Venezuela
Culpas repartidas
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El término de la recolección de firmas para el referéndum revocatorio contra Hugo Chávez dio paso a denuncias de “megafraude”, por el oficialismo, y a un adelantado triunfalismo por la oposición. Al margen de esos bandos están los “ni-ni”, que surgen tímidamente como un tercer factor político.
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Hace un año atrás en Venezuela el ruido ensordecedor de los “Bin Laden” y “Mata suegras” anunciaba las celebraciones navideñas y hacían un alto en el caceroleo y el estratégico paro general que puso en jaque al quinto país exportador de petróleo. Y es que, de cierto modo, esos fuegos artificiales hacían presagiar tiempos aún más duros. De acuerdo a lo entonces registrado in situ por Ercilla, ese enrarecido ambiente podía camuflarse con las balas y el torbellino social que ya habían debutado en la fracasada intentona golpista de abril de ese año; acontecimiento que esta revista también cubrió desde la misma capital venezolana.
Pareciera así que la también fracasada huelga general opositora –denunciada por el oficialismo como una operación desestabilizadora– inauguró, según el columnista venezolano Rafael Iribarren, un “equilibrio-estancamiento, una correlación entre chavismo y antichavismo que no permite que ninguno liquide al otro. Ambos simétrica y mediáticamente tratan de profundizar la polarización evidentemente en la expectativa de cada parte de que dicha profundización los favorecerá”.
Así las cosas y al comenzar los cuatro días de recolección de firmas para exigir la pronta realización de un referéndum revocatorio contra Hugo Chávez, este controvertido mandatario dejó –el pasado 28 de noviembre– a un lado las acusaciones de que la CIA estadounidense estaba detrás de reiterados planes para asesinarlo y prefirió anunciar que “gobernaré Venezuela hasta el 2013... Me estoy proclamando para las elecciones... estoy en campaña para la próxima elección presidencial en el 2006”.
Esas declaraciones evidenciaban una absoluta indiferencia ante la eventualidad de que la oposición logre una cifra superior a los 2,4 millones de firmas, el 20% de electores exigidos por la nueva constitucionalidad “bolivariana”.
¿“MEGAFRAUDE”?
Firmas con carnés de identidad de presuntas personas fallecidas, intimidaciones a trabajadores de empresas privadas, pacientes de un manicomio transportados en buses para consignar su rúbrica o el caso de varias parturientas que fueron obligadas a firmar bajo la amenaza de dar a luz en plena calle, ejemplifican la serie de acusaciones y denuncias del oficialismo respecto al denominado “Reafirmazo”.
“Atropellaron la
dignidad de los pacientes. Se convirtieron en chantajistas del dolor humano.
Hay que ser bien animal (...) Los dirigentes (de la oposición) son unos
desalmados”, protestó el cuestionado mandatario, quien es acusado de tratar de
convertir a ese país en una “nueva Cuba”.
Desde su programa
radial y televisivo “Alo Presidente”, Chávez acusó en la tarde del domingo 30
de noviembre, y cuando aún faltaba la última jornada de recolección de firmas,
que todo
ha sido un “megafraude” de la oposición “que no vamos a aceptar”. El
Vicepresidente, José Vicente Rangel, respaldó a su superior denunciando la
posibilidad de que “podríamos estar frente a un tercer golpe”.
No obstante los alegatos chavistas, un reciente artículo del vespertino caraqueño El Mundo advirtió: “Este país hace rato que anda loco. Si no, cómo se entiende el comportamiento del oficialismo. Eso de andar gritando a todo pulmón que hubo fraude en el ‘Reafirmazo’ es una estrategia bufa. Los fraudes los hacen los gobiernos, ¡por Dios! Desde la oposición armar trampas y chanchullos en cualquier proceso electoral es una tarea harto difícil”.
La evidente animosidad –u
odiosidad– entre opositores y adeptos a Chávez los lleva a constituirse como
dos minorías fanatizadas que, al margen de los discursos y las buenas
intenciones, deben lidiar con una inflación acumulada que supera el 22%, una
contracción económica que este año bordeará el 14%, y una pobreza entronizada
en el 80% de los 24 millones de habitantes en un proceso de pauperización
social creciente, paradójicamente, desde el boom petrolero de los años
setenta.
