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Un Pequeño Cuento de Navidad |
Por: Elisa Valero
El recuerdo de las últimas Navidades, aun dolía en el
corazón de Hutch…
Fueron tan hermosas…Parecían tan lejanas…
Él y Starsky visitando el ala de pediatría en el Hospital
Memorial, para llevar regalos y golosinas a los niños, mientras Starsky hacía
su mejor actuación de Papa Noel y disfrutaba rodeado por los pequeños
pacientes, sacando a flote una vez más su alma pura de niño grande.
Esa alma hermosa que seguía siendo el soporte de Hutch
cuando su espíritu se debilitaba y caía. Que seguía creyendo en la bondad del
mundo a pesar de toda la miseria que su trabajo como policía le obligaba a
enfrentar día tras día…
Después, ellos iban a casa de Dobey para cenar y
compartir con ese hombre que los amaba como un padre y su familia una buena comida, felicidad,
amor. Todas esas cosas de las que supuestamente esta hecha la Navidad…Todo lo
que hacía a Hutch amar un poco más esas fechas, que durante años había odiado.
Aunque eso había ocurrido hacía mucho tiempo ya.
A pesar de todas sus quejas acerca de la Navidad, Hutch
amaba esa época del año. Empezó a amarla cuando conoció a Starsky
Las últimas navidades, fueron simplemente maravillosas. Hutch
tenía que admitirlo. Incluso, Dobey les dió algunos días libres, que ellos
aprovecharon para saludar en año nuevo en casa de la madre de Starsky.
Allí, Hutch se sintió amado y bienvenido, como un miembro
más de aquella cálida y ruidosa familia tan parecida a su compañero, quienes
tal vez no conocían los lujos y la riqueza material, pero que tenían suficiente
amor como para calentar su hogar y el corazón de todos aquellos afortunados con
la bendición de su cariño y amistad.
Durante esos días, ambos detectives pudieron recargar
energías, descansar, disfrutar y ser felices. Prepararse con fuerzas renovadas
para todo lo que el nuevo año pudiese traer a sus vidas.
Las fiestas navideñas pasaron, el invierno se alejó y en
lógica sucesión, la primavera llegó a la ciudad.
Marzo…
Abril…
Mayo.
Un mes, que por mucho que Hutch querría ver borrado del
calendario, no olvidaría durante el resto de su vida.
Porqué el mes de Mayo, llegó para ellos teñido de sangre…
La sangre de Starsky derramándose sobre el frío pavimento
del garaje de la estación de policía, mientras su vida se escapaba y su cuerpo
yacía acribillado y roto por los disparos de los hombres de Gunther.
A lo largo de las semanas siguientes, Starsky luchó
denodadamente por su vida, y contra todo pronóstico salió vencedor
Durante ese tiempo, Hutch, lloró…
Rezó…
Suplicó…
Perdió toda esperanza, para recobrarla después.
Y conforme los meses pasaban, lo que aquella mañana de
Mayo parecía impensable, se tornó una realidad. Starsky, luchando casi salvajemente,
venció al dolor y a la muerte, y consiguió recuperarse. No completamente. Eso
era algo incierto y lejano todavía, pero sí lo suficiente como para dejar aquel
hospital donde de algún modo había muerto y vuelto a nacer.
Starsky volvía a casa. Al mundo, a la vida. Y con él
siempre Hutch a su lado.
Fueron muchos los obstáculos que esa nueva vida les trajo
a ambos hombres. Starsky pasaba la mayor parte del tiempo dolorido y adormecido
bajo los efectos de los calmantes, o despierto y furioso contra un destino que
se había girado en su contra de un modo cruel y despiadado. Si. Él estaba vivo,
había sobrevivido a algo que para la mayoría de los hombres hubiese significado
tan solo una muerte segura. No obstante, aún le quedaba mucho camino por recorrer,
demasiado.
Y él se sentía muy cansado
Demasiado…
A mediados de Diciembre, tras un otoño en que su salud se
deterioró a ojos vista, Starsky fue nuevamente ingresado en el hospital. Lo que
comenzó siendo un simple resfriado, pronto, y a pesar de todas las precauciones
y cuidados que Hutch le proporcionó, desembocó en una bronquitis acompañada de
una fiebre peligrosamente alta y dolorosos ataques de tos que parecían
desgarrar su cuerpo en dos.
