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Palabras Y Versos |
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La Plume |
© 2000 Estrella Cardona Gamio
Sucedió un día en una ciudad cuyo nombre no hace al caso, que quien fuera
vio revolotear por el cielo, a ras de árboles, algo que se le antojó como un
papel blanco, y para él, personaje anónimo, ahí quedó en papel blanco... Pero
otro, u otra, dio en verlo pájaro blanco, insólito, desconocido y pronto se
corrió la voz por toda la ciudad de que revoloteaba por encima de los tejados
un pájaro al que nadie había visto nunca, un pájaro grande y blanco cuyas alas
batían sin ruido, un pájaro de larga cola, que llevaba un curioso penacho de
plumas sobre su cabecita. Y la gente se complació en describirle sin haberlo
visto jamás e incluso se llegaron a publicar retratos robots suyos en los
magazines de la prensa dominguera. Pero nadie más que contados le habían atisbado
en realidad, o le habían creído ver. Hasta que una tarde, y a considerable
altura, comprobaron que volaba sobre la plaza más importante de la capital. Fue
un niño que echaba de comer a las palomas quién dio la primera voz de alarma:
-¡Eh, ahí, el pájaro, mirad!...
Y todos miraron obedientes hacia el cielo, vislumbrando a gran altura una
blanca aparición que surcaba majestuosamente los aires. La luz del sol tocaba
de pleno el cuerpo del ave y ésta resplandecía aún más, de suerte que incluso
alguno de esos avispados que creen saber lo que nadie sabe, afirmo:
-No es blanco del todo, tiene algunas plumas de colores.
Quedando desde entonces la especie de que el pájaro “no era del todo
blanco.”
Un par de semanas después, una madrugadora ama de casa declaraba
formalmente que lo había visto detenido sobre la baranda de su balcón y como
prueba irrefutable exhibía una larga pluma blanca “de la cabeza”, decía ella.
Pluma que se le había caído al echar a volar delante de sus pasmados ojos.
Aquella pluma fue objeto de rigurosos exámenes, análisis y controversias,
¿era, verdaderamente, una pluma del pájaro fabuloso? ¿Y si se trataba de un
fraude?... Porque nadie más que esa mujer, había alcanzado la suerte extraordinaria
de contemplar bien de cerca al ave fantasma. Los periodistas la entrevistaron,
prensa y tele, y a su vez, la pluma quedó celosamente custodiada, dentro de una
vitrina, que poseía alarma electrónica, en el museo destinado a Ciencias
Naturales. La dirección del museo, con tan fausto motivo, aumentó el precio de
la entrada, pero la responsable del hallazgo no recibió otra cosa mejor que una
medalla de latón sobredorado con un lacito, medalla en la que se leía: DADORA
BENEMÉRITA AL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES. Semanas más tarde, unos ladrones
asaltaron el recinto y con una técnica depurada made in Hollywood,
pudieron substraer la pluma sin que sonara la alarma. Pero en un despliegue
policial nunca visto, fueron detenidos en la frontera y tras el consiguiente
tiroteo, muertos. El país entero vibró de indignación al conocer el sacrilegio
y aunque hubo un periodista que encabezara su articulo con este titular:
MUERTOS POR UNA PLUMA, unánimemente el público condenó sin reservas aquel
terrible atentado a la propiedad del pueblo. Y un comentarista ilustre, poeta
muy famoso, llegó a decir,
-No se trata de un robo, es algo más... Pues no se ha robado un objeto
tangible, se ha pretendido robar un sueño, el sueño de toda una nación...
Y en efecto, así era, el sueño de toda una nación, la esperanza en lo
maravilloso, en lo increíble nunca visto...
No, no se trataba, como alguien irónicamente denominara,“de una pluma de
padre desconocido”, era algo más, el ensueño, o bien, la capacidad de fabular, y una cosa semejante no podía robarse ni mal
venderse a un millonario norteamericano... Con que la pluma regresó con todos
los honores a su primitivo enclave en el museo, mas en esta ocasión rodeada de
una reja y bajo vigilancia de varios policías de paisano.
