Israel

Un voto duro

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El líder del derechista Likud está algo complicado. Su triunfo fue demasiado abultado para lograr los necesarios aliados, pero no lo suficiente para gobernar en solitario.

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Se trató de la menor participación en la historia electoral en Israel. Sólo el 68,5% de los sufragantes, de unos 4,7 millones de israelíes, depositó su voto el pasado 28 de enero, reeligiendo a Ariel Sharon –el nacionalista dirigente del Likud– como futuro premier.

Puede ser una “fatiga electoral”, ya que han tenido tres comicios en cuatro años, o una “señal de disfunción política”, explica Mark Heller, del Jaffe Center for Strategical Studies de la Universidad de Tel Aviv.

Lo cierto es que el principal conglomerado de derecha dobló su votación anterior con el eslogan “la gente quiere a Sharon”, logrando 37 puestos de los 120 que componen el Knesset (Parlamento).

El derrumbe laborista tampoco satisface las aspiraciones de Sharon. Este partido de centro-izquierda perdió siete cupos parlamentarios, llegando sólo a 19 puestos. La posición del líder pacifista Amram Mitzna es muy complicada, debiendo responder a las presiones de los “barones” de su partido e intentar reconstituir la identidad de esta colectividad que históricamente ha apoyado las negociaciones con los palestinos. Durante la campaña, Mitzna manifestó su negativa a integrar otro gobierno de “unidad nacional” junto al Likud.

El gran triunfador en los pasados comicios fue el partido laico Shinui (Cambio) del afamado periodista Josef Lapid, quien critica los beneficios de los ultrarreligiosos y se opone a su participación en el gobierno. Esta agrupación aumentó su representación legislativa de seis a 15 cupos.

Sharon tampoco tiene las cosas enteramente a su favor. A juicio del mismo Mark Heller, su “victoria aparece dañada: demasiado abultada para hallar aliados y no lo suficiente para gobernar por sí solo”.

Se presume que nuevamente el llamado “Bulldozer” del Likud deberá formar gobierno con pequeños partidos nacionalistas y religiosos –con los que alcanzaría una mayoría de 67 parlamentarios–, aunque tras el triunfo electoral insistió en hacer una administración con “todas las fuerzas sionistas”.

Pese a la mala situación económica y a la prolongada escalada de violencia en Medio Oriente, los electores prefirieron, de todos modos, a un “experimentado” Sharon y no a un “desconocido” Mitzna, expresa a Ercilla Bruce Maddy-Weitzman, del Centro Moshe Dayan de la Universidad de Tel Aviv.

Por su parte, el conservador politólogo Gerald Steinberg asegura que Sharon ganó las elecciones “destruyendo el terrorismo palestino y aislando a Arafat y su red de terror (...) Antes de que los palestinos estén listos para hacer la paz, no hay mejor alternativa política o económica, posible para los israelíes, que la autodefensa contra los terroristas”.

Michael Dahan, cientista político israelo-estadounidense radicado en Jerusalén, advierte ante una consulta de esta revista que “la gente esta asustada y ha perdido la esperanza, sólo está a la espera de los ataques de misiles desde Irak, si se inicia la guerra”. 

“Cuando la situación es difícil, la gente se agarra a lo que hay –insistió el influyente articulista del rotativo hebreo Yediot Aharonot Nahum Barnea–. Los israelíes apoyarán a Sharon hasta que la situación mejore o hasta que sea tan mala que no le aguanten más”.

A.P.G.

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