Todo parecía indicar que, debilitado, enfermo y exhausto,
Starsky pasaría la Navidad en el hospital.
Hutch se sentía desolado por ese nuevo revés, pero lo que
más le asustaba, es que al parecer, a su amigo, ya no le importaba.
A pesar de sus esfuerzos por animarlo, a pesar de
hablarle acerca del regalo sorpresa que estaba esperando en casa para él. --Un
espléndido tren eléctrico, con locomotora, tres vagones, vías, árboles y
figuritas humanas incluidas, que había costado a Hutch una pequeña fortuna--
Starsky pasaba todo su tiempo cuando no estaba dormido, mirando fijamente y con
expresión ausente al techo de su habitación de hospital.
Apenas comía, apenas hablaba.
“Vamos, Starsk. Intenta animarte socio. El doctor dice
que muy posiblemente para Navidad podrás estar de regreso en casa.”
Nada. Ninguna respuesta. Tan solo un suspiro cansado, y
una breve mirada, antes de devolver su atención al techo.
“Starsk...Starsky yo…Lo siento tanto, compañero. Se
cuanto odias estar aquí, en el hospital. Y sé cuanto amas la Navidad…” Hutch no
sabía que decir. No sabía como arrastrar a Starsky fuera del pozo oscuro de la
depresión en la que al parecer su mejor amigo estaba cayendo.
“Olvídalo Hutch. No es culpa tuya. Supongo que Navidad es
un momento tan bueno como cualquier otro para sentirse como una porquería” De nuevo
Starsky desvió sus ojos cansados de los ojos de Hutch, cuando la llegada del
médico, interrumpió los lúgubres pensamientos de ambos hombres.
“Bien David. Me alegra poder decirte, que la terapia
antibiótica que te administramos ha tenido el resultado esperado.” El amable
doctor dijo, posando su mano sobre el hombro de Starsky que lo miraba por
primera vez en días con una pequeña chispa de interés en su cara.
“Ahora ya puedo decirte que podrás pasar la Navidad en
casa. En cama, procurando por encima de todo no coger frío, e intentando comer
un poco más de lo que has comido estos días aquí, pero en casa, que siempre es
más agradable que estar en un hospital. Espero poder estar seguro de que
seguirás tomando tu medicación…”
“Por supuesto. No le quepa duda de que lo hará.” Hutch
interrumpió ansiosamente al medico, en su mejor estilo Mama gallina.
“Bien, Mañana por la mañana, prepararemos los documentos
de tu alta médica, entonces podrás salir de aquí y regresar a casa.”
***
Según lo previsto. A la mañana siguiente, Starsky obtenía
el alta médica. Se sentía aun débil y cansado, pero no había más que mirar a
sus ojos para darse cuenta de que estaba deseando volver al entorno agradable
de su hogar.
A lo largo de todo el trayecto hasta el apartamento, Hutch
y él podían ver; casi oler el espíritu de la Navidad inundando cada rincón de
la ciudad. Calles y tiendas adornadas, gente yendo de un lado a otro
cargando coloridos paquetes de regalo en
sus brazos. Niños pequeños de la mano de sus madres observando con ojos muy
abiertos un obeso Santa Claus que en la puerta de una juguetería agitaba una
campana dorada diciendo “¡Ho Ho, Ho, Feliz Navidad!” y dando caramelos a sus
pequeños espectadores.
“¡Hey Starsk, mira ese tipo!”
“¡Blondie! ¡Que es eso de tipo!...¡Un
poco más de respeto hombre, que es Santa Claus!” Hutch observó a su amigo con
una sonrisa en su cara y en su corazón. En ese momento, él hubiese podido
asegurar, que Starsky creía firmemente que ese hombre apostado a la puerta de
una tienda, vestido de rojo, luciendo una espesa barba blanca y agitando una
campanilla por unos pocos dólares la hora,
no era un actor fracasado o algo similar, sino el autentico Santa Claus.
“¿Sabes Hutch?” Starsky añadió. “Cuando era pequeño y en
la noche de Navidad mamá me hacía ir a la cama, yo siempre conseguía
escabullirme fuera. Esperaba hasta que todos durmiesen, entonces, yo salía, iba
al salón, y esperaba tumbado en el sofá a que llegase.”