Esa animadversión
pudo haberse iniciado con la retórica de Chávez, quien extrajo la histórica
frase “¡oligarcas tiemblen!” –según los investigadores Moisés Naím y Ramón
Piñango, autores del reciente libro En esta Venezuela– para referirse al
grueso de la oposición. “Los oligarcas del imaginario chavista comenzaron
siendo los empresarios ‘que levantaban una ceja con cada nueva iniciativa del
presidente’, pero acabaron siendo estigmatizadas las clases media y alta,
castigadas por la crisis económica. Los sectores más populares apoyan a Chávez
porque sienten que es como ellos, los atiende y lo entienden”, recogió
correctamente el enviado especial de El País de Madrid.
Por si fuera poco, este ex paracaidista convertido en presidente las emprendió contra el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), César Gaviria, quien supervisó –junto al estadounidense Centro Carter– la transparencia del proceso. “Gaviria dijo que no había visto nada anormal... y dijo algo mucho más grave: salió a defender a la dirigencia opositora. Creo que pasó la raya. Quien como observador no es imparcial pierde cualquier moral”, aseveró Chávez.
Tras el cierre del
evento y mientras la oposición festejaba, según sus propias estimaciones, las
tres millones 600 mil firmas recolectadas, el gobierno aseguraba que la
oposición “no logró reunir ni dos millones” de las 2.405.856 firmas necesarias
para activar el referéndum.
Consultado por Ercilla,
el diputado oficialista Ángel Rodríguez confesó que “estamos convencidos de que
la oposición está cada vez más desacreditada y que el gobierno logrará mayoría
en la Asamblea (Nacional) y en el movimiento de masas”.
El bien posicionado
Diosdado Cabello, desde el ministerio de Infraestructura, aclaró que las firmas
“todavía tienen que pasar el filtro de la revisión en el
Consejo Nacional Electoral (CNE)”. Y le recomendó a una también desacreditada
Coordinadora Democrática tener “la valentía y el coraje de reconocer ante el
país que no alcanzaron el objetivo... Debería salir, aunque sea uno, a asumir
los resultados y a decirles a sus seguidores que la oportunidad de la oposición
para acceder al poder es presentar su candidato para las elecciones de 2006”.
La máxima tensión en
los próximos 30 días estará en las dependencias del Consejo Nacional Electoral
(CNE), organismo que cuenta con la confianza –hasta ahora– de todos los
sectores políticos venezolanos. Su tarea es revisar las diversas impugnaciones
y comprobar que no hayan existido falsificaciones u otros equívocos. Así, la
cifra definitiva recién se conocerá en la primera quincena de enero de 2004.
POLARIZACION
Y VIOLENCIA
Desde el aeropuerto
de Caracas, Luis Vicente León –director de la prestigiosa consultora
Datanálisis– se da un tiempo para responder las consultas de Ercilla:
“El tema de la
polarización no es tan evidente. Por supuesto que existen dos grandes grupos
enfrentados, uno más grande que representa cerca del 37% de la población que
rechaza abiertamente a Chávez y que busca su salida anticipada; y otro más
pequeño, de alrededor de 27% que lo respalda y está dispuesto a defenderlo.
Entre estos grupos existe un cleavage y no hay nada que parezca
permearlos. Todo lo que hace Chávez es malo para la oposición dura, y
viceversa. Pero hay un grupo importante intermedio, que si bien tiene posición
política y mayoritariamente rechaza al mandatario, tampoco se siente conectado
por la oposición y no acepta tan fácilmente sus llamados a participar en los
mecanismos para sacarlo. Este es el grupo decisivo al que tienen que apelar los
dos grupos extremos para ganar”.
A pesar del complejo
y confuso escenario, pareciera eso sí que “cada vez está más
descartada la posibilidad de guerra civil, porque a diferencia de lo ocurrido
en el Chile de (Salvador) Allende, las Fuerzas Armadas de Venezuela no están
divididas”, puntualiza a esta revista el ya mencionado diputado Rodríguez.
