George W. Bush

Lord of the war

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Tras los espectaculares atentados del 11 de septiembre de 2001 y la consecuente guerra en Afganistán, el conflicto bélico en Irak continuará salpicando la próxima campaña presidencial en Estados Unidos. Y es el actual y polémico mandatario quien –por el momento– obtiene los mayores dividendos para su reelección.

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A pesar de que treinta años de periódico jogging han deteriorado sus rodillas, de acuerdo al reciente diagnóstico de los médicos del Walter Reed Army Medical Center de Washington, George W. Bush seguirá su carrera para permanecer otro periodo en la Casa Blanca.

Desde luego, analistas locales no han pasado por alto la reciente y oportuna captura de Saddam Hussein, el temido ex jerarca iraquí; tampoco que el coronel libio Muammar Gaddafi haya declarado voluntariamente, a fines de diciembre, el término de sus programas de armamento de destrucción masiva. Y por si fuera poco, la economía del mayor país industrializado entregaba claras señales de recuperación en este último trimestre.

Pareciera que todo juega a favor del mandatario, quien ya más que un cowboy se comporta –orientado desde el Pentágono por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y su vice Paul Wolfowitz– más bien como un lord of the war (señor de la guerra).

Y es que la Administración Bush ya debió enfrentar, en 2001, la crisis desatada por los atentados aéreos perpetrados contra las Torres Gemelas y el mismo Pentágono, y la consiguiente guerra en Afganistán, que sacó del poder a los integristas Talibanes que daban protección al mítico Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda.

 

MENTIRA TRAS MENTIRA

 

Pero obviamente no todos comparten los “logros” del presidente de Estados Unidos. “George W. Bush es un mentiroso. Ha dicho grandes y pequeñas mentiras, directas y por omisión. Antes de la invasión (a Irak), Bush justificó ese caso con una variedad de reclamos infundados, más allá de su polémica intervención sobre el uranio de Níger. El insistió que Saddam Hussein poseía una ‘reserva masiva’ de armas no convencionales y que ‘trataba directamente’ con Al Qaeda”, detalló David Corn, editor en Washington de la prestigiosa revista The Nation, advirtiendo que hasta el momento no se han presentado evidencias de ambas acusaciones.

Este profesional –autor además del reciente superventas The Lies of George W. Bush: Mastering the Politics of Deception agrega que calificar al presidente número 43 de Estados Unidos como “un prevaricador no es un ejercicio de opinión ni un ardid incendiario en un debate radial. Mejor dicho, esto está basado en un extenso expediente de falsificaciones autoservidas. Mientras los políticos son frecuentemente ridiculizados como mentirosos, esta acusación debiera ser particularmente insuficiente para Bush”.

Con esos tiras y aflojas a favor y en contra, y especialmente por el hecho de liderar desde su despacho en el Salón Oval a la única hiperpotencia reinante, este ex gobernador de Texas concentra titulares y puede ser catalogado el personaje internacional del 2003.

De acuerdo a la última edición de Newsweek, de ahora en adelante los éxitos de Bush acrecentarán además la división entre sus contrincantes en el Partido Demócrata. Inclusive, los acontecimientos en Irak –según los rivales del principal nominado, Howard Dean– presagian la segura derrota en las elecciones generales de la cruzada antibélica de este ex gobernador de Vermont.

Al columnista del semanario Time Joe Klein tampoco le fue indiferente que, tras la detención del “carnicero de Bagdad”, cinco de los seis principales competidores demócratas, a excepción del congresista por Missouri Dick Gephardt, intervinieron en asuntos de política exterior y reiteraron sus llamados para la internacionalización de la reconstrucción de Irak.

Precisamente fue Gephardt quien las emprendió en las semanas recientes contra el actual mandatario, al recordar ante unos 300 sindicalistas que “yo he servido (en el Ejecutivo estadounidense) junto a cinco presidentes, y él (Bush) es lejos el peor. Soy un nostálgico de Ronald Reagan”, dijo este hijo de camionero que ya ha conseguido el apoyo de los poderosos Teamsters, que cuentan con un millón 400 mil afiliados.

