegue. Por
el momento, su urgencia era abandonar Palestina lo más pronto posible.
Nunca soportaría la verguenza de verse descubierto.
[ Arriba ]
La Cenicienta se encontraba en su reencarnación
diecisiete. El baile en Palacio ya estaba anunciado y aún no tenía
noticias de su hada madrina. Tal vez el problema era la falta de ceniza,
de hecho; ni siquiera había chimenea y esta vez sus hermanastras eran
muy bondadosas con ella.
Desesperada, fue al taller mecánico de la esquina y consiguió
un poco de grasa grafitada. Pero cuando el Hada Madrina apareció
ésta descubrió el engaño, no por nada ella estaba en
su reencarnación doscientos treinta y cuatro. Sin embargo el baile
era inminente, así que el Hada decidió ir ella misma y luego
de pasar el bla-bla-bla que todos conocemos se casó con el joven príncipe.
Eso explica la carroza con forma de calabaza estacionada afuera de Montes
Proteicos 75 en las Lomas de Chapultepec.
[ Arriba ]
Los bravos guerreros convocaban a los Dioses a que les infundieran valor en la batalla, para no temer ser heridos y lograr la victoria. Prometían inmolar carneros, terneras y caballos, construirles templos, ayunar y orar durante años. Pero ninguno de ellos ofrecía la propia vida. Estaban a punto de enfrentar al ejército de las amazonas.
[ Arriba ]
Para Álvaro B.G.
En el Séptimo Día, Yahvé
descansó. Al menos eso fue lo que intentó hacer toda la mañana
mientras se revolcaba de uno a otro lado. Por la tarde, decidió enfrentar
el problema.
No estaba satisfecho con el ser humano, así que comenzó todo
de nuevo.
Creó el cielo y la tierra, volvió a pronunciar el "fiat lux",
partió las aguas y colocó en el firmamento las dos grandes
lumbreras. También las estrellas.
Hizo que de la tierra brotara la hierba, pululó el mar con multitud
de seres vivientes, volaron las aves en el aire y la tierra se llenó
de animales. A todos les recomendó que crecieran y se multiplicaran.
En el sexto día creó, a su imagen y semejanza, a los dinosaurios.
Varón y hembra los creó.
El sábado, ahora sí, Yahvé descansó.
[ Arriba ]
El Universo se muere de muerte térmica.
La entropía es irreversible. Sólo quedan dos superconsciencias
en el cosmos: Lucifer y Yahvé.
El primero muestra signos de fatiga, el segundo comienza a desperezarse.
Ambos saben que han transcurrido quince mil millones de años desde
el último Big-Bang.
Luzbel empieza a estirarse y a bostezar, y aunque apenas puede ocultar su
entusiasmo ante la perpectiva de toda una Era dedicada a la contemplación
filosófica, paladea con fruición estos, los postreros momentos
de Su Creación. Su espíritu flota, cada vez más relajado,
sobre las aguas cósmicas. Te toca-- dice a su acompañante --¡TE
TOCA!--le repite con énfasis, cómo si no creyera en tanta dicha.
Enseguida se disuelve en la nada para sumirse en un larguísmimo letargo,
en tanto Dios repasa mentalmente Sus palabras genésicas.
[ Arriba ]
Para Salitre
Los platillos voladores flotaban sobre las
principales ciudades. Los alienígenas estaban en todos los canales
de comunicación apremiando a la humanidad para que abandonara el planeta
que en unas cuantas horas sería destrozado por un gigantesco meteorito.
Los seres humanos permanecían impasibles y sólo observaban
las múltiples escaleras de luz que emanaban de cada nave.
Siguieron impasibles mientras veían que miles de millones de roedores
se arremolinaban frente a los haces luminosos y eran succionados hacia los
gigantescos transportes suspendidos sobre la superficie.
Cuando la sombra del asteroide cubría gran parte de los continentes
septentrionales, fue ya muy tarde. Los extraterrestes comenzaron a despegar
a velocidades prodigiosas, con su preciosa carga de seres vivos.
Una vez más, las ratas fueron las primeras en abandonar el barco...
en este caso, las únicas.
[ Arriba ]
¿Recuerdan el chiste aquel en el que un jinete desesperado preguntaba día tras día a los pueblerinos si ya sabían qué y cuando por fin estos se aburrieron le dijeron unos que sí y otros que no y él entonces lanzó la "punch line" de que los que supieran le dijeran a los que no, para luego seguir cabalgando? Pues bien, eso lo ha hecho en todos los pueblos desde Carson City hasta San Francisco. ¡Abusados!
