
Informado sobre el resultado de Abtao, M�ndez Nu�ez procedi� al sur con la poderosa Numancia, la Resoluci�n y la Reina Blanca para forzar un nuevo combate con los aliados, pero no tuvo �xito, ya que aquellos se hab�an desplazado a Huito, un apostadero de acceso mucho m�s dif�cil que el de Abtao. Por su parte, el 25 de marzo las corbetas peruanas Uni�n y Am�rica fueron enviadas al Estrecho de Magallanes para interceptar a la fragata espa�ola Almansa, que seg�n fuentes de inteligencia hab�a sido despachada por Madrid para reforzar a su escuadra en el Pac�fico. Los peruanos permanecieron en el �rea cerca de un mes pero no lograron ubicarla. La Almansa reci�n arribar�a a la costa occidental de Sudam�rica a fines de abril. El gobierno chileno envi� tambi�n al vapor Maip� al Estrecho de Magallanes para interceptar a los vapores espa�oles Odessa y Vascongada. El resto de a flota aliada se mantuvo a la defensiva en el sur de Chile a la espera de la llegada de los blindados Hu�scar e Independencia, , destinados a convertirse en el factor que cambiar�a el equilibrio de fuerzas. Ambas naves hab�an partido desde Brest el 26 de febrero, en la que ser�a una larga y dif�cil traves�a, escoltadas por el vapor brit�nico Thames, que transportaba carb�n y otras provisiones. El 30 de marzo de 1866, frente a aguas brasile�as, los blindados peruanos causaron un nuevo rev�s a los espa�oles al interceptar a los bergantines peninsulares Dorotea y Paco. El primero fue destruido mientras que el segundo, de r�pido andar, logr� evadir la captura.
Ante estos hechos y sin haber logrado encontrar a la flota aliada para un nuevo combate, M�ndez Nu�ez opt� por un curso de acci�n diferente con objeto de castigar a sus insolentes adversarios y salvaguardar el honor y el prestigio espa�ol. En consecuencia, el almirante dirigi� su escuadra hacia los dos principales puertos aliados con objeto de bombardearlos, siendo su primer objetivo el puerto chileno de Valpara�so. Los comandantes de las naves de pa�ses neutrales en aguas chilenas, al ser notificados de la intenci�n espa�ola de atacar Valpara�so, intentaron evitar la destrucci�n de la pr�spera pero indefensa ciudad habitada por 80 mil habitantes. Fue in�til. Inclusive, en gesto rom�ntico, los chilenos propusieron que los dos escuadrones se midieran en duelo en alta mar para decidir de una vez por todas el conflicto, siendo la �nica condici�n que los espa�oles no incluyeran a la Numancia. El comodoro John Rodgers, comandante de la flota norteamericana, se ofreci� como mediador de la inusual propuesta. Sin embargo, M�ndez Nu�ez la rechaz� indignado. No gust� de la idea ni deseaba asumir la responsabilidad de las implicancias que aquella pudiera acarrear. Su gobierno le hab�a ordenado destruir al escuadr�n aliado o una ciudad, y despu�s de haber fracasado en la primera opci�n en Abtao opt� por la �ltima alternativa.
La intervenci�n del cuerpo diplom�tico y consular tampoco surti� efecto disuasivo. Inclusive el general Hugh Judson Kirlpatrick, Ministro norteamericano en Chile, exigi� a Rodgers que atacase a la Numancia. El comandante Rodgers ten�a a su disposici�n el poderoso monitor de 3,400 toneladas Monadnock, provisto de dos torres armadas cada cual con dos ca�ones Dahlgren de 15 pulgadas. Tambi�n ten�a cinco corbetas de madera, entre ellas la Tuscarora, el Powhatan -buque insignia- y el Vanderbilt. En esa �poca el escuadr�n naval de los Estados Unidos en el Pac�fico constaba de 17 naves, divididas en la escuadra del Pac�fico Sur y la escuadra del Pac�fico Norte. Este �ltimo comprend�a el �rea entre las costas de Am�rica del Norte y las Islas S�ndwich en el archipi�lago de Hawai, mientras que la primera operaba desde Panam�, pasando por el Cabo de Hornos, hasta Australia. Sin embargo Rodgers se opuso a ejecutar cualquier acci�n que pudiera desencadenar una guerra entre su pa�s y Espa�a. Kirlpatrick insisti� pero Rodgers era consciente que las recomendaciones del ex oficial de caballer�a del ej�rcito federal de los Estados Unidos durante la guerra civil, a quien una vez el general William T. Sherman calific� como "un tonto condenado", no pod�an tomarse seriamente. Cuando M�ndez Nu�ez se enter� de las intenciones de Kirlpatrick, manifest� a Rodgers que si por alg�n motivo mov�a sus naves para proteger Valpara�so,