No obstante, es Howard Dean quien encabeza el voto protesta contra el actual gobernante. Y quien ha debido enfrentar una fuerte embestida de sus adversarios en el propio partido –junto a varios columnistas de los principales rotativos– por haber dicho que “la captura de Saddam no ha hecho que Estados Unidos sea más seguro”.

Según un editorial del conservador The Weekly Standard, las palabras del principal precandidato demócrata se enmarcan en una especie de neo-aislacionismo que evidencia una “semicoherente  y alarmantemente punzante ‘Doctrina Dean’, que afectará el uso del poderío militar de Estados Unidos en el exterior”.

De todos modos, lo que sí ha sacado ronchas en la clase política estadounidense fue una reciente intervención en una conferencia de prensa: “Si yo no gano la nominación, ¿dónde creen que irán ese más de millón y medio de personas (que me apoyan)? Yo no sé dónde irán. Pero ciertamente ellos no votarán por algún político convencional de Washington”.

Tanto en las filas republicanas como en las demócratas, muchos están escandalizados por su postura “excesivamente liberal” en contraste con Bush, quien –por lo demás– no ha tenido ningún reparo en gastar 41 mil millones de dólares este año en su guerra contra el terrorismo y la seguridad nacional.

Por esos motivos, David Lindorff –columnista de la revista estadounidense Counterpunch– aventuró que “de ahora hasta noviembre próximo (cuando se efectuarán los comicios presidenciales), podemos esperar una serie de acciones militares nominalmente dramáticas en Irak, y quizá ocasionalmente en Afganistán, que serán descritas como golpes contra ‘soplos de inestabilidad local’ orquestados por los enemigos”.

 

PURGAS

 

Mientras los atentados antiocupación siguen arreciando en Irak, se incrementan progresivamente las críticas al manejo exterior de Washington. En un artículo aparecido el pasado 28 de diciembre en The Washington Post, Ayad Allawi –miembro del comité presidencial del Consejo de Gobierno Iraquí (CGI)– acusó que “desafortunadamente la presente e indiscriminada política de ‘des-Baathtificación’ (siguiendo las iniciales en inglés del Partido del Renacimiento Arabe Socialista de Saddam), al purgar al por mayor a los iraquíes que ingresaron al Baath para conseguir un trabajo, no ha contribuido a la reconstrucción económica, a la estabilidad política, a la causa de la justicia o de la reconciliación nacional”.

Por si fuera poco, este miembro del cuestionado CGI tiene presente que tras la invasión y toma de Bagdad –el pasado 9 de abril– se marginó inmediatamente a unos 400 mil soldados iraquíes, “y en ese proceso se creó un vacío en el que han florecido los insurgentes, terroristas y criminales. Y recientemente, cientos sino miles de profesores de escuela han sido también castigados por pertenecer al Baath, siendo que para ser profesor cada honesto educador debía ingresar al partido. Su único crimen fue su deseo de alimentar a sus familias”.

En ese escenario, el juicio que deberá enfrentar el ex hombre fuerte de Irak continúa generando polémica. Anas Shallal, del grupo Americanos-Iraquíes a Favor de Alternativas Pacíficas, cree que “es muy importante que sea un juicio transparente y público. No debería quedar en manos de la Autoridad Provisional de la Coalición ni del Consejo de Gobierno Iraquí, ya que muchos iraquíes los perciben como instrumentos de Estados Unidos. El juicio debería ser para los ciudadanos iraquíes, no para consumo de los electores estadounidenses”.

El afamado historiador británico Eric Hobsbawm aseguró, por su parte, que éste “tiene que ser juzgado en la medida de lo posible bajo condiciones internacionales; pero al mismo tiempo, no puede ser un juicio justo porque no se puede considerar bajo ninguna circunstancia que vaya a ser absuelto. Por tanto, de alguna manera se va a tratar de un juicio-farsa. De todas maneras, no creo que sea en realidad un asunto serio. Va a ser juzgado, va a ser condenado y la pregunta es cuándo, porque es una cuestión de conveniencia política”.