[ Arriba ]
Tengo muy presente en mi memoria que cuando yo era niña hubo llanto, hubo crujir de dientes. Los conquistadores trajeron la muerte, trajeron el saqueo. Violaron a las doncellas, humillaron a los mancebos, profanaron nuestros sagrarios. En las acequias, la sangre se coagulaba y en el llano los pueblos de mi patria se volvían unos contra otros. Caía la Gran Tenochtitlan. Hicieron esclavos a casi todos, los humillaron, los marcaron con el tizón al rojo blanco. Ahora que soy mayor pienso que puedo atreverme a preguntar: ¿Porqué todos actúan como si nada hubiera pasado? ¿Por qué en la escuela las maestras dicen que esto sucedió hace mucho tiempo? ¿Por qué nunca pusieron nada en la televisión?
[ Arriba ]
Una noche en que las vampiras y vampiros del mundo celebraban su asamblea anual, alguien propuso que se editara una colección de libros con temas propios del folklore y la cultura vampirianas. La idea entusiasmó a toda la concurrencia y el concepto original evolucionó hasta que se votó la elaboración de una Enciclopedia[ 1 ].
Esta tendría muchos libros llenos de pinturas, fotografías y gráficas muy bonitas --es decir, bonitas según el gusto de la vampirada-- en novedosos colores tétricos. El texto debía ser también muy fufurufo y en el mejor estilo vampiresco: sobre papel de color "morado real de Prusia" con bolitas grises aquí y allá, salpicado de sangre por todos lados; con letras negras muy antiguas y subrayados color plata. El cuerpo de la obra estaría organizado tanto por temas como por entradas. La harían interactiva y con un índice exhaustivo abarcando varios volúmenes. El pleno de la asamblea ordenó que el empastado se hiciera a todo lujo: en fina piel aterciopelada color esmeralda profundo y grabados en oro.
Se nombraron varias comisiones a las que se otorgó mucho presupuesto. Había la de redacción, encargada de escribir muy claramente lo que la de compilación compilaba. Integraron las comisiones de artes, ciencia e historia. Destacaban también las comisiones de diseño, encuadernación y distribución (para que todos en la comunidad vampira tuvieran sus cuatrocientos tomos). Asimismo, se nombraron comités especiales, por ejemplo; el encargado de elaborar el índice y, muy importante; uno para que dedicara sesenta meses a discutir cómo se debía llamar la Enciclopedia.
Hubo muy buenas sugerencias como aquellas de "Biblioteca total de La Vampiritud" , "Vademecum Vampiricum" o "La Enciclopedia Vampírica"; mas al fin se decidieron por "La Enciclopedia Wampira", fundamentándose en el hecho de que en los documentos oficiales se utilizan las palabras wampira y wampiro[ 2 ] ya que vampira y vampiro son formas vulgares que antes sólo la humanidad usaba y que ahora corrompen el habla culta.
Finalmente, la muy monumental obra fue concluida y se hizo una presentación con mucho oropel, intelectuales y ¡hasta con sangrita de honor![ 3 ]. A todos gustó mucho, pero más a las wampiras, tal vez por las extensas secciones de modas y hogar. A estas les gustó tanto que se pusieron de acuerdo para irse a vivir dentro de la Enciclopedia para siempre. Como las wampiras macho, esto es, los wampiros, no pueden vivir sin sus compañeras; se fueron tras de ellas.
Es por eso que hace ya mucho que no existen estas interesantes criaturas sobre la faz de la tierra.[ 4 ]
[ 2 ] Algunos filólogos señalan la supervivencia de las formas sustantivas esdrújulas "wámpira" y "wámpiro". Los adjetivos correspondientes (wampira, wampiro), en cambio, siempre han sido de acentuación grave. v. T. CLIV pp. 401 y ss. de La Enciclopedia.
[ 3 ] De horror. (n. del traductor)
[ 4 ] El Profesor Didier Fernán de Pla, máxima autoridad mundial en vampiros y editor de la versión al castellano de La Enciclopedia, señala que de haberse realizado la asamblea de marras en la época actual, la mayoría habría votado por un sitio en internet y no por una serie de volúmenes impresos en papel.
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"Mira Hijo Mío: si va Él es
como si fueras Tú, están hechos de la misma madera. Si Él
va en tu lugar, desde aquí puedes guiar Su desempeño. Entiende,
son la misma substancia...Tú y Él. No tienes que demostrar
nada, menos que nadie a Mí, Tu Padre. En lo personal, siento que me
dolería mucho verte sufrir. Además sé que has vivido
aterrorizado los últimos tiempos"
Jesucristo a cada instante parecía más convencido. Durante
horas había resistido los argumentos de Su Progenitor. Por fin suspiró,
con infinito alivio, y dijo lo que esperaba oir Dios Padre.
"De acuerdo, que vaya el clon".
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El Ejercito Celestial y el Ejército
de las Tinieblas se enfrentaban una vez más. Los corazones de los
que iban a combatir sólo palpitaban por el miedo y la desesperación.