Al año de su descubrimiento, la pluma viajó, amorosamente custodiada, a
París, en un vuelo especial. Fue exhibida en el Grand
Palais junto con una muestra de la artesanía de su
país de origen. Como esta exposición tuvo lugar en el mes de agosto, el turismo
internacional halló ocasión de admirar y apreciar la famosa pluma y se editaron
cientos de miles de tarjetas postales, comercialización francesa, en las que la
pluma resultaba inmortalizada desde varios ángulos, comenzando así el
peregrinaje mundial de la venerada imagen, para curiosidad de propios y
extraños. LA PLUME, como ya era conocida en todo el planeta, seguía ejerciendo
su avasalladora fascinación en los cinco continentes y el gobierno francés
entabló negociaciones con la patria originaria del preciado objeto... Sí, Picasso nació en España... Sí, Chopin
era polaco... Pero, ¿qué importa?... Con tal de conseguir alargar la estancia
de LA PLUME “por un período indefinido”... Término un tanto ambiguo y
diplomático que podía ejercer sus derechos al cabo de un siglo al serle
otorgada la ciudadanía francesa simplemente por antigüedad.
El “affaire” de LA PLUME,
llegó a tejer intrigas de política-ficción de lo más inconcebible, promesas que
en ello quedaron, deshinchando muchos infundados entusiasmos.
Así que LA PLUME volvió a retornar a su hogar, modesto pero digno, dando
la espalda a una campaña de descrédito internacional que pretendía,
vengativamente, que LA PLUME, al provenir de un pájaro no tenía una
nacionalidad concreta ya que las aves “poseen alas y vuelan”, y, además “ella
no pertenece a la fauna del país que se le atribuye”... Hasta Inglaterra tomó
cartas en el asunto por boca de un eminente ornitólogo, sir Rowan
Pelinor, al dictaminar éste de una manera tajante que
“la pluma de la susodicha ave semejaba estar emparentada con la especie, ya
extinta, de los dodos”. Lo malo es que “más bien” el Dodo es un pájaro casi mitológico. En Norteamérica hubo
visiones colectivas del pájaro blanco, y quien llegó a asegurar que “en
realidad”, no se trataba de un pájaro sino de un extraterrestre que adoptaba el
aspecto de esa ave para acercarse a los humanos... Incluso hubo alguien, que
padeciendo dolor de estómago, se coloco una foto de LA PLUME sobre la barriga y
al resultar curado, califico el hecho de milagroso, motivo por el cual en Nueva
Inglaterra brotaron tres sectas diferentes en la forma, pero básicamente
iguales en la ortodoxia, de adoradores de LA PLUME.
El final de la anécdota resulta inesperado. Un mal día repiqueteó en los
teletipos del mundo entero la siguiente noticia: en un desconocido pueblecito
había sido sorprendido y muerto de una pedrada, el pájaro blanco.
La cosa sucedió de esta manera, un jovencísimo pastor de cabras,
regresando a los establos con su rebaño al atardecer, se dio de manos a boca
con la presencia maravillosa del ave y puesto que era analfabeto y además vivía
muy aislado, sin pensarlo dos veces, sacó su honda y de un certero tiro se
cargó al pájaro, luego lo bajó al pueblo a vendérselo al boticario cuyo
pasatiempo consistía en disecar animales raros.
El resto ya es historia, aunque lo curioso del caso, es que en la más
famosa comprobación de identidad que se ha realizado en el mundo, desde que se
puso en entredicho la verdadera personalidad de la Gran Duquesa Anastasia,
ninguna nación culta, afirmó categóricamente que “aquello”, fuese el pájaro
maravilloso. Y sir Rowan Pelinor,
que ya cumpliera los noventa con largueza, insistió en lo del Dodo. Francia proclamó a los cuatro vientos que las plumas
de la víctima no tenían nada que ver con LA PLUME y las tres sectas de Nueva
Inglaterra berrearon bien alto que el pájaro era inmortal.
¿La verdad?... No creo que la conozcamos nunca amigos, pero de todas
formas si algún día veis volar algo parecido a un pájaro blanco por el cielo de
vuestra ciudad, sed discretos, pensad que a los sueños no se les pude convertir
en realidades.
Autorizada su publicación en esta página web por gentileza de C. CARDONA GAMIO EDICIONES http://www.ccgediciones.com/
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