En esa dirección se expresó Irune Aguirrezabal, de la coalición de organizaciones no gubernamentales para la Corte Penal Internacional (CPI), al advertir que “el Consejo de Gobierno Iraquí acaba de crear el tribunal penal iraquí. Este tribunal ha recibido ya numerosas críticas por parte de organizaciones de derechos humanos, contrarias a la justicia vindicativa que emanaría de dicho tribunal, así como a la posible aplicación de la pena de muerte”. Según Aguirrezabal, la comunidad internacional debería impedir un proceso sumario al estilo del ex dictador rumano Nicolae Ceaucescu, quien en 1989 fue condenado a muerte tras un cuestionado juicio. “Por razones de seguridad podría resultar complicado que el juicio se celebre en Irak”, agregó.

Newsweek advirtió también que la Casa Blanca tiene razones políticas para posponer el inicio del juicio a Hussein después de las elecciones estadounidenses de noviembre. “No hay garantías de que los iraquíes pasen la primera prueba de su devoción a las reglas de la ley, y existe el riesgo de que Saddam, dándole una plataforma global, se levante a sí mismo como un héroe árabe y un mártir incendiario”, precisó la respetada publicación estadounidense.

El mencionado columnista David Lindorff aventuraba, además, sobre la posibilidad de que Washington haya podido controlar la mejor fecha para destapar el hallazgo del otrora jerarca iraquí. Es así que, siempre según Lindorff, “podemos esperar más detenciones públicas, llegando quizás con la sorpresa de que en octubre (próximo) aparezca muerto o capturado Osama Bin Laden” (ver recuadro).

Por lo pronto, la guerra de guerrillas y sus víctimas prosigue en la tierra de la antigua Mesopotamia. Y la tradicional peregrinación musulmana hacia La Mecca –conocida como hajj, que debiera efectuarse entre enero y febrero próximos– vaticina más de un problema. De acuerdo al citado Joe Klein de Time, el recambio de miles de soldados estadounidenses estacionados en Irak, que debiera desarrollarse entre marzo y abril del 2004, constituye otro punto de alta vulnerabilidad para el desarrollo de eventuales operaciones de los insurgentes.

Desde Washington, el especialista en asuntos militares Daniel Smith comenta a Ercilla que “en política exterior, la Administración Bush ha fallado en su intento por unir al mundo en la guerra en Irak o en la reconstrucción de ese país. Ha debido retroceder en muchos asuntos como en el proceso de bosquejo de la Constitución, y en las fechas y la privatización de las industrias estatales. (Por lo demás) Afganistán continúa enrarecido en la medida en que los señores de la guerra siguen resistiendo la entrega de sus feudos”.

Para Sheldon Wolin, profesor emérito de la Universidad de Virginia, lo que ciertamente está en juego en los próximos comicios presidenciales es una suerte de punto de inflexión “de una sociedad libre y tolerante hacia un régimen extremo del siglo pasado”.

En esa pugna, considerada por Wolin un verdadero “totalitarismo invertido”, muchos mantienen una percepción del mandatario estadounidense semejante a un “cowboy fanfarrón, un gran peligro para la paz mundial, más que los mismos terroristas –puntualizaba recientemente Newsweek–. Pero la creencia obstinada en la eficacia de la ‘guerra preventiva’ parece ahora más justificada que cuando comenzó en diciembre. Y para un hombre acostumbrado a correr maratones, ése es un progreso suficiente”.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)                        BIN LADEN, OTRA VEZ

La captura de Saddam Hussein devolvió el trofeo del “hombre más buscado” al caudillo de Al Qaeda. Según informes de Inteligencia estadounidense, el paradero de Osama Bin Laden debiera localizarse en una zona montañosa entre Pakistán y Afganistán.

Para Daniel Pipes, columnista de destacados periódicos estadounidenses y fuente recurrente de Ercilla, existen gravitantes diferencias en las redes de apoyo de Hussein y del multimillonario saudí. A su juicio, este último se remite al “Islam militante, una ideología más grande que sí mismo. Saddam se remitía sólo al Saddamismo, un culto a la personalidad. Eso significa que mientras Bin Laden puede encontrar refugio entre decenas de millones de camaradas semejantes, Saddam estaba al final solo. Bin Laden podría estar oculto en países como Afganistán, Pakistán, Yemen, Sudán o inclusive Egipto o la India. Saddam no podía confiar en una red semejante. (Y por último) Bin Laden no ha gobernado un país, así que carece de esos millones de mortales enemigos que Saddam se hizo con los años”.

A.P.G.

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