“Es difícil proyectar eventos conflictivos,
especialmente en una sociedad que tiene un fuerte desequilibrio entre las
partes –expresa el citado investigador de Datanálisis-. El oficialismo es mucho más radical que la
oposición y tiene gente en la calle que está dispuesta a cualquier cosa;
mientras la oposición, independientemente de algunos extremistas, está mucho
más restringida en el caso de acciones de este tipo. Por supuesto que el caldo
de cultivo para el conflicto está ahí, y podría surgir un líder fuerte que
capitalice la frustración de las masas y aproveche el momento para provocar
algo de violencia en el país”.
LOS
“NI-NI”
El tercer factor en la crisis venezolana, al que hacía referencia Luis Vicente León, está compuesto por los despectivamente denominados “ni-ni”, que llegan inclusive a enarbolar la misma bandera de los desencantados y hastiados argentinos, con ese “¡que se vayan todos!”.
Y de ese modo tituló, precisamente, el destacado periodista local Manuel Isidro Molina un reciente artículo aparecido en el matutino La Razón. Su desenfado iba dirigido a la clase política al manifestar que “nadie que se respete a sí mismo puede aceptar que en Venezuela, por el fracaso estrepitoso de un gobernante inmaduro e irresponsable y sus genuflexos colaboradores, regresen al poder los mismos desvergonzados atracadores del pasado, ladrones de los dineros públicos, aunque abrigados por la impunidad y las complicidades de ayer y de hoy”.
Según ese
profesional, “estamos dónde y cómo estamos no sólo por los
errores y corruptelas gubernamentales, sino por las desastrosas prácticas
opositoras que victimizaron a todos los venezolanos y ocluyeron las opciones de
desarrollo nacional”.
Y es que existen motivos para el descrédito institucional. En su columna en el diario Quinto Día, el periodista Miguel Salazar denunció recientemente que la desfachatez de la clase política venezolana –opositores y chavistas incluidos– posibilitó la rápida aprobación de un aguinaldo navideño para los parlamentarios, que totaliza el equivalente a casi 17 millones de pesos. El sueldo mensual de los legisladores asciende a unos 2 millones 700 mil pesos chilenos. Todo esto mientras el sueldo mínimo en ese país continúa ligeramente sobre los equivalentes 95 mil pesos mensuales.
Así las cosas, Venezuela
sigue sumida en la incertidumbre y haciendo frente a altos niveles de
conflictividad. Con incredulidad, el mencionado periodista Manuel Isidro
Molina sentencia que “Venezuela no debe ser conducida por estas
especies de gobernantes y sus cuerdas de testaferros y adulantes, unos
hipócritamente en nombre de la ‘libertad’ y otros regodeándose en el caro sueño
de ‘revolución’”.
Andrés
Pérez González
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(RECUADRO) CHAVEZ Y LA “PLAYA BOLIVIANA”
El diputado chavista Ángel Rodríguez reconoce a Ercilla que el último problema diplomático entre Venezuela y Chile es un “tema complicado”. Descarta de plano que los polémicos dichos del gobernante, respecto a su anhelo por bañarse en “playas bolivianas”, sirvieran de dardos distractores sobre las cuestiones internas venezolanas. “El presidente (Hugo) Chávez no se caracteriza por eludir los problemas”, aclara.
Consultado también por
esta revista, el director de la consultora Datanálisis, Luis Vicente León,
reitera en que no es la primera vez
que un gobierno venezolano intenta apoyar la solicitud de Bolivia en este tema,
aunque “los intentos pasados han sido infinitamente más caballerosos y
diplomáticos que este adefesio que Chávez ha hecho sobre este tema tan
controversial entre dos países amigos”.
Por su parte, el canciller venezolano, Roy Chaderton, declaró el pasado 3 de diciembre que “estamos en un período de espera positiva”, al asegurar que se mantenía optimista sobre el futuro de las relaciones entre Caracas y Santiago, enturbiadas a mediados de noviembre último cuando este ex paracaidista convertido en presidente expresó en Santa Cruz que “Bolivia tuvo mar. Y yo sueño bañarme en una playa boliviana”. Al cierre de esta edición se ventilaba la posibilidad de que no antes de febrero o marzo próximo se normalizarían las relaciones diplomáticas entre ambos gobiernos, tras el llamado a consultas a sendos embajadores.
A.P.G.