Sería otra batalla inútil. No habría vencedor, únicamente
derrotados.
Lucifer se acercó a Dios --siempre habían dialogado vanamente
en los momentos previos a cada masacre-- ahora tenía un punto nuevo
para negociar. "Estás enterado de que he conocido carnalmente a las
mujeres, tus creaturas y Tú..." El rostro indignado de Yahvé
lo contuvo, el incesto era un tema que el Señor nunca tocaba. "Es
que necesitamos firmar el armisticio, no podemos seguir así hasta
el fin de los tiempos". Su interlocutor quería escuchar...
"¡Si tan sólo hubiese una propuesta razonable!" pensaba para
Sí.
"¿Sábes?", continuó el Maléfico si nos enlazamos
por la sangre, y la unión es bendecida con un hijo, podríamos
sellar una Alianza Universal y un pacto de no agresión eterno. "Mira,
con una hija mía no sería incesto, el parentesco es menor,"
espetó por fin, conteniendo el aliento.
"¿Hás pensado en alguien?", pregunto Dios, ahora en verdad
interesado.
Impasible, Satanás contestó: "Se llama María, una fresca
y suculenta chiquilla de Belem".
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En el país de Kenajrc, los hombres
son quienes cargan en su vientre a los bebes, como los caballitos de mar.
Luego de nueve meses dan a luz. En el país de Kenajrc, los hombres
amamantan a los bebes.
Los hombres, en el país de Kenajrc, tienen el caracter dulce y son
muy abnegados... Utilizan, principalmente, el hemisferio derecho del cerebro.
Los hombres en el país de Kenajrc, sufren en silencio los injustos
maltratos a que los someten sus parejas.
En el país de Kenajrc, los hombres no van a la guerra, crían
a los hijos y a menudo son violados, en ocasiones brutalmente asesinados.
Los hombres en el país de Kenajrc son sumisos y maternales. Los hombres
de Kenajrc son cosificados, tienen ciclo menstrual, busto prominente y vagina.
En Kenajrc los hombres envidian el pene.
Desde cierto punto de vista, en Kenajrc... los hombres son las mujeres.
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Cuenta el Génesis que Noé
construyó, según las órdenes del Señor, un Arca.
Las instrucciones eran precisas en cuanto al tamaño y a los materiales;
también indicaban cómo sellarla para evitar que el agua se
derramara o evaporara, así como para que el oxígeno se reciclara
constantemente.
Noé y su familia cargaron el arca con una pareja de cada especie:
tiburones, ostiones, bagres, ballenas, manatíes, mantarrayas, tortugas
y serpientes marinas, peces tropicales, salmones, pulpos, pinguinos, focas,
langostas,... en fin, un par de cada animal representado en el planeta. El
día señalado, Yahvé abrío los grandes abismos
marinos y dio inicio la Gran Sequía Universal.
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Epimeteo dijo a Pandora que nunca abriera la caja que contenía todos los males de la humanidad --y en el fondo La Esperanza-- y como era muy prudente, puso la caja en un lugar seguro y le echó llave. Tomó entonces la botella que contenía todo el licor del mundo --el que se había producido hasta entonces, por supuesto-- y se la bebió. Desde aquellos días duerme y ninguno de los Dioses que lo ha intentado puede despertarla. La necesitan para que les diga donde dejó la llave. Sucede que alguien se equivocó y lo que está en la caja son todas las bondades del mundo. Además, La Esperanza anda suelta y no hay donde guardarla.
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Sir Roderic y el Rey, conquistaron a los bárbaros paganos, juntos los derrotaron. El rey volvió, pero el héroe permaneció en el norte buscando el Santo Grial. Cuando lo encontró, lo envió a la corte junto con muchos otros tesoros. Viajó luego al oriente y vivió interminables aventuras, peleó terribles batallas y se enfrentó a gigantes. Después, en tierras meridionales, conoció abominables criaturas, presenció extrañas costumbres y atisbo, a lo lejos, sátiros y dríadas...
Al final de su vida, en su último lecho, recordó, por última vez, a la hermosa dama que debía estarlo esperando. Él siempre fue fiel.
Nunca supo que, apenas el valiente caballero partió de Camelot, Lady Adela se había unido a las amazonas en una expedición hacia occidente, había descubierto nuevas tierras y nuevos pueblos bárbaros; había regresado y saqueado Bizancio y, en el Deccán, había sostenido en el trono al Rajá Dalghiri. Vivió también, entre el fragor de tanta guerra, humedísimos romances y santísimas epifanías.
En este momento la sepultan, con honores de Jefe, en una pequeña fosa en la isla de Q'ler. En treinta años no tuvo para él un sólo pensamiento... tampoco ahora.
