|
El Due�o de la Luz. (Leyenda de la etnia warao ,-..."el pueblo de las aguas". Edo Monagas. Rep�blica Bolivartiana de Venezuela.) En un principio, la gente viv�a en la obscuridad y s�lo se alumbraba con la candela de los maderos. No exist�a el d�a ni la noche. Hab�a un hombre warao con sus dos hijas que se enter� de la existencia de un joven due�o de la luz. As�, llam� a su hija mayor y le orden� ir hasta donde estaba el due�o de la luz para que se la trajera. Ella tom� su; mapire y parti�. Pero eran muchos los caminos y el que eligi� la llev� a la casa del venado. Lo conoci� y se entret�vo jugando con �l. Cuando regres� a casa de su padre, no tra�a la luz; entonces el padre resolvi� enviar a la hija menor. La muchacha tom� el buen camino y tras mucho caminar lleg� a la casa del due�o de la l�z. Le dijo al joven que ella ven�a a conocerlo, a estar con �l y a obtener la luz para su padre. El due�o de la lu;z le contest� que la esperaba y ahora que hab�a llegado, vivir�an juntos. Con mucho cuidado abri� su torotoro y la luz ilumin� sus brazos y sus dientes blancos y el pelo y los ojos negros de la muchacha. As�, ella descubri� la luz y su du�o, despu�s de mostr�rsela, la guard�. Todos los d�as el du�o de la luz la sacaba de su caja para j&ugar con la muchacha. Pero ella record� que deb�a llevarle la luz a su padre y entonces su amigo se la regal�. Le llev� el torotoro al padre, quien lo guind� en uno de los troncos del palafito. Los brillantes rayos iluminaron las aguas, las plantas y el paisaje. Cuando se supo entre los pueblos del delta del Orinoco que una familia ten�a la luz, los warao comenzaron a venir en sus curiaras a conocerla. Tantas y tantas curiaras con m�s y m�s gente llegaron, que el palafito ya no pod�a soportar el peso de tanta gente maravillada con la luz; nadie se marchaba porque la vida era m�s agradable en la claridad. Y fue que el padre no pudo soportar tanta gente dentro y f&uera de su casa que de un fuerte manotazo rompi� la caja y la lanz� al cielo. El cuerpo de la luz vol� hacia el Este y el torotoro hacia el Oeste. De la luz se hizo el sol y de la caja que la guardaba surgi� la lu;na. De un lado qued� el sol y del otro la luna, pero marchaban muy r�pido porque todav�a llevaban el impulso que los hab�a lanzado al cielo, los d�as y las noches eran cort�simos. Entonces el padre le pidi� a su hija menor un morrocoy peque�o y cuando el sol estuvo sobre su cabeza se lo lanz� dici�ndole que era un regalo y que lo esperara. Desde ese momento, el sol se puso a esperar al morrocoy. As�, al amanecer, el sol iba poco a poco, al mismo paso del morrocoy.
|
|