Crisis en Venezuela
Las ovejas vuelven al redil
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Hugo Chávez retoma el poder en el Palacio de Miraflores. No obstante la resurrección política de este ex paracaídista, la fractura social es evidente en Venezuela, no descartándose incluso una guerra civil.
por Andrés Pérez González, desde Caracas
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Los "buhoneros" (vendedores callejeros) vuelven a sacar sus productos frente a los centros comerciales en Caracas. Parece el retorno a la normalidad. Desde el Palacio de Miraflores (sede del Ejecutivo), Hugo Chávez retoma el control de Venezuela y los incesantes llamados al "diálogo y reconciliación" intentan amainar la grave polarización social. "Probablemente sólo en Chile haya habido una situación semejante", comenta Teodoro Petkoff -director del vespertino Tal Cual y ex militante de extensa trayectoria en la izquierda venezolana- al referirse al derrocamiento de Salvador Allende en 1973.
Pese a los buenos deseos de estabilidad, la violencia continúa latente en este país tras los trágicos sucesos del 11 al 13 de abril, en los que perecieron en total 46 personas. El "Golpe" y consecuente "Contragolpe" -acontecido en sólo 28 horas, debido a la masiva acción popular a favor de Chávez y la rectificación institucional de las Fuerzas Armadas- mantiene a la población aún perpleja, atónita y en total efervescencia. Marta Sogo, presidenta de una asociación civil chavista en la zona metropolitana de Guarena, enfatiza que "en todos los gobiernos y en todos los países del mundo hay gente que no está de acuerdo con su presidente, pero éste es un gobierno que es para la mayoría... hemos ido a siete procesos electorales y cónchale, si eso no es democracia, qué es entonces".
"Aquí no se puede imponer la dictadura de la minoría ni la de los medios de comunicación", agrega por su parte Cilia Flores, jefa de la bancada del Movimiento V República (MVR), la agrupación de Chávez.
Erwin, un taxista antichavista, expresa que la actual situación se asemeja más bien a un ovni: "Coño, no se sabe que hay adentro".
Aún hay muchos aspectos oscuros en la trama política de mediados de abril. La atención mediática sigue centrada en los participación de francotiradores -apostados en los alrededores del palacio presidencial-, que entraron presuntamente en enfrentamiento armado con policías al servicio de alcaldes opositores a Chávez, provocando las primeras 17 víctimas fatales el pasado 11 de abril. Finalizaba así el primer día de huelga indefinida, luego de dos días de movilizaciones opositoras. Mientras, la prensa venezolana ventilaba la supuesta renuncia de Chávez y se anunciaba al día siguiente la formación de una junta cívico-militar, comandada por el líder empresarial Pedro Carmona, de la patronal Fedecámaras, quien actualmente está bajo arresto domiciliario.
Las críticas opositoras también se dirigen contra los polémicos "Círculos bolivarianos", considerados por éstos como una especie de grupos parapoliciales del MVR, catalogados a la par que las siniestras SS de Adolf Hitler. "A los círculos bolivarianos se los quiere estigmatizar en esa dirección. Se los quiere poner como instancias armadas, de choque, como instancias paramilitares, pero éstas son organizaciones sociales. Digamos que éstas nacen desde esa misma parte de este Estado burocrático que no permite que a las personas les lleguen los programas sociales", responde Angel Rodríguez, diputado nacional por el MVR y uno de los coordinadores de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT), brazo sindical del chavismo.
Alfredo, un anarquista argentino radicado en Caracas, enfatiza el estado belicoso de la actual situación venezolana. "Ahora la discusión política se parece cada vez más a un enfrentamiento entre mafiosos", comenta.
El director de Tal Cual añade que tras los últimos acontecimientos "Chávez descubrió que era mortal. El creía que su poder era invulnerable. Esto se puede parecer a los cien días de Napoleón tras su retorno de la isla de Elba. Para que eso no ocurra deberá hacer unos cuantos virajes. El recibió un shock y está haciendo un giro importante en su lenguaje. Como hasta ahora su revolución es puramente retórica, el cambio en su lenguaje es muy significativo. De pronto se volvió un tipo tranquilo, que no agrede... vamos a ver qué pasa".
En ese sentido se entienden las declaraciones de Chávez ante un encuentro de gobernadores y alcaldes, realizado en el Salón Ayacucho en la sede presidencial, precisamente el mismo lugar donde se autojuramentó Carmona, apodado por la prensa venezolana como "Pedro el Breve". "Hoy envaino mi espada y pido al país que no me hagan desenvainarla y les aseguro que quiero guardarla para siempre", dijo en esa oportunidad el cuestionado mandatario.