“¿A que llegase?...¿Quien?”
Hutch preguntó, un poco perdido en los recuerdos de infancia de su amigo.
“Santa Claus por supuesto. ¿A quien otro hay que esperar
la noche de Navidad?”
“Ahhh! Y dime. ¿Lo viste alguna
vez?” Hutch preguntó, medio en serio, medio en broma.
Starsky negó con su cabeza “No. Siempre me quedaba dormido
antes de que llegase. Cuando despertaba, lo único que quedaba de su paso por mi
casa, eran los regalos al pie del árbol de Navidad del salón. Cada año lo
intentaba…Pero nunca logré verlo” Hutch creyó notar un punto de sincera
desilusión en la voz de Starsky.
“Bueno. Quien sabe. Quizás algún día lo consigas.” El
rubio dijo mientras paraba el Torino enfrente de casa de Starsky. “Vamos socio.
Estamos en casa.”
Hutch ayudó a su amigo a subir las escaleras de su
apartamento, y una vez dentro, el niño que aun vivía en el corazón de Starsky, observó, boquiabierto y
emocionado, su salón brillando con tiras de bombillas multicolores, espumillón
y un abeto que Huggy se había encargado de decorar, con bolas navideñas , globos dorados e incluso con algunos huevos de pascua, siguiendo su estilo habitual
un poco estridente y psicodélico,
mientras él estaba en el hospital, con Hutch permanentemente a su lado.
“¡Hey, Hutch! Es…hermoso.”
Starsky dijo acercándose al enorme árbol
navideño y deslizando cuidadosamente su
mano por una de las ramas.
“¿Hermoso eh?” Hutch bromeó mirando la enorme estrella
multicolor que desde la punta del abeto amenazaba con aplastarlo por sobrepeso
“Bueno. Supongo que a mi tampoco se me ocurriría un modo mejor para
describirlo. Es cortesía de Huggy, por cierto. Ya sabes que yo sería incapaz de
hacer…Humm, bueno. Ya sabes. Algo como esto.”
“No, en serio, Blondie. Me gusta…Me gusta
mucho…Yo…Gracias” Las entrecortadas palabras de Starsky eran sinceras. La
emoción que brillaba en sus ojos al abrazar a su mejor amigo, su compañero, su
socio, también.
Hutch ayudó a Starsky a ponerse su pijama y a meterse en
la cama. Después preparó una sopa de pollo, de la cual Starsky consiguió comer
apenas la mitad de su tazón antes de caer dormido. Mientras Hutch lo arropaba,
una idea repentina, llegó a su mente.
Tras comprobar que Starsky dormía placidamente, se
dirigió al teléfono…
“Huggy. Te necesito ¿Puedes venir a casa de Starsky y
estar un rato con él? Tengo que hacer algo que no puede esperar.”
“Claro hermano. El Oso estará allí en quince minutos.”
Exactamente quince minutos más tarde, Huggy llegaba a
casa de Starsky quien aún dormía.
“Regresaré lo antes posible Huggy, pero si no estoy aquí,
dentro de media hora Starsk tiene que tomar su píldora. Dásela con un poco de
cacao o leche caliente. E intenta que coma algunas galletas. Si pregunta donde
estoy, dile que Dobey me ha llamado y he tenido que salir un momento a la
estación”
“Seguro, Blondie. Huggy cuidará a la perfección de
nuestro amigo rizado. Pero dime… ¿A que vienen estas prisas? ¿Dónde demonios
vas, si puede saberse?”
“No Huggy. No puede saberse.” Hutch salió hacia la calle
con una chispa de travesura brillando en sus ojos, para volver sobre una hora
más tarde, sin decirle a Huggy, el destino de su rápida escapada.
Huggy volvió a sus quehaceres en The Pits, mientras la tarde dejaba paso a
las primeras sombras de la noche de Navidad. Hutch sirvió pavo al horno con
patatas asadas y pastel de calabaza para cenar, todo ello comprado en un
supermercado cercano, aún sabiendo que Starsky no sería capaz de comer
demasiado, pero queriendo ofrecerle una verdadera cena de Navidad
Tal y como su médico había autorizado esa mañana, Starsky
se levantó de la cama por un rato, y mientras en el tocadiscos sonaban los
tenues acordes de unas alegres canciones de Navidad, ambos hombres cenaron,
disfrutando del pequeño milagro que aquella velada era.
