Desde que el hombre es hombre, sus anhelos y aspiraciones se concretan en un pedazo de tierra que sea suyo, un trozo de propiedad donde vivir y llegar a viejo con su familia. Desde que el perro es perro, su instinto y genes ambicionan exactamente lo mismo: un territorio propio donde instalarse y vivir, por los siglos de los siglos, en compañía de sus amos.
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