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Camina a solas por las calles obscuras... de pronto cree escuchar pasos detrás de él. Disminuye la marcha, aunque conserva las manos dentro de los bolsillos de su abrigo. Se convence de que es su imaginación, otra vez, y continúa su paseo nocturno. Otra vez escucha que alguien lo sigue, o quiere creerlo. Ésta vez se detiene y voltea la cabeza. Permanece un par de minutos escudriñando cada sombra, cada débil reflejo de luz. Cada vez el deseo es más fuerte y se pregunta si alguna vez perderá la esperanza. Se pregunta si alguna vez dejará de recorrer las ciudades. Han pasado trece años desde que la bomba de neutrones acabó con todos, de pronto, escucha a alguien caminando a la vuelta de la esquina... lentamente saca las manos de los bolsillos.
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Ese beso debía de durar toda la vida, así que luego de cuatro muy breves minutos, sin despegar sus labios de los labios de ella, desenfundó la pistola y le disparó a quemarropa, luego se apuntó a la sien y disparó.
Les encontrarón. A él, con sus dientes apretando fuertemente el labio inferior de ella; a ella, tratando desesperadamente de zafarse, con el muslo perforado y la boca hecha un guiñapo, pero viva.
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En el primer acto, aparece el protagonista y decide que afectará, profunda e irremisiblemente, la vida de todos aquellos que lo rodean y la de muchos que ni siquiera lo conocen. Ha aceptado la responsabilidad y las consecuencias, entiende que la suerte está echada.
En el segundo acto, se da un minuto para meditar sobre el alcance de sus acciones, reafirma su compromiso y elabora mentalmente la estrategia para conseguir sus objetivos. Sabe que aquellos a quienes ama nunca lo perdonarán y que la Historia lo condenará a la ignominia.
Cuando llega el tercer acto, se da cuenta de que no es posible dar marcha atrás, ya es demasiado tarde. Aún así, valora el costo de los pequeños detalles tácticos que no tomó en consideración. En el último momento resuelve, valientemente, regresar al primer acto.
En el primer acto, aparece el protagonista...
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"¿Y la víctima, padre?", preguntaba el pequeño Isaac al apesadumbrado Abraham. "El Señor proveerá", contestaba el viejo con sólo una sombra de voz. Llegando a la cima del Moriah prepararon la leña para el holocausto. Ya echaba el Patriarca mano a la yesca y al pedernal cuando apareció el Ángel de Yahvé e indicó unos matorrales cercanos. Padre e hijo apartaron las ramas y descubrieron a una hermosa niña, desnuda y aterrorizada, atada a un enorme madero. El mismísimo Dios de los Cielos se materializó de la nada minutos más tarde, vestía su traje de ceremonia: botas de piel con pezuñas de macho cabrío, ropón y capa rojo encendido, y la corona con forma de cornamenta. Sonrióle a Isaac mientras ponía en la diestra del anciano el cuchillo ritual y luego de una breve invocación, ordenó que diera inicio el sacrificio.
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Fue el año de 2104 cuando más de seis mil millones de habitantes de la tierra se inscribieron en el programa "Salto en el Tiempo". Los pocos que quedaron decidieron destruir los skelters, y con el paso de los siglos el planeta volvió a poblarse hasta el límite. La humanidad olvidó que alguna vez se pudo viajar al futuro.
Pero los Divinos de la Orden del Temple nunca olvidaron. Durante un milenio se prepararon para el año de 3104, transmitiendo de generación en generación el miedo a la invasión que llegaría de la nada.
Cuando en el día señalado comenzaron a aparecer los viajeros temporales, se desató la más terrible de las carnicerías que registra la historia. A lo largo y ancho de todos los continentes, seis mil millones de seres humanos, sin armas y cargados de ilusiones, fueron inmisericordemente masacrados, tan sólo instantes después de haber arribado a la Utopía prometida por los científicos idealistas del Siglo XXII.
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El genio dormitaba, al tiempo que, entre tanta baba, tarareaba:
*
De la horas menguadas de La Historia,
abruptas inclemencias del destino
-- cruel, estéril, devenir --
una botella,
bajo el dintel de la era,
venia aguarda.
De pronto escuchó un ruido, y esperanzado, entra en alerta, pero sabe que es ridículo; en un millón de años, nadie ha abierto su prisión.
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El hombre miraba imperturbable a los lobos mientras concluían el festín, después vió impasible como los chacales y los buitres arrancaban los últimos amasijos de carne a los huesos. Igualmente observó con calma a toda clase de insectos, gusanos, ácaros y microbios, terminar con cualquier rastro posible de que allí hubiera una vez un cuerpo caliente. En el momento en que comprueba, sin inmutarse, como una última bacteria lisa un último corpúsculo putrefacto de materia; su espíritu, a una velocidad varios miles de veces superior a la de la luz, escapa finalmente de aquel paraje.
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