Esa noche de Navidad era diferente a como ambos habrían
deseado que fuese. Starsky aun se sentía más enfermo y débil de lo que estaba
dispuesto a admitir, y Hutch seguía estando profundamente preocupado por su
amigo. No obstante, era la noche de
Navidad. Y tras unos meses de pesadilla, el solo hecho de poder compartirla y
disfrutarla, la convertía en un momento único, bello y especial.
Tras la cena y sus píldoras, Starsky regresó a la cama,
quedándose profundamente dormido en cuestión de minutos, mientras Hutch,
después de recoger los platos de la cena, se recostaba en el sofá cambiando
distraídamente los canales en la televisión sin detenerse en ningún programa en
concreto y mirando nerviosamente su reloj, hasta que, al filo de la
medianoche, un golpe suave en la puerta
de entrada, apenas un rasguño, lo hizo levantarse del sofá e ir a abrir,
sintiendo una emoción, que tal vez no había sentido ni siquiera cuando era un
niño.
Allí estaba. Según lo acordado. Con su aspecto imponente,
mágico, casi como sacado de un cuento, acarreando su saco a la espalda,
intercambiando algunas palabras en susurros con Hutch, quien le entregaba un voluminoso paquete de regalo, y caminando de puntillas,
silenciosamente hasta la habitación de Starsky que dormía pacíficamente, aunque
las marcas del dolor no parecían borrarse de su cara ni siquiera en el refugio
del sueño.
Primero, al sentir que alguien tocaba su hombro,
intentando despertarlo, Starsky pensó que estaba soñando, y dando media vuelta
en su cama, se acurrucó más profundamente dentro de las mantas. Pero cuando una
voz ronca pero suave llamó su nombre, mientras una mano bondadosa acariciaba
sus rizos, no tuvo más opción que despertar.
“¿David?...David, hijo, despierta.”
“Mmm?”
“Vamos, hijo. Abre los ojos. Te he traído tu regalo. ¿No
quieres verlo?” Starsky abrió sus ojos, para verlo al lado de su cama,
sonriendo bondadosamente, acariciando su cabeza y ayudándolo a incorporarse,
antes de agacharse para rebuscar dentro de su saco un enorme paquete.
Esto
no es posible, pensó Starsky. Debe ser solo algún extraño efecto
del montón de malditas píldoras que tengo que tomarme varias veces al
día
Allí, al lado de su cama, y entregándole un enorme
paquete envuelto en un brillante papel de regalo dorado y azul con un lazo rojo
estaba…¡SANTA CLAUS!
“Hu-Hutch?”
“¿Que ocurre Starsk? ¿No decías que cuando eras un niño
intentabas verlo cada año la noche de Navidad? Pues este año, parece que lo has conseguido,
socio.” Hutch respondió sonriente desde el otro lado de la cama.
“¡Ho, Ho, Ho!” Santa Claus rió ruidosamente, mientras su
prominente barriga se movía al compás de sus carcajadas. “¿Tu también hacías
eso de esperarme despierto, muchacho?”
¡Vaya!
Este tipo está haciendo la actuación de su vida. Podría ganar un Oscar por esto.
Hutch pensó divertido
“Pero…¿Esto es una broma,
Hutch?” Por supuesto que es una broma…pensó
Starsky, aunque por otro lado, en ese momento de su vida tan vacío de ilusiones
y alegría, deseó fervientemente, ser de nuevo un niño, solo para creer sin
dudar que el tipo que le daba su regalo era el verdadero Santa Claus.
“Vamos David. Abre tu regalo y dime si te gusta.” Dijo el
hombre “Todavía tengo mucho trabajo que hacer esta noche.” Starsky, incapaz de
pensar claramente, pero excitado y feliz como no había estado en meses, rasgó
el papel del regalo, y comenzó a extraer de la caja la locomotora y los vagones
más hermosos, brillantes y perfectos que había visto en toda su vida.
