Corresponsal: Betty Vergara
El Gerente
*** El Gerente *** .....Tu lo conoces...! ! ! !
Cuentan que un gerente muy importante, de una conocida multinacional,
tuvo una crisis cardiaca por culpa del trabajo. Fue dado de baja y
enviado al campo con el objeto de que recuperara las fuerzas y se relajara un poco.
Despu�s de pasar dos d�as sin hacer nada, el hombre estaba ya harto de
la vida buc�lica y pastoril y se aburr�a soberanamente. As� que decidi�
hablar con el granjero que le hospedaba y solicitarle alguna tarea
sencilla para pasar el rato y ocupar el tiempo, a la vez que as� har�a algo de ejercicio.
Al d�a siguiente, se levantaron temprano, antes que saliera el sol. El
granjero, conocedor de la idiosincrasia de la gente de ciudad y
temiendo alg�n estropicio irreparable, resolvi� asignarle tareas simples en las que no pudiera causar da�o alguno (incluyendo a �l mismo).
"La tarea es muy sencilla", dijo el granjero, d�ndole una pala. "S�lo
tiene que recoger el esti�rcol que hay en el chiquero y repartirlo por
el sembrado para abonarlo. Cuando termine, venga a verme."
El granjero era propietario de m�s de doscientos cerdos, y el esti�rcol
se acumulaba hasta la altura de la rodilla. As� que el hombre estim�
que la faena le llevar�a al gerente dos o tres d�as. Cual fue su sorpresa cuando, al cabo de tres horas, apareci� el gerente lleno de esti�rcol hasta las orejas, sonriente y con cara de satisfecho.
"Ya he terminado".
Viendo que, en efecto, la tarea estaba terminada y, adem�s, con
eficiencia, el granjero decidi� asignarle otra. D�ndole un enorme cuchillo le explica:
"Bien. Hay que sacrificar unos pollos que ma�ana vienen a recoger los
de la carnicer�a. Basta con cortarles la cabeza. Es un poco m�s
complicado, pero seguro que puede hacerlo".
Eran m�s de mil quinientos pollos para sacrificar y supuso que el
gerente no terminar�a hasta bien entrada la noche. Incluso, pens� en
ayudarle m�s adelante, cuando terminara de recoger la siembra.
Apenas hab�an pasado un par de horas, cuando el gerente se present� con
toda la ropa y la cara manchada de sangre, el cuchillo mellado y
sonriente como un ni�o en el d�a de los Reyes Magos.
"Ya he terminado".
El granjero no sal�a de su asombro.
"�Incre�ble!"
El mismo, acostumbrado a la dura vida rural, no lo hubiera hecho mejor:
los mil quinientos pollos estaban amontonados en un lado y las mil
quinientas cabezas en otro lado. El granjero se rasc� la cabeza, pensativo.
Llev� al gerente junto a un gran mont�n de patatas y le dijo:
"Muy bien. Ahora hay que separar las patatas. Las grandes a la derecha
y las peque�as a la izquierda".
Pens� el granjero que en menos de una hora ver�a otra vez al gerente
pidi�ndole m�s trabajo. Pero no fue as�. Pas� la hora de la comida, la
hora de cenar, se hizo de noche y el gerente no aparec�a. Creyendo que
algo le habr�a sucedido, el asustado granjero fue donde hab�a dejado al
gerente y se lo encontr� sentado delante del mismo mont�n de patatas,
sin que hubiera separado ninguna.
"�Le pasa algo?", pregunt� extra�ando.
El gerente se volvi� con una patata en la mano y le contest�:
"Mire, repartir mierda y cortar cabezas es algo a lo que estoy muy
acostumbrado. �Pero, esto de tomar decisiones!"
Opsss...
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