Sin embargo, su tono polémico no queda totalmente en el olvido. Y expresa enseguida que "este golpe de Estado no hubiera sido posible sin el apoyo de los medios de comunicación y especialmente de la televisión. Porque si quieren seguir alentando esto y nosotros lo permitimos, nos llevarán a una guerra. ¿Es eso lo que queremos? ¿Qué esto termine en una guerra civil? ¿Qué plan macabro hay detrás de todo esto?".
El parlamentario Angel Rodríguez cree saber cuál es el centro del conflicto. "La esencia del problema es que los sectores que tradicionalmente gobernaron el país fueron desplazados, siendo los cuarenta años de democracia, cuarenta años de opresión contra la población venezolana que vive la paradoja de ser el segundo proveedor de petróleo hacia Estados Unidos y contar con un 80% de pobreza". Lo que no deja en parte de tener razón.
Marta Sogo complementa esa argumentación y resitúa la cuestión de la "lucha de clases" en Venezuela: "Este país ha estado dividido en dos partes desde hace muchísimas décadas, porque los que tienen algunas posibilidades (de progreso) nunca han querido aceptar que los que no tienen nada también son venezolanos".
"En honor a la verdad, lo único rescatable del gobierno de Chávez es la voluntad de ser democrático, aún a pesar de su propensión autoritaria. En estos tres años, no ha habido ni presos ni perseguidos ni muertos. Chávez ha colocado además la cuestión social en medio de la mesa, pero en lo material los pobres no han sacado nada. Lo único, aunque es importante, es la elevación de su autoestima", declara Petkoff.
Los hilos del poder se vuelven a tejer. En la noche del pasado 24 de abril, la Dirección de Inteligencia Militar allanó la lujosa residencia del empresario Isaac Pérez Recao, sindicado por la periodista venezolana Patricia Poleo como uno de los autores intelectuales del frustrado golpe de Estado, que mantuvo a ese país por dos días en el desgobierno. Poleo es copropietaria de Nuevo País, publicación que en las últimas semanas agotó sus ejemplares, vendiéndose incluso fotocopiada en el centro de Caracas. La profesional mantuvo fuentes de información privilegiadas entre el círculo que acompañó a Carmona en su fallida intentona.
Pérez Recao huyó del país tras el "Contragolpe" –desatándose también múltiples saqueos como el ocurrido en la popular zona metropolitana de Catia y que ocasionó otros varios muertos-, propinado por la guardia presidencial que siempre permaneció leal a Chávez y detuvo a Carmona en Miraflores.
Innegablemente la intervención de Estados Unidos es otro punto en el debate. Según la revista Newsweek, existieron contactos entre importantes personeros estadounidenses y empresarios venezolanos. Otto Reich –encargado para América Latina en el gobierno de George W. Bush- y Gustavo Cisneros –magnate venezolano de las comunicaciones– fueron piezas claves en esta intriga de alta política. Ambos niegan cualquier participación en el intento de derrocamiento de Chávez.
Arturo Valenzuela, ex encargado para la región ante el Consejo de Seguridad de Estados Unidos bajo la Administración Clinton, advierte que "la reacción de Washington, al no sumarse a la condena del Golpe y al no hacer uso de su influencia para apoyar al gobierno legítimamente elegido, no representa un giro fundamental, sino que un traspié, producto de errores de apreciación y falta de coordinación en los niveles más altos... Dada la preocupación del secretario de Estado, Colin Powell, por el tema del Medio Oriente, se traspapeló con lo de Venezuela".
"Chávez vuelve al gobierno, pero en una situación de fragilidad impresionante. Como consecuencia, las Fuerzas Armadas están terriblemente fracturadas; hay una crisis política que permite un clima de odio social. Subjetivamente, en Venezuela están dadas todas las condiciones para una guerra civil. Me parece horrible tener que decirlo, pero ésa es la situación", expresa Teodoro Petkoff.
Chávez, además, se está quedando solo ante el latente malestar de las Fuerzas Armadas, divididas entre chavistas, opositores y una gruesa línea institucional, de corte tradicional y conservador.
Los reproches contra el actual mandatario abundan entre la población. "Chávez ha tenido el capital político más grande de la historia de Venezuela y el carajo se encargó en tres años de dilapidarlo. Ese carajo tuvo la oportunidad de hacer todos los cambios posibles con la aprobación de la mayoría y ya no lo hizo", comenta Martín, un profesional de clase media.
En la soledad del poder, otros vuelven sus miradas hacia Luis Miquilena -quien abandonó su puesto de ministro del Interior y de Justicia a mediados de enero pasado-, el principal operador político del publicitado "proceso bolivariano". Alfredo, el anarquista, puntualiza que fue Miquilena quien "le pensó todo el negocio a Chávez. Digamos que fue el individuo que encontró un actor que le podía servir para la obra y él escribió el argumento. Y ahora el público aplaude al actor". Aunque más que aplausos, los elementos de esta obra llevan consigo ribetes de tragedia. Sin vuelta atrás.