“E-esto es…Fenomenal.” Starsky murmuró, incapaz de
apartar los ojos de las piezas bellamente construidas del tren en miniatura.
“¿Te gusta eh?” Dijo Santa Claus. “Me alegro. Al viejo
Santa no le gusta hacer mal su trabajo. Bien, David. Ahora tengo que irme. Ya
sabes. Aun me quedan un montón de cosas por hacer. Cuídate hijo. Y no pierdas
nunca la ilusión. Es lo que más te ayudará en tu vida” Revolviendo
cariñosamente los rizos de Starsky, del mismo modo que hubiese hecho con un
niño, el hombre disfrazado de Santa Claus salió de la habitación y un momento
más tarde, del apartamento.
“Gracias Blondie…Por el tren…y por Santa Claus. Las dos
cosas han sido un regalo magnifico….Yo…yo no merezco esto. Ni siquiera he
podido darte un regalo.” Starsky consiguió decir, a pesar de la emoción que
atenazaba su garganta.
“Tú me has dado un regalo Starsk…Estas aquí, conmigo,
recuperándote Ese es el mejor regalo para mí.”Starsky miró a Hutch, que estaba
sentado en el borde de la cama. Ambos hombres intentaban a duras penas contener
sus emociones, hasta que fundidos en un abrazo, dieron rienda suelta a las
silenciosas lágrimas que pugnaban por salir.
Ellos estaban aun intentando sobrevivir al tiempo más
oscuro de sus vidas, pero ambos sabían que juntos lo lograrían. Que superarían
esa prueba con su amistad reforzada, fuerte, invencible. Y que la vida volvería
a ser buena y generosa con ellos. Solo tenían que mantener la ilusión, como el
hombre disfrazado de Santa Claus había dicho tan solo un momento antes.
Tras ese abrazo, Hutch ayudó a su socio a tenderse de
nuevo en la cama, tapándolo con las mantas, mientras, vencido por el
agotamiento, Starsky comenzaba a cerrar sus ojos.
Depositando el regalo sobre la mesita de noche, y con una
última mirada a su ya casi dormido amigo, Hutch se dispuso a salir de la
habitación, cuando la voz de Starsky se oyó, amortiguada desde debajo de las
mantas
“¿Hutch?”
“¿Si, socio?”
“Eres el mejor ¿Lo sabías?”
“Por supuesto que lo sabía.” Hutch bromeó apretando
suavemente el hombro de su amigo “Lo que no sé es como has tardado tanto en
darte cuenta. Buenas noches Starsk. Que descanses.”
“Buenas noches, Hutch.” Hutch apago la luz del
dormitorio, y se dirigió al sofá, donde pronto cayó también en un profundo
sueño, pensando placenteramente en los minutos de alegría que, por solo unos
dólares, ese viejo actor olvidado, le había ayudado a dar a la persona más
importante de su vida.
***
Temprano por la mañana, el timbre de la puerta, despertó a
Hutch, que corrió a abrir, antes de que el ruido despertase a Starsky.
Ahí, en la entrada, el viejo actor que solo unas horas
antes había sorprendido a su amigo, le tendía unos billetes mirándolo
nerviosamente y aparentemente incapaz de hablar.
Probablemente, sería el sueño, o la luz de la mañana, o
simplemente el hecho de que no llevase puesto su disfraz de Santa Claus, pero
en ese momento, a Hutch, el hombre le pareció terriblemente diferente. Más
pequeño, más triste. Más gris
“Lo siento señor. Vengo a devolverle su dinero.”
“¿Como dice?” Antes de que Hutch pudiese preguntar algo
más, el hombre siguió hablando.
“No sabe cuanto siento haberle fallado señor…ya sé lo
importante que era para usted…Para su amigo que yo viniese ayer.” El hombre
tragó saliva dificultosamente, y continuó. “No se lo que usted pensaría
de mi al ver que no llegaba. Pero soy un tipo honrado señor… No intentaba
estafarle. Se lo prometo. Martha, mi esposa sufrió un infarto anoche. Por eso
no pude venir. Lo siento. Solo quería devolverle su dinero. Ahora si me
disculpa, debo volver al hospital. Feliz Navidad señor.”
“…No
pierdas nunca la ilusión. Es lo que más te ayudará en tu vida.”
FIN
To:
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