�Me ver� obligado a hundirlos, porque inclusive as� me quede un barco proceder� con el bombardeo. Espa�a, la Reina y yo preferimos el honor sin barcos que barcos sin honor. Vuestro Monadnock puede ser muy fuerte para mi Numancia, pero creo que puedo disponer de todos vuestros otros barcos�
Bajo estas circunstancias, el 31 de marzo de 1866, los espa�oles tomaron posici�n de ataque frente a Valpara�so con cuatro naves de guerra: Villa de Madrid, Blanca, Resoluci�n y Vencedora y abrieron fuego con un total de 138 ca�ones, la mayor�a de ellos de 68 libras. La ciudad, que no dispon�a de un solo ca��n para protegerse, fue bombardeada sin misericordia. Durante tres horas interminables el escuadr�n espa�ol descarg� nada menos que 2,600 proyectiles, destruyendo almacenes, un viejo fuerte, la estaci�n de ferrocarril y otros edificios p�blicos. Compa��as de bomberos provenientes de Santiago apoyaron a las brigadas locales en apagar los incendios y remover los escombros. Los da�os a Valpara�so ascendieron a 14 millones de pesos, la mitad de los cuales correspond�a a neutrales. Asimismo hubo algunos muertos y heridos en la poblaci�n local.
En el informe elevado a su gobierno el 21 de marzo, desde la rada de Valpara�so, M�ndez Nu�ez no pudo ocultar su remordimiento por haber atacado una plaza desprotegida. Despu�s de se�alar que se encontraba �Profundamente afectado bajo la dolorosa impresi�n que V.E. puede comprender debe producir en el �nimo del jefe de una escuadra �l tener que dirigir los fuegos de los buques de su mando sobre una poblaci�n que no se defiende�, subray� que �he cumplido con este triste deber en obedecimiento de las instrucciones del Gobierno de S.M. como extremo imprescindible a que hemos tenido que apelar�. Sin embargo el remordimiento del marino espa�ol no fue suficiente para impedir que, antes de partir al Callao, incendiara todos los barcos chilenos capturados, un total de 33, lo que signific� la ruina total de la marina mercante chilena, la m�s grande de las costas occidentales de Am�rica Latina. Acto seguido el poderoso escuadr�n espa�ol, seguido en procesi�n por las naves de guerra neutrales, emprendi� rumbo al Per� con la intenci�n de repetir la acci�n de Valpara�so contra el Callao. Sin embargo, ignoraban que el nuevo escenario iba a ser diferente.
La escuadra espa�ola finalmente arrib� al Callao el 25 de abril. En un Manifiesto firmado a bordo de la Numancia el d�a 27, el almirante espa�ol se�al� que:
�El gobierno de su Majestad Cat�lica, que supo guardar la m�s digna neutralidad en la contienda civil que ha surgido en el Per� la Dictadura, sabe tambi�n la obligaci�n indeclinable que le impone la honra e intereses de su pa�s, y en tal concepto, ha ordenado a su representante en el Pac�fico, imponga al de la Dictadura el castigo que motu propio se ha buscado, llevando a cabo contra las fuerzas de su mando, todas las hostilidades que a este fin pueden conducir�. En tal virtud, esas fuerzas van a obrar sobre el Callao y sus fortificaciones y para que los s�bditos extranjeros residentes en dicha poblaci�n puedan ponerse a salvo con sus intereses, ha dispuesto darles un plazo de cuatro d�as contados desde esta fecha, declarando al mismo tiempo culpable de las p�rdidas que las hostilidades puredan ocasionarles, al gobierno de Lima, que hollando hasta los principios m�s elementales del derecho de gentes, ha dado a Espa�a justo e incontrastable derecho de llevarlas a cabo�.
Sin embargo, se procedi� a diferir la fecha por un d�a, para el dos de mayo, por ser aquel una efem�rides de gloria para Espa�a (12). Para cumplir con su objetivo M�ndez Nu�ez dispon�a de la flota m�s grande organizada por Espa�a desde Trafalgar, la misma que inclu�a cuatro fragatas a h�lice, una fragata blindada y una corbeta, es decir, la Numancia, Blanca, Restauraci�n, Berenguela, Villa de Madrid, Almansa y Vencedora, que en su conjunto contaba con casi 250 ca�ones de diferente calibre.

