Promesa de García de gobernar para los pobres se convirtió en una ironía
El 26 de setiembre de 1986, casi a un año de haber juramentado, el presidente Alan García Pérez dijo: "No hay que tener miedo al movimiento de los precios, hay que temer que los salarios retrocedan." Sin embargo al final de su gobierno la inflación acumulada sumaba la monstruosa cifra de 2'178.482 %, la capacidad adquisitiva del sueldo promedio de los peruanos había disminuido en 53 %, mientras que el consumo per cápita cayó en 47 %.
Para 1990, fin de su gobierno, los peruanos recibían casi la mitad del valor del sueldo que ganaban en 1985 y compraban casi la mitad de lo que adquirían al inicio de la gestión de García.
La famosa frase de García: "Mi gobierno es de los pobres", quedó pronto convertida en una terrible ironía. Sólo en Lima Metropolitana, los hogares que se encontraban por debajo de la línea de pobreza pasaron de ser el 16.9 % en 1986 a sumar el 44.3 % en 1990. La cifra casi se triplicó en menos de un quinquenio. García, quien hoy propone un nuevo Banco Agrario, seguramente recuerda lo que dijo en su discurso del 28 de julio de 1985: "Planteamos cambiar el consumo de productos agrícolas importados por nacionales". La producción de alimentos, sin embargo, cayó en 13 % entre 1985 y 1990, y la importación de alimentos subió en 49 %, según las cifras del propio Ministerio de Agricultura.
"Se respetarán los depósitos del público", dijo García el 23 de noviembre en el CADE electoral. Por el contrario, durante su gobierno las reservas internacionales netas del BCR desaparecieron. Pasaron de ser 849 millones de dólares en julio de 1985 a -105 millones de dólares, una cifra en negativo, en julio de 1990.
Asimismo, las pérdidas acumuladas de las empresas públicas, que en 1985 eran alrededor de cien millones de dólares, llegaron a los 1,800 millones en 1990. Y el número de empleados de dichas empresas creció en más de 25 mil trabajadores durante su gestión.
En enero de 1986, García Pérez, dijo: "Lo que el Perú quiere no es un obsequio, quiere trabajo". Sin embargo, el porcentaje de subempleados en el perú, que en 1985 era de 42.5 %, creció hasta un 73.1 % en 1990. Casi el doble.
El gasto en el sector social per cápita en 1985 era de 40.7 dólares americanos. Pero para 1987 el desastre económico hizo que dicho gasto disminuyera hasta 17.6 dólares en 1989 y 12.4 dólares en 1990 .
Durante ese periodo, el Perú no recibió los flujos de inversión que le correspondían según su dimensión en el Grupo Andino. Mientras Colombia recibía el 67 % de los flujos de inversión extranjera directa, el Perú sólo se beneficiaba con el 4 %. En dicho periodo la inversión extranjera casi no se vio. El Perú sólo recibió 181 millones de dólares en inversión, mientras que el resto de los países del grupo andino recibió 4,697 millones.
El PBI per cápita siguió una trayectoria de kamikase. En 1985 había superado los 2,300 dólares, pero a mediados de 1987 emprendió la picada hasta quedar en menos de 2,000 dólares en 1990.
El 4 de enero de 1990, García aseguró que entre julio de 1989 y julio de 1990, "la inflación sería apenas superior a 1,000 %". Una minucia. No cabe duda de que las palabras del ex presidente siempre estuvieron muy